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Un Moncayo madrileño

Cierro aquí la pequeña trilogía montañera sobre el Rey de los montes de Zaragoza. Y nada mejor que hacerlo con un texto añejo, pero deportivo al cien por cien. No en vano nos llega desde 1930, firmado por un notorio escritor-alpinista de la época: el madrileño Arnaldo de España. Un activo hombre de letras y de piolet que fue secretario general de la Real Sociedad Española de Alpinismo Peñalara, jurado en diversos concursos literarios, organizador infatigable de conferencias, firmante de un generoso lote de artículos en prensa y hasta de una preciosa guía sobre Ordesa… Un periodista a quien sacaremos a relucir más adelante por cuenta de esta última faceta como publicitario del Parque Nacional oscense, cuyos cien añitos de andadura se celebrarán en este 2018. Pero tiempo al tiempo.

Regresando a las llamadas sierras Celtíberas de Zaragoza, revisemos ya su artículo sobre “Las excursiones colectivas de Peñalara. La expedición al Moncayo”, publicado en el número 201 de la Revista Ilustrada de Alpinismo Peñalara (1930). Así pintó Arnaldo la travesía vertiente castellana-Moncayo-vertiente aragonesa:

“Con la animación y entusiasmo acostumbrado, se realizó la décima excursión del programa de Peñalara, cuya finalidad fue el Moncayo, serrota aislada, emplazada entre Castilla, Aragón y Navarra, permitiendo dominar horizontes de imponente dilatación sin moverse de la misma cumbre. A su lejanía obedece tal vez el ser poco conocida, reduciéndose la concurrencia, casi en exclusivo, a los montañeros locales […].

”De los varios trazados de caminos que se acostumbran a elegir, nosotros adoptamos el de Ágreda, Moncayo y descenso por el Santuario de la Virgen del Moncayo, Añón y monasterio de Veruela para, idos a Tarazona, regresar nuevamente a Ágreda, cerrando el circuito que forma el cinturón de la montaña […].

”Por Ólvega nos trasladamos a Cueva de Ágreda, lugarejo de lo más fotogénico del contorno, enclavado en el magnífico valle o vega de los Esquiñones, al pie de las estribaciones o garras del monte […].

”El aspecto del Moncayo desde este punto elegido para atacarle, es de absoluta desolación, pelado e inhóspito, sin que un árbol siquiera pueda servir de nota de color y alegría en aquella masa gris, imponente. Las aguas frías y puras bajan por un barranco al pie del cerro de San Miguel, debiendo remontarse el cauce en su total extensión para ganar el collado que forma a su final (que es su comienzo) y por él llegar a la cumbre sin dificultad. Nosotros, de costumbre derrochones, le atacamos a pecho, como solemos decir, aun sabiendo que es la más fatigosa forma de subir […].

”Después de una hora y tres cuartos, de cuyo tiempo no se desperdició en detenciones ni un minuto, pusimos la planta en la planicie cumbrera los dos más destacados del grupo (en el sentido estricto de avanzada), llegando poco después el resto del pelotón […]. El sol era flojo todavía, pues no habían sonado las diez de la mañana y el horizonte se presentaba brumoso, dificultando, por ello, la percepción del gran límite que ofrece el eje de la cumbre. Extendidos en la prolongación de la base, como acogidos a su guarda, se destacan Tarazona, Alcalá, Vera, Litago, Agramonte, Borja, Trasmoz, Añón, Vozmediano… Algunos montículos, no grandes, rompen la monotonía de la estepa: las peñas de Herrera, remedo de la Brecha de Roldán pirenaica […].

”Saturados de horizonte y paisaje, yermo por parte de Castilla y frondoso por la de Aragón, descendimos, después de añadir unas piedras al montón de la torreta cumbrera, dejando algunas inscripciones en las grandes pizarras, de las que parece almacén esta montaña […]. Perdiendo un poco de tiempo, puede ir a cogerse un zig-zag muy marcado que se inicia un poco lejos; mas nosotros, siguiendo el sistema, bajamos en derechura al Santuario de la Virgen del Moncayo, cuya situación marca una planicie, especie de azotea del roquedal que le oculta, tardando una hora y media en comparecer ante la puerta de la hostelería, sin haber malgastado el tiempo en la menor detención. Un trozo de Montserrat parece esta edificación al pie de un murallón de altos fustes de piedra; el altar de su Virgen está decorado con musgos jugosos, que le dan curioso aspecto, bastante más grato que el de las flores de papel y trapo que se acostumbra a emplear. Un centenar de veraneantes se hacina en el no grande edificio, pero rebosan de salud, lo que indica las condiciones del lugar […].

”La aridez de la vertiente de ascenso, se troca en esta en un bosque espeso de hayas, pinos, robles, acebos y brezos, en cantidad tanta, que impide el libre paso del aire y la temperatura sofoca y deprime hasta que se consigue pasarle por completo y llegar al barranco, por el que se despeña el río, que sin pérdida conduce a Añón […]. En esta segunda parte del trayecto invertimos tres horas justas, bajando deprisa, resultando de cuatro horas y media el camino por la vertiente aragonesa, lo que solo siete cuartos de hora costó por la castellana. Las piedras que abundan por el suelo no cesan ni por casualidad, determinando un piso dificultoso y en exceso desagradable […]. ¿Habrán sido los gnomos cantados por Bécquer los que hicieron hecatombe tal con la pedrera de esta montaña? Al menos parece labor de seres sobrenaturales y tozudos, pues no se interrumpe ni un momento la manifestación del resultado […]”.

