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El champán de Bujaruelo

El hoy tan maltratado gremio montañero fue bastante cuidadoso con los nombres del Pirineo. Si se bucea mínimamente en nuestra crónica, se aprecia con claridad que son más que frecuentes los ejemplos de recolectas sobre el terreno de las designaciones nativas. Tanto, tanto, que hace pensar que quienes afirman lo contrario están movidos por una fantástica ignorancia o por una politización clamorosa. El aragonesismo a ultranza en la toponimia, cuando se apoya únicamente en el aire, produce risa. Pero a los de fuera de casa, que no a los de dentro.

Por el momento, seguiremos soñando con esos tiempos en los que los pirineístas enamorados de estas montañas buscaban con ahínco las voces que les daban vida. Cuando las majadas estaban pobladas, claro.

En la entrada previa situamos a Pascual Galindo Romeo en Gavarnie. Más concretamente, acudiendo a la ceremonia de inauguración de la gigantesca estatua de Nuestra Señora de las Nieves del 11 de agosto de 1927. Allí pudo encontrarse con los recopiladores lingüísticos del colectivo montañero:

“Por la colina encontramos poco a poco a los otros miembros de la Comisión Pirenaica de Toponimia: Le Bondidier, Rondou, el doctor Fourment… Casi podríamos celebrar sesión solemne, pero nos falta nuestro caro presidente, el conde de Saint-Saud. Mas, sin formulismos, trabajemos y estudiemos: Sahugué, Especieras-Espluguieras, Hole-Foule, Coumasiouse, Serradiouse, Pla la Coma… Los nombres de los picos, pastos, planicies y valles, van pasando en revista, todos quieren recibir consagración y ropaje definitivos. Nuevos amigos: el abate Gaurier, el cura de los glaciares, el señor Dat […].

”Y mientras brillaban los fuegos de artificio [de la inauguración], paseábamos desde el Hotel des Voyageurs hasta el monumento a Russell… Había que escuchar a los maestros: el señor Meillon, Giménez Soler, el abate Gaurier… Y yo los escuchaba, tan a gusto, como alumno que tiene que aprender y recibe las primeras lecciones… La conversación volvía a insistir sobre los mismos temas: gave, cave, Gavarnie, Espécieres, ibón…”.

Durante varias jornadas, Pascual Galindo recorrería el Pays Toy, acompañando a los anfitriones en sus corteses interrogatorios a los pirenaicos. Todo un curso acelerado de rastreos lingüísticos que, por ejemplo, le llevó hasta Héas, donde pudo charlar sobre toponimia fronteriza con los campesinos de las bordas o con los miembros de la familia Paget-Chapelle:

“La nieve es muy abundante en el circo: las [agujas de las] Dos Serós y la Munia visten por completo el traje que les dio el nombre: mientras miramos al circo, pienso que al otro lado está España y en el comienzo de la otra vertiente la Capilla de Nuestra Señora de Pineda, cuyo culto y tradiciones tan enlazado se halla con el de Heas”.

El 14 de agosto nuestro sacerdote completaba junto a Meillon un nuevo itinerario de trabajo por el circo de Gavarnie. Como es lógico, el aragonés prestaría especial atención a las montañas del Macizo Calcáreo limítrofes con su tierra:

“Al grandioso silencio del valle, que no interrumpen sino las cascadas que caen del glaciar, cuyo sonido no llega hasta nosotros, aunque lo adivinamos, acompaña el hermoso azulado del cielo, no empañado ni por nubes ni por nieblas: la cadena fronteriza, desde Monte Perdido al Cabieto, se recorta admirable en el azul firmamento que parece servirle de fondo. A las 6:00 h, frente al Circo, vemos cómo ya las crestas de las Serradets reciben las primeras caricias del sol, al mismo tiempo que por el Taillon pasa una graciosa nubecilla blanca, que procedente de España parece saludarnos […].

