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Un cavernícola…, ¡en el Aneto!

Hace no demasiado, a resultas de esa anetería épica organizada por Montañeros de Aragón en 1929, me felicitaba por contar con dos testimonios escritos. Vamos a tener suerte: en lo referente a la visita de 1930, dispondremos de una segunda opinión. De gran valor, no solo para los interesados en la crónica del Monarca del Pirineo: los cinéfilos también agradecerán alguno de sus apuntes. Así, a las historias sobre la cota 3.404 metros narradas por Miguel López de Gera, Fernando Almarza y Lorenzo Almarza, les añadiremos las de un auténtico cavernícola.

 

Como ya se ha visto, entre los integrantes de la famosa expedición organizada por Montañeros al Techo de su región en 1930, había varios pirineístas vascos. Hoy nos centraremos en uno de ellos: el bilbaíno Antonio Ferrer Bolart, alias el Hombre de las Cavernas, gran animador del Club Deportivo de Bilbao… Considerado como el padre del periodismo euskera de montaña: desde 1924, inició una importante labor difusora que desarrollaría durante más de una treintena de añadas… Si os interesa el tema, lo mejor es acudir a la magnífica Historia testimonial del montañismo vasco, donde Antxon Iturriza sirve abundantes pinceladas sobre nuestro cavernario: muy especialmente, en los Tomos I (1848-1936) y II (1939-1980). Os gustará la imagen que aparece en la página 205 del primer volumen… Ferrer debía el mote a su afición por la espeleología, bien aireada desde cierta Monografía de las cavernas y simas de la provincia de Vizcaya. Fue más que un apodo: sería el nombre de guerra con el que firmó sus crónicas.

 

En el terreno montañero, hay que decir que el Hombre de las Cavernas proporcionaría un largo relato del Aneto de 1930 dentro de una de sus obras: Cimas españolas (1947). Un libro donde narraba sus peripecias por las diversas regiones montuosas de la península Ibérica: “Las cumbres vascongadas, picos de Europa, Gredos, Guadarrama, Sierra Nevada y Pirineos”. Sin olvidarse del Cervino de los Alpes. ¿Escribió otras obras similares?: al menos he localizado Nuestras montañas (1927) y Crestas del Duranguesado (1943). Por no hablar de su potente producción periodística desde los diarios Excelsius (luego Excelsior) de Bilbao, Hierro de Bilbao, Gol de Madrid… Como cierre del rápido escorzo biográfico, añadiré que nuestro buen troglodita tenía la medalla de oro de Cien Montañas (1914-1924 y 1925-1935) y la medalla de plata al mérito montañero de la Federación Española de Montañismo (1944).

 

¿Subimos de nuevo al Aneto…? Antonio Ferrer le dedica a su ascensión de 1930 un largo relato dentro del capítulo VI (“Pirineos”) de sus Cimas: lo cubre con los apartados sobre el “Valle de Benasque”, “Hacia la cumbre del Pirineo”, “De Benasque al refugio de la Renclusa”, “Pico de Aneto” y “De Aneto a la Maladeta”. Sintiéndolo mucho, vamos a tener que recortar estos textos interesantísimos, situando a nuestro cronista en la Renclusa, hasta donde se había desplazado desde Jaca junto con el grupo de los Almarza:

 

“Son las 3:00 h [del 26 de julio de 1930]. Unos golpes a la puerta de nuestra habitación nos despiertan. El diligente guía Antonio Abadías hace el recorrido de todos los dormitorios donde se hallan alojados la veintena de Montañeros de Aragón que, junto con los vascos, ocupan la mayor parte del excelente refugio de la Renclusa, propiedad del Centre Excursionista de Catalunya. Al poco rato, charlas en voz baja se dejan oír, y luego ruidos de botas, de pasos, de piolets que se apoyan en el suelo; todo ese conjunto de pequeñas incidencias que determinan los preludios de una ascensión alpina.

