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Acrobacias precoces sobre el Encantat Gran

El tiempo fue pasando en vano para Els Encantats… Durante el siglo XIX, nadie mostró el menor interés por disfrutar de sus vistas cimeras. Casi se podía afirmar que ni tan siquiera por acercarse para sorprender los reflejos de sus puntas desde las orillas de los lagos de Sant Maurici o de Monestero. Acaso, el hecho de que no alcanzaran la cota mágica de los 3.000 metros ahuyentase a los pretendientes. Sin duda, su posición alejada de los circuitos habituales rechazó a los más comodones… A modo de resarcimiento, el historiador Agustí Jolis proclamaba en 1954 sus méritos a la par que difundía un bonito título honorífico: “La última cima de importancia a conquistar en el Pirineo”. Pero lo cierto es que, durante veinte añadas, el colectivo montañero aparentó que no apreciaba en absoluto sus innegables posibilidades deportivas.

 

Como único vestigio, algún pirineísta clásico continuaría rondando el sector durante los últimos lustros del siglo XIX. Sin embargo, el conde Aymar de Saint-Saud apenas se fijó en estos encantados en el curso de sus andanzas cartográficas por el Noroeste de Lleida. En septiembre de 1883, se contentaba con avistarlos por lontananza: “Entre el Turbón y el Orri, picos y más picos entre los que destacan el Aneto y el Ballibierna, las cadenas de los Montardos al Comoloforno, y de Els Encantats al Peguera […]”. En junio de 1885, este bordelés se encaramaba al Puig de Llena junto a Ramon Quintana. Desde dicha cumbre, seguiría demostrando cierta frialdad hacia nuestros Encantats, cuyos puntales insertó sin más entre el resto del panorama cimero:

 

“De un mar de hielo, despunta la inmensidad de picos altísimos desde el Ballibierna, el Aneto, el Bessiberri y Comoloforno, hasta las grandes montañas de Comolosbienes, de Colomés, del Ratera limítrofe con la val d’Aran y, más allá, las sierras de Els Encantats y de Capdella […]. Estas soberbias regiones, muchas de ellas todavía vírgenes de visita alguna, despiertan en mí el fuerte deseo de volver en alguna época más favorable”.

 

Saint-Saud nunca se acercó hasta las faldas de Els Encantats. Así, la posibilidad de engarzar su nombre con estos vértices pasaría a su compatriota Ludovic Fontan de Négrin… Este nuevo personaje de nuestra historia, además de pertenecer a la Sección de los Pyrénées Centrales del Club Alpin Francais, era igualmente delegado del Centre Excursioniste de Catalunya. En cuanto supo de la existencia de aquellos encantados invictos, el joven del Tarn decidiría hacerlos suyos. Fontan ya había trepado con anterioridad al Montardo, de donde se trajo el deseo de tentar alguna de las cumbres que divisó desde las alturas. ¡Y esas agujas que brotaban junto al estany de Sant Maurici contaban con todos los boletos! Para el galo, atractivos no les faltaban: veía a Els Encantats agraciados con “un nombre sonoro y sitos en una región maravillosa, rodeada de una reputación misteriosa”. Antes de emprender nada, interrogaría en Luchon al mayor experto en la zona, Maurice Gourdon, por ver si se unía a su empresa. Obtuvo una tibia respuesta:

 

“Puede usted intentarlo, pero dudo mucho que tenga éxito. Por la cara Norte, es inútil probar. Lamento no disponer del tiempo para acompañaros. En todo caso, si llega usted a la meta, será el primero, y me alegrará que esta cumbre os pertenezca”.

