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Un retrato temprano de la brecha de Rolando

En el fondo (aunque un tanto por el subsuelo), despiertan toda mi ternura quienes pretenden determinar en plan campanudo el nombre más válido de cualquier relieve de alta montaña. Máxime, cuando pontifican e intentan imponer sus baturradas en el país de la diversidad y de la imprecisión. ¡Angelicos míos!

Tomemos uno de los collados pirenaicos más ostentosos: la brecha de Rolando… Entre las noticias tempranas que revelaban la existencia del portal fronterizo del Marboré se cuenta con una sentencia del año 1572 del Parlamento de Toulouse en la que se hacía referencia a unos límites de pastos entre las villas de Barèges y Torla donde surgía cierta Brèque de Roland. Seguido, será preciso que aludamos a la cartografía de comienzos del siglo XVII firmada por Joao Batista Labanha, donde se leía con claridad la leyenda: Breca de Roldan-Puerto de Viu.

Continuemos entre mapas. En su primera aparición en público, la Carte du Béarn, de la Bigorre, de l’Armagnac et des pays voisins (1712) de Guillaume Delisle, se representaban algunos collados de la muga central como el Port de Vio, el Port de Bielsa…, y nuestra querida Breca de Roldan. Entonces, ¿el paso de Vio y el del Caballero no eran el mismo, como proclamó el portugués?

Por contra, en la minuciosa Carte Générale des Monts Pyrénées (1717) del ingeniero Roussel se materializaba en su lugar cierto Port de Haillou, junto con un dibujo que parecía retratar tan pintoresco corte en la montaña. De forma sorprendente se ignoraba en dicha representación el sonoro nombre de Roland-Roldán, aun cuando al cercano Port de Bouchero le añadieran un esclarecedor o de Gavarnie. ¿Nos vamos aclarando entre tanto galimatías? Tranquilos, que hay más.

Estos jeribeques toponímicos resultaban tanto más extraños cuando se prestaba una atención especial a la Leyenda de todos los collados, puertos y pasos de los Pirineos por su claro interés militar. Así, la edición de las doce hojas de La Blottière y Roussel a escala 1:300.000, concluida sobre el año 1720 y tirada en 1730, seguía sin citar al mítico paladín… Y es indudable que se trataba del mejor mapa del Pirineo publicado hasta entonces. Existe la sospecha de que, hasta el siglo XVIII, nuestro portillo era conocido por los locales como el Port de Haillou o de Hayou. La investigadora Annie Brives apuntó la posibilidad de que tal término se derivase de la palabra halhou, que en el dialecto de la Bigorra significaba nuez. Quizás fuera la forma con la que los habitantes del Lavedan nombraban su ruta de acceso al valle de Fanlo, donde, probablemente, adquiriesen nueces y otros productos meridionales.

El siguiente documento cartográfico de revisión obligada es la hoja sobre “Les Vallées de Barèges y de Cauterets”, de la Carte du Département des Hautes-Pyrénées, décrétée le 4 février 1790 par l’Assemblée Nationale. De nuevo surge la Breche de Roland, tal y como venía haciéndolo, con diferente grafía, en los homónimos aragoneses desde el siglo XVII. En el mapa de Cassini de Thury de la misma época también constaba, bien flanqueada por Les Tourettes y la Tour de Marboré, nuestra Brèche de Rolland.

Con el cambio de siglo, no menos interesante resulta el testimonio de Pascual Madoz, quien hacia 1850 nos revelaba que los naturales del valle de Vió nombraban al gran collado como Puerto de Godi o de Picalayuela. Y, según vimos en unas entradas anteriores, en 1927 Pascual Galindo recopiló en el Archivo de Broto las siguientes designaciones en los documentos de límites que consultó: Buerqua de Rolan (1571), Breca de Roldan (1711), Brequa de Arrolan (s. XVIII), Brecha de Roldán (s. XIX).

¿Alguien se sitúa? Recapitulemos, pues: el portillo que se abre al cielo sobre los 2.807 metros de cota pudo conocerse antaño, con sus respectivas multivariaciones lingüísticas, como Puerto de Haillou, de Viu, de Godi, de Picalayuela o de Rolando. Digan lo que digan esos fundamentalistas simplificadores que quieren arrimar su sardina al ascua de la politización. Cargándose parte de la cultura montañesa.

