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Las confesiones de Galindo desde la Brecha

En esta tercera y última entrada sobre la campaña toponímica de Pascual Galindo en 1927 vamos a ganar cota. Porque, durante varias jornadas, el zaragozano proseguiría sus estudios lingüísticos desde la brecha de Rolando. Esta vez, en compañía de otro culto sacerdote-montañero llamado Ludovic Gaurier.

Tal y como se ha podido constatar en los dos artículos previos, la recolecta de nombres por las majadas del Alto Ara había surtido de múltiples nombres, cuya idoneidad resultaba difícil de esclarecer sin recurrir a fuentes distintas a las de la tradición oral. Un problema complicado de resolver que podía apreciarse en los topónimos de los diversos informes, esta vez de corte montañero, que fue redactando durante su estancia en el abrigo de Villa Gaurier, la gruta cercana a la Falsa Brecha:

19 de agosto de 1927, “A la Brecha de Rolland. En Villa Gaurier”: Gavarnie, Hount de Pouey Aspé, Taillon, la Brecha, el Casco, Monte Perdido y Mont Perdu, Ordesa

20 de agosto de 1927, “En los glaciares”: glaciar de la Brecha, Cotatuero, Salarous, la Plana del Descargador [“lo que llaman los porteadores la Plana (del Descargador)”], la Falsa Brecha, el Paso de los Sarrios

21 de agosto de 1927, “En el pico del Taillón y en la Gruta Casteret”: Oruel, la Gruta de Hielo [que no de Casteret]…

21 de agosto de 1927, “En la gruta del Descargador (Casteret). Ante la Gruta”: brecha de Roldán

Hagamos un inciso. En el asunto de la conocida como Gruta Helada de Casteret, Galindo quiso añadir cierta precisión, dispuesto a romper una lanza en favor de su nuevo amigo Gaurier en lo referente a la controversia que éste sostenía con el célebre espeleólogo galo:

“Hay, pues, que reconocer, que a [Norbert] Casteret pertenece el mérito de haber descubierto –refiriéndonos a publicación y descripción en revistas técnicas– la gruta que lleva su nombre, porque en realidad ya lo tenía desde antiguo: la gruta no es en realidad sino el interior del collado del Descargador. No hacen falta, pues, nombres personales: hace ya muchísimos tiempos que los españoles (pastores y transeúntes) habían designado el collado, en realidad la cueva o gruta con un nombre de perfecto valor toponímico y que responde plenamente a la esencia o naturaleza de la gruta. Creemos, pues, que, reconociendo los méritos de Casteret, fue muy lejos al creer que la gruta se hallaba sin nombre (en ausencia de otro topónimo). La gruta debe llamarse Gruta del Descargador”.

Volvamos a la campaña de investigación toponímica del erudito vicepresidente de Montañeros de Aragón… A pesar de las clamorosas soledades de su alojamiento en la Villa Gaurier sobre los 2.800 metros de cota, Galindo y Romeo obtuvo nuevos topónimos para su censo. Así, el 21 de agosto de 1927 acudía en busca de una entrevista/confesión con otro nativo. Atentos a las sorpresas que se ocultaban entre los nombres recopilados:

“A las 14:15 h comienzo el descenso de la montaña para encontrarme con un pastor español que veo en la Plana del Descargador y ver si me enseña algo […]. Y cuando ya llego al llano, veo que el pastor asciende cada vez más en la montaña, tras unas ovejas… A mis voces desciende; no es mucho lo que sabe de estos contornos: Cantuarta, Tozal del Gallinero, Breca, Las Tres Herodes (!!!) [las Tres Sorores], Las Planas, Cleta, Baraña (ignora Cubilar), cabaña o ganado (en Cajal), troco (por donde pasa el ganado), grau (Troco, más estrecho), mallada (ganado solo); (hay en Fanlo) favos y cajigos (¿robles?). Tiene catorce años; sabe leer y escribir. Gana el gasto y cincuenta duros, pero no el calzado. Está afirmado a una casa de las seis a que pertenece el ganado que lleva. No sabe cuánto lleva de ganado. Hoy espera que venga otro pastor más. A este ganado pertenecen las cabras que ayer vi, solas, un poco más arriba…”.

