por

En espera de los esquís perdidos

Desde 2005 el deporte blanco tensino celebra sus cumpleaños. Una de las efemérides más inesperadas de esta colección sería el centenario de la arribada de los primeros turistas nacionales del esquí que dejaron constancia de su paso. A falta de nuevos datos, el evento habría que anotárselo a dos socios de la madrileña Real Sociedad Española de Alpinismo Peñalara que visitaron las montañas nevadas de Panticosa y Saqués del 2 al 5 de enero de 1917. Ya los habíamos mencionado con anterioridad por cuenta de un artículo de su consocio, Eduardo Schmid: “Alpinismo sobre esquís”, en el número 230 de la Revista Ilustrada de Alpinismo Peñalara (febrero de 1933). Pero siempre es preferible recurrir a las fuentes originales.

Los protagonistas del estreno hispano-turístico de las nieves de Tena fueron los madrileños Luis Fortún y Juan Manuel Madinaveitia. El último promocionó ampliamente estos deslizamientos con tablas, ya desde su artículo sobre “El Pirineo en invierno”, publicado en el número 38 de la Revista Ilustrada de Alpinismo Peñalara (febrero de 1917), ya desde otro trabajo que, con el mismo título, aparecía en el número 62 del Heraldo Deportivo (5 de febrero de 1917). Dos textos bien surtidos de imágenes con las que captar a los sportmen del periodo heroico. Combinándolos, dispondremos de una excelente visión de estas esquiadas centenarias.

La aventura arrancó con mal pie para nuestros peñalaros, un 29 de diciembre de 1916. Tras su trayecto en ferrocarril desde la capital de España, descubrieron en la estación de Tardienta que sus tablas se habían extraviado. Ni Fortún ni Madinaveitia se arredraron lo más mínimo: después de solicitar otros juegos a su club, se quedaron en Jaca para esperarlos, realizando excursiones por los Valles Occidentales. Por fin, el 2 de enero recibían sus equipos de repuesto, que no los desaparecidos. Después de recogerlos en Sabiñánigo, los esquiadores pudieron dirigirse hacia la base de operaciones que tenían prevista en el Balneario panticuto. Para obtener facilidades de alojamiento, en Zaragoza se habían entrevistado previamente con Eduardo Gálvez, gerente de Aguas de Panticosa. Cederemos en este punto la palabra a Madinaveitia, respetando siempre la grafía de sus topónimos:

“Tomamos el auto para Biescas, que sale de la misma estación [de Sabiñánigo]. No pasa de Biescas, por estar la carretera, desde Polituara, llena de nieve. En lo demás, llega hasta Sallent. Desde Biescas hay teléfono directo con el Balneario de Panticosa, que nosotros aprovechamos para preguntar si tenían bastantes alimentos para darnos dos días de comer y de cenar. Como nos dijeron que sí –llevamos tan solo leche condensada, dulce y pan–, salimos de Biescas, con el morral y los skis al hombro, a las 3:45 h.

”La carretera asciende lentamente, siguiendo el río, que siempre deja a su derecha. En treinta y cinco minutos llegamos al puente que conduce al fuerte de Santa Elena. Desde un poco más adelante se ve el monasterio [sic] y una bonita cascada. Eran las 5:00 h cuando pisábamos las primeras nieves y llegábamos a Polituara. Esto, que en el Mapa Itinerario está marcado como pueblo, se reduce a tres o cuatro casas en forma de venta, donde, por lo menos ahora, solo tienen vino y aguardiente, pan y pastillas de café con leche de Biescas. También tienen algo de cerdo.

”Seguimos nuestro camino, entrando al poco rato en el valle de Panticosa. Como ya era de noche y nos alumbraba la luna, vimos pocos detalles de este valle. Solo sé que enfrente se divisa un monte alto y nevado, que debía ser Cochetalta, y que al pie de este coloso se encontraba el fin de nuestra jornada”.

El ingreso en La Bal con las tablas bajo los pies no pudo haber sido más novelesco. Sin embargo, estos turistas tempranos se equivocaron de población en su primera pernocta: confundieron El Pueyo con Panticosa. No fue un desliz del todo grave: en el primer pueblo buscaron un albergue donde les dieron una cena tan excelente como a buen precio. Retomaremos la crónica del día siguiente, centrándonos en sus aspectos deportivos:

“A las 8:45 h partimos, para llegar a las 9:00 h al verdadero pueblo de Panticosa. Como se puede ver, el error era pequeño. Después de comprar pan y dejar alguna ropa que no necesitábamos en el Balneario, emprendimos la marcha a las 9:45 h […]. Ascendiendo los pocos metros que dista el pueblo de la carretera nos ponemos los skis. Al cabo de veinte minutos de marchar despacio penetramos en el desfiladero que hay que seguir para llegar al circo donde está el Balneario. Otros veinte o treinta minutos de marcha y nos encontramos a dos de los guardianes del Balneario, que han bajado para ayudarnos a subir. A las 10:35 h pasamos la caseta de camineros, que, como es natural, está deshabitada en invierno. Seguimos despacio y, pasando dos avalanchas que obstruyen la carretera, llegamos al Balneario a las 11:30 h. Por lo tanto, tardamos hora y tres cuartos en subir los ocho kilómetros de distancia.

