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El Santo Cristo con pistolas

La posibilidad de establecer un parque nacional en torno a Ordesa se fue asentando poco a poco con la segunda década del siglo XX. A consecuencia de los muchos clamores que se escucharon desde el mundo montañero, el Gobierno Español estudió, entre los años 1916 y 1917, la posibilidad de impulsar una reserva en el valle del Arazas. Para entonces ya se habían creado algunos espacios protegidos en Suecia (1909) o Rusia (1912). Quizás también influyera la puesta en marcha del primer parque nacional suizo, el de la Baja Engadina, en 1914.

Mas no todos los promotores de Ordesa iban a ser de procedencia foránea: el principal defensor del proyecto, el padre de los parques nacionales en España, fue Pedro Pidal, marqués de Villaviciosa de Asturias. El escalador del picu Urriellu, el gran matador de osos de la Península… Este personaje insólito dejó un grato recuerdo en el pueblo de Torla, donde le llegaron a dedicar una de sus calles. Asuntos cinegéticos aparte, pediría públicamente por la creación de un parque en el Arazas desde el Congreso de París de 1909. Como apasionado valedor de los espacios protegidos, llevó sus ruegos al Senado, materializados en una Proposición de Ley a través de lo que fue calificado por su biógrafo Joaquín Fernández como un “retórico, vibrante y vehemente discurso”. Su iniciativa fue atendida por el presidente del Gobierno, el conde de Romanones.

El primer paso para llevar a buen puerto esta empresa sería la aprobación, un 7 de diciembre de 1916, de la Ley de Parques Nacionales. En ella se contemplaba la necesidad de que se dedicaran “grandes extensiones de terreno a la higienización y solaz de la raza, en que puedan tonificarse, física y moralmente, los cansados y consumidos por la ímproba tarea y por respirar de continuo el aire viciado de las poblaciones”. A su vez, el 23 de febrero de 1917 se constituía la Junta encargada de cuanto iba a concernir a los incipientes espacios protegidos, la cual daría origen al primer parque nacional pirenaico. Pedro Pidal, entonces senador por designación del Rey, trató de darle un último empuje cuando afirmó en el mes de septiembre de 1917:

“Ordesa tiene el sello de la virginidad, realzada con la presencia de los bucardos y las dificultades económicas para llevar a cabo algunas obras necesarias en el futuro parque que se agravan por enclavarse en terrenos próximos a la zona de frontera de defensa militar”.

El Real Decreto de su creación se firmó en el Palacio de la Magdalena de Santander, lugar de veraneo de un monarca intensamente cazador como Alfonso XIII, el 16 de agosto de 1918. El periodista Tico Medina referiría que la iniciativa fue, “según orden y mandato, firmada y rubricada y todas las de la ley, por el mismísimo Antonio Maura, que en gloria de Dios esté”. El parque nacional oscense seguiría al de Covadonga con solo veinticinco días de retraso. Inicialmente se denominó como del valle de Ordesa o del río Ara. En su etapa inicial sus terrenos constaban de apenas 2.088 hectáreas, limitadas al municipio de Torla: el recinto entero quedaba encerrado entre las escarpas que ceñían el curso del río Arazas hasta las Gradas de Soaso, conocido por los forestales como el sector de Ordesa y el Monte número ciento treinta y nueve. Así se fijaron las demarcaciones:

“Al norte, todo lo largo de la cúspide de las murallas que asoman al valle de Ordesa, desde Mondarruego a la cascada de las Gradas de Soaso. Al este, la cascada de las Gradas de Soaso. Al sur, desde esta cascada hasta la cumbre de las murallas, siguiendo ésta por encima de la Faja de Pelay, hasta dar vista a Torla. Por el oeste, desde donde empieza la Faja de Pelay, mirando a Torla, al puente de los Navarros, Sopeliana, San Guino y Mondarruego”.

El Monte Perdido y sus inmediaciones, Pineta, Escuaín y Añisclo quedaban excluidos de la protección estatal. Por el momento. En la reglamentación del Parque, aprobada de modo unánime por el Ayuntamiento de Torla y hecha pública con fecha 26 de septiembre de 1918, se reconocía de forma clara su finalidad:

“Lugar modelo de respeto a los árboles, a los animales y al paisaje, queda entregado, ante todo y por encima de todo, a la cultura del pueblo español, de los nacionales, que son los primeros interesados en que perdure la belleza de lugares tan pintorescos”.

