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Tragedia en el collado Maldito

Como se adelantaba en la entrada anterior, 1935 fue un año nefasto para el gremio montañero. Poco extraña que, como hemos ido viendo en los tres casos precedentes, la redacción del Bulletin Pyrénéen le encargase el seguimiento de estos hechos luctuosos a uno de los cronistas de nuestro deporte más meticuloso y efectivo. Así, en el número 218 (octubre-noviembre-diciembre de 1935) de dicha revista se solicitaba ayuda para esas reconstrucciones de desastres de las que se haría cargo Louis Le Bondidier:

“Los accidentes de montaña mortales han sido extraordinariamente numerosos en 1935. He aquí la lista de cuantos hemos conocido en los Pirineos: Herbert Wild (región de Ansabère), Henri Duboscq (pic Long), Robert De Villeneuve (pic d’Ossau), Léon Dessort (Mont Rouch de Salau), Pierre Ricadat (collado Maldito), F. [Francesc] Homedes (Pedraforca), Serge Pellerin (Canigou), Eugène Ferran (Caroux). Se ha realizado un estudio sobre las circunstancias de los diversos accidentes y el resultado se publicará en el próximo número del Bulletin. En caso de que esta lista haya quedado incompleta, rogamos se indiquen las omisiones a [Louis] Le Bondidier, en el Castillo de Lourdes”.

Con este anticipo se proporcionaba una relación de las diversas calamidades pirenaicas de 1935. A partir de ahora nos centraremos en las acontecidas en el costado sureño de la cadena. Para empezar, observando el tratamiento que se les destinó a tales sucesos desde las publicaciones de los clubs de montaña más importantes de España. En la Revista Ilustrada de Alpinismo Peñalara número 255 (marzo de 1935) aparecía cierta nota sobre “Un accidente del esquí”, de autoría anónima:

“En el valle de Ansó (Huesca), practicando el esquí en una excursión desde el pueblo francés de Lescun, sufrió una tremenda caída de sesenta metros el literato del país vecino Jacques Deprat, sufriendo tan graves heridas en la cabeza y columna vertebral, que quedó moribundo. Su acompañante, Duboscq, bajó al precipicio a recoger a su compañero, transportándole a hombros durante más de dos horas, sin encontrar refugio, falleciendo el herido en este trayecto. Al fin, después de andar errante toda la noche, consiguió llegar al día siguiente al pueblo de Isaba, de donde salió una caravana que recogió el cadáver”.

No tardaría apenas nada en comparecer por estas mismas páginas del montañismo castellano otro párrafo dedicado a dar cuenta de más tragedias. Esta vez, la Revista Ilustrada de Alpinismo Peñalara número 260 (agosto de 1935) las traía a pares:

“En los Alpes italianos perecen tres alpinistas españoles: cuando pretendían escalar el Montnery, pico granítico de 3.075 metros de altitud, perecieron el jesuita español padre Ruiz Lamolla y los novicios de la Compañía de Jesús José María Montserrat y José María Rey, todos españoles.

”Una desgracia en el macizo de los Montes Malditos: en los Pirineos españoles de la región de Benasque ha ocurrido recientemente un accidente de montaña a una expedición de alpinistas franceses. Parece ser que uno de los excursionistas tuvo la desgracia de resbalar en un glaciar en las inmediaciones del cuello o collado Maldito, arrastrando en su caída al resto de sus compañeros, a excepción de las señoritas, que se habían desencordado hacía breves momentos. Uno de los alpinistas, Pierre Ricadat, de París, pereció en una grieta del glaciar, y dos de sus compañeros resultaron con lesiones leves. El vecindario de Benasque organizó una expedición de socorro en ayuda de los accidentados. El collado Maldito se asoma, como saben nuestros lectores, sobre el lago de Cregüeña, uno de los mayores del Pirineo, y está en el itinerario del pico de la Maladeta del macizo de los Montes Malditos, donde culmina el Aneto”.