 

”Hemos gozado, bien sea brevemente, del ambiente de un refugio de montaña de carácter internacional. Nos ha gustado repasar el álbum del refugio, donde días antes han llegado, y estampado su firma, franceses, italianos, alemanes, rusos y toda esa babel de montañeros de la gran familia alpina que no conoce fronteras. Entre ellas hemos reconocido las de nuestro amigo [Josep Maria] Guilera, del Centre catalán, que nos ha precedido; y con verdadera satisfacción hemos visto dibujada la insignia del Club Deportivo [de Bilbao] que dejó estampada Sopeña, con dedicatoria y saludo a los montañeros pirenaicos.

 

”Durante la cena, bajo las lámparas de carburo que ennegrecen las vigas, hemos visto entrar nuevos grupos y parejas de decididas montañeras, a quienes no arredra el glaciar. En un rincón, dos alemanes, rubios y jóvenes, preparaban sus sacos para la ascensión del día siguiente. Por todos lados se comentan incidentes de otras ascensiones, se recuerdan hazañas anteriores, y en todas las caras se nota la alegría de la montaña. Jenaro Arcaute y su amigo Lhandi, expertos pirineístas, nos han precedido un día en la ascensión a Aneto; se sientan a nuestro lado; la pequeña colonia vasca va aumentando.

 

”Poco antes de dar las 4:00 h, cuando, por encima de las altas testas del grupo de la Maladeta, asoman los primeros tintes y reflejos de la alborada, se pone en marcha nuestro grupo, al que se han unido varios franceses y catalanes.

 

”Tomamos el sendero que se inicia en la Renclusa y remontamos la áspera roca granítica, primero en dirección de la Maladeta, y más tarde hacia la izquierda, por el contrafuerte N que desciende desde la erguida cumbre hasta terminar en la peña de la Renclusa. En esta arista se abren el Portillón Inferior (2.813 metros) y el Superior (2.900 metros), pasos obligados (uno u otro) para entrar en el glaciar de Aneto. A las 5:30 h alcanzamos el Portillón Inferior, por donde penetramos en el glaciar, después de haber atravesado algunas capas de nieve que, habiendo caído días antes, dificultaban el paso por el Portillón Superior.

 

”En aquel momento el sol hace su aparición, estallante de luz, y admiramos uno de los panoramas más sugestivos. Todas las cumbres del Pirineo destacan sus características siluetas del lado oriental, aumentando sus proporciones con las sombras de diversas tonalidades, que decrecen en la distancia. Y ya metidos en harina, nos lanzamos al glaciar en fila india, siguiendo las huellas que marcan los alemanes, a quienes vemos, encorvados, remontar la pendiente del collado de Coronas.

 

”Hay unas rocas que emergen del manto blanco glaciar, y se hallan a corta distancia del Portillón. En ellas se encuentra un hilillo de agua que el guía nos dice se llama la Fuente del Amor, y que nosotros tomamos como base para almorzar. Son las 6:30 h.

 

”Nuevamente en marcha, atravesamos otro grupo de rocas, y decididamente nos remontamos hacia el collado de Coronas, en el cual la nieve alcanza un enorme espesor. A la izquierda se eleva una cúpula de nieve que precede al último repecho y al Paso [Puente] de Mahoma, o de Mohamet, y a la cumbre máxima de la cadena pirenaica. A la derecha surgen de la nieve las rocas que forman el pico Coronas, el pico del Medio y la Maladeta, separada de este por el collado Maldito.

 

”Doblando a la izquierda, nos elevamos por la fuerte pendiente de nieve de la cúpula hasta un pequeño rellano desde donde vemos el Paso de Mahoma y parte del mojón terminal. Antes de iniciarse en el famoso Paso de Mahoma, se dejan los piolets en el rellano y, puestos en marcha, atravesamos, agarrándonos a la roca, los veinticinco o treinta metros de terreno, que parecen puestos allí expresamente para que la ascensión no peque de aburrida y monótona. Hacia la mitad de este recorrido se encuentra, empotrada en la roca, una cruz o crucifijo de hierro, de unos cincuenta centímetros de altura, que tal vez recuerde la tragedia del alpinista alemán [Adolf Blass] y el guía [José] Sayó, que allí perecieron carbonizados por el rayo.

