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El Parque Nacional…, ¿del Ara o del Arazas?

Se me ponen los pelos de punta pensando qué pueden estar urdiendo los caballeros (que allí no hay mujeres) de la infatigable Comisión Asesora de Toponimia. Si es verdad lo que me contaron este verano, tras sus sesudos estudios sobre los nombres de los 160 tresmiles aragoneses, ahora tienen bajo la mira las designaciones del Matarraña/Matarranya/Matraniya, el viejo río del Obispo. ¡Que les pillen confesados si, como todo parece apuntar, siguen allí el mismo proceso que en el Pirineo!

Ya, ya me imagino: quieran o no en esta comarca turolense, impondrán sus nombres. Adaptados a las grafías que queden más alejadas del español al uso, por eso del hecho diferencial que ahora quieren sacarse de la manga. De nada servirán las protestas a posteriori que puedan realizarse, al menos en lo que quede de legislatura. La Consejería de Soro tiene la vara de mando y bien que se va a aprovechar.

Y el caso es que, a nada que se curiosee por los textos o mapas viejos de Aragón, el panorama resulta muy similar, tanto en el llano como en las alturas: diversidad, diversidad, diversidad. El crisol de culturas y de costumbres, como se diría hoy. Puro mestizaje con el uso y la convivencia, vamos. No solo es cuestión de montañas, sino también de cursos de agua. Pondré algún ejemplo del que, sin duda, podrán reírse a gusto desde una futura Comisión Asesora de Hidronimia que surja al amor de los presupuestos del Gobierno de Aragón.

Insisto: en el mundo de los regatos aragoneses, la variedad es norma. ¿Río Alfambra o Alhambra? ¿Formiga, Hormiga o río de Bastarás? ¿Aguas, Aguasvivas o río de Belchite? ¿Río Grío o de Tobed? ¿Río Perejiles o de Miedes? ¿Río de Malburgo, de Fortanete o Pitarque? Me temo que los seres politizados harán aquí de las suyas, como ya hicieron con uno de los tres ramales que forman el Arba de Biel: concretamente en la surgencia del “Agujero de las Piedras” según la carta del Instituto Geográfico Nacional, el “Aujero las Piedras” según reza en cierto mapa de editorial autóctona y ultra subvencionada. ¿Se supone que “eso” era un hidrónimo en alguna supuesta fabla de las Cinco Villas? ¿O era como designaba a este manadero alguna de las Tribus Perdidas de Israel…? Y bien que nos vendrían, por estas tierras, grupos de expertos que realmente quisieran estudiar nuestros nombres, aunque fuera sin ánimo de imposición posterior.

¿Nos subimos ya hacia el Pirineo…? Porque este año se conmemora el centenario del Parque Nacional aragonés. Su fecha exacta es difícil de precisar, dado que las efemérides relacionadas con su puesta en servicio arrancan en 1916, para ofrecer varias actuaciones importantes en 1917 y 1918…, con la guinda de la inauguración oficial del 14 de agosto de 1920. Imagino que los fastos discurrirán en torno al 16 de agosto del presente, cuando se cumplan los cien años del Real Decreto. En tanto llega esa zambra, nos podemos centrar en uno de los aspectos hidronímicos que más desapercibido ha pasado… Yo diría que incluso entre esa tropa de comisionistas-asesoristas-toponimistas tan hacendosa últimamente.

El segundo de los Parques Nacionales hispanos se conformó a partir de unas cortas 2.088 hectáreas, pertenecientes en exclusiva al municipio de Torla. Era el sector denominado por los ingenieros agrónomos como “Ordesa y el monte número ciento treinta y nueve”. Es decir: el curso del hoy río Arazas hasta Soaso y poco más. Sin embargo, el espacio protegido que abarcaba se llamó de forma oficial, durante sus primeros años de andadura, “Parque Nacional del valle de Ordesa o del río Ara”. ¿Un error imperdonable por parte de esos viles montañeros que, entonces más que ahora, se chuleaban por los valles pirenaicos, cambiándolo todo a capricho? Ésos que llegaban en tropel, “¡desde fuera!”, para amordazar la voz de los pobres, pobrecillos montañeses, a quienes pisoteaban en su cultura un día sí y otro también. Por servir a su amo y señor, Lucifer…