”A las 6:45 h, el sol inunda ya todo el valle de las Serradets (Gave des Tourettes); atrás queda ya el Circo en la umbría; de él se ven descender las cascadas que semejan plateadas cintas; y allá bajo, en el fondo, el Hotel del Circo parece un juguete de niños fabricado con cartones. Muy pronto, se verá aparecer el disco del sol entre Picmené y Astazou. Hablamos de los excursionistas que habían de ir a la Brecha y que creemos marchan atrasados, pues no les hemos visto salir; mas a las 7:00 h, al terminar de dar la vuelta al col de las Tantes, al mismo tiempo que el sol aparece soberano por encima del pic Rouge de la Paille, vemos con gran sorpresa y alegría que ya se acercan al glaciar del Taillon”.

Desde la célebre Oule las operaciones se iban a trasladar a la vertiente sureña. Un grupo galo liderado por Alphonse Meillon acompañaría a Pascual Galindo hasta el Sobrarbe. Por el sendero del puerto de Bujaruelo/Gavarnie se retomaron las pesquisas:

“Camino por atajos y buscando la línea recta para confesar, toponímicamente, unos pastores que veo allá bajo en el valle. A las 9:00 h oigo un ¡oveja, aquí!; son las primeras palabras que oigo en castellano. Nuestros pastores se han civilizado y han olvidado el lenguaje montañés. Llegado a ellos, no logro ninguna noticia interesante; son pastores de Linás y Yeba que cuidan ganados aquí por primera vez; ignoran todo nombre, hasta el del riachuelo de los picos […].

”Reanudada la marcha a las 10:05 h, muy pronto paramos para hacer una fotografía de la vertiente española desde Crapére a la frontera: Crapére, Bernatoire, Cabieto y Som Blanc. Siguiendo descenso muy difícil y atravesando el arroyo de La Pazosa, bajo hacia el río Sandaruelo para charlar con unos pastores que allí tienen su cabaña. Me confirman los nombres de La Pazosa y de Sandaruelo, y encuentro clara la razón de éste. Me despido de ellos y al bajar, por abreviar sigo por enmedio de un bosque”.

El grupo francoespañol situó su campamento junto al hospital de San Nicolás. Para delicia de Meillon, a quien gustaba su Champán Bujaruelo, o mezcla de gaseosa con anís… A pesar de estas veleidades etílicas, con la albada siguiente fue necesario regresar al trabajo para rastrear las estivas del valle del Ara:

“En las cercanías del hermoso prado en que estamos acampados se ven varios ganados que, al caer de la tarde, se van aproximando a Bujaruelo para hacer su majada… Encuentro regando un campo a Ramoncete, mi bravo compañero del otro día; luego se nos acerca un pastor que cuida un ganado de Piracés. No es mucho lo que me enseñan: Piracés del prau, grado o grau, grado de Ordiso, tasca de la Femalla, tasca de los Carneros, o puente Oncins, o puente Ordiso, paul, Espaules, etcétera. Pasa un pastor que va a los Batanes: como casi todos los que voy encontrando, es nuevo en este terreno; no sabe otra cosa sino los nombres de los montes (términos o partidas de pastos) de Cerbillonar, Abé, Labaza, Musarets, Los Batans… Ramoncete y el de Piracés muestran cierto reparo en darme los nombres vulgares, sobre todo cuando ven que los escribo en mi cuaderno. Aun así, poco a poco mezclan en su conversación nombres interesantes: ramada, paco, mallata o cobilar, ralla y cinglo, cletas, barañas, troco, portera, garba, arañons, huegas y buegasAzurillo, Ordiso, ribera de Otal, Crapera […].

”Poco a poco va desapareciendo el sol, que ya no se ve sino enrojeciendo el espaldar de Mondarruego, la Escusana y la Forqueta; nos acercamos poco a poco al campamento […].

”A las 20:00 h nos recogemos bajo las tiendas a dormir; conviene aprovechar el tiempo, pues se precisa madrugar, y todo nos indica que mañana tendremos buen día. Ahora comienza el de Piracés a recoger su ganado para llevarlo a la majada. Ya casi estoy dormido cuando oigo voces extrañas; es el mesonero [de Bujaruelo] que va a coger truchas y habla con los guías. También conmigo quiere conversación: se empeña que salga a pasear, pues estamos aún a mitad de tarde (!)”.