Pero este Decreto no llegaba solo, sino en compañía de una serie de servicios igualmente importantes. Desde la Revista Ilustrada de Alpinismo Peñalara del mes de noviembre de 1918, un anónimo redactor lo explicaba:

“Mucho nos complace la creación de estos dos espléndidos Parques [de la Montaña de Covadonga o de Peña Santa y del Valle de Ordesa o del río Ara, según la Gaceta del 18 de agosto de 1918] y esperamos con interés la aparición del reglamento que se anuncia.

”Por lo que se refiere especialmente al valle de Ordesa, tenemos también que dar otra noticia, comunicada por la Comisaría Regia de Turismo, que ejerce, con singular competencia, como es sabido, el excelentísimo marqués de Vega-Inclán.

”Cuando las Cortes aprobaron la ley de Parques Nacionales incluyeron, para que como tal fuese declarado, el valle de Ordesa, situado en el Pirineo aragonés. La Comisaría Regia del Turismo, que desde hace tiempo se había preocupado de facilitar el conocimiento de tan hermoso valle, siguió sus gestiones, encaminadas, primero, a proporcionar alojamiento a los turistas, y después, cómodo acceso hasta aquel sitio, ha recibido con satisfacción la noticia de haberse establecido un servicio de automóviles desde Boltaña a Broto, con lo cual los que deseen contemplar las bellezas que la Naturaleza ha prodigado en ese rincón del Pirineo podrán fácilmente, y sin grandes molestias, proporcionarse esa grata satisfacción.

”La Comisaría Regia del Turismo, al hacer público el establecimiento de ese servicio de automóviles desde Boltaña a Broto, responde a las muchas demandas recibidas preguntando cómo se podía visitar el Parque Nacional del Valle de Ordesa”.

El espacio torlense fue inaugurado de forma oficial un 14 de agosto de 1920. Y de un modo muy significativo: el Comisario de Parques Nacionales, Pedro Pidal, junto con otras autoridades regionales, realizó una plantación de árboles. Además, su flamante responsable pidió ser retratado de una manera tan jocosa como peculiar: “Así como Don Quijote hacía volatines por su Dulcinea a la que tanto amaba, yo los hago por el valle de Ordesa al que tanto quiero”. El marqués de Villaviciosa de Asturias se consoló por la decepción que supuso que no asistiese Alfonso XIII, admirando “un paisaje como el del Ordesa, que impresiona a todos y donde, por oscuras que sean sus aguas, siempre reflejan el cielo”. O la ausencia de Lucien Briet, otro padrino de Ordesa que tampoco estuvo presente, se cree que por causa de alguna enfermedad. Al menos flotaban en el aire las palabras del parisino: “Muchos de los extranjeros que por aquí llegaron y traían en su pupila la propia imagen del mismo Cañón del Colorado, se quedaron extasiados ante esta maravilla”.

Tal fue la génesis del Parque. Sin embargo, no todo iba a ser paz y concordia en el llamado Edén del Pirineo. Durante sus añadas iniciales, el marqués de Villaviciosa de Asturias tuvo que insistir lo suyo para imponer alguna medida con la que lograr sus objetivos prioritarios: la recuperación de sarrios y bucardos, junto con el cumplimiento de las promesas compensatorias del Estado al valle de Broto. Se vería obligado a intervenir en defensa del naciente espacio en muy diversas ocasiones (1921, 1926 y 1932) para impedir las obras hidráulicas en el río Arazas. Resulta sobradamente conocido el texto de la dura misiva que Pedro Pidal envió el 7 de junio de 1921 al responsable de estos proyectos en ciernes:

“Un Santo Cristo con un par de pistolas, señor Ministro de Fomento, hace mayor maridaje que un Parque Nacional con un salto de agua aprovechado. La consagración de la virginidad de la Naturaleza, la hermosura y vida de las cascadas en un lugar determinado, es la condenación de presas, canales, casas de máquinas, etcétera, que la destruyen. O lo uno o lo otro. Si hay aprovechamiento, profanación, no hay virginidad consagrada, santuario. Y si la política en España, por debilidad o falta de carácter, no acertase a mantener la tradición española de supeditar los lucros, los aprovechamientos sanchopancescos a las consideraciones ideales, pues ya se cuidará la Junta Central de Parques Nacionales y el Comisario General que suscribe de recabar del señor Ministro de Fomento la desaparición del Parque Nacional del Valle de Ordesa o de Arazas. Todo menos ponernos en ridículo”.