Al día siguiente, a Galindo y Romeo le visitaba la suerte nuevamente. Emplazado sobre la misma brecha de Rolando, pudo charlar sobre las denominaciones de las inmediaciones con ciertos visitantes de calidad:

“Me asomo varias veces a la Brecha (8:15 h, 8:30 h, 8:45 h, 9:00 h…) pero no le veo venir…; durante una de mis paradas en el gran portalón de la Brecha llegan dos jóvenes españoles: son de Fanlo… El mayor desea enseñar todos estos lugares al menor, que va a venir a pastorear en la vertiente española basta que caigan las primeras nieves… Se dirigen a Gavarnie; en la madrugada (casi anoche) salieron de Fanlo… Intento preguntarles algo sobre toponimia de estos lugares; pero no saben gran cosa…: punta Negra (al parecer, el pico del Taillon), Catatuerta, la Plana (el Descargador-tozal de la Plana), la Peña d’en ta la Brecha (al monte donde se halla la Gruta), Cotatuero…”.

Finalmente el 22 de agosto de 1927, nuestro estudioso descendía hacia Ordesa junto al guía Toinneau, tras varios días de estancia en Villa Gaurier. Conforme iban perdiendo altura y se aproximaban a los pastos, aumentaban las posibilidades de toparse con nuevos interlocutores a quienes confesar:

“A una hora de marcha, dando vista a Monte Arruego (Arruebo), encontramos un pastor, ya viejo; tiene setenta años, es de Burgasé. He aquí las palabras que me enseña: Tabacore, el Tozal Blanco (Pico Blanco de Salarons), Catuarta (Salarons), Valle de Mondaruego, cubilar (como aquel ande duerme el ganado), majada (el terreno ande posa el ganado).

”Y cuando queremos aun continuar la conversación, se nos aparta, diciendo: Voy a tirar las ovejas que se van enta allá. Nos aconsejó que cuidásemos mucho con no caer (por las Clavijas) y se empeña en que nos acompañe su zagal, que está encargado de las crabas. Este nuevo guía se llama Primitivo, y es de Semolué; sabe leer y escribir… Le preguntamos si tal vez no harán algún desaguisado las cabras que el cuidaba, al verse solas, y nos responde: Ya las habrá aturado el abuelo. Y nos habla de excursionistas, no bien avisados, que pasan malos ratos en las Clavijas o se pierden por estos barrancos […].

”Mientras estamos ocupados con tan grandiosa contemplación, me distrae Primitivo, alegre de ir con nosotros: Esto alegra mucho, de hablar con personas, pues aquí es como si estásemos en un pozo. Ya estamos en las famosas Clavijas. En verdad que da miedo, dada la altura a que nos hallamos y la profundidad de paredes aparentemente casi cortadas a tajo, pensar en una caída por estos lugares. Para mayor precaución voy entre Toinneau y Primitivo […]. Eran las 12:15 h cuando acabábamos de pasar las Clavijas: habíamos empleado en ello (paso de personas y descenso de sacos) media hora… Primitivo, que aún nos acompaña durante un buen trecho, se nos despide; gracias a repetidas instancias, forzándole, logro que acepte la propina que le ofrezco…”.

¿Qué decir de estos encuentros? He aquí otro fértil territorio que merecería el interés de algún investigador serio que quisiera aprovechar su tiempo rebuscando, si todavía se conserva, entre la documentación de Galindo y Romeo… En cualquier caso, la misión del animoso cura tocaba a su fin en la Pradera de Ordesa:

“Y después de una breve marcha, placentera y llena siempre de sorpresas, llegábamos a las casas de Oliván (Ramón de Viu). El cura de Fragén (mosen Andrés), a quien había escrito antes de salir de Gavarnie, no había acudido a la cita que le daba para hoy en este sitio. Nos recibe en las casas de Oliván el hijo soltero de Ramón de Viu, que aprendió la cocina en el Hotel del señor Meillon. Mientras nos prepara la comida, hago la toilette que me deja completamente nuevo y abandono las botas de clavos que me suministró el abate Gaurier y que tan buenos servicios me han prestado”.