Como siempre, la posible respuesta se encuentra oculta en los textos del pirineísmo. Entre las páginas de esos libros que los toponimistas gubernamentales gustan de ignorar cuando sus contenidos no encajan con los conceptos del Aragón Imaginario que se han montado entre cuatro amigos… Porque decir que no leen nada relacionado con el montañismo de otros tiempos me parece arriesgado, aunque tenga mis ideas al respecto…

Pues bien: en 1832 un natural de Torla llamado José de Víu publicó un texto sobre el Pirineo donde, acaso, sus líneas más vibrantes se las dedicaba al valle de Ordesa. Muy lógico, tratándose de un nativo que, además, demostró ser una persona ilustrada y de gran sensibilidad. En repetidas ocasiones aludiría a las riberas que regaba ese río Ara (no, no me equivoco) cuyo nacedero situó en la cara sur del Cilindro y sureste del Monte Perdido, que de tal modo se formaba “en este aislado rincón, cerrado por altísimas montañas”. A Víu le gustaban esos bosques “cerrados y espesísimos” de Ordesa por donde se paseaba tranquila nuestra corriente, excepto en los lugares en los que “por todos los lados hay copiosísimas cascadas”. Fue más explícito al llegar a la confluencia del río Ara que bajaba por Ordesa con el torrente del Cerbillonar, que era la aguada que llegaba del Vignemale. En efecto: parece que los montañeses denominaban antiguamente Ara al hoy río Arazas, y Cerbillonar al actual curso del Ara. Al menos nuestro cronista. Quien asimismo consideró que la corriente hija de las Tres Sorores era la principal, la que perpetuaba su hidrónimo hasta el desaguadero en el Cinca, y no la que bajaba desde el Vignemale. Resumiendo: al menos entre 1832 y 1918, la gente de la tierra pensaba que el río Ara se formaba en las faldas del Monte Perdido, luego tomaba los flujos del río Cerbillonar en el puente de los Navarros, y proseguía rumbo al Cinca…

Los Toponimistas de Palacio bien que podrían investigar cómo se produjo ese trueque que aún tenía vigencia hace justo cien años. Por dar respuestas convincentes para rellenar agujeros (perdón: aujeros) de la historia, que no para cambiar por la fuerza lo que está sobradamente asentado… Y podrían empezar con la revisión de ciertos textos de pirineístas tan puntillosos como Henry Russell (otro de los purgados por los aragonesistas en su tresmil de Benasque): en 1866 este explorador hablaba del curso del Aras, refiriéndose al que cruzaba el valle de Ordesa…

¿Qué hubiera hecho frente a semejante coyuntura un buen geógrafo? No uno de ésos que se quieren montar un universo paralelo lingüístico: me refiero a uno de verdad, como los que desbrozaron prácticamente el Globo en el siglo XIX… Busquemos consejo del primo de Franz Schrader, el célebre Élisée Reclus. Desde sus Nieves, ríos y lagos (1867) así nos encaminaba hacia el terreno de la sensatez:

“El sabio que se ocupa de la tarea ingrata de buscar la rama mayor de un río ha de tener en cuenta elementos muy varios: masa de las aguas, longitud de la corriente, dirección general del valle, naturaleza geológica del suelo. Pero, sea cual fuere el resultado de sus investigaciones, ha de acabar por inclinarse ante la omnipresente tradición. Esta y no la ciencia es quien ha clasificado los ríos. Por circunstancias dependientes de la mitología, de las conquistas, de la colonización, de la agricultura, de la navegación o de los fenómenos naturales, se decidió la tradición, de un modo al parecer arbitrario, a dar a tal o cual corriente de agua la preponderancia sobre los demás ríos de la misma cuenca. Ya es demasiado tarde para transformar la nomenclatura hidrológica. Además, el cambio resultaría inútil, porque la naturaleza viva no se acomoda a esas clasificaciones rigurosas en las cuales quieren encerrarla los pedantes”.

Cambiad en las palabras de Reclus sus ríos por montañas, y se verá lo que opinaba uno de los grandes geógrafos de antaño sobre la labor, no de la mordiente erosión que todo lo desbarata, sino de los sabios pedantes

Deja mal sabor de boca sacar a relucir esa toponimia/hidronimia bochornosa que prolifera desde hace unos tres lustros por los mapas de mi tierra. Dejemos por hoy la denuncia de sus pésimos hábitos para recrearnos un poco en ese espinazo acuoso del Parque Nacional centenario… Dado el renombre del actual río Arazas, es posible recurrir a cronistas aragoneses de pata negra, que ya sé que los guiris (incluyendo aquí a los nacidos, como yo, al sur de Almudévar) producen eccemas entre los supremacistas locales.