He de reconocer que le guardo un cariño difícil de explicar al gran tajo que rompe la muralla de estos montes marmóreos. No en vano, La brecha de Rolando (Desnivel, 2000) constituyó mi libro de presentación con la editorial que sustenta este blog… Fue a resultas de que incluyeran su manuscrito en la final del I Premio Desnivel de Literatura de Montaña. Dentro de nada, la criaturita me cumplirá la mayoría de edad. Con cierto orgullo de padre, he de decir que su texto no ha capeado del todo mal el paso del tiempo. Sin embargo, sin embargo, sin embargo…

Con la caída de las hojas en los calendarios, algún dato nuevo hubiese podido añadir a esta monografía sobre la porción occidental del macizo del Monte Perdido. Fruto de los dieciocho años de buceo entre los textos añejos del pirineísmo que se han sucedido desde que le enviara mi tocho a la editora Beata Rozga. Uno de los complementos más importantes se referiría a la que, acaso, pudo ser una primera representación cercana de esta Brecha en tierras hispanas. Con el permiso de la sencilla vista lejana del cosmógrafo Labanha, claro está.

Reconozco que descubrir el nuevo retrato en el interior del número 33 del Semanario Pintoresco Español me produjo cierto estremecimiento de emoción. Era una copia, sí, y no de excesiva calidad, del fantástico grabado de Jourdan de 1828. Aun con todo, presentaba a mis compatriotas un aspecto inédito de la brecha de Rolando. El bosquejo en cuestión andaba un tanto escondido por cierto texto anónimo sobre los “Recuerdos poéticos de la Edad Media” que se publicó un 16 de agosto de 1840. ¿Sería interesante saber qué más se contaba por allí sobre el gran collado?

Comenzaba este artículo realizando en voz alta unas consideraciones sobre “la poesía de imágenes que en la rudeza primitiva de la sociedad se identifica con las sensaciones, dándoles cuerpo, forma y movimiento, que sirve a la vez de intérprete a un pensamiento religioso, de conductor a un sistema imperfecto de civilización, de norte a la galantería y al valor, y raras veces a la razón”. A la legua se ve que el tratamiento no va a ser desde la óptica montañera, sino desde la metafísica-legendaria-cultural. Así y todo, curiosearemos entre alguno de sus párrafos más poéticos:

“Cada vez que volvemos la vista a esa sima histórica y tradicional en cuyo seno inmenso se ha ido precipitando la multitud de siglos que dejamos para siempre a espaldas del nuestro, la imaginación contempla absorta una serie de seres gigantescos, de seres poéticos, cuyas cabezas cubiertas del pesado almete [casco], descuellan en medio de las generaciones pasadas como los héroes de Homero entre la muchedumbre de sus soldados: verdaderas figuras épicas, engrandecidas por las imágenes robustas y atrevidas de los antiguos romanceros de Europa. A ellas deben sus formas hercúleas, su brazo de hierro, su valor indomable, su constancia en los peligros, su resignación en los trabajos, su piedad religiosa, su galantería con las hermosas, su inalterable amor y decisión por la patria, y solo a los romances heroicos, a los juglares y trovadores con su inmensa libertad de imaginación y de poesía, debieron indudablemente lo que de ordinario omitía la narración lacónica y diminuta de las antiguas crónicas que a veces hacen dudar de los héroes cantados por los romanceros. ¡Mucho incurrieran en el olvido, cuando al referir los nuestros el memorable suceso de la restauración de España, han dado motivo a dudar de la existencia de Pelayo, héroe principal de aquella gloriosa empresa!

”Sin embargo la tradición poética ha podido más en todas partes que el silencio de los cronistas; y al través de multitud de fábulas con que el orgullo supersticioso de la humanidad se complace en adornar al ídolo que reverencia, se descubre un hombre, y ese hombre estuvo dotado de prendas que no pudieron hundirse en el olvido, y llevando en derredor suyo la historia de la sociedad de su siglo con los vicios y virtudes, con las hazañas y desastres, con la creencia y el valor de donde tomaron origen aquellas mismas fábulas.