Completaré este trío de entradas con un texto de los receptores de la documentación del lingüista aragonés. Así, dentro del libro sobre la Notice sur la carte au 20.000ème. du massif de Vignemale (1928), de Étienne de Larminat y Alphonse Meillon, aparecía un interesante apartado sobre el “Estudio de la nomenclatura de la vertiente española; valle del río Ara y cuenca lacustre de Bramatuero”. Es decir: las conclusiones de la campaña conjunta de Meillon y Galindo. Veamos qué opinaban de las lenguas de las montañas los pirineístas del siglo pasado:

“Al igual que la geografía, la toponimia es una ciencia universal, luego internacional. Si el ideal de una lengua común a todas las naciones aún no resulta realizable, al menos es posible y desde luego deseable que se respete en todas partes la forma de la ortografía que revisten los nombres de los lugares en cada nación […].

”Respecto a la vertiente española que en este momento me interesa, se trataba de adoptar para la nomenclatura de mi mapa un método de transcripción. Dicho mapa se hallaba a caballo sobre una región fronteriza y las relaciones entre los habitantes de los dos países habían sido incesantes, tal y como he constatado en toda mi obra, desde hace largos siglos, por lo que tanto desde el punto de vista político como el económico, era indispensable estudiar la influencia recíproca que ambos dialectos, el bigordano y el aragonés, han ejercido el uno sobre el otro. Así se podría fijar de un modo racional la forma de los nombres de lugar de la vertiente española, tal y como habíamos hecho para los nombres de nuestros valles limítrofes franceses.

”Semejante examen era relativamente fácil. Los hablantes de ambas vertientes tienen, en efecto, un origen común. Se trata de dialectos del latín. Su pronunciación, en conjunto, muestra pocas diferencias y su transcripción ofrece pocos detalles disconformes. Por otra parte, nos ayudaban los trabajos de la Comisión Pirenaica de Toponimia, que había fijado los nombres esenciales, según los cuales los nombres geográficos debían de ser reproducidos en todos los mapas de cualquier país manteniendo la forma que poseían en su país de origen; es decir: conservando pura y simplemente su nombre indígena. La clave está en la ortografía de forma regular.

”Para llegar a estos resultados y aprovecharse de un control sobre esta búsqueda de la ortografía de los nombres de la vertiente española, obtuve la preciosa y muy cordial colaboración de mi excelente amigo, don Pascual Galindo Romeo, profesor de la Universidad de Zaragoza, y de las opiniones competentes de don Andrés Giménez Soler, el sabio y distinguido profesor de la Academia de Ciencias, cuyos conocimientos lingüísticos e históricos de la región aragonesa son altamente apreciados por todos los eruditos. Según el método que he utilizado para la parte francesa, hemos estudiado, sobre los mismos lugares, todos esos nombres, procediendo a una encuesta profundizada en torno a los habitantes de Torla y de Bujaruelo, y los pastores de la región de Broto, de Boltaña y del Quiñón de Panticosa y de Biescas, que llevan anualmente sus rebaños al valle del río Ara y a la región lacustre de Bramatuero. Faltaba no solo precisar la ortografía de todos los nombres, sino que era necesario recogerlos y fijar su posición, dado que ningún mapa español nos había podido proporcionar esos conocimientos, y los únicos que poseíamos se limitaban a algunas raras denominaciones reveladas por [Franz] Schrader y [Édouard] Wallon en sus planos a pequeña escala y en número totalmente insuficiente para amueblar un mapa a 1:20.000 de escala.

”Tras haber recogido de forma oral la pronunciación de un nombre y de haber controlado con cuidado la forma de pronunciarlo y después de haberlo situado, convenía rebuscar en los archivos de Broto, cabecera de la zona, una importante documentación que nos ha permitido hallar casi todos los nombres de lugares y de sectores que nos interesaban.

”Los documentos consultados son los tratados y acuerdos (concordias) que se refieren a los pastos, cerrados con el transcurso de los siglos entre los delegados de los valles de Barèges en Francia, y de Broto en España. Así nos ha resultado posible la reconstrucción de las formas ortográficas de todos los nombres de la vertiente francesa, de toda la región de Gavarnie, donde desde siempre los aragoneses hacían uso de los pastos de la vertiente hoy perteneciente a Francia. Así pues, hubiera resultado fatal que halláramos los mismos nombres bajo la forma de dos dialectos; nos parecía curioso el presentar, en primer lugar, la lista de nombres españoles [aragoneses] que figuraban en mi mapa y, en segundo lugar, proporcionar todos los nombres de la vertiente francesa de la región de Gavarnie que habíamos recogido en los archivos de Broto, con las transcripciones sucesivas de cada uno de ellos desde el siglo XIV. Hemos de observar que la mayor parte de dichos nombres se leen en las notas manuscritas del capitán barón de Hulot que se hallan guardadas en los archivos del Museo Pirenaico de Lourdes. Esas notas han servido para establecer en un tratado de límites los bornes de la zona indivisa del valle de Aussoue”.