 

El juicio agorero de Gourdon no iba a enfriar a Fontan. Para nuestro protagonista, “las sierras de la Alta Cataluña merecían la visita de los auténticos montañeros”. Y se sentía especialmente cautivado por Els Encantats a pesar de los tres defectos que se les adjudicaban en las tierras llanas de Comminges: su no excesiva altitud, la escasez de guías locales…, e incluso que se hallaran al sur de los Pirineos, que no en los Alpes. El segundo inconveniente tendría que solucionarlo recurriendo a los contados guías del Luchonnais que se habían especializado en el costado catalán de la cordillera. Sin embargo, cuando trasladó sus deseos a Jean Angusto Raphäel, éste le confesó que no conocía su objetivo sino de lejos y que, por lo demás, lo consideraba poco menos que “invencible”. Mal arrancaba la aventura.

 

El 27 de agosto de 1901, Ludovic Fontan y su auxiliar salían de Luchon, reforzados con el porteador Bernard Salles Garre. En Vielha recogerían a un amigo, el teniente de Carabineros Isidre Romeu i Selva, junto con su guía predilecto, el competente Bartolomeu Ciffre. El oficial de las aduanas era asimismo miembro del Centre Excursionista de Catalunya. De nuevo, aparecían esos viejos vínculos entre los deportistas de ambas vertientes durante las postrimerías del siglo XIX… Un día después del encuentro, nuestro quinteto se podía encarar con su objetivo desde el port de Ratera:

 

“Enfrente, la sierra de Els Encantats y las crestas de Linya y Fonguera alzaban sus murallas graníticas. Colocadas como dos centinelas avanzados, las agujas de Els Encantats emergían de los bosques de pinos y parecían desafiar cualquier ataque. Se abrazaban con la puesta del sol y se recortaban todavía más sobre el verde oscuro de los pinares. A nuestros pies, centelleaban muchos lagos innominados. Era un paisaje salvaje. Els Encantats aparecían súbitamente y todo se conjuraba para hacerlos más bellos. Fascinaban tanto que apenas permitían admirar cuanto les rodeaba. El efecto era sorprendente. Reconozco que todos nosotros, después de haber contemplado prolongadamente estas orgullosas agujas, dejamos de sentirnos seguros de tener éxito mañana. Por otra parte, durante el resto de la jornada los llevaríamos enfrente, pues marchábamos en su dirección. Quizás, tras pasar una noche a sus pies, ¡nos parecieran menos feroces!”.

 

Después estudiar con atención a su contrincante, los miembros de la expedición mixta decidieron concretar su ataque a esa punta Occidental o Encantat Gran (2.748 metros) que creían la más elevada y accesible. Como planteamiento inicial, Fontan contemplaba la posibilidad de trepar hasta el cresterío roto que se perfilaba por el oeste de su cumbre principal, buscando alguna mella favorable… Sobre este particular, Jolis apuntaría este dato interesante desde su análisis para La conquista de la montaña (1954):

 

“Inician el itinerario que Gourdon, Schrader y Saint-Saud habían intuido, de cuya posibilidad de ascensión se tenía una idea vaga, ya que, según los cazadores de la región, era del todo inaccesible”.

 

El grupo de Fontan instaló su vivac en uno de los estanys de la Llosa. Bajo la tenebrosa luz que les proporcionaba la luna, Els Encantats lucían un aspecto “pálido, cadavérico y rudo”. Ni que decir tiene, Romeu ejerció como anfitrión para detallar, durante el fuego de campamento, esa leyenda que “desde hacía siglos, había rodeado con su aureola de misterio a estas dos cumbres”. Especialmente en Espot, se suponía que ambos peñones estaban encantados: constituían el terror de los niños en los pueblos de alrededores.

 

En cuanto despuntó la albada del 29 de julio, nuestros pretendientes decidieron rodear por occidente las defensas de aquellos mogotes gigantescos: tratarían de personarse sobre ese Coll de Els Encantats que un pastor les dijo haber ganado. Las explicaciones del nativo fueron tan imprecisas que mermaron mucho el valor de su pronóstico: “¡No se puede llegar más arriba!”. Como dispuesta para darles aliento, la mañana naciente les obsequiaría con unos decorados épicos que Fontan de Négrin no dejó de percibir: “Els Encantats se alzan unos seiscientos o setecientos metros cortados a pico sobre el lago; por este lado norte, su verticalidad es tal que parece imposible poder subir por aquí”.