Un día después, Galindo y Meillon organizaban una nueva marcha hasta el vallecillo de Otal. Su objetivo no era otro que el de localizar a los pastores que conocieran topónimos de la zona. El siguiente párrafo, un tanto extenso, debería de abochornar a quienes hoy comparan a los montañeros con seres sin sensibilidad con el mundo montañés:

“Comenzada la excursión a las 5:10 h, a las 6:00 h remontábamos el pequeño collado que nos separaba del valle de Otal; divisamos una majada… Es inútil que llamemos, que el perro grite y las ovejas se inquieten…; es aún temprano, los pastores duermen en una pequeña cabaña o gruta abierta en una gran peña en medio del valle. Interrogamos a un hombre que va sobre un macho camino de otros términos; por fin se ven aparecer dos pastores, cuando ya estábamos cerca del ganado.

”Uno de ellos se decide a acompañamos. No es habitualmente pastor; trabaja como albañil en Pau, pero vino a hacer el servicio y ya ha acabado. Meillon toma nota de la residencia de sus tíos y le promete una visita para ellos y darles noticias de su sobrino. A la cabaña donde están, o a la peña en que está abierta, la llaman con distintos nombres: peña de la Caseta —el Bozo—, la Mallada y aun la Mallada del Bozo. La partida, dentro de la val de Otal en que estamos, se llama El Coté; explica los nombres de El Fenés y La Arañonera: son partidas, junto al río, más abajo del prado de Bujaruelo.

”Hemos de llegar al pico de Azurillo: valientes, queremos ascender en línea recta lo más posible, escalando la montaña por todos los apoyos que nos ofrezcan tierras y peñas. El pastor-obrero se ofrece a acompañarnos; comenzamos a subir y pronto nos encontramos con un viejo pastor que desciende por lugares abruptos. Nos precisa los nombres y regiones: Azorillo; Ordiso; faja de Basaran; Bacias; puente Ancins; Labaza, Massarets; Las Ferreras, Bilá, Los Espelunc; El cabezo de Faissa Huassa, debajo de Mondaruego hacia Bujaruelo; el Cabietu, el prado frente a Bujaruelo; Punta Roya, el pico más alto de la Tendeñera. Nos da a conocer palabras que ya comienzan a olvidarse: ovellas, ovelletas; favos, fahus, el favar; cubilar; abozo; troc, grau… Este viejo pastor, que tiene setenta y siete años, se llama Ramón Ferrer, es de Oto y va a la fiesta del pueblo; fue prisionero de los Carlistas, durante la guerra civil [posiblemente, la tercera Carlistada: 1872-1876], en Igualada; cuenta que más arriba hay un pastor que se hirió en la pierna. Meillon lamenta no haber traído su botiquín, veremos si hace falta ayudarle en algo… El buen viejo se despide, pues quiere llegar a la misa mayor de la fiesta de su pueblo […].

”Reanudada la marcha pronto nos encontramos al pastor cojo que se dispone a libertar su majada y a almorzar: no le da importancia a la herida y espera medicinas de Bujaruelo… Más vale así… Dios sea loado… Se empeña el pastor en que bebamos de su vino…

”A las 10:00 h estamos en el primer pico de Azurillo. Después de descansar y trabajar en él hasta las 11:00 h, Meillon y Toinneau ascienden al pico más alto; en tanto yo duermo al sol o me dedico a examinar las peñas y guijarros del pico en que me encuentro. La vista que de aquí se domina es magnífica; desde Aratillo y Chabarrous, se ven, como si los tocáramos con las manos, picos y glaciares: los de las espaldas de Vignemale, los de Astazou y Gavarnie, las estribaciones de las Brechas [de Rolando], la Forqueta, Mondaruego, espaldas de Ordesa; la Tendeñera…; más abajo el Turbón, Cotefablo; a lo lejos las montañas de Biescas y Sabiñánigo; y aun parece admirarse algo de la sierra de Guara…”.