”El balneario está rodeado de montañas de más de 2.800 metros, y él se halla a una altura de 1.683 metros […]. Se quedan seis hombres durante el invierno para cuidarlo y hacer reparaciones en el edificio. Es curioso ver que, a pesar de estar algunas veces incomunicados durante varios días, sin tener más datos que los que por teléfono les envían desde Biescas, no hagan mesa redonda, sino que, por el contrario, cada cual se hace su comida aparte; y se hacen comidas muy semejantes, puesto que disponen todos ellos de pocos medios. Nos dieron de comer opíparamente, sirviéndonos hasta carne, que subió uno que venía de Biescas. Después de este almuerzo nos fuimos a patinar [esquiar], intentando subir por la Fuente de la Cagalera hacia el pico de las Arollas [Garmo Negro]. Fracasamos, a causa de la pendiente y de lo dura que estaba la nieve. Como teníamos muchas ganas de patinar, descendimos, después de haber subido más de cien metros, para irnos a patinar junto a la Fuente del Estómago”.

Por la noche, los deportistas madrileños consideraron la posibilidad de dirigirse con sus tablas hacia Bachimaña o Brazato. Los empleados del Balneario les aconsejaron que, debido al nevazo duro, probaran en esta última zona. El 4 de enero de 1917 les reservaba una jornada exigente:

“Después de desayunar fuertemente, pues no pensamos volver hasta las 15:00 h, salimos, con el morral [mochila] a la espalda […]. Salimos a las 9:00 h, quitándonos al poco rato los skis por lo pendiente y helado de la cuesta. Fortún aprovecha el trayecto de un alud para ascender con más facilidad, pues la nieve no está tan lisa. Yo, por el contrario, busco la línea recta y paso junto a la Fuente del Estómago, yéndonos a reunir en el cerro que sobre ella existe. Desde aquí ya no hay que subir gran cosa para llegar al ibón de Brazato. Desde aquí se domina todo el circo del Balneario. Continuamos subiendo y, como se nos hacía largo ir hasta el puerto de Brazato para dar vista al Vignemale, subimos a otro puerto más cercano, desde el cual no vimos nada más que otro circo con sus respectivos ibones. Después de mucho discutir clavamos los skis y continuamos subiendo para llegar a las 13:30 h a un pico que forma parte de la crestería del puerto de Brazato y que está al norte de él. El conde de Saint-Saud coloca allí el pico de Brazato (2.738 metros). Tal vez sea este el pico al que nosotros ascendimos; pero, según mi altímetro, estábamos a 2.630 metros de altura.

”Desde este pico se domina un panorama precioso […]. Al este hay un precipicio de varios cientos de metros cortado casi a pico, y en el fondo, unas preciosas laderas invitando al ski. Por estas laderas se puede seguir el río Ara para llegar a Bujaruelo. Después de hacer algunas fotografías y tomar los datos para un croquis, emprendimos el descenso a las 13:50 h. Volvimos casi por el mismo lado, deteniéndonos tan solo en un arroyo para comer. Los skis no los utilizamos más que para andar unos dos kilómetros.

”A las 16:15 h estábamos ya en el Balneario, de vuelta, dispuestos a comer. Después de satisfacer el apetito y despedirnos de los guardianes del Balneario, bajamos patinando por la carretera al pueblo de Panticosa. Aquí dormimos en casa del que tiene el estanco durante el verano en el Balneario. Se llama Epifanio Pueyo. Nos trataron bien, cobrándonos cuatro pesetas a cada uno por cenar, dormir y desayunar”.

Así pudo discurrir el, acaso, primer ascenso hispano con tablas (a ratos) en el valle de Tena. Pero las pésimas condiciones de la nieve del Alto Caldarés recomendaban un cambio de escenario para el 5 de enero:

“Amanece con niebla y ventisca en los picos. Es el primer día que nos quiere hacer malo. Después de ligeras discusiones salimos a las 8:40 h para ir por la carretera a Escarrilla. Una vez pasado este pueblo llegamos a un sifón de piedra que atraviesa por bajo de la carretera. Aquí encontramos un hombre que nos indica el camino que saliendo de este sifón va, por entre campos de labor, a parar al puerto que hay a la izquierda de un pico que desde aquí se ve. Tardamos dos horas en subir este repecho. Son las 12:00 h cuando, desde el ya mencionado puerto, damos vista al col de Izas. Estamos a 1.900 metros, con un viento fortísimo y muy frío, sin conocer el terreno y con nieblas en los picos más altos.