 

Siguiendo la senda del valle de Monestero, la cuadrilla fue abriéndose paso por unas pedrizas hasta ganar el Coll de Els Encantats, que bautizaron como brecha de Monestero. Parecía el único acceso sencillo por ese flanco. Desde allí, se distinguía una posible vía para subir al Encantat Xic, “de aspecto inaccesible”, a través del portillo intermedio o Enforcadura. Sin embargo, prefirieron apuntar hacia el Encantat Gran aunque tampoco ofreciera perspectivas demasiado esperanzadoras:

 

“La aguja occidental de Els Encantats apenas se adivinaba desde aquí, oculta por una serie de gendarmes. Aunque no llegaran a cerrarnos el paso, al menos una de esas puntas secundarias parecía que daría mucho trabajo. Raphaël pensaba que, aunque llegáramos hasta allí, no iríamos más lejos. Pero si lográbamos superar su malvado extraplomo, la cima podría ser conquistada. No parecía accesible por ningún otro lugar: solo una chimenea vertical, apenas una larga falla en las rocas, podía servirnos para el ataque”.

 

La ruta no pintaba nada bien. Aun con todo, Fontan se vio apoyado por sus compañeros y nadie habló de retroceder. Ante las trepadas a las que previsiblemente tendrían que enfrentarse, decidieron dejar allí todo el peso: no iban a cargar sino con los piolets, más adelante abandonados, y unas maromas de cuarenta metros. Arrancaban sus ejercicios de equilibrismo circense:

 

“Un grueso bloque de granito absolutamente liso, que cerraba el camino, necesitó el empleo de la cuerda. Avanzamos con el cuerpo pegado a la roca, apretados los unos contra los otros a causa de las caídas de piedras que escapaban bajo nuestros pies. Después de habernos alzado, sobre todo con los codos y las manos, a lo largo de una fisura vertical, nos situamos al pie del extraplomo que habíamos visto desde abajo. No se percibía presa alguna […]. Si queríamos seguir por esta ruta, sería preciso pasar suspendido sobre el vacío a lo largo de estrechas cornisas que apenas ofrecían soporte para la punta de los dedos, para así ganar una brechita que seguramente nos conduciría hasta la verdadera aguja. La roca se desplomaba terriblemente: un paso en falso nos llevaría, a través de un salto directo de trescientos metros hacia abajo, ¡hasta las pedrizas del estany Serull! Era necesario prestar atención a cada instante. Mucha atención, debido a que la roca no era sólida en este lugar: este sería el único problema grave”.

 

Habían llegado ante el paso clave de su vía. Raphäel lo cruzó sin querer encordarse, alcanzando un pequeño boquete que abría el cerrojo del Encantat Gran. A continuación, el guía de cabeza arrojó una cuerda que Fontan se ató a la cintura, en tanto que, con una segunda, le sujetaban desde abajo Ciffre y Salles. El escalador galo, confiando en la firmeza de los puños de sus tres hombres, atravesó de esta manera veinte delicados metros que calificó de “gimnasia similar a la de los juegos de niños”. Una vez instalado en el otro extremo, se dedicaría a hacerle un reportaje fotográfico a Romeu, quien salvó el paso descalzo para mejorar su adherencia…

 