La investigación toponímica internacional realizada por las regiones habitadas de Bujaruelo llegaba a un punto álgido el 16 de agosto de 1927. Galindo Romeo nos cuenta, en varios fragmentos más que reveladores, cómo discurrirían sus andanzas a lo largo del río Ara, animado siempre por el rescate de los nombres de los pirenaicos:

“A las 7:45 h se ensancha el valle: nos hallamos frente al puente de Ordiso; allá bajo, a la derecha del río, se ve hermoso favar; a la izquierda del río, o sea a nuestra derecha, hemos dejado atrás las estribaciones de Crapera y comenzamos a recorrer el Cardal. Encontramos un pastorcito que, desde los Batanes, va a Bujaruelo en busca de sal para el ganado. No conoce otros nombres que los de favar, Cardal o Cardau, A, La Labaza, Solano de Ordisso y Villa Mala […].

”Continúo ascendiendo por la izquierda del río; el valle se estrecha por momentos; hay trechos de camino que parece cortado a pico; voy colgado casi sobre el precipicio… No en vano me dio este paraje tal impresión; luego me contaron los pastores que se llama Pica Martillo. El valle se ensancha cada vez más; indudablemente estoy entrando en las partidas de Cerbillonar… Veo ganados al otro lado del río; intento vadearlo, no sin dificultad y metiéndome algo en agua. Llego a la mallada en el momento en que los ganados comienzan a mover. Se llaman los pastores Pascual Ferrer y Braulio Arruebo; si mal no lo recuerdo (no estoy seguro) eran de Hoz, del valle de Tena. En invierno bajan con los ganados a El Burgo, Alfajarín o Cadrete.

”Me van señalando nombres y límites: Vilá, Pica Martillo, A, etcétera. A mis preguntas me van confirmando o indicando palabras: buco; huega; paules (es casi igual que praus); el prau de la Paul; cobilar (punta de una faja: campo con hierba); mallata (la caseta); cleta; troco, grau… En su pueblo hay albares, abetes, favos o faus, seneras… En la cocina, los sesos y estruides… Hablamos de los lagos o ibones de Sasnos y Sabocos y me modifican el mapa de Wallon […].

”Se despide el pastor mayor, pues ya hace rato que su ganado marcha en dirección opuesta a la que hemos de seguir. Voy con el pequeño, tras de su ganado, hacia Cerbillonar: me va explicando otras palabras: tozal, valla, esbarrar, colladas, losa; buco; saso, bordaCamagibosa (Vignemale); calcilé, Abé

”Me va contando que allá, donde vamos, en Cerbillonar, hay dos pastores viejos que sabrán de picos y de esas cosas que a mí tanto me interesan… Cuando ya estamos cerca, observamos que uno de los viejos pastores marcha camino de Bujaruelo; un grito bastaría a detenerle, pero no me atrevo… Llegamos a la confluencia del Espelunz con el Ara.

”Encontramos a un pastor joven, de Bergua; solo lleva quince días en la montaña. Sabe poco de esas cosas: el que sabe es el tío Juan, que acaba de marchar a Bujaruelo y cómo gozaría de hablar con usted de estas cosas. Poco de nuevo es lo que me da su conversación: rara tradición de Villa Mala (Vignemale); tascal, tasca, bordaAs Paules (en Avella); cubilar, troco; cleta, baraña… El joven pastor distingue un hablar bien y un hablar mal… Los civilizados (castellanizados) y los de la llanura somos los causantes de que en la montaña se olviden tradiciones y palabras en otro tiempo peculiares y hermosas… Y somos tan listos que nos quedamos con cosas típicas que nos deshonran o ridiculizan… Aquí… Semos así…

”Hacemos venir a un viejo vaquero, que está a doscientos pasos y comenzamos a confesarleLabaza, Labasa, Camagibosa; ovillas, pero está mejor ovejas (¡); furco; buega, borna y huega; —favos, abetescan; treudes, sessos… No procede continuar la conversación con estos buenos pastores, pues son poco prácticos en el terreno. Me aconsejan que no deje de hablar en Bujaruelo con el tío Juan, pues —me asegura el pastor joven— lo encontrará allí de seguro aun al atardecer, que, cuando bebe vino, se olvida del tiempo. Son las 12:30 h y me dispongo a marchar: Aún tendrá trapadellas, me dice el joven, hasta salir de estas montañas.