En esta ocasión se dispone de un narrador de lujo para el nuevo drama: Antonio Abadías, el guarda del refugio de La Renclusa. Este barbastrense enviaría un informe para el Centre Excursionista de Catalunya que la entidad barcelonesa se apresuró a extractar con vistas a la difusión desde su órgano oficial. De este modo explicaba “Un accident de muntanya a la Maladeta” en el Butlletí del CEC número 484 (septiembre de 1935) quien fuera apodado como el León del Aneto:

“El 19 de agosto pasado salió de nuestro chalet de La Renclusa una caravana francesa formada por las señoritas Micheline Pillet y Madeleine Coussof, así como por los señores Pierre Ricadat, Émile Pillet y Raimond Fischesser, quienes por el collado de Alba, el Diente de Alba y el pico de Le Bondidier fueron a parar al helero del mismo nombre donde arranca la canal del collado Maldito. Tras reposar unos momentos, franquearon la rimaya terminal e iniciaron la escalada, desviándose del mejor lugar para hacerlo.

”Una vez se produjo dicho error, comenzaron enseguida las dificultades, y cuando llevaban unos pocos metros por encima del helero, para disponer de una mayor longitud de cuerda, desencordaron a las señoritas, mientras que los caballeros exploraban mejor la ruta. Marchaban según este orden: Fischesser, Ricadat y Pillet. A unos cuarenta metros más arriba, el primero de ellos terminó en una situación difícil, sin poderse servir de manos, y a pesar de que el segundo acudió para asegurarle los pies, no pudo evitar que perdiera su presa y cayese encima de Ricadat, lo cual provocó que se precipitaran los tres.

”Ricadat fue a parar dentro de la rimaya y sufrió una fractura de cráneo y de la columna vertebral que le produjo una muerte rápida. Sus compañeros pasaron por encima de la rimaya y fueron a parar al helero, donde los retuvo la cuerda y el cuerpo de su desdichado compañero, que terminó haciendo de contrapeso. Ambos sufrieron heridas (graves, Pillet; menos graves, Fischesser). Después afirmaron que, de haber caído encordados por el interior de la rimaya, la catástrofe hubiera sido mayor.

”Una vez repuestos un poco los heridos, el señor Fischesser y la señorita Coussof fueron a Benasque en demanda de auxilio.

”Aquella noche la pasaron en el bosque de Cregüeña y, al día siguiente, llegaron al cuartel de los Carabineros de Rosech, desde donde fueron acompañados hasta Benasque. Se previno allí al médico y a las autoridades, y se organizó inmediatamente una caravana de socorro bajo la dirección del guía Antonio Abadías y del alpinista tolosano Jean Grelier, la cual, a las 18:00 h del mismo día, auxiliaría a los hermanos Pillet [Micheline y Émile] cuando apenas habían podido bajar el glaciar de Cregüeña. El traslado de este herido fue un trabajo lento, tanto por las heridas recibidas como por su debilidad general. Pasaron juntos la noche bajo una roca, en un plano que existe junto al ibón de Cregüeña. Al día siguiente, ya más repuestos, pudieron llegar a Benasque.

”Mientras tanto, Abadías y Grelier subieron al glaciar en busca del cadáver, tallando los escalones precisos para facilitar el descenso [por la rimaya]. Se les unió el guía José Cereza [Fades], procedente de La Renclusa, junto con una caravana de ocho hombres, para realizar el traslado [del cuerpo de Ricadat] hasta el pueblo.

”Éste no pudo realizarse hasta la jornada siguiente, al mediodía, e inmediatamente se efectuaron las actuaciones del juzgado y la autopsia.

”La familia del fallecido obtuvo una autorización especial para trasladar sus restos a Francia, lo cual se efectuó el día 24, por la ruta Barbastro-Huesca-Canfranc, no sin que antes los naturales de Benasque y los veraneantes hubieran velado su cadáver, que recubrieron con flores de las montañas”.

El último comentario de esta lamentable ascensión por el collado Maldito puede parecer poco sensible. Sin embargo, más de un lector se habrá alegrado de que ya no se mantengan ciertos ritos funerarios de antaño (De Villeneuve, Ricadat). El respeto a quienes han perecido en la montaña no tiene por qué demostrarse a costa de la frágil flora de las cumbres…

  1. Hombre pues muchas gracias por molestarte Alberto. Los estoy leyendo de un tiron y de veras que enganchan tus historias y eso que no soy para nada un tétrico ni me regodeo con las desgracias de otros.

    • Hey, Pako… No, no: seguro que por aquí nadie se regodea con estos, digamos, accidentes célebres… Es más: fijo que más de uno aprende algo que, en la montaña, es mejor no hacer… Yo diría que este tipo de textos mueve a la prudencia… Otro saludo más…

  2. Oye Alberto son muy buenos estos sobre accidentes. Como no has agrupado por temas no se si tienes a mano la lista entera para leermelos todos.

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