Apenas les restaban sino unos metros más de trepadas sencillas. Los cinco montañeros pisaban el Encantat Gran u Occidental (2.748 metros) sobre las 13:00 h del 29 de agosto de 1901. Sus últimos ciento cincuenta metros les habían reclamado una hora y media de esfuerzos. Los guías del Luchonnais y de Aran, quienes entonces se sinceraron para reconocer su escasa fe en la empresa, parecían los más contentos de todos. En lugar de disfrutar de las vistas, este hacendoso trío se dedicó a levantar una torreta de piedras cimera, bajo la cual dejaron una cajita de metal con un papelito donde anotaron sus nombres. Una afortunada previsión, pues en las llanuras se podía dudar de que el primero de estos encantados de vértigo hubiese sido vencido. De hecho, ya en 1904, Henri Beraldi informaba sobre las diferentes fases en cualquier proceso de conquista…, aplicadas al Encantat Gran: “Fontan, que conocía la sicología de los escaladores, hizo esta reflexión: seguro que quienes vengan detrás de nosotros, dirán que no era más que un juego de niños”. No iba desencaminado el hombre.

 

Inicialmente, entre los planes de la victoriosa cordada se incluía el avanzar hasta la gemela peña del Encantat Xic (2.734 metros)…, pero el estudio de sus defensas desde las alturas logró que la terminaran olvidando. Así, no permanecerían demasiado tiempo sobre la punta recién conquistada: todos deseaban iniciar cuanto antes el descenso, aunque fuera por la misma ruta. Una retirada que les exigiría una hora y veinticinco minutos para el destrepe, casi siempre con ayuda de la cuerda, hasta el Coll de Els Encantats. Haciendo gala de sinceridad, Fontan declaró que arribaron al portillo “un tanto nerviosos”. Ya más sosegados, pudieron realizar un almuerzo ligero, pues andaban justos de víveres: durante la parte final de sus peripecias, la pitanza se limitaría a trozos de pan duro remojados con agua.

 

La segunda pernocta en las tierras altas del Pallars, fue junto al estany de Sant Maurici. Todos coincidirían en que, contemplados desde sus orillas, Els Encantats seguían ofreciendo “un aspecto terrible”… Al día siguiente, nuestro quinteto tomó la ruta de Boí y de Vielha. En los acogedores Baños de Tredòs, se podrían resarcir de esas penurias alimenticias que acababan de padecer:

 

“Sus propietarios son unas personas excelentes que dan de corazón cuanto tienen: una sopa mala y, para compensar, truchas deliciosas y costillas. Nos arrojamos sobre todas estas vituallas, que devoramos literalmente, maravillando a los clientes del establecimiento, quienes en un primer momento nos habían tomado, ya por unos marinos a causa de las boinas luchonesas de los guías y las cuerdas enrolladas sobre nuestras mochilas, ya por desertores o individuos cuya categoría social quedaba difusa”.

 

En la Fonda Pirineos de la capital aranesa, Ludovic Fontan e Isidre Romeu coincidirían con otro colega fuertemente interesado en esta montaña que acababan de visitar y antiguo presidente del Centre Excursionista de Catalunya… Con rapidez, éste dio cuenta a Barcelona del éxito de la caravana multinacional. El Butlletí del CEC del mes de octubre de 1901 difundía la primicia mediante la siguiente nota:

 

“Nos escribe desde Vielha (Val d’Aran) nuestro consocio, Lluís Mariano Vidal, quien se ha encontrado allí con unos animosos excursionistas, Ludovic Fontan y el teniente de Carabineros Isidre Romeu, cuando regresaban de la primera ascensión que se ha hecho al agudísimo pico Occidental de Els Encantats, que tuvo lugar el 29 de agosto. Se trata de un áspero y airoso peñón que se alza a 2.750 metros [sic] sobre el mar de montañas de Espot (Lleida), dominando el estany de Sant Maurici. Lo difícil y peligroso de la subida ha sido la causa de que dicha cima no hubiese sido conquistada por ninguno de los numerosos exploradores de esta sierra pirenaica. Fontan preparará para nuestro Butlletí un relato de esta interesante excursión”.

