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La tragedia de Pope en el Midi d’Ossau

A lo largo de 1912 se producirían en Francia varios accidentes de montaña que conmocionaron a la opinión pública. Unos sucesos aciagos que iban a echar por tierra esas hipótesis que suponían que la avalancha de fallecimientos en las cimas se originó justo después de la Gran Guerra. Tanto por culpa de la masificación (relativa) de la montaña como por el incremento de las escaladas de riesgo, se entiende…

El órgano del Club Alpin Français no dejó de fijarse en la epidemia de desastres de 1912. Al menos, para centrarse en el análisis de los acontecidos en los Alpes Occidentales, apostillando que, “como siempre, habían sido menos numerosos que en las cimas suizas, italianas o austriacas”. Las desgracias sobre territorio galo se fueron concretando en escenarios muy diversos…

Así, el 21 de junio de 1912 Kern y Schell tuvieron que ser auxiliados, casi al borde de la extenuación, en el corredor Ulrich del Néron. La caravana de rescate hallaría de paso el cadáver de Gouret, un accidentado del mes anterior. Fue este un caso especialmente espeluznante, dado que el cuerpo del infortunado alpinista apareció decapitado tras sufrir cien metros de caída… Pero junio se iba a cobrar también la vida del joven de quince años Hausser, despeñado en el paso de Chavardon del Salève. Además, el 20 de octubre dos oficiales del Ejército llamados Burgay y Rosat de Mandres desaparecían para siempre en las proximidades de la cresta de los Pénitents, cerca de Briançon. Un lugar con mala fama debido al percance mortal del teniente Martin, producido en el mes de agosto de 1911…

Merece la pena detenerse un poco en el informe sobre lo acontecido el 15 de agosto de 1912 en el Mont-Rouge de Pétéret, pues volveremos sobre este asunto en la entrada siguiente. Desde el número de La Montagne del mes de octubre lo resumía Maurice Paillon:

“El más que experimentado alpinista H. O. Jones, profesor de Química en la universidad de Cambridge, buen conocedor del macizo del Mont-Blanc y, en especial, de su costado suroeste, donde había realizado muy bellas actividades (cuyos relatos fueron publicados en el Alpine Journal durante estos últimos años), acaba de hallar la muerte en circunstancias muy dramáticas. Iniciaba en la montaña a su jovencísima esposa, por lo que, a pesar de ser partidario de las ascensiones sin guía, contrató a uno suizo, Julius Truffier, de Saint-Nicolas. Tras haber permanecido bastantes días en la cabaña Gamba, decidieron realizar el ascenso al Mont-Rouge de Pétéret. Un joven alpinista vienés muy entrenado, el doctor Preusse, se uniría a su caravana, aunque sin encordarse con sus miembros. Sobre las 11:00 h, muy cerca ya de la cumbre, el doctor Preusse, quien buscaba otra ruta, se dio la vuelta, viendo que mientras la cordada inglesa aguardaba el resultado de sus investigaciones, el guía Truffier pasaba la cuerda en torno a un saliente del roquedo como medida de precaución. Fiándose de dicha cuerda, el guía se colgó de ella, pero la roca cedió y le alcanzó, precipitándole por la pendiente. El desdichado arrastró en su caída a la señora Jones y su marido no pudo detener estas caídas. Los tres alpinistas se precipitaron por el glaciar del Fresnay. El doctor Preusse asistiría, tan aterrorizado como impotente, a esta terrible y corta escena […].

”En el caso del Mont-Rouge de Pétéret, la falta cometida es todavía más grave. Sorprendió a uno de los alpinistas más destacados actualmente, quien no practicaba más que el alpinismo sin guía, pero que se confió a uno de ellos, junto a su joven esposa, a quien llevaba por primera vez a la montaña. Eligió una punta secundaria, a poca distancia de la cabaña, y, aunque era partidario de las ascensiones sin guía, tomó a uno experimentado del Valais. Un guía que cometió un error imperdonable”.

No extraña, pues, que en el curso de tan aciaga añada apareciesen en las revistas alpinas los anuncios de una aseguradora alemana que se ofrecía a cubrir todos los percances durante la práctica de cualquier modalidad de los deportes de invierno… O notas sobre el desarrollo, por parte del doctor Bidou, de una camilla de rescate del tipo brancard… A partir de esta especie de introducción, nos centraremos ya en los desastres que tuvieron lugar en los Montes de Pirene. Se irían describiendo en el órgano del CAF durante el otoño de 1912:

“Numerosos accidentes no mortales han llegado a nuestros oídos para demostrar otros casos de imprudencia […]. Un joven de Pau se cayó desde lo alto del Dedo de la Falsa Brecha de Gavarnie: una pierna rota y nada más, de milagro. No olvidemos jamás que las precauciones más meticulosas deben de ser tomadas siempre, y que jamás hay que ir en solitario […].