”A poco rato encuentro al pastorcico que vuelve ya con la sal; insisto en que me diga nombres de picos y me responde con una verdadera regla de toponimia: Nosotros no ne sabemos que de estas partes bajas; y así es como llamamos a los montes; los picos no nos interesan […].

”Abrevio la siesta para coger al tío Juan en Bujaruelo; aviso a los guías me despierten si pasase mientras descanso… Pero ya no le encontré en Bujaruelo; se cruzó en el camino conmigo sin que yo lo viera y Fedacou no quiso molestarle creyendo que ya había hablado conmigo”.

Interrumpiremos por hoy la expedición toponímica de Pascual Galindo y Alphonse Meillon. Toda una muestra de lo que fue un trabajo riguroso de rastreo sobre el terreno. Obteniendo datos preciosos del pasado, con frecuencia un tanto enmarañados e incluso contradictorios. A completar luego con los nombres extraídos de archivos, mapas y guías: las famosas cuatro patas de la banqueta lingüística de Henri Sallenave, otro de los toponimistas honestos de antaño.

Con procedimientos así, no extraña que las familias montañesas y montañeras aceptaran de buen grado cuanto luego se servía, que no imponía, desde los mapas de aquellos tiempos. Cuando los cartógrafos brindaban, sin oscurantismo, tanta seriedad como decoro.

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14 Comentarios

  1. No, Adrián: a mí tampoco me hace gracia. Y lo peor es que, en cierto modo, los amigos “de fuera”, la mayoría con una trayectoria impresionante de dedicación al Pirineo, en cierto modo me pedían explicaciones sobre cómo habíamos llegado los “de dentro” a la imposición de la imaginativa Lista Soro. Casi, casi, en plan de reproche. Por desgracia, algo de razón sí que tienen, pues muchos hemos sido tolerantes con las excentricidades toponímicas que nos iban colando desde ciertos mapas y guías desde al menos el año 2002, justamente “el de las Montañas”… Vamos, que nos creíamos las mínimas explicaciones que largaban, a toda prisa, con cada nombre raro que nos colaban con aromilla aragonesista. No me extraña que te enfade el papelazo que estamos protagonizando los aragoneses con “nuestros” tresmiles, que son de todos a mi humilde entender. O, mejor dicho: con el numerito de los grandes sabios de este invento lingüístico que, junto con la artífice de la restauración del Ecce Homo de Borja, han puesto donde han puesto en la prensa el nombre de nuestra región… Sin olvidar a los políticos que los han arropado o animado, claro está.

    • Pues yo no creo que sirvan de nada los reproches, Alberto… ¿Quién iba a sospechar que alguien podía ser tan irresponsable como para ir colando esta clase de excentricidades toponímicas? En todo caso, aunque este atropello cultural no tenga ninguna gracia, de quien deberían reírse es de los políticos y los politizados, pero no de los aragoneses… En fin; es la humilde opinión de alguien “de fuera”…

      • No; no lo puedo evitar: se tendrían que haber pedido explicaciones en su momento sobre la siembra de topónimos creativos, progresiva en ciertos mapas y guías desde hace más de una decena de años… He de reconocer que hace ya tiempo que escuché, un tanto incrédulo, en labios de referentes del montañismo aragonés, que “se los inventaban o algo parecido”… Temo ahora que tenían la razón al noventa y nueve por cien… A pesar de las advertencias que pudieron ser gracietas como la del Mon Perdito (¿que Non Hallato?) o la de L’Almunia (¿de Doña Godina?)…
        Más saludos, Xavi, que en el mundo del pirineísmo nadie es “de fuera” en función del lugar de nacimiento, diría yo… Era una mera forma de hablar, ya que nos movemos en un escenario nacionalista…

        • Tranqui, Alberto… Es así como lo había entendido, de lo contrario no lo habrías indicado entre comillas… Yo también, con las comillas, quería dar a entender que no hace falta ser aragonés para opinar… De cualquier modo, no tengas mala conciencia por no haber reaccionado en su momento, ¿cómo ibas a saber que estabas subestimando el poder de quienes se envuelven en las banderas para tapar a saber qué?