 

En efecto: era tiempo de guardar las cuerdas de cáñamo y de afilar las plumas de ganso. Así, el instigador de la empresa confeccionaría para el Annuaire del Club Alpin Français de 1901 un texto sobre “L’aiguille Occidentale de Los Encantados (2.747 mètres). Haute-Catalogne. Première ascension”. Seguido, desde el Butlletí número 84 del CEC correspondiente al mes de enero de 1902, aparecía su versión en catalán, titulada como “El País d’Aran. Primera ascensió a l’agulla Occidental dels Encantats (2.747 metres). Alta Catalunya”. Su traductor fue Juli Soler i Santaló, quien añadiría estas líneas al final del artículo:

 

“No me puedo resistir al deseo de adherirme a su entusiasmo, pues solo diré que este excursionista [Ludovic Fontan], si de algún defecto ha pecado en su trabajo, es de haberse quedado corto en las loas hacia aquellas comarcas tan maravillosas y que tan bien conozco. En mis excursiones de los veranos de 1895 y 1897 en compañía de nuestro entusiasta consocio, Frederich Bordas, y en las de los años 1900 y 1901 con los compañeros y asimismo consocios, Mitjans, Rocafort, Massó y Nadal, tuve ocasión de convencerme una vez más, sin que influyera en mí ni una pizca de exagerado patriotismo, que no es necesario salir fuera de casa para encontrar regiones que, por sus grandes atractivos, parecen decir: admiradme y estudiadme […]”.

 

Soler i Santaló revelaba de este modo un dato importante: las faldas de Els Encantats habrían visto desfilar, a caballo de los siglos XIX y XX, a diversos pioneros del montañismo catalán… Por lo demás, hay que destacar que la primera, posiblemente absoluta-absoluta, a una de estas cimas encantadas, fue acogida con escepticismo en ámbitos montañeros franceses. No se trataba de esas tradiciones de los campesinos de Espot que la consideraban una peña maldita e inaccesible… En esta ocasión, los celos y roces tan en boga en las pequeñas familias de escaladores de las secciones rivales del CAF, iban a ser los responsables. Fontan aludiría a esta polémica cuando, un año más tarde y desde el remate de la Pirámide de Lequeutre del Comoloforno, reseñaba:

 

“Sobre una de las puntas de Els Encantats, descubrimos la torre que construí allí el año pasado. Raphaël y yo estamos contentos de señalar a nuestros compañeros la señal de nuestra victoria, de la que se había dudado”.

 

Nada nuevo hay bajo el sol… Por ello, aparcaremos aquí los debates de las brumosas llanuras para decantarnos por otras opciones de altura mucho más constructivas. Como rememorar las bellas loas que Ludovic Fontan de Négrin dedicara a esos decorados leridanos que acababa de visitar:

 

“El estany de Sant Maurici [se halla] en mitad de uno de los lugares con mayor encanto de los Pirineos, rodeado por todas partes de recónditos altozanos desde donde se elevan soberbias agujas de granito. Estas sierras, con sus tonalidades tan crudas y la luminosidad resplandeciente de un cielo como no he visto otro en la vertiente Norte de la cadena, poseen unas características de originalidad como no se aprecian en otras regiones de los Pirineos ni en los Alpes, con los que bien podrían compararse. Tienen una belleza especial. A pesar de los esfuerzos exigidos para alcanzar estas regiones fantásticas, cuando uno acude hasta allí se siente irremisiblemente obligado a regresar”.

 

Se podría afirmar que los textos del período heroico de la escalada pirenaica jamás pierden su encanto… Y nunca mejor dicho.

12 Comentarios

  1. Se me olvidaba Alberto. Esta mañana, desayunando en una cafetería de Espot me han comentado que hace un mes recuperaron el cadaver de un montañero francés que se habría despeñado en el Gran Encantat.
    LLevaba diez días sin contactar y su familia avisó a la protección civil de que había partido de Francia con la intención de subir los Encantats.
    No se había alojado en ningún refugio y nadie lo había visto pero desde el helicóptero descubrieron el cuerpo en las inmediaciones de la vía normal.