”Por eso, y sin extendernos a citar muchos de los personajes semi fabulosos o tradicionales de la Edad Media, hallamos en nuestros románticos dos héroes coetáneos, uno francés y otro español, iguales en las aventuras de su nacimiento, iguales en valor, iguales en ser el apoyo de sus monarcas, iguales en lo dudoso de su existencia y, por último, iguales en haber ocupado la musa de los poetas épicos de Italia y de España: hablo, pues, de Roldán, Rolando u Orlando (con estos tres nombres es conocido en nuestros cancioneros), sobrino del célebre Carlo Magno, y de Bernardo del Carpio, sobrino de Alonso el Casto, rey de León. Sabido es que Pulci, Boyardo y Ariosto hicieron del primero el héroe de sus poemas, así como el segundo lo fue del poema que con el mismo nombre escribió nuestro célebre Balbuena, y ambos fueron ampliamente celebrados por nuestros romanceros españoles.

”¿Serán estos héroes reales o fantásticos? Cuestión ésta muy poco importante para la poesía, aunque lo sea de suma entidad para la historia.

”Quiméricos o verdaderos, ellos por sí solos representan un siglo, una época fecunda en observaciones para el filósofo, en imágenes para el poeta. El Roldán de los cancioneros, el Roldán de las hazañas portentosas, es un guerrero terrible de indomable valor y de invencible brazo; de costumbres austeras y religiosas, y muy hábil para convertir agarenos [musulmanes]; ése es precisamente tipo de la Edad Media; la existencia mística apoyada en la fuerza brutal y rodeada del delito; el arrepentimiento al acercarse la muerte.

”El Bernardo de nuestros romances es joven, de rubios y ensortijados cabellos, de recios miembros, e igualmente atrevido y valeroso que el paladín francés: sobre estas prendas resaltan en gran manera su ternura para con su desgraciado padre, el conde de Saldaña; su inalterable fidelidad al rey Alonso el Casto, de quien se veía altamente ofendido. Pero la memoria de Bernardo, históricamente más dudosa que la de Roldán no ha dejado, como éste, vestigios y aun testimonios visibles de su existencia tradicional. Por todas partes se presentan recuerdos del héroe francés: háblase de su época como de la de los encantadores y gigantes. El viajero, al recorrer los montes Pirineos, ve la inmensa brecha de Roldán, representada en el grabado que acompaña a este artículo, en donde las empinadas rocas parecen como hendidas por una fuerza prodigiosa. Los habitantes de ese país, dicen que aquel famoso paladín separó las enormes masas de granito [sic] con la pujanza de su espada. Sí, en efecto, hacía resoplar los ecos de su trompa guerrera en la extensión de veinte leguas a la redonda del Pirineo, bien podía su brazo de hierro hendir las montañas más elevadas. Por todas partes, las imágenes poéticas sirviendo de páginas a la historia.

”La poesía, pues, se deleitaba en aumentar las proporciones gigantescas del héroe de Carlo Magno, sin sospechar que toda aquella grandeza sublime había de servir de magnífico trofeo a otro héroe, y a otra poesía nutrida de imágenes épicas fogosas, como el clima en que se conciben. Bernardo, por la tradición y los romances españoles, venció, y quitó la vida a Roldán en combate singular en la famosa batalla de Roncesvalles: según ellos, toda la honra y prez del más valiente de los paladines de Carlo Magno pasó a laurear las sienes del guerrero castellano. De aquí el común estribillo de nuestros paisanos:

 Mala la visteis franceses

la caza de Roncesvalles,

don Carlos perdió la honra,

murieron los doce Pares, etcétera.

”En otros romances se refiere el trágico fin de Roldán de la manera siguiente:

 Apercíbense los reyes

con las gentes de su estado,

halláronse en Roncesvalles

do muy recio han batallado,

mueren allí muchas gentes

franceses y castellanos.

Venció el rey don Alfonso

por el esfuerzo sobrado

de Bernardo su sobrino,

que era el más señalado.

Mató Bernardo por sí

a Roldán el esforzado,

y a otros muchos capitanes

de Francia muy estimados.

