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¿Moros en el Balaitús?

Va un texto que brindo gustoso a quienes puedan pensar que los siempre respetables caballeros de la Comisión Asesora de Toponimia se han encontrado, ¡los pobres!, solitos frente a una tarea descomunal y que, como han podido, sacaron adelante, con la mejor intención del mundo y bien surtidos de conocimientos sobre las cimas pirenaicas, ese censo de tresmiles que, como un clamor, demandaban los montañeros del mundo entero y parte del extranjero… Dedicatoria que también extenderé a quienes, en su candidez, crean de veras que los artífices de la Lista Soro han considerado ni medio segundo la rectificación de alguna de sus perlas toponímicas.

Para ello recurriré a un refrito propio que se publicó en el periódico zaragozano de mayor tirada, hace más de trece años. Pasemos sin más a mi texto sobre “Un curioso embrollo toponímico: Balaitús o pico de Moros”, dado que no ha envejecido en exceso:

“Los incondicionales del valle de Tena bien lo saben: sus moradores desconocen el origen del segundo topónimo de su cima más elevada, ese Balaitús-pico de Moros. De hecho, la inmensa mayoría de los sallentinos alega que tal denominación jamás ha sido empleada en la Bal. Y eruditos del pirineísmo como Agustín Faus o Fernando Biarge coinciden en mostrar su extrañeza por la presencia intempestiva de estos insólitos mahometanos a 3.144 metros.

”Bucear por los viejos mapas puede proporcionar alguna de las claves de este enigma. Así, un rápido vistazo demostrará que, en la adelantada cartografía gala, el Balaitús nunca ha sido el pico de Moros. Se constata desde la carta Hautes Pyrénées de la guía Joanne a 1:345.000 (1880), hasta el último Pyrénées Centrales de Schrader a 1:100.000 (1949). Y, ni que decir tiene, tampoco surge ningún sarraceno en los pliegos más actuales del IGN o de Rando. Sin embargo, la Hoja de Luz del Estado Mayor a 1:80.000 (1862) pide un poco de atención para su listado de la frontera tensina: “Peyrelu, Soques, Sobe, Col de Sobe, Arriel, Col Arrémoulit, Pic Cuje la Palas o Mourrous, Passe de Labrane, Pic Bat-Laetouse o Marmuré…”. Muy curioso: parece que aquí es el Palas el apodado como pico Moros.

”Consultados al respecto dos patriarcas del pirineísmo francés, los hermanos Jean y Pierre Ravier, me encarrilaron hacia una pista esencial: la monografía de Georges Cadier titulada Au pays des isards: un grand pic (1913). Entre sus líneas se podía leer un párrafo revelador:

“Pic Arrieux del catastro de Arrens, o Castillo de los Moros (Castet de Mourrous) de los pastores de Azun, al cual, según dicen, se le da por error el nombre de la cabaña (cujeou) del pastor Palas, de Souste-en-Ossau”.

”Se confirmaba así que los osaleses veían al hoy pico Palas como una fortaleza moruna. Lo que aclararía un estudioso de talla como Georges Michaud en el trabajo “Reparlons du Palas” para la revista Pyrénées número 52 (octubre 1962):

“Un pastor de Assouste llamado Palas (existen todavía los Palas en dicho pueblo) hacía pastar sus rebaños durante el verano en los alrededores del lago de Artouste, y la montaña que limitaba al sur los pastizales había sido bautizada la Cujala de Palas; debido a lo cual, el pico Palas fue llevado al mapa del Estado Mayor como Cujala Palas […]. Las gentes de este valle llaman a este pico Castet deus Mourrous, y el mapa del Estado Mayor indica Pic Cujala Palas o Mourrous”.

”En cualquier caso, puede parecer extraño que en Francia se retuviese de esta forma la invasión sarracena del siglo VIII. Máxime, cuando en el valle de Tena se presume que tales incursiones no pasaron de Lárrede. Pero existen infinidad de cuentos en el Béarn sobre sus ataques y los tesoros que abandonaron en la posterior retirada. Como, por ejemplo, la leyenda de los cofres que Tariq se llevó en el año 715 tras saquear Zaragoza, tal y como explicaba Alain Bernard en “Si le trésor des Maures dormait au sommet du Cambeillon” (Sud-Ouest, 22 de febrero de 1981).

”Mas, si en Sallent jamás se vio a las huestes de Alá, ¿cómo pasó dicho topónimo desde el Palas hasta el Balaitús? Posiblemente, por un error de transcripción del primer hispano que preguntó los nombres de las cimas de la Bal… Porque así lo registró Lucas Mallada en 1878:

“Alzase todavía más el pico cónico que se llama Garmo de Saldiecho (Pic d’Ariel), al que siguen otras dos puntas más bajas, las de Pallás, y volviendo en arco al sureste aparece el Pico de Moros con otro que tiene por delante casi tan alto y más afilado, sobre el Garmo de Fondiella”.