  2. Bueno pues aquí estoy en la Pobla de Segur esperando la hora de coger el tren dirección Lérida-Huesca-Sabiñánigo.
    El domingo por la tarde nevó en los Pirineos y por eso cambié mis planes optando por subir al refugio J.M Blanc en dirección al Pic de Peguera, 2.985 m. Lo ascendí ayer poniendo cuidado pues había una capa de 10 centímetros de nieve fresca. Además, por error, subí primero otra cumbre vecina, el Tuc de Saburó, 2.908 m donde ya utilicé el piolet.
    Vuelvo por el peligroso caos de bloques del circo Peguera-Monestero y bajo al refugio E. Mallafré a dormir.
    He visto que los Encantats están limpios de nieve y me siento en plena forma pero he de volver a casa ya, me esperan el gato, la perra y otro perro inválido, además de las gallinas, y claro está, mi esposa, esa es la que manda.
    Bueno, Encantats, ahí os quedais. Asi tengo una excusa para volver el próximo año.
    Un saludo.

  3. Hey, ¡que me olvidaba de los Angusto…! David Vilaseca tuvo la amabilidad de enviarme el enlace del excelente artículo al que aludía, del que es autor. Por aquí os lo dejo, pues resulta de lo más recomendable:

    http://docs.cec.cat/public/muntanya_887.pdf

    ¡Que os aproveche su lectura, amigos!

  4. Jose Vicente Palaci Miñana a través de Alberto Martínez Embid
    El jueves a la(s) 12:10 •
    Un viatge al Pirineu Català a través de l’història. Està molt bé.

    • Hola a todos, por fin de vuelta…

      David: hablando de los Angusto… Creo recordar que el descendiente de un célebre guía benasqués, un simpático francés llamado Matthias Lobera, estaba preparando un estudio sobre esta profesión en la zona de Luchon… Espero que siga adelante con su trabajo… En cuanto me entere de algo, lo “cacareo” desde este chiringuito…

      Luis: no; no me ilusiona demasiado el hablar de política por estas latitudes… Aunque en ocasiones abordo temas que bien pudieran insinuar lo contrario, intento siempre presentar datos objetivos y contener cuanto puedo las ideas personales… ¿No tienes la impresión de que en muy escasas ocasiones disponemos de la información mínima como para opinar de un tema sin hacer el ridículo más espantoso…?

      Jesús: desde luego, ¡que San Cucufate, Bueno y Mártir, te acompañe durante tus andanzas por Els Encantats…! Enseguida meto la tercera entrada sobre su prehistoria escaladora, para ver si te motiva más (aunque sé que no lo necesitas)… Te adelanto el lema que le colgaron al Encantat Xic a comienzos del siglo XX: “Largo, penoso, difícil y peligroso”… Así que precaución, “Perro de Roca” (aunque sé que siempre andas con ojo)…

      José Vicente: en efecto; te he pasado desde el FB hasta desnivel.com, pues me hacía ilusión que alguien colgara alguna frase en catalán… A ver si hay suerte y los vecinos aragoneses se acercan un poco más hasta estas montañas tan fantásticas y tan cerca de casa…

      Johannah, Judith, Gaddi, Drusila y Anastasia: muchísimas gracias por vuestras variopintas opiniones desde los “Países Guiris” (fuera de España)… Como habréis visto, es costumbre mía despojar estos comentarios exteriores de cualquier otro enlace, ante mis dudas sobre si son mensajes verídicos o, sencillamente, intentos por colar spams o similares…

      • ¿Os apetece un mini-avance bibliográfico sobre Els Encantats? Pues por aquí os lo dejo… Para hacer boca, empezaremos con dos libros de la Casa:

        ALONSO CHECA, Juanjo, “Guías de excursionismo. Aigüestortes i Estany de Sant Maurici. 28 excursiones por el Parque Nacional”, Desnivel Ediciones, Madrid, 2004.

        FERNÁNDEZ DELGADO, Javier, “Raquetas por el Pirineo. 25 itinerarios de Ordesa a Sant Maurici”, Desnivel Ediciones, Madrid, 2008.