          • En efecto, Xavi: mi forma de entender nuestro deporte es carente de la menor sombra de nacionalismo, sin banderas, sin partidismos… Creo en un montañismo que hermana a los integrantes de esta gran familia, sin que se tenga en cuenta ni el idioma ni el sitio donde se vino al mundo…
            Respecto a lo de que nadie se podía imaginar en qué acabarían esas excentricidades que se difundían, entre otros lugares, desde cierta editorial autóctona: ya lo puedes jurar, que sus bromitas toponimistas eran tomadas, ¡pues cómo, si no!, entre comentarios tirando a jocosos sobre su aragonesismo. Para muchos, pésimamente entendido, aunque siempre apoyado por las contribuciones del Gobierno de Aragón de turno, ¡fuese del pelaje que fuese! Hasta donde sé, muchos de estos “contribuyentes” lamentan ahora que alguno de sus apéndices-colaboradores y demás colegas “se hayan pasado” [sic] con la Lista Soro. Y con su imposición, vamos, que acaban de escalar con ella varios peldaños en su escalera personal hacia el “Gross Aragonien”…

  2. Alberto: a mí no me hace ni pizca gracia que la gente se ría de nosotros por lo de los Tresmiles. Y que conste que eso que han hecho ha sido sin mi voto. No lo tendrán nunca y menos para hacer estas cosas con nuestras montañas. Me duele que se rían de los aragoneses Alberto.

  3. Pues ahí me has pillado, Luis, que no lo sé si mantienen la tradición. Pero seguro que si pides algún cava bueno del Somontano o de los Monegros, te lo sirven. Imagino. Y si no, cuando vayas, conoces la receta: ¡pide una gasiosa con anís…!

  4. En efecto, Makako. Pero a mí no me ha divertido en absoluto el haber sido testigo, este verano-otoño, de las reacciones de personas de primer orden dentro del pirineísmo ante el cúmulo de, digamos, pintoresquismos que nos han servido los todavía misteriosos investigadores de la Comisión Asesora de Toponimia. No creo que ningún aragonés se tronche de risa al leer en mapa alguno los nombres tan inventivos que les han colgado a los tresmiles…
    En cuanto al párrafo de José, igualmente me parece acertadísimo…

  5. ¿Qué más añadir sobre todo lo que acabas de apuntar en tu comentario, José? Salvo dejar por aquí mi recomendación de que se lea con detenimiento cuanto explicas, claro…

  6. Esta sí es una forma seria de trabajo, aunque, realmente, sea muy complicado resolver cuál es la forma toponímica válida, bien por la interpretación del oyente, bien porque no existe una denominación aceptada de forma unánime ni siquiera en un mismo valle. Las cumbres no interesaban demasiado, salvo como referencia, a los residentes, por lo que en muchos casos, ni siquiera existiría nombre para muchas cimas, sobre todo secundarias. Por mi parte, en varias ocasiones he buscado tales referencias con escaso éxito; además ya quedan muy pocos supervivientes que nos puedan informar y aun estos estarían muy influenciados por los usos actuales presentes en mapas no siempre rigurosos. En todo caso, los bautizos gratuitos son una desafortunada secuela de la falta de rigor; además, un peligroso y desorientador precedente que puede crear costumbre.

    • Pues absolutamente de acuerdo contigo tras leer con detenimiento cuanto explicas, José… De cualquier modo, el pastorcico lo deja muy claro: ”Nosotros no ne sabemos que de estas partes bajas; y así es como llamamos a los montes; los picos no nos interesan […].