 

”Realmente no tiene dificultad alguna el famoso Paso [Puente] de Mahoma para quien se encuentre un poco entrenado o habituado a las escaladas de roca. La roca es fuerte, granítica, áspera y, por lo tanto, en condiciones inmejorables para que pie y mano se afiancen perfectamente. Hay agarraderos naturales por todos lados, y salvo en un par de ocasiones, se puede pasar de pie perfectamente. Sin embargo, justo es decir que impresionan por su enorme altura, los vertiginosos cortes de ambos lados, y que con mal tiempo, o día de helada, este paso se hace extremadamente difícil.

 

”Unos pasos más, y henos en el Aneto. Bajo una de las piedras del gran mojón queda, en su caja de ebonita, el libro registro de las ascensiones, donde dejamos nuestras firmas. Luego, libres de los sacos, trepamos hasta la parte superior del mojón y hacemos ondear al viento del Pirineo el gallardete de Bilbao y la insignia del Club Deportivo, que ostentamos con orgullo como únicos representantes de Bilbao en aquella ascensión.

 

”Imponderable es el panorama alpino que desde aquellos 3.404 metros divisamos. Excusamos una relación interminable de montes, crestas y perfiles, que harían molesta su lectura. Solo citaremos, por su atrevidísimo perfil, el pico de Russell y el de Salenques, con su erizada crestería, cuyo recorrido constituye una de las excursiones más difíciles de los Montes Malditos. Del lado de Francia, entre los picos de Sacroux y Salbaguardia, apercibimos claramente Bagnères-de-Luchon en su hermoso valle; y a su izquierda, la altura donde se asienta Superbagnères, con el amplio hotel, que queda unido al valle por ferrocarril cremallera, que a simple vista se ve subir y bajar.

 

”Imponente es la visión cercana de los picos del Medio y Maladeta; y a la izquierda se desarrolla un panorama de lagos alpestres que se escalonan a diversas altitudes. Son los lagos de Coronas, medio helados, que dormitan aún bajo la capa invernal. Hacia el interior de España destacan airosas, por no tener competidoras cercanas, las moles pétreas de Cotiella y Turbón, fácilmente conocidas por sus siluetas características.

 

”Hemos gozado espléndidamente de un día de sol magnífico en Aneto. El guía Abadías nos dice que pocas veces se habrá encontrado un día más delicioso. Estamos en la cumbre, semidesnudos, aspirando a pleno pulmón el aire sutil de tres mil y pico metros, mientras suavemente van tostándose nuestros torsos en una orgía de luz. Pocos montañeros habrán estado casi tres horas en la cumbre máxima del Pirineo”.

 

Aquí, interrumpiremos brevemente el relato de Ferrer Bolart. Porque, a punto ya de abandonar la cumbre del Aneto, nuestro cavernícola nos proporciona la segunda pista sobre una hipotética filmación de altura:

 

“Después de saturarnos de luz y de paisajes grandiosos, nos dedicamos a trepar por los riscos inmediatos, buscando la emoción que perdimos en el Paso [Puente] de Mahoma; y al mismo tiempo impresionamos unas placas y unos metros de film, que nos harán luego recordar la estancia en aquellas alturas pirenaicas”.

 

Me cuesta cortar en este punto al Hombre de las Cavernas. Retomemos, pues, su relato para conocer cómo discurriría la retirada del grupo desde el Rey de la cordillera:

 

“Cual padre amantísimo, el guía reúne a su alrededor a todos aquellos muchachos y, equitativamente, les reparte la comida que trajo sobre sus hombros, que es salpicada con unos tragos y tientos a la clásica bota que, por ser netamente española, es roja con rebordes amarillos.