Por ejemplo, uno de los apasionados de las maravillas fluviales de Ordesa fue Francisco Lordán, un pirineísta natural de Biescas. En 1942 quiso difundir las bellezas del Divino Cañón, del valle que le pareció un escenario de montañas enhiestas, ríos saltarines, abismos rugientes, bosques encantados, cascadas y fuentes de agua por todas partes. ¿Quién dijo que los montañeses no tenían su vena poética…? Nuestro hombre fue muy original en su loa hacia la hoy Cola de Caballo, un salto donde trató de introducir, ¡mira qué cosas!, algún trueque hidronímico:

“Por la cabecera entra el río en el circo, formando una preciosa caída semioculta por un promontorio: la Cascada del Abanico, llamada así por asemejarse mucho a esta prenda femenina […]. Esta caída [de la actual Cola de Caballo] tiene además otro nombre más poético: las Galas de la Desposada. Aunque el Arazas no es todavía un adolescente, buena parte del año viene el agua en pequeñas intermitencias… El agua cae toda blanca, y en ella vemos un traje nupcial adornado con pliegues y encajes, sin olvidar el clásico ramo de azahar. Para que resalten más estos símbolos de pureza, tirad una piedra sobre la cascada y veréis que esta no la admite, bajándola hasta la base por encima de la superficie de las aguas”.

No solo de montes vive el pirineísta: también los cursos de agua que descienden con brío de las montañas hacia la Tierra Llana le interesan, bien que puedo dar fe. Y, al menos hasta que acabe esta negra legislatura autonómica, crucemos los dedos para que todo quede después tal y como estaba hacia el año 2000. Según decidió el uso, contaminado o no por el idioma español, de toda la gente que pasó por las costeras de nuestros ríos…

15 Comentarios

  1. Muy ilustrativo, Alberto. Lo cierto es que siempre me había chocado que la denominación “pequeña” correspondiera a Ordesa y la de “Ara” a Bujaruelo. Así mismo, lo de “Aragón Subordán”

    • Hola, José…
      Ya ves, las curiosidades de nuestros ríos pirenaicos, que empiezan y no acaban.
      Justamente el Aragón “Sobordán”, como sale en algún texto viejo, sirve varios enigmas. Como que sus fuentes puedan proceder del mismo acuífero del ibón de Estanés, que entonces mandaría parte de sus aguas al Atlántico a través del Gave de Aspe, y parte al Mediterráneo con el Subordán… Algo que pasa también en ciertos ríos del espinazo de Sudamérica, por cierto… Esa zona de Los Valles debe de ser todo un gruyère. Los de allí dicen que, además, el Subordán recibe aguas desde Lizara a través del Pozo de Bernera, lo que deducen porque suben sus aguas cuando llueve en esa parte de Ansó y no en Hecho. ¡Si estuviera por aquí Norbert Casteret con sus tintes de fluoresceína…!
      Y otra cosa que puede mosquear a algún cheso: que como el viejo condado nació en su valle, pues que no se quedaran ellos con el hidrónimo de “Aragón”, sin más, sin “subordinación” alguna…
      Pero tranqui, que la Comisión Asesora de Hidronimia debe de estar en ello…

  2. Una vez más, mi enhorabuena, Alberto, por tu prosa chispeante y tus modos irónicos pero certeros en cuanto a conseguir lo que pretenden: poner de manifiesto el sinsentido de cambiar por razones de estrategia de baja política lo que ya las antiguas civilizaciones pensaron que era la esencia de lo que existía: los nombres.
    Reconozco que no tenía idea del cambio de denominación del Arazas, me ha resultado curiosísimo. Ese será un secretillo más del río que guardaré celosamente; él ya conoce tantos otros de mí, de esos que le voy contando en todas las horas que paseo a solas a su lado…