”Seguidamente sería Juli Soler quien se ocupara de llevar el apodo de Punta de Moros a la ladera sur, a partir de su viaje por “la vall de Tena” de 1911. Y desde aquí se asentaría en los mapas hispanos de un modo masivo…, a excepción de la Cartografía Militar de España, donde nunca ha existido pico de Moros alguno”.

Así se difundía el caso Balaitús-pico Moros en el año 2004… Desde la página de montaña del Heraldo de Aragón, periódico de amplia resonancia en esta tierra. ¿Y hubo repercusiones entre los fabricantes de mapas locales? ¿Alguien me solicitó una ampliación de datos o trató de rebatir las líneas arriba expuestas? ¿Desapareció el “pico Moros” del imaginario cartográfico Made in Aragón? Nanay. Todo lo más, cierto personaje, supongo cercano al grueso de los postulados de la Lista Soro, me envió un mensajito a través de un intermediario: “Dile a tu amigo que no se crea todo lo que lee”. Fantástico: pues entonces no investiguemos nada e inventemos a gusto. Que vamos a ser el pasmo del mundo, hombre.

Es una pena, una pena grande, que las cosas funcionen así en el terruño aragonés. Porque una comisión toponímica seria y trabajadora, con el apoyo de nuestro Gobierno Autonómico, hubiera tenido amplios territorios donde investigar. Se me ocurre una larga lista de cuestiones nebulosas para que sus eruditos se lucieran de veras…

Por ejemplo, sin salir del caso que hoy nos ocupa: los flagrantes deslices con los Moros, el Pallás y las Fondiellas, ¿no tendrían que haber suscitado una revisión de todas las aportaciones de nombres de Lucas Mallada en 1878? Porque, hasta donde sé, este ingeniero de minas (el noveno de una promoción de once) nació en la ciudad de Huesca, donde apenas vivió siete años: ¡casi lo hacen alcalde de Madrid, su principal lugar de residencia! En cuanto a su familia, era originaria de los alrededores de la ciudad de Huesca (Lupiñén, Permisán), que no de pueblo alguno del Pirineo. Así, nuestro hombre acudió a la cordillera para estudiar la estructura geológica de unas montañas a las que, sin duda, dedicó bellas frases, pero que recorrió poco, subiéndolas (si es que lo hizo) de un modo muy limitado… No como esos ascensionistas, según él llevados por “vanidad pueril”, a quienes tan mal veía por acceder a las cotas altas para no aportar “provecho a las ciencias”: un pensamiento que mostraba ignorancia en cuanto al auge del turismo alpino desde el siglo XVIII y las notables mejoras que este había aportado a sus moradores… Le tengo cariño a Mallada, pues lo veo como un pionero (algo gruñón) del montañismo hispano, y he leído con verdadero gusto su único aporte al pirineísmo, la Breve reseña geológica de la provincia de Huesca (1878). Pero alguien tendría que repasar su vertiente como lingüista. E incluso buscar por fondos y archivos si dejó notas aprovechables sobre los nombres de las regiones altas…

Antes de despedirme, retomaré una costumbre pía, iniciada con el neo-topónimo benasqués de la “tuqueta de la Crus”. De nuevo voy a vestir mis sayas más humildes para postergarme de rodillas ante los expertos de la Comisión Asesora de Toponimia y solicitar, con un hilillo de voz temeroso que, puestos a fantasear con los nombres del Balaitús, traten de acercarse más a la realidad aragonesa. Así, mejor que el Techo de Tena sea rebautizado (una vez más, ¿qué importa?) como “pico el Morico”. No en vano, el 70% de los perros rurales de nuestra Autonomía se llaman Blanquico, Roíco o Morico (con sus versiones femeninas, claro), en función de que su pelaje sea blanco, rojo o negro. Al menos harían felices a los dueños de estos fieles animalitos…

11 Comentarios

  1. Alberto que me han dicho unos amigos de fuera que YA somos el pasmo del mundo por lo de los Tresmiles.

    • Sí, Adrián; yo también he oído comentarios “foráneos” muy exóticos referidos a la Lista Soro. Por ejemplo, si el Gobierno de Aragón tiene en los sótanos del Pignatelli una máquina similar a la del Ministerio del Tiempo, y si ha enviado a sus toponimistas al siglo XVIII, antes de que los pirineístas “contaminaran” los nombres de estas montañas… Y otro mejor: que a cambio de no reclamar más la devolución de las obras de arte de la diócesis de Barbastro, ahora en Lleida, han obtenido del Vaticano los “nombres verdaderos” de los tresmiles pirenaicos, registrados en sus archivos más recónditos y recogidos del Sumo Hacedor directamente… Ya ves: somos el pasmo del mundo.