”El joven Fritz Strasser, de catorce años de edad, natural de Aix-la-Chapelle, quien llegó a Lourdes con la peregrinación belga desde Courtrai, acudió con varios compañeros al circo de Gavarnie. Golpeó un bloque de hielo con su bastón de excursionista y, entonces, una masa de nieve helada que se encontraba sobre su emplazamiento cayó sobre su cabeza, matándole al instante y enterrándole por completo. Fue preciso trabajar durante más de una hora para extraer su cadáver de este amasijo. Todo ello, delante de su madre, quien asistió con impotencia a tan dolorosa operación. El cuerpo del desdichado fue transportado a Lourdes, donde tuvo lugar su entierro […].

”El 24 de agosto último, el señor de Pébal, de Graz (Austria), de treinta años de edad aproximadamente, estudiante de Derecho en París, fue hallado en las cercanías de Cauterets, en la región de Cambales. El desdichado se había aventurado sin guía por la montaña para ir por el valle del Marcadau, donde sufrió una caída terrible. Tras romperse las dos piernas, tuvo que permanecer dos días y una noche en la montaña sin nada de comida ni auxilio. El herido fue transportado al hospital de Tarbes, pero su estado se agravó a finales del mes de septiembre: el desgraciado turista fallecía el 2 de octubre como consecuencia de una peritonitis”.

Cierto tono de censura se traslucía en estas últimas líneas, publicadas sin firma. A pesar del éxito de los hermanos Cadier, apóstoles del pirineísmo sin guía, seguía estando muy mal visto el menor paseo de urbanitas por las montañas sin el correspondiente auxiliar local. Sin embargo, el hecho luctuoso que más tinta haría correr se desarrolló a la sombra del pic du Midi d’Ossau, durante ese mismo otoño…

El 7 de octubre de 1912, un alpinista llamado Hugh Pope se perdía en su vertiente de Moundeilhs. Se trataba de un escalador consumado que se había enfrentado a varias vías duras en el sector de Zermatt. Pero su buena suerte le iba a abandonar en cierto corredor que se abría por encima de la pedriza del circo de Moundeilhs, justo al oeste de la brecha del mismo nombre… En tanto se recababan noticias suyas, se conjeturó sobre si sus intenciones eran las de ganar, desde la cara norte, el Portillon de la vía normal. Mejor que acudamos a ese número de diciembre de 1912 de La Montagne donde el doctor Fayon analizaba cuanto pudo acontecer en el Midi:

“Un joven inglés de veintitrés años, [Hugh] Pope, partió de Orthez y acudió el domingo 6 de octubre [de 1912] a Gabas en bicicleta, donde durmió en el Hôtel des Pyrénées. Salió a la mañana siguiente con el alba, tras anunciar que iba al pic du Midi d’Ossau. El hostelero Baylou, cuando vio que no regresaba por la noche, no se inquietó. Tampoco lo hizo al día siguiente.

”El miércoles 9 dio parte de la ausencia del turista a Laroque y a Bergès. Este último telefoneó al alcalde de Laruns, villa de la que depende Gabas.

”El jueves 10 se realizaron las primeras búsquedas, efectuadas por Laroque y Bergès, aunque sin ningún método. El guía Séverin Labarthe, de Eaux-Chaudes, subió al Grand Pic [d’Ossau] con dos clientes por la vía normal y no descubrió nada.

”El viernes 11 por la noche, llegaba Monnier, el hijo del pastor de Orthez, en cuya casa se alojaba Pope. Bergès prosiguió sus búsquedas.

”El sábado 12 por la mañana, dos alpinistas de Pau, Falisse y Bertrand, se encontraron en la estación de Buzy con el hostelero Baylou, quien les comentó como una cosa muy habitual que uno de sus clientes había salido rumbo al Pic [du Midi] y que no había regresado. En lugar de permanecer en su puesto, Baylou viajaba a Zaragoza. Los dos montañeros, cambiando al punto su programa, se dirigieron a Gabas y, junto a Monnier, exploraron los bosques de Magnabaigt, el pic Lavigne y el de la Sagette de Bigné.