 

”¡Y qué bien sabía en aquellas alturas la condenada! Como que cada trago era controlado a golpe de silbato –¡a ver, qué vida!–; si no, quedaría exhausta, y aun nos faltaba lo peor de la jornada por andar […].

 

”Después de saturarnos de panorama pirenaico, que fuertemente ha impresionado nuestra sensibilidad montañera, lanzando un ¡hurra! de adiós, hemos repasado el Paso de Mohamet [Puente de Mahoma], verdadero pasillo granítico que, como formidable puente pétreo, une la cima de Aneto a la tierra firme y al impresionante glaciar.

 

”Hemos visto las filigranas que hacían nuestros compañeros de excursión aferrándose a los enormes bloques del paso, mientras ruedan a precipicio, que se abre a sus pies, algunas rocas desprendidas, sin duda para dar, con sus tumbos y chasquidos, una mayor impresión de este cacareado mal paso.

 

”Reunidos nuevamente en el pequeño rellano que precede al aludido paso, en el camino de la ascensión, tenemos a nuestro frente la parte más pronunciada de la cúpula, que con su reborde semicircular nos impide ver el fondo o término de aquella enorme pendiente nevada que termina en las inmediaciones del collado de Coronas.

 

”El guía, siguiendo la costumbre en estos casos, y como siempre suele hacerlo, organiza, con gran contento de los que andan poco seguros sobre la nieve, un descenso en tobogán, sentándose en la nieve y haciendo sentar a los demás tras él, deslizándose en esta forma una caravana de más de una docena […].

 

”En el collado de Coronas, cumplido el programa, la banda se disgrega en dos grupos, uno de los cuales atraviesa el glaciar en dirección del Portillón Inferior, mientras otro lo atraviesa por su parte superior, faldeando los picos del Medio para llegar, en una hora aproximadamente, al collado Maldito […]”.

 

Ahora sí: con gran pena, nos despedimos de Antonio Ferrer, quien junto con sus paisanos y varios aragoneses trepó hasta la Maladeta Oriental antes de bajar, sin percance alguno, de vuelta a la Renclusa. Once personas que fueron guiadas, al parecer, por Antonio Abadías, y entre las que destacaba un jovencísimo Fernando Almarza…

 

Los últimos jalones de estas peripecias aneteras de 1929 y 1930 nos llegarán desde las Juntas de la entidad organizadora: Montañeros de Aragón. Ha sido una suerte que, al menos, cuatro escritos en tres publicaciones distintas cubriesen tales eventos, tan decisivos para el arranque del recién inaugurado Club. Sus fundadores, muy liados con los Estatutos, el asentamiento de la Directiva, las complejas relaciones con el SIPA y, sobre todo, con ese refugio de Santa Cristina que se aprestaban a alzar…, se ocuparon poco de las incursiones por Benasque. Así, en las Actas de la Junta del 8 de enero de 1930, apenas se insinuaba que “el señor Aznar dio cuenta del proyecto de excursiones a realizar durante la primavera”. En cuanto a lo recogido tras esa Junta Extraordinaria del 27 de febrero de 1930 presidida por Lorenzo Almarza, su secretario José Rodríguez se limitaría a reseñar: “[…] el señor presidente explica las ventajas que la Sociedad ha reportado en las excursiones al Aneto, San Juan de la Peña, etcétera”. Y nada más.