Remataremos el cuadro con un enigma: ¿cuándo apareció en el mercado la primera guía moncaína? Es un dato que me encantaría conocer, pues de este tema no dispongo sino esa pista difusa que se facilitaba desde el número 78 de la Revista Ilustrada de Alpinismo Peñalara (1920). Un anónimo redactor de “La ascensión al Moncayo” así lo proclamaba:

“Tenemos a la vista una antigua hoja, anónima, titulada Plano del camino de Moncayo, con dos ilustraciones de la vista de Tarazona y la del Santuario de aquel monte y dos perfiles, uno horizontal y otro vertical, de la ascensión al mismo desde la nombrada población aragonesa, situada a 466 metros sobre el nivel del mar.

”Suprimiendo perfiles, tomamos de ella los datos siguientes, que sirven de completa guía para la subida [alturas sobre Tarazona/distancias desde Tarazona/distancia intermedia]:

”Santa Cruz: 159 metros/3.473 metros/1.873 metros.

”Corral de Agramonte: 587 metros/14.461 metros/2.542 metros.

”Santuario del Moncayo: 1.154 metros/26.031 metros/3.030 metros.

”Cumbre: 1.880 metros/27.500 metros/1.469 metros.

”Según estos datos, la altitud del Moncayo es de 2.346 metros [sic] sobre el mar. En documentos la vemos elevada 3 metros más, a 2.349 metros. La media en el trayecto completo, Tarazona-Moncayo, es de 0’67 metros de elevación por km; pero en el repecho final, desde el Santuario a la cumbre, se exagera hasta 497 metros de elevación por kilómetro de marcha”.

Si alguien ha visto esta temprana guía, hojita o lo que sea por ahí, perdida bajo algún montón de papelajos amarilleados por el tiempo, ya sabe: que la airee, por favor. Con la ayuda de, por ejemplo, nuestros hermanos madrileños, o de los nacidos donde sea (aunque hablen español), quedan todavía muchos misterios que resolver sobre el montañismo aragonés. De ser posible, desde ópticas rigurosas y de investigación, que no políticas ni de exaltación nacionalista. Así es que, señores de la Consejería de Turismo y demás historias: por favor, absténganse. Dejen ustedes que los amateurs traten de limpiar lo ya manchado de la Marca Montañas de Aragón

  1. Espero que vuestra presentación fuera un éxito, Alberto… En cualquier caso yo ya tengo en mi casa un ejemplar… De momento sólo puedo decir que la guía es de lo más atractiva a nivel visual… Y que la cantidad y variedad de propuestas me ha impresionado, pues no podía ni imaginar que Zaragoza tuviera tantos recorridos montaraces que ofrecer… ¡Enhorabuena por el nuevo hijo literario!

    • Y eso que se quedó alguna cota por el tintero para así cerrar en 100 la lista de propuestas… Muchísimas gracias por trajinarte el texto, Xavi…

  2. nos vemos esta tarde Alberto aunque yo prefiero que hables del Vedao de Peñaflor y sus montes

    • Pues si te acercas por Gran Vía 11 esta tarde, tú pregunta, que (aún) no me he comido a nadie… Además, esos montes del Vedado están ahora en su, para mí, mejor momento para la visita: antes del calor, con las montañas del Pirineo vestidas de blanco por el horizonte norteño…

      • muy bien muy bien que todo estaba lleno y estuvisteis muy bien aunque no hubo preguntas

        • Muchísimas gracias, Luis… Da gusto traer a un “hijo” de estos al mundo con “padrinos” como tú. Y disculpa el retraso en la respuesta, que el mochuelo andaba lejos de su olivo…

  3. Y si queréis hablar del Moncayo o de cualquiera de los 99 montes restantes de Zaragoza que le dan escolta, ya sabéis: esta tarde a las 19:00 h, andaré por la sede de Montañeros de Aragón…

    • Desde cierta empresa se ha hecho un papelazo en estos últimos años preparando la llegada de la Lista Soro y sin dar ni media explicación razonada. Mucha suerte esta tarde aunque ya sé que no la necesitas y que te apañas bien ante el respetable. Lo mismo que tu amigo Eduardo.

      • En efecto: yo diría que entre la Lista Buysé y la Lista Cazafantasmas por un lado, y la Lista Soro por otro, se coló otra más, aunque de un modo disimulado, a modo de anticipo de lo que se nos venía encima en junio del año pasado. Siempre, con dinero gubernamental de por medio, gobernara quien gobernase… Habrá que darle un repasillo en breve e incluso pensar en un nombre…
        No hagas preguntas difíciles esta tarde si acudes, Makako, que últimamente ando lento de reflejos por falta de sueño. Vamos: en plan “¿dos y dos montes de Zaragoza son cuatro montes de Zaragoza?”…

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