¿Aludió Meillon de un modo más concreto a los nombres de ciertas zonas del macizo que sobrepasaban la cota mágica de los 3.000 metros? Ya lo creo que sí. Sin mayores comentarios, acudamos a esos análisis previos a la inclusión o no, dentro de sus reputados mapas, de ciertos topónimos de rabiosa actualidad entre ciertas Comisiones Asesoras que pululan por ahí:

Cerbillona: “La antigua forma gascona para decir ciervo era cèrbi. Ciervo es el equivalente español de cerf, con cervillon o cerbillon como diminutivo (pequeño ciervo), expresión de la cual se sirven a menudo los españoles para designar a los sarrios, como nosotros empleamos igual de frecuente el nombre gascón de crabes (cabras) para designar igualmente a los sarrios. Nuestra encuesta en España nos ha permitido observar las formas de Cerbillonar, Serbillonar y Cerbillonas”.

Chausenque (pico de): “Antiguo capitán de Ingenieros, autor de una obra de exploración al completo de la cadena pirenaica. Tratando de subir a la Pique Longue del Vignemale, intentó el ascenso desde la Hourquéte por el Petit Vignemale y, tras bastantes dificultades, acabó alcanzando, según dijo, la cima de aspecto truncado de la Segunda Pène, de lo cual puede dudarse si se conocen estas cumbres. En cualquier caso, su nombre le fue otorgado a la tercera cima de este macizo”.

Gabiét (pico de): “Ciertos documentos indican pico Gabiétou de Saussá, para diferenciarlo del pico Gabiétou del Taillon. Algunos dicen que este nombre procedería de gabèt, o rododendro. Los nombres de gabiet y gabiétou están excesivamente extendidos por la región de Gavarnie y esta designación se aplica a unas vertientes y unas cimas sobre las cuales no existe, o no puede existir, rododendros (gabèts), pues no se puede olvidar que los rododendros del Pirineo (Rhododendron ferrugineum L.) son plantas calcífugas, que huyen de los terrenos calcáreos para buscar los silicosos, en especial, los suelos graníticos. Pero los picos y vertientes que llevan los nombres de gabiét y gabiétou son calcáreos, por lo que parece seguro que jamás hubiera allí rododendros o que, en todo caso, fueran abundantes, por lo que esa aplicación debería de ser descartada. Pero en nuestra última expedición por el valle del río Ara, preguntando a los pastores aragoneses sobre los apelativos de esos picos fronterizos, fueron unánimes designándolos bajo los nombres de Capet, Cabiet, Cabieto y Cabietu, lo que nos permite creer que aquí radicaría la verdadera forma y el origen de los nombres deformados por ese cambio natural y frecuente de la cé en gé. Significaría “cabeza, cumbre, altura, vertientes elevadas”. Ya se ve de qué modo la etimología de estos nombres está sujeta a dudas, por lo que ante dicha incertidumbre, de acuerdo con los principios adoptados por la Commission [Pirenaica de Toponimia y Topografía], conservaremos las formas Gabiét y Gabiétou en Francia, y Gabieto en España”.

Mont Ferrat o Herrat: “Se encuentran las formas Ferrat o Herrat, Ferran o Herran, Ferranto, Herrant, como salvaje, lo cual ha podido confundirse con ferrum”.

Pique Longue, La: “Nombre asignado a la cima más elevada del macizo del Vignemale”.