 

Hasta que surjan nuevos datos, aparcaremos aquí esta historia del Aneto de película

  1. Aunque al principio, arcaico de mí, desconfiaba de la utilidad de las “redes sociales” y demás cachivachería del Tercer Milenio, hoy solo les reservo alabanzas en lo referente a su faceta de comunicación/difusión de datos… Para quienes sigan con interés este affaire del “Aneto de cine”, os copiaré el mail que acabo de recibir del amable propietario del film, quien aporta nuevas piezas:

    Hola Alberto,
    siento tardar tanto en escribirte respondiendo a tus apuntes en el blog “La memoria filmada”, pero tengo problemas con las notificaciones de los comentarios.
    Me interesa mucho los datos que me das sobre la fecha de la ascensión, se puso la de 1929 al encontrarse esta película unida a otras grabaciones de las exposiciones de Sevilla y Barcelona de 1929, por eso todos los datos que puedas aportar para documentar la grabación serán muy útiles. La grabación proviene de un rastro y fue adquirida ya hace bastantes años, no te puedo dar más datos sobre la misma.
    Siempre han existido filmotecas del cine con mayúsculas, con Filmo Aragón he pretendido recuperar esas otras grabaciones familiares e independientes que forman parte de nuestro album de imágenes más cercano, creando este pequeño banco de imágenes de acceso libre en internet.
    He corregido el volteado horizontal de la grabación y te mando el nuevo enlace

    Un saludo
    Tasio Peña

    http://youtu.be/Yi7j_WR8PiI

    Muchísimas gracias a ti, Tasio, tanto por tus desvelos como por tu generosidad…

  2. ¡Mira por dónde!: cuando menos te lo esperas, salta la liebre… Buscando otras historias, me he dado de narices con esta anotación del “operador Miguel”, realizada un 27 de agosto de 1916 en el Libro de Cumbre del Aneto:

    “Llegado sin novedad al hermoso pico de Aneto y con el primer aparato cinematográfico de tomas vistas de la casa Gaumont […]. Álbum de firmas de los excursionistas cinematografiado por primera vez por la casa Gaumont”.

    De paso, puede servir como pista: quien desee conocer la “paternidad” de la película del Aneto de 1930, acaso la encuentre en el Libro del Aneto que guarda el CEC en su sede de la calle del Paradís, en Barcelona…

  3. Y un ladrillo más de esta historia se coloca: acabo de hablar con Dolores, hija del fotógrafo Joaquín Gil Marraco, presente en el Aneto de 1930, y me ha confirmado que su padre nunca empleó tomavistas… Habrá que buscar por otro lugar al autor de la película que nos ha ocupado durante estas tres entradas…

    • Hola, José… Más que nada, los relatos de alta montaña firmados por hispanos son bastante escasos antes de la Guerra Civil: después, ¡plaf!, llegó la invasión… Mira que nos gustaba poco escribir sobre nuestras montesinadas, ¿eh?

  4. sencillamente: bravo alberto. Un abrazo de: josemaria.

    • Ahí, ahí: ya sabía yo que estas aneterías te gustarían… Habrá más de aquí al verano, no te apures, José María…

  5. Alberto, el título de tu apunte me ha hecho pensar, por un momento, que nos presentarías uno de esos personajes quijotescos que abundaban en el pasado y que actualmente el mercado está liquidando sistemáticamente, sustituyéndolos por miles de ejemplares repetidos -con ligeras variantes, para salvar las apariencias- de unos cuantos patrones predeterminados, básicamente deportivos. Confieso que al principio me ha producido una cierta decepción descubrir que tu hombre de las cavernas fuese un tipo de lo más sensato y normal, nada extravagante, aunque roconozco que sus textos son muy sugerentes para ilustrar el ambiente montañero de una época. Por supuesto, no sólo de singularidades se alimenta la historia del pirineísmo. Un cordial saludo.

    • Hey, Jaume: créeme que entiendo perfectamente tu desencanto… Seguro que más de uno ya se deleitaba imaginando una fotografía de la cavernícola por excelencia: ¡Barbara Bach, el amor platónico (nunca correspondido) de mi larga post-adolescencia! Y, en lugar de eso, ¡voy y os endoso otra anetada! En fin, ya que las tres entradas van sobre cine, un consejillo: acudid prestos a alquilar “Caveman” (1981) para comprender las buenas razones que hicieron que Ringo Starr casi se volviera loco con los rollos del Neolítico… Al menos, ¡ese misterio sí que quedará bien solventado! Saludotes…

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