”Con más estilo poético expresa lo mismo otro poeta anónimo en los siguientes versos:

 El gran sobrino de Alfonso

furioso busca al de Carlos;

hállale en sangre teñido,

y él viene en ella bañado.

Los más bravos corazones

que humano pecho ha encerrado

juntos a batalla vienen

con fuerza y ánimo osado.

Para verla se suspende

la del uno y otro campo,

entre la esperanza y miedo

los corazones temblando.

El ciclo que a Orlando espera,

fortuna que se ha camado,

dan y quitan la victoria

de un francés a un castellano.

”He aquí la Edad Media: he aquí la poesía identificada con las sensaciones. He aquí al hombre de la sociedad naciente impulsado a la vez por el sentimiento religioso y por el instinto del valor. Diríjanse estas sensaciones a un centro de utilidad común y será el hombre de la civilización y de la cultura, pero sin renunciar a su tendencia física y moral por ser obra de la naturaleza”.

En fin: con estos párrafos tan paladinescos en la cabeza, los hispanos que veraneaban por el Lavedan del siglo XIX (que los había) pudieron decidirse a contratar a algún guía para que les condujese hasta el gran boquete del Marboré. El lugar no tardaría en erigirse como uno de los grandes reclamos turísticos de entonces.

En cuanto a la copia de la obra de Jourdan, titulada en su versión española de 1840 como “Vista de la Brecha de Roldán en los Pirineos”, pasad para verla por mi FB si tenéis curiosidad… No confío en que lo haga ninguno de esos toponimistas politizados que se valen de las montañas para hacernos tragar sus, por suerte, minoritarias tesis nacionalistas.

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Comentario

23 Comentarios

  1. Somos muchos los que te seguimos y no paras de maravillarnos. Sólo mucho animo y que sigas sorprendiéndonos con tanto dato minucioso. No te rindas que lo que escribes es de maestros.

    • Muchísimas gracias, AA, celebro que te metas entre pecho y espalda estas torrijas montaraces.
      Ya sabes: abordan desde la Historia más objetiva el pasado, montañés y montañero, del Pirineo. Ese que ahora tratan de amoldar a su gusto, vamos. Con un ego que se diría que no cabe ni en la brecha de Rolando, ni en la de Roldán, ni en la de Viu, ni en la de Picalayuala, ni en la de Godi, ni en la de Hailhou… Yo me pregunto quiénes se creen para imponer sus opiniones personalísimas, así, por las bravas, solo porque les tira más algo que otro. O para, directamente, meter palabrejas que suenan a alguna fabla aragonesa, que ellos sabrán de dónde se las sacan. En nuestro colectivo circulan, desde antiguo, chistes sobre de dónde salían exactamente los nombrecitos que, ¡zas-zas!, brotaban como por milagro por ciertos mapas.
      Un saludo cordial.

        • Presumes bien, Makako, que no me apetece demasiado. Además, me temo que estoy totalmente “inhabilitado” en este tema pues, ironías del destino, cada vez que me sacaban dicho asunto a colación yo decía algo así como: ¡Hombre, no es posible que se inventen todos esos nombres, de algún sitio se los habrán sacado! Aún no sé si quedé como un incauto, pero me temo lo peor…