    • Pues no te puedes quejar, “Suizo”, que a caneladas no nos gana nadie últimamente en esta Autonomía. Cuando en nuestro propio Club tuvimos a un toponimista de primera-primera, Pascual Galindo, quien desde finales de los años veinte del siglo XX rebuscó los nombres de montañas por los archivos de Broto, preguntó a los pastores de Bujaruelo, ayudó a Alphonse Meillon con sus encuestas y mapas… En fin: todo un vicepresidente de Montañeros de Aragón (el “inaugural”, para más datos).

  2. Lo del Pico de los Moros y la fablo-traducción de Monte Perdido parecen los errores más llamativos de las nuevas listas. ¡Qué lástima de ocasión perdida para hacer las cosas bien!

    • Hola, José…
      Fuera ya de mambos marineros, yo diría que el extraño uso de Lucas Mallada por parte de estos originales toponimistas del Gobierno de Aragón pide algunas explicaciones: se dan por buenos “Moros” o “Camachibosa”, pero no “Marboré” o “Tres Sorores”. Estoy empezando a dudar de que estemos ante gente medianamente seria…
      Y hablando de seriedad holgadamente contrastada: Eduardo Martínez de Pisón dedica un par de párrafos a la cuestión de las “Tres Sorores” dentro de su último libro, “La montaña y el arte” (Fórcola, octubre de 2017). Una obra muy recomendable de la que hablaré más adelante. Ya se sabe lo que sucede con este tipo de textos, enseguida calificados como “clásicos y esenciales”: se agotan a no mucho tardar.
      Más saludos…

  3. Alberto perdona pero voy a retomar los comentarios del artículo anterior que encontré cerrados. Dile a tu amigo reordenador de las tucas de Benasque que no dedique las antecimas del Aneto a todas esas gaseosas. Mejor que las bautice con nombres de anisete y que sobre todo no se olvide del Anís del Mono.

    • Estás perdonado, Mandril de los Montes: no esperaba menos de ti que el postulado del “Anís del Mono”. A ver si te he comprendido bien: retomando la idea (en broma) de “pico de Coca-Cola” de Robert Aymard, ¿te gustaría que la “tuqueta de la Crus” terminara como, por ejemplo, la “repunteta del Anís del Mono”? O, mejor, para que no desentone con el resto de la colección: “del Anisé del Macaquet”. De todas formas, para el caso que va a hacer a tu sugerencia (en broma) ese caballero que ha gestionado, él solo (¿en serio?), la toponimia de alta cota de las montañas de Benasque…

  4. Muy bien Alberto. Yo pensaba que la Toponimia era un tostonería pero la haces muy entretenida. No creo que los politizados lo vean asi.

    • Pues cualquiera sabe, Adrián, que estamos ante un mundo oscuro que no cuenta nada de lo que hace. Y alguna explicación sí que debiera de ofrecer: ¿se da crédito a Lucas Mallada cuando habla del “pico de Moros”, pero no cuando se refiere a las “Tres Sorores”? Igual es que alguno tiene una güija que le pone en comunicación con el Más Allá…

  5. En efecto: si nuestros toponimistas gubernamentales sintiesen algún aprecio por la historia, puede que hubieran revisado los datos que se divulgaban sobre el Balaitús, para quien los quisiera recoger, en artículos como estos:

    “Balaitús, 3.144 m.”, en: Desnivel. Revista de Montaña, 226, julio de 2005.
    “Palas (2.974 m). Un torreón para el Castillo de los Moros”, en: Desnivel. Revista de Montaña, 250, mayo de 2007.
    “Del Castillo de los Moros al Meñique del Diablo”, en: Desnivel.com, Blogs Desnivel, 29 de abril de 2011.

    Datos muy similares aparecen, algo más dispersos, en esta serie de trabajos que, tras ganar el correspondiente concurso y pasar la revisión del Ayuntamiento de Sallent y del Instituto de Estudios Altoaragoneses, fueron finalmente publicados:

    Henry Russell y la conquista de las montañas del valle de Tena (1863-1877), Ayuntamiento de Sallent e Instituto de Estudios Altoaragoneses, Zaragoza, 2005.
    Édouard Wallon y la cartografía del valle de Tena (1872-1884), Ayuntamiento de Sallent e Instituto de Estudios Altoaragoneses, Zaragoza, 2006.
    El esquí en Sallent: tras las huellas del centenario. I. 1905-1919, Ayuntamiento de Sallent e Instituto de Estudios Altoaragoneses, Zaragoza, 2007.
    El esquí en Sallent: tras las huellas del centenario. II. 1920-1950, Ayuntamiento de Sallent e Instituto de Estudios Altoaragoneses, Zaragoza, 2007.
    Crónica pirineísta del valle de Tena (1900-1950), Ayuntamiento de Sallent e Instituto de Estudios Altoaragoneses, Zaragoza, 2011.

    Por cierto, que esta última colección de libros fue visada, lo quisiera o no el autor, por un hoy célebre toponimista de la Lista Soro…

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