”El domingo 13, Falisse y Monnier dieron la vuelta completa al Pic y pasaron, sin saberlo, a cincuenta metros de altitud del cuerpo. Dos excursionistas de Pau, Touzet y Carrive, ascendieron al Pic sin descubrir nada.

”El lunes 14 los guías Esquerre, padre e hijo, y Péricou, subieron con órdenes del alcalde de Laruns, reuniéndose con Falisse para rastrear la región al norte del Pic: los corredores del Embarradère hasta la arista de Peyreget. Por la noche Falisse descendió para regresar a Pau, donde permaneció veinticuatro horas. En Laruns se encontró con la familia de Pope, quienes le suplicaron que volviera a subir. Accedió, y el guía Carrère ascendió con ellos.

”El martes 5 los Esquerre registraron el bosque de Moundeilhs, durmiendo en la Quèbe de Moundeilhs. Falisse, junto a Carrère y Péricou, partió para completar la travesía al completo del macizo: treparon al Petit Pic por la cresta de Peyreget y bajaron hasta la Fourche, donde se separaron. Carrère subiría al Grand Pic por esos roquedos blancos que hay encima de la Fourche, para no hallar ningún rastro en la cima y regresar por las Chimeneas y el col de Suzon. Desde la Fourche, Falisse y Péricou bajaron con dificultad por la Grande Raillère del sur y regresaron sin resultados. Ese mismo día llegaban a Pau tres guías del Valais, compañeros habituales de Pope en sus ascensiones en Suiza, llamados Franz Lochmatter, Josef Knübel y Josef Pollinger. Los tres, guías de Saint-Nicolas. Cansados por el largo viaje, la noche del lunes al martes durmieron en Pau, y subieron el martes a Gabas. Falisse les dijo que el desdichado Pope no podía estar en los corredores del norte, y les propuso un método de rastreo a partir de la Quèbe de Moundeilhs, y seguido partió hacia Pau con su familia, a la que no había visto en cinco días.

”El miércoles 16 hubo búsquedas generalizadas y sistemáticas a partir de la Quèbe de Moundeilhs: por el sureste, Knübel, Esquerre hijo y Péricou; por el sur, Lochmatter y Pollinger; por el suroeste, Carrère y Laroque (Bergès bajó a Laruns para el reavituallamiento de las caravanas de socorro). El primer equipo, el que terminaría hallando el cuerpo, pasó por el col de Moundeilhs, y ganó horizontalmente un corredor difícil que terminaba en lo alto de unas placas lisas e impracticables, muy cerca y por encima de la Segunda Chimenea de la vía normal por el este.

”Al llegar al Corredor, Knübel vio de repente el cuerpo, unos cuarenta metros más abajo. Eran las 10:00 h. El pobre Pope estaba literalmente destrozado, y su reloj se había parado a las 13:30 h.

”El domingo siguiente, 20 de octubre, Falisse y el doctor Marsoô recorrieron toda la línea de caída y llegaron a esta conclusión: Pope subía al Gran Pic por el norte. Tomó un corredor por el que no pudo proseguir, cuando por su derecha hubiese podido continuar por una vía utilizada a menudo.

”Al parecer, un resbalón en las placas superiores había ocasionado su caída, pues no era probable que ninguna piedra le hubiera alcanzado en aquel lugar”.

Un relato tan minucioso revelaba que el accidente del británico pudo abrir más de un debate en su época. Actuaciones conflictivas no le faltaron, desde luego. Acaso una segunda perspectiva logre esclarecer algún punto oscuro en el trágico fallecimiento de Hugh Pope…

  1. La divulgación de accidentes de montaña, cuando incide en las causas del suceso, es de gran ayuda para prevenir nuevas desgracias.

    • Hola, José… Sí; la verdad es que esta serie de, digamos, “accidentes clásicos”, la tenía en la recámara desde hace tiempo, pero no me decidía… Difundir la crónica de temas luctuosos requiere de buena mano, para no pasarse hacia el tremendismo o el morbo… Espero haber dado con el tono adecuado, pues creo sinceramente que es muy necesario tratar estos asuntos con el fin de ayudar a recortar los dramas en lo posible… Aunque, he de reconocer, pienso que los más capacitados para hablar de accidentes son quienes trabajan en su prevención o en labores de rescate… Esto otro es como poner una tirita…

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