          • pues me puede la curiosidad aunque no se si puedes contar más alberto

          • Es largo de contar, Luis, pero a ver qué puedo hacer…
            La anécdota que esbozo surgió a raíz del famoso “mapa verde” a 1:25.000, cuya toponimia produjo pasmo entre muchos montañeros.
            No sé si te acuerdas de que los ánimos andaban por entonces calientes en nuestro colectivo por ciertos topónimos “personalistas” servidos poco antes desde la Lista Buysé. Era un porcentaje pequeño de tresmiles en un trabajo bien llevado a cabo y, sobre todo, que se molestaron en explicar. Otra cosa es que sus razones fueran consideradas, entre varios miembros del equipo incluso, como poco defendibles… El caso es que los problemas con la Lista Buysé surgieron por unos bautizos muy localizados, rechazados por el grueso del gremio: hubo protestas desde cualquier medio de la FAM, los clubs, la sección oscense del IGN… Tales propuestas de nominaciones, que desde luego no comparto, fueron hechas en su mayoría en tresmiles un tanto secundarios y, casi todos, hasta entonces sin designación… Propuestas que, según el equipo promotor dijo, ya se vería si cuajaban o no con el paso de los años. Por cierto, que algunas sí que cuajaron y, ¡sorpresa!, no han sido tocadas por la Lista Soro, que más que revisar el origen de cada apellido parece haberse fijado en si sonaba a autóctono o no…
            Después llegó otra controversia por el famoso tresmil número 213, el Diente de la Maladeta: muy fácilmente traducible por “Dien dera Maladetica”, por lo que le auguro cierto futuro con nuestros actuales gestores…
            Pero ya me he desviado. En cualquier caso, el famoso “mapa verde” suscitó bastante mosqueo. ¿Cómo, si no?: de la noche a la mañana se plasmaban en ese pliego topónimos tan pintorescos, la mayoría de los cuales, hasta entonces, no se habían visto comparecer por ningún lugar. Al menos se respetaron las otras grafías, las que todos habíamos utilizado y, seguramente, seguiremos empleando…
            Por mi parte, decidí esperar como un canelo unas explicaciones que nunca llegaron. La verdad es que inicialmente me pareció fantástico que unos señores de mi tierra se preocuparan por la toponimia montaraz. Pero ahora ignoro si lo hicieron o no, pues salvo afirmaciones rimbombantes en los cuadernillos de su cartografía, nada han demostrado.
            Quién sabe: igual nos presentan algún día algún estudio que no se base en “disquisiciones personalistas” de algún lingüista de la cuerda nacionalista. Si, entonces, incluyen ese nombre, que todo el mundo aplaudirá sin duda, junto al tradicional que ha pervivido desde años y años, pues…, solo se les podrá echarles en cara su persistente prepotencia y el escaso respeto por nuestro colectivo. Junto con su evidente tendencia a tirar la piedra y esconder la mano, encargándoles el trabajo de la imposición a los hoy inquilinos del Pignatelli. “Solamente” eso.
            Pero querías saber qué se dice desde hace tiempo ante esa falta de razones y ese aluvión de nombres aragonesistas que brotan como muchardinas por ciertos pliegos: pues que, seguramente, se los han sacado de la manga… Que si estuvieran justificados, lo lógico es que hubiesen aireado a los cuatro vientos sus explicaciones. Hace al menos quince años.

  2. Alberto ¿se arrima el ascua a la sardina o la sardina al ascua? ¿Estás haciendo otro chiste verde con tus amiguitos reorganizadores de tresmiles?

    • No, no soy tan malvado… En todo caso, el subconsciente me ha debido de jugar una mala pasada. Pero, mira, puestos a imaginarse cosas divertidas en este asunto tan lamentable…
      Te devuelvo la validación con una pregunta, no menos maliciosa: tú qué crees, que para celebrar el año de la Lista Soro, ¿nos servirán las 160 razones de su Toponimia Asesorada y Comisionista?

      • Y yo te la reboto con gusto Alberto: ¿Ha explicado alguna vez PRAMES las suyas? Supongo que ya has comparado los mapas de estos señores con la Lista de Soro. ¿O tendríamos que decir la Lista de PRAMES?

        • Bueno: los rastros de la toponimia creativa en nuestra editorial autóctona resultan más que evidentes en guías y cartas. No tanto sus autores, pues en mapas recientes, como el doble del “Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido” (¿Pozino Nazional d’Ordexa y Monperdito?), simplemente anunciaban al responsable de sus textos como a “Prames” en el cuadernito naranja, y de su planimetría-toponimia-apuntes turísticos…, pues también a “Prames”. Es decir: evitando dar el nombre y apellidos de su artífice, no como en el caso de Javier Cruchaga, su geómetra. O como hacían, no hace demasiado, cuando aireaban la labor de ese caballero sin tanto pudor, aunque siempre-siempre hurtándonos las explicaciones por sus, digamos, prodigiosos hallazgos topo-linguo-aragonesistas. Tiempo habrá de bucear entre sus contenidos, Makako…

  3. Interesante entrada, una vez más… Y prodigiosa la luz que arroja sobre los temas toponímicos e históricos; no existen muchos casos donde sea posible profundizar tanto en la denominación de un determinado enclave y aún menos en los que podamos remontarnos hasta el medioevo. ¡Como para simplificar la cuestión y bendecir los bautizos gratuitos! Tanto peor si se da cierta unanimidad denominadora en ambas vertientes de la cordillera.