        Y, seguido, con otro que se acerca más a la temática de estas entradas:

        BAQUÉS I SOLER, Josep, “Els Encantats. 100 anys d’història”, Garsineu Edicions, Tremp, 2004.

        Con el próximo texto, que cerrará esta serie, os completaré el censo de libros…

  5. ¡Me encomiendo al “santísimo” san Raphael!
    La semana que viene, si el tiempo lo permite, iré a subir al Gran Encantat. De momento voy solo, no encuentro compañero. Creo que una cuerda de rapel bastará.
    Tambien voy a echar el piolet y los crampones. Por si acaso.
    Maurice Gourdon que estás no se sabe donde: ¡Ilumina a nuestro Alberto para que siga incitándonos a hacer la mochila y tirar para arriba!

  6. Y TANBIEN DECIR QUE ME A EMOCIONADO VER QUE A ESA MONTAÑA SUBIERON CATALANES ARAGONESES Y GABACHOS COMO TU LES DICES

  7. ALBERTO UN MUYACERTADO TU VISIO N DE CATALUÑA QUE NO SE SI ES APOSTA POR ESTOS DIAS

    ESPERO QUE AQUÍ NO SE HABLE DE POLITICAS DE LA QUE ESTAMOS BASTANTE CANSADOS

  8. Creo que el apodo “Raphael” que Juan/Jean llevaba incluso grabado en su placa oficial de guia, era en honor a su padre Rafael, lo cual és un rompecabezas para saber quién és quién.

    Sería bonito poder saber todas sus hazañas, algunas de primerisimo nivel!

  9. Los Angusto eran de origen aragonés, procedian de la Puebla de Castro y emigraron a Luchon.
    El padre se llamaba Rafael y el hijo Juan o Jean.

    El mismo Beraldi en su Cent ans aux Pyrénées se refiere a “mi fidel guia Hispano-Luchonnais”. Beraldi (2002: vol.V, pag 85)

    Y a Gourdon también se le puede leer: “El 22 de mayo de 1888 me ponía en marcha con Rafael Angusto, uno de mis guias habituales, y su hijo Juan que iba de porteador”

    Bourneton Alain. El Pirineo Aragonés antes de Briet. (Prames,2004: 171)

    Recogi estos datos en “Els Angusto, dos Aragonesos enmig de la plèiade” articulo publicado en la revista “Montanya” nº 887 del febrero de 2010.

    • Desde luego, David: ¡estás bien al quite!
      En efecto, ya conocía el dato de que el padre de esta saga de guías, Rafael/”Raphaël” Angusto (nacido en 1837), era un ribagorzano de la Puebla de Castro, instalado en Luchon… Y casado con otra ribagorzana, natural de Sahun… Lo que ignoro es dónde vino al mundo su hijo Juan/Jean Angusto (nacido en 1861), alias “Raphaël” según los cronistas galos: ¿también era aragonés, como sus progenitores? ¿o nació ya en tierras gabachas? Por lo demás, ¿Rafael era un segundo nombre de pila o un apodo procedente del padre…?
      Ambos guías, al parecer, sentían gran pasión por la mineralogía… Según Jean Ritter en su “Maurice Gourdon” (2008), Juan/Jean Angusto llevó al monte a personalidades como Beraldi, Falisse, Trutat, Heïd, Le Bondidier, Spont…, y Gourdon, claro. Su “Carnet de Guía” se conserva en el Musée du Pays de Luchon…
      Si alguien desea ver alguna imagen de “Rafael Hijo”, puede acudir a las páginas 87, 106 y 107 de “Les grands guides des Pyrénées” (2002), de Antonin Nicol… En cuanto al otro protagonista de esta aventura, Bernard Salles “Garre”, aparece en las páginas 87, 106, 111 y 112…
      Muchísimas gracias por completar esta entrada… ¡Espero que te dejes caer por aquí cuanto puedas!

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