”Seguimos hacia el que, indudablemente, es el col de Izas. Atravesamos gran parte de aquel terreno, tan propicio para el ski si hubiera nieve blanda, y que entonces estaba dura como la piedra. A las 13:45 h nos paramos a comer en un corral al abrigo del viento […]. A las 14:10 h ya estábamos en marcha; pero a las 15:15 h arreciaba el viento, y la pendiente era cada vez más pina. Estas dos cosas, unidas a que Fortún llevaba en los pies unos calcetines de paño, que por Ansó llaman peducos, y las botas en el morral para no escurrirse, nos hicieron desistir de pasar el col de Izas. Dimos la vuelta a 2.150 metros de altura, teniendo el col de Izas 2.257 metros. Por lo tanto, nos faltó bien poco para pasarlo. De aquí emprendimos la vuelta, y en llegando otra vez a la roca, donde comimos, atravesamos el arroyo por un puente y fuimos en dirección a Saqués, adonde salimos siguiendo el río y casi por mero instinto de orientación”.

Ante la bajada de las nieblas, Fortún y Madinaveitia regresaron a Sabiñánigo para tomar allí el tren de regreso a Madrid durante el día de Reyes. En la estación altoaragonesa les aguardaban sus esquís perdidos. Junto a un hueco en la crónica pirineísta de Tena, merced a sus cuatro intensos días de práctica del deporte blanco en los inicios de 1917. Cuando a los escasos turistas de montaña nacionales se les suponía inevitablemente extranjeros…

Vaya si ha cambiado el mundillo esquiador en las cien añadas transcurridas, ¿eh?

16 Comentarios

    • Los practicantes del esquí, al menos hasta la Guerra Civil, eran otra cosa…

  1. Vaya, vaya, Alberto… Creo que son casos diferentes los que planteas… Esos angelitos, más que acabar “petando Babebo”, de lo que tienen muchos números es de convertirse en promotores urbanísticos de algún resort cercano a una estación de esquí… Pero ya me callo, que no quiero dar ideas ahora que la especulación inmobiliaria se encuentra en standby… Lamentablemente, esto tampoco es un chiste…

    • Sí, sí: menudos angelitos con tablas y tablones, por no hablar de sus papis… Hay una diferencia abismal con los “turistas blancos” de hace un siglo… Fíjate qué comentario tan simpático el de uno de ellos, Madinaveitia:

      “En todos los pueblos nos ha ocurrido lo mismo. Nos reciben con frialdad, y al poco rato de cambiar alguna palabra nos preguntan:
      ”-¿Ustedes serán extranjeros?
      ”Les hemos contestado casi siempre lo mismo:
      ”-Somos de Madrid; mi padre es de Oñate, y mi madre, de Rentería.
      ”Al oír este último lugar se les alegra la cara, recordando las galletas, y no sé si será debido a esto el que nos tratasen ya con gran amabilidad.
      ”La gente de todo el Pirineo, que yo he recorrido, es muy agradable y tratan al excursionista siempre facilitándole en todo lo posible las cosas que necesite”.

  2. Se me olvidaba: Hace unos años creo que escuché uno de esos sabrosos comentarios… Unos chicos decían que iban a petar Babebo y aunque en un principió no comprendí nada, más tarde supe que se referían a Baqueira-Beret-Bonaigua, esto es, el sector pallarés de Baqueira… Más saludotes…

  3. Sí, sí, Alberto… De vez en cuando también disfrutamos de esos adelantamientos… Faltaría más… De cualquier modo, creo que el “circo blanco” pallarés no tiene punto de comparación con el de nuestros vecinos araneses y andorranos… Por cierto, tú no serás de esos que suben al Pirineo dando cera como si fueran por Montmeló o Motorland, ¿verdad…? La última vez me pareció que Susy echaba chispas por el tubo de escape… Saludotes, FI(S)…

    • Epa, Xavi…
      Pues ya conoces a “Susy”, briosa como pocas en las pistas degradadas (y de acceso permitido), y más calmosa en las autovías… Si echa chispas por el tubo de escape a veces, es porque la alimento con frecuencia con “gasolina-de-lentejas” para que la chica esté fuerte y me lleve a todas partes con garantías…
      En cuanto a los comentarios “clasista-elitistas” que he escuchado haciendo cola en los remontes de estaciones aragonesas, te voy a deleitar con un par que recolecté yo mismo, que no de oídas… Ambos, de niños sobre los 8-10 años (angelitos míos), varones, muy parecidos ambos:
      “Papá, papá: ¿por qué si nosotros llevamos abono de temporada, tenemos que hacer cola como los demás…?”.
      “Papá, papá: ese señor que no lleva carving, ¿es pobre?” (en este último caso, señalaba a un francés amante de lo clásico, con tablas de sandwich de los años setenta).
      No; no son chistes de Jaimito, aunque lo parezca…

  4. Ola Ola Alberto.
    Eso que haces de dejar los nombres o de respetar la grafia sabes si son los correectos o no lo son.
    Gracias.