    • Ay, ay, ay… Esos secretillos que ocultan los millones de gotas de agua en su viaje hacia el mar, en busca del cierre de uno más de sus ciclos eternos… Incluso los cursos pirenaicos son ricos en misterios… ¿El Aragón Subordán nace de Estanés a través de la Fontaza, o se origina en Guarrinza tras recibir las aguadas del torrente de Aguatuerta? ¿El Cinca-Cinca no aparecería como tal a partir de Bielsa, tras los aportes de dos hermanos llamados Cinca de Pineta y Cinca de Barrosa, como aún se decía a comienzos del siglo XX…? Un saludo, Antonio Luis…

  3. Pues yo estoy contigo y con el primo de Schrader, Alberto… Con el tiempo, gracias a la sensatez de personas como tú, el cambio de los pedantes resultará inútil…

    • Es difícil no estar, al menos en los trazos básicos, con los primos Reclus-Schrader. Y eso que el primero es considerado, además de como uno de los grandes geógrafos de la edad de oro de la cartografía heroica, como una especie de apóstol precursor del anarquismo…

      • como de costumbre les estas haciendo los deberes Alberto por amor al arte o al monte

        • Creo que de esto ya hemos hablado otras veces, Luis. No, no les interesa lo más mínimo la Historia, que pasan de ella, que van siempre a lo mismo: a colocarse a la sombra de alguien “con posibles” para venderle sus “frutas de Aragón”…, aunque el chocolate esté rezumado y los almíbares agrios. Se han colocado en lo de “Los Nombres Auténticos-Autentiquísimos de Nuestra Tierra Montañesa Irredenta”, y ahí los tendrás mientras dure la subvención, las dietas, los cargos o lo que sea.

    • Alberto ya solo faltaba una Lista Soro de Ríos y Arroyos Aragoneses. Patrocinada por los mismos tras reciclarse en Comisión Asesora de Hidronimia. Ya lo estoy viendo: el Arazas acabará en Harah, afluente de la Zinka, afluente de L’Ebret.

      • En efecto, Makako. Y la culpa de todo esto de los ríos “apestando” a español fue de Ramond, de Russell, de Schrader, de Le Bondidier… A quienes la voz irredenta de los montañeses hizo tan requetebién de quitarles su tresmil, colocando en su lugar uno que sonaba a local. Lo que fuera, vamos, que para eso cualquier cosa sirve. Pero, para el Arazas, más que el que propones, que suena a curso bíblico, yo les recomendaría otro más, así, como del terruño: el Arazué o el Arazau…

        • A mí me preocupa lo que puedan estar haciendo en el Matarraña. ¿Tú sabes si allí están advertidos de lo que puede pasarles si se descuidan?

          • No, no tengo ni idea, Adrián.
            No sé si has seguido el proceso de los tresmiles, envuelto aún en el misterio y el secretismo. Ni siquiera se ha hecho público, a estas alturas de la feria, el nombre de sus “técnicos” toponímicos, o como quieras llamarlos. Y, respecto a las ya famosas “160 razones”…
            De Teruel, pues no tengo noticias. Eso sí: si alguien puede, que les dé un toque a los grupos municipales que no sean de la CHA para que se anden con ojo. Que, si es cierto que Soro ha enviado a sus leales toponimistas a Teruel, le pidan explicaciones por adelantado y, sobre todo, que exijan (a poder ser, por escrito) que las conclusiones de estos “asesores” sean solo unas sugerencias, en absoluto vinculantes. Que hagan una exposición pública con recogida de alegaciones prolongada. Si no quieren perder sus topónimos tradicionales, vamos. Que ya se ha visto cómo actúan: la Consejería envía a sus conmilitones, éstos le sirven unos nombres con aires aragonesistas que no explican de dónde se los han sacado, los pasan al Instituto ése de los Mapas para que les aplaudan la tarea sin chistar lo más mínimo, y visto lo visto, Soro sale en la tele autonómica para proclamar una nueva desinfección lingüística… Que el IGN nacional debería de tragar, por ley. Porque así funcionan las cosas estas de las Autonomías: si desde el Gobierno de Aragón pasan a Madrid un informe donde diga que ahora el pico de Aneto, en lugar de “Maladetica de Coronicas” se llama, pongamos el caso, “Tuca Gran dero Consellero”, pues así que se ha de representar en los mapas oficiales…
            ¿Para reír, para llorar?

        • Alberto: tienes razón, que Arazau queda mucho mejor, y encima rima con riau-riau. Incluso se presta a que algún “Martínez” se cambie su apellido por éste otro para estar más de moda en los saraos aragonesistas.

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