    • En efecto, José: lo de la toponimia es un auténtico follón en el que lo más sensato era dejar, salvo casos graves, las cosas tal cual estaban. Que el populacho (nosotros) ya se ocupa de expurgar los quistes… ¿Te acuerdas qué pasó con el mallo de Riglos dedicado a Francisco Franco? Pues eso mismo sucederá con las imposiciones politizadas del no lo suficientemente loado Consejero que nos ha tocado en suerte…

  4. ¿Cabe alguna otra observación objetiva sobre la toponimia de la brecha de Rolando diferente del confuso listado de nombres con el que arrancaba la entrada? Pues, por lo visto, los paladines del aragonesismo piensan otra cosa: echadle un vistazo al libro sobre este mismo tema que en 2000 editaba el Instituto de Estudios Altoaragoneses. Todavía alucino por el comentario que desde esas páginas (¿semi estatales?) destinaron a los aspectos lingüísticos de mi obra, editada un poquillo antes por Desnivel… En plan: ¿datos históricos?; no, gracias, que aquí lo que hacemos es política… Con el dinero público, por cierto.
    Lo dicho: estas gentes pululaban entre nosotros desde antiguo. Soro únicamente muestra su punto álgido…

      • Ay, Luis: lo que tienes que hacer es terminar de curarte del catarrazo y no sulfurarte tanto, que estas historias toponímicas no son ningún drama, sino un pintoresco bodevil. Con un guión pésimo y actores de cuarta, pero no deja de ser una obrita ligera o un teatrillo de guiñol… ¿Te acuerdas del grupo Puturrú de Fuá? Me suena que en un concierto suyo, el cantante dio botes por el escenario enfundado en unos canzoncillos con la bandera aragonesa… Pues cuando te enerve alguna de las noticias con las que nos bombardean desde ciertas Consejerías del Gobierno de Aragón, puedes imaginarte a quien más te guste vestido de ese modo. Yo lo hago. Por cierto, un detalle importante por si quieres seguir mi consejo: eran calzoncillos del tipo slip. Unos paqueteros en rojo y amarillo, vamos.

        • Estoy contigo Alberto en que seguro que algún español culto subió a La Brecha porque entonces la prensa era muy contagiosa. Con todas esas rimbombancias medievales tan de la época y ese dibujo algún compatriota tuvo que animarse a subir hasta allí arriba para verlo de cerca si estaba de veraneo en Francia. He visto los dos dibujos de tu Facebook y aunque el francés es mejor el otro tampoco queda tan mal. Yo hubiera subido para ver si al natural era tan espectacular y de paso buscar las mellas de la espada de Roldán.

          • Es buena idea: imaginarte que vives en la España de 1840, con los carlistas casi a las puertas de tu casa, y que descubres en un periódico esa estampa de la brecha de Rolando o Roldán, que a mí me da igual… Entre los adinerados veraneantes hispanos de, por ejemplo, la potente colonia que había en Bagnères-de-Bigorre, fijo que alguno se decidiría a trepar hasta ese portalón, por entonces defendido por todo un señor glaciar. Una lástima que, si así lo hizo (andamos entre hipótesis), acaso no escribiera nada… En fin: que ese dibujito de nuestra Brecha bien que pudo servir como detonante entre nuestros ta-ta-tarabuelos. En mi caso fue una fotografía en la famosa guía de Bellefon, por cierto…

          • Así me gusta, Adrián: con sentido del humor, que esta tormenta pasará… Otro saludo más…

          • ¿Para imaginarse a Quique Ortiz enfundado en unos gayumbos con la Señal de Aragón…? Mejor no. Para comprender en qué consiste este nacionalismo pueblerino que campa por sus anchas por la Consejería Tresmilera se puede idear alguna otra cosa…