    • Hola, amigos… Como de costumbre, andaba fuera: disculpad la tardanza en responder, del todo involuntaria…

      Xavi: Al menos, si no te prodigas por las colas de las pistas alpinas para degustar los sabrosos comentarios de muchos de los practicantes del “deporte blanco”, sí que podrás disfrutar del espectáculo de esas tanquetas que suben zumbando hacia los “esquiaderos”, con sus “divertidas” maniobras de adelantamiento… Saludotes, pallarés…

      Pako: Ola, ola… Pues, mira, que pones el dedo en una “llaga” de las gordas: la toponímica… Hasta donde he podido conocer del escenario pirenaico aragonés, las labores de respeto y de salvaguardia de los nombres de las zonas montañosas dejan mucho que desear… Primero llegaron los foráneos, muchos de los cuales tenían afanes “rebautizadotes” o, simplemente, andaban bastante despistados… Más tarde, algunos “locales” quisieron darle la vuelta a la tortilla y borrar del mapa cualquier designación que no sonara a montañesa… En ambos casos, diría que imperó la ignorancia o los intereses particulares/personales, que no el sentido común… Aunque lo cierto es que, en estos terrenos tan resbaladizos, los montañeses ayudan poco… Pero me centro ya: cuanto más rebusco entre los textos antiguos, mayores dudas toponímicas me asaltan… Sinceramente, no pondría la mano en el fuego por casi ningún topónimo de los que aparecen por los pliegos modernos… Así pues, cuando ello es posible, respeto las grafías originales, aunque no sean las usuales en la actualidad, y añado entre corchetes la terminología más empleada hoy, para que se pueda ubicar el lugar… Porque cualquiera sabe qué versión estaba más cercana a la verdad… Y, cuanto menos, los pioneros se merecen cierto respeto por sus meritorios recorridos de antaño… Hasta otra, Pako-del-Mediterráneo…

      ¡Vaya unas torrijas que os endoso en cuanto puedo…!

  5. Pues no te creas, Alberto… Suelo aprovecharme de los accesos a las estaciones, pero al no esquiar creo que estoy bastante al margen del “circo blanco”… Tal vez esto pueda parecer una incoherencia, pero si es por mí que no hagan ni una pista más, te lo aseguro… No me importa empezar a caminar desde el fondo del valle, como hacían los “peñalaros” Fortún y Madinaveitia… En fin; este es un tema difícil y controvertido, pero está lejos de mi intención trasladar ningún debate a este blog… Al final es una cuestión de puntos de vista… o no… o qué sé yo… Más saludotes…

  6. Hay más títulos para que sigamos una regresión a la infancia:

    http://www.bulalaica.es/2016_04_01_archive.html

    Y las cosas típicas de las novelas rosas:

    http://booksobsesion.blogspot.com.es/2013/08/resena-frostbite-richelle-mead.html

    O del comic copiota de Indiana Jones:

    http://www.todocoleccion.net/comics-pulp/indiana-james-n-23-judy-esquis-diamantes-ed-astri~x45935349

    Incluso para los amigos del formato audiovisual y de cazar a un millonario entre las nieves:

    http://es.doblaje.wikia.com/wiki/C%C3%B3mo_casarse_con_un_billonario

    Y ahora más en serio:

    http://danieljerezescritor.blogspot.com.es/2016/08/resena-la-hija-de-la-nieve-la-filla-de.html

  7. Qué susto, Alberto… Pensaba que te habías adelantado con lo de la novela sentimental… No, ahora en serio, el valor de esta crónica randy resulta inapreciable… Y sí, no veas cómo ha cambiado el mundillo esquiador, ya te digo… Saludotes…

    • Hey, Xavi… No, no; que aún falta para San Valentín… Y en cuanto al cambio del ambiente en el esquí, ¡qué te voy a contar! Todo el mundo que se haya acercado hasta alguna pista, por cutrecica que ésta sea (a pesar de las pretensiones de muchas de sentirse una especie de “Gstaad Hispana”), habrá recolectado no pocas anécdotas “elitistas”… Porque un porcentaje nada desdeñable del “deporte blanco”, diría yo que ha cambiado lo que antaño era una práctica deportiva (aunque fuera de clases altas y medias-altas), por una especie de “carrusel de las vanidades” (de no se sabe bien qué clases)… Bien lo sabrás tú, que vives “a pie de obra”… Saludotes…

Los comentarios están cerrados.