Tapou, pico de: “Tap quiere decir arcilla, toba, y tapou, tampón, tapón. Mientras que tapia, tapie, tapiot, tépè o tupè, serían cerro, montículo, colina, terreno aglomerado, ladera. En toda la vertiente norte de la cadena así denominada, se hallan, en efecto, dos plataformas superpuestas donde se encuentran los laguitos denominados como lagos del Mont Ferrat, separados por pequeñas colinas, resaltes y montículos […]. L. M. Rouch observó que el señor Rondou, en el Bulletin Pyrénéen de 1919, propuso la grafía de pico del Tapoù (en singular), diciendo que “tapoù es un tampón, un tapón… El nombre procede de una cascada situada más abajo, et Pich dét Tapoù, que brota de los flancos de la montaña como lo hace el líquido de un vaso cuando se quita el tapón”.

”El sentido de cascada del tapón, o de pico del tapón, me parece poco probable, dado que, justamente, allí no hay ningún tapón. Por otra parte, parece que se emplea el plural tapons, lo cual supondría muchos tapones […].

Tapou debe de significar “pequeño amasijo de tap”. Entonces los tapous serían pequeños amasijos de tap; por ejemplo, pequeños montículos de toba o de arcilla, tal y como he descrito en mis notas sobre los lagos del Mont Ferrat. En todo caso, los léxicos señalan que en Gascuña el nombre tap, o colina, que en la Bigorra se dice taparròt, es un derivado y entonces tapou, o montículo, es un diminutivo. En ciertos documentos antiguos españoles se encuentra el tapon y destapons”.

Vignemale, pico de: “Procede de bigne, o altura, y de mála, male, o malvada: la altura mala. Su verdadera ortografía sería la de pico de Bigne Male, pero el nombre de Le Vignemale se encuentra tan empleado que debe de ser inscrito en todos los mapas de la zona en su forma de Vignemale, sin su artículo masculino. Evidentemente se podría decir también pico de Vigne Male. Aunque este nombre haya sido creado o modificado por los turistas, resulta imposible sobrecargar los grandes mapas colocando las dos formas (una de ellas entre corchetes). Los pastores españoles de Broto llaman La Labaza a la vertiente sur del Vignemale, un nombre que designa bien la inmensa pared rocosa que tapiza los flancos del macizo entre el Cerbillona y el Mont Ferrat. Pero hemos descubierto igualmente las formas Villamala y Viñamala, y los pastores de Tena lo llaman: Camagibosa. El mapa militar indica: Camachivosa, lo que sería una corrupción gráfica de Camagibosa”.

Bien se ve (quien lo quiera ver), que los trabajos lingüísticos serios terminan, de forma indefectible, en una espesa sopeta de letras. Aun con todo, creo que así es cómo debería currarse un tema cualquier experto que se precie para, seguido, brindar a los hipotéticos usuarios las explicaciones necesarias sobre sus conjeturas, que nunca imposiciones dictatoriales. Sin misterios, ni oscurantismos, ni sectarismos. Huyendo de esos toques personalistas que últimamente están saliendo a flote, con escaso pudor, entre nuestros toponimistas gubernamentales.

En fin; que no se preocupen tanto en la Consejería de José Luis Soro por nosotros, los simples mortales, que ya esperaremos con calma la anunciada segunda venida del Mesías para enterarnos de los nombres verdaderos de los tresmiles de Aragón. Por favor: mientras tanto llega el día en que escuchemos de labios del Sumo Hacedor dichos topónimos, ¿pueden ustedes ahorrarnos sus profetas?

15 Comentarios

  1. Me pregunto Alberto…¿alguna cabeza “pensante”/dirigente se molestará en leer estos “tochos” tan interesantes tuyos? Doy por hecho que no… Porque de otra forma no se entiende nada de esa tristemente celebre lista. Me parece meritorio cargarse de un plumazo toda la toponimia más o menos consensuada durante siglos… Tal vez estoy equivocado, no vivo en Aragón y seguro que no dispongo de toda la información, pero no me suena haber leído ningún trabajo serio en el que se base dicha lista a la hora de “fijar unos nombres oficiales acordes con la toponimia aragonesa, la tradición genuina y evitando deformaciones, invenciones o malas traducciones que están generando listas y mapas erróneos”.