Un testimonio más de las convulsiones de estos primeros años de andadura del parque fueron las lógicas reclamaciones que plantearon diversas voces en el valle como la “construcción de la carretera de Biescas a Broto, la mejora de las comunicaciones con Francia, el deslinde y amojonamiento del Parque con las debidas compensaciones a los vecinos afectados y la expropiación de los saltos hidráulicos en el río Ordesa”.

Fruto de las tensiones ante las excusas y retrasos del Estado fue la tala indiscriminada de árboles que realizaron manos misteriosas cerca de la cascada de la Cueva en el otoño de 1927. Un artículo del periodista Cacho y Viu ampliaba tan lamentable noticia:

“Al declarar Parque Nacional al valle de Ordesa, para compensar al pueblo de Torla de la pérdida de maderas y pastos, le prometieron hacer la carretera que facilitará el acceso de turistas al valle y, por tanto será una fuente de ingresos para el pueblo; la falta de cumplimiento de la promesa disgustó a Torla, y tres o cuatro de los vecinos más exaltados, para dar la campanada, cortaron las más hermosas hayas en sitio donde ni siquiera pueden arrastrarse, dejando que se estropeen”.

La vía de la discordia, el nuevo camino de herradura de entrada a la Pradera de Ordesa por la llamada Senda de los Franceses, se concluyó a comienzos de los años treinta, aunque aún tardaría algún tiempo en ser carretera… Por aquel entonces, la mejor vereda que la unía con Torla discurría por la orilla izquierda del Ara y luego la del Arazas: el sendero del Turieto Bajo. En el año 1930 los conflictos aún permanecían latentes en un Sobrarbe cada vez más despoblado y deprimido. De este modo se entiende la publicación de una lista de peticiones referidas al Parque, firmada conjuntamente por dos activas sociedades sin ánimo de lucro asentadas en Zaragoza:

“No todo lo debemos esperar de solo la acción oficial.

 ”El Sindicato de Iniciativa y Propaganda de Aragón y Montañeros de Aragón están y estarán siempre en su puesto.

”Mientras llega la acción oficial, todos debemos trabajar bien y sin cesar en lo tocante a Ordesa.

”La naturaleza no entiende de exclusivismos ni de caprichosas divisiones creadas artificialmente.

”Broto y Torla tienen obligaciones especiales, aun antes de que les den hechas las cosas que tienen derecho a esperar y aún exigir.

”Urge la carretera Biescas-Cotefablo-Broto-Puente de los Navarros.

”Es urgente el teléfono hasta Broto y Torla.

”No se debe consentir ni la industrialización ni nuevas profanaciones en Ordesa.

”Sea Ordesa el asilo escondido, guardado cuidadosamente, accesible solo a sus visitantes, donde las flores, los árboles y los animales queden al abrigo de los caprichos y de las necesidades del hombre”.

Es, pues, en este marco donde debemos situar las anónimas exhortaciones realizadas desde la revista Aragón de junio de 1930. En ella se podían leer tempranos llamamientos en favor de la defensa del medio ambiente bajo el significativo título de “Amemos y defendamos el incomparable Pirineo”. Atentos a sus ruegos:

“Cuidemos y amemos nuestro Pirineo. Esa es la obligación de todos. Sacro deber que impone a todos, a individuos y a colectividades, a entidades y municipios, normas interesantes de acción, de vigilancia, de protección, de acogida, de respeto, de buen nombre.

”No nos basta con darnos importancia alardeando de las bellezas del Pirineo. Traicionamos al Pirineo y a Aragón no solo cuando huimos de la sombra de sus montañas, sino también, cuando las herimos y maltratamos injustamente. Traicionamos al Pirineo si hablamos mucho de sus bellezas, si queremos entrecruzar la Naturaleza con normas administrativas del siglo XIX, y no acudimos a las iniciativas y actuaciones que han de valorizar y defender grandemente al Pirineo.

”Amemos todos el Pirineo. Todos podemos hacer mucho en él y por él, en definitiva para nosotros. Defendamos el Pirineo”.

La naciente República trató de enmendar lo que en Ordesa se torcía. Así, el 7 de junio de 1931 disolvía la antigua Junta de Parques para crear una Comisaría de Parques Nacionales más ágil y operativa. Su misión seguía siendo la de “salvaguardar la íntegra conservación de la belleza natural de los paisajes, de su flora, etcétera, y facilitar el acceso a los lugares declarados de interés, mediante vías de comunicación”. En su presidencia se colocó al prestigioso Pedro Pidal, asesorado por unos vocales de la eminencia de