    Alberto, admiro tu perseverancia y espero que tu trabajo (y el de otros tantos) sirva para frenar a aquellos para los que su único argumento, me temo, es su fe aragonesa. Nobody expects The Aragonese Inquisition…

    • Hey, Hugo…
      Pues, hasta donde sé (ya sabes que es este un tema arcano como pocos), los del “otro bando” sí que leen estos tochos. O es lo que me dijeron este verano, tirando a ofendidos, destacados miembros de la Comisión de Toponimia y del deporte montaraz aragonés… Me hizo gracia, la verdad, pues acabo de publicar mi artículo número 1500, por si alguno de los “enmendadores toponímicos” quería aprender algo de historia del pirineísmo durante estos años atrás. Pero bien me consta que pasan de revisar la crónica montañera, que siempre han ido a lo suyo, a crear un Aragón imaginario y politizado. Por eso me sorprendió que me dijeran que sentaban mal estos escritos de un humilde particular que va por libre.
      Además, no pretendo atacar con mis textos a nadie (con un mínimo sentido del humor), ni siquiera enseñar nada (a quien no quiera salir de su chiringuito), pues los respetables señores del bloque “pro gubernamental” que tratan siempre de colocarse en lugares a la sombra del Poder, que no en hacer un trabajo de investigación serio y objetivo, van a lo suyo. Les preocupa más, eso seguro, cultivar sus relaciones mediante dios sabe qué maniobras, que en cruzar sus datos lingüísticos (para mí, meras elucubraciones personalistas) con toda una montaña de testimonios históricos.
      En realidad, estoy en “modo defensivo”. Desde los primeros comunicados del consejero Soro se ha atacado con toda clase de falsedades a los miembros de nuestro gremio. A los de tiempos pretéritos y a los de ahora. Así, solo pretendo brindar a los montañeros actuales las razones objetivas por las que creo que nuestra familia no hubiese tenido que ser demonizada por una serie de caballeros que se mueven en el entorno de la política, aunque algunos de sus peones lo disimulen ahora… Quería tranquilizar a los míos, vamos.
      Amén.

      • Fantástico diálogo a dos bandas Hugo y Alberto. Sólo espero que siga la resistencia a la Lista Soro todo el tiempo que haga falta. Seguro que los “arrimados al poder” con sus “indignados” y sus “peones” cuentan con que el tiempo pase y que nos cansemos de protestar.

        • Caramba, me pillas por los pelos, Makako, que estaba a punto de colgar la siguiente entrada…
          Como enseguida verás, voy a tomarme un descanso en temas toponímicos, tan breve como ocasional. Porque durante meses he recopilado un material de lo más interesante que, acaso, saque los colores a los apóstoles más pundonorosos de la Lista Soro. Lo iré aireando poco a poco, mientras me lo permitan otros temas que pensaba abordar…
          Así, ¿no te apetece despedirte de Friedrich Parrot como bien se merece? Ya sabes: del protagonista del 2017 pirineísta…, ¡con el permiso de José Luis Soro!

  2. Queda perfectamente claro el procedimiento idóneo para deslindar una toponimia correcta; también la dificultad para llegar a una denominación definitiva. Personalmente, no me molestan tanto las variantes, errores y desviaciones bienintencionadas como los bautizos gratuitos.
    Una vez más, gracias por brindarnos tan sabrosa documentación, que, de otra forma, tendería a perderse.

    • Y ahora se ha introducido un factor nuevo en el mundo de la toponimia de los tresmiles: gente que quiere hacer caja, o proselitismo, o lo que sea, a base de generar un Pirineo imaginario y a su gusto. Pasando por completo de tradiciones y testimonios de los montañeses del pasado, mirando solo hacia una postura política muy concreta. Esperemos que hasta la siguiente legislatura autonómica.
      Más saludos pre-navideños, José…

  3. Estimados amigos: el sistema operativo de este blog ha cambiado recientemente, y ahora sus “Comentarios” funcionan de un modo distinto en cuanto a ordenación. Si os parece, situad vuestros comentarios en el apartado de “Responder a” (y no en el de “Comentar”), si queréis que queden así vinculados. De esta forma quedarían ordenados igualmente por antigüedad…
    Al gusto de cada uno, desde luego…

    • ¡¡¡Espectacular, Alberto!!!
      Se ve perfectamente, sabe fatal, huele que no veas y es más que palpable… En fin; no hay más sordo que el que no quiere escuchar…

      • Espero que, donde quiera que ahora esté, a Galindo le lleguen tus felicitaciones, que son todas para él… Como decía la cancioncilla de un célebre programa de crítica literaria de Sánchez Dragó: “Todo, todo, todo está en los libros”… Y, en este caso, en las publicaciones buenas… A ver si Papá Noel, o los Reyes Magos, les traen a nuestros toponimistas gubernamentales cierto regusto por las lecturas montañeras…

        • muy buenas las “confesiones” de los toponimistas de otro tiempo Alberto

          • Celebro que te hayan gustado las investigaciones lingüísticas de Galindo, Luis. Ya sabes la cantidad de burradas que se han dicho sobre los montañeros, durante este agitado “veranillo toponímico”, desde el gremio de los alegremente desinformados y aragonesistas…

          • Va una pregunta tonta Alberto. Nadie ha explicado por qué la Comisión Asesora de Toponimia cambió el nombre autóctono del Viñemale desde el ya clásico de Comachibosa a Camachibosa sin considerar el de Camagibosa ¿no?

          • Hola, Makako curioso…
            Pues sucede que, a mi entender, no hay respuesta lógica: a lo largo de estos dos siglos de historia, se han usado los tres nombres que citas de un modo u otro. Querer imponer uno en concreto, creo yo, es un acto despótico por parte de un ego inconmensurable. Y eso pasa un poco por todo en nuestro tan querido como variable Pirineo.
            Estos caballeros tan encumbrados, y nunca mejor dicho, de la Comisión Asesora de Toponimia, cuanto menos, tendrían que habernos surtido de un generoso lote de explicaciones sobre lo que, por lo general, no eran sino elucubraciones personales de tres o cuatro de sus miembros, cada uno por su parcelita de poder. Porque me da que por los textos viejos, la cartografía antigua y los catastros se han paseado poco. En cualquier caso, sus personalísimas conclusiones jamás hubieran tenido que imponerse, ni emplazar en la cartografía, sino darles publicidad (insisto que bien acompañadas de justificaciones) y esperar a ver, con el tiempo, si se asentaban o no entre montañeses y montañeros, sus usuarios hoy pisoteados. Es lo que hicieron los artífices de la Lista Buysé, vamos, mucho más correctos en estas cuestiones formales…
            Pero no era cuestión de ser correcto, sino de imponer una ideología que, por suerte, es minoritaria en Aragón, aprovechando una carambola del sistema que ha colocado a los 2 parlamentarios de CHA en la posición de privilegio en la que están, pues nuestro Parlamento tiene 67 escaños…
            Y han hecho lo que han hecho: castigar siempre que han podido los apellidos no aragoneses, y cambiar cuanto les ha venido en gana los topónimos para que sonaran a aragoneses. De un modo bastante zafio, a mi entender…
            Por lo demás, te recuerdo que hablo un tanto a ciegas y guiado por los indicios, pues la Consejería de Soro se está comportando en este tema, que hubiese requerido luz a espuertas, como una auténtica sociedad secreta, como unos imitadores de los Iluminati. No quieren administrados con criterios propios: buscan súbditos sumisos o militantes bien adoctrinados, diría yo…
            A todo esto, no sé si con esta filípica he resuelto tus dudas simiescas…

          • Y ya puestos a pedir me gustaría saber si alguien sabe qué nombres de tresmiles de la Lista Soro son por “errores” y qué otros son “inventados”.

          • Pues es una cuestión muy compleja, Makako, y ando muy justo ya de tiempo. En toda caso, son ellos quienes hubieran tenido que largar sus justificaciones a nosotros, sus administrados, que no siervos…
            Mi caso favorito de inventiva toponímica, supongo que ya lo sabes, es el de la Tuquetica de Mari Crus Soriano, insigne pianista que, ciertamente, merecía tener su hombro-tresmil a la sombra del Aneto, el ahora Maladetica de la Coronica, o como se diga… En cualquier caso: ¿a que suena, no sé, a algo de aquí, altoaragonés, eh? Como si, paseando por la plaza Mayor de Benás, oyeras mucho esos topónimos en boca de nativos (que los foranos no contamos en esta historia, ya sabes).
            En todo caso, paciencia: ya se sabe lo que sucede hoy en día con los “diktats” que se imponen sin el menor consenso entre lo que se llama ahora agentes sociales (y se originan protestas), en cuanto el juego democrático lo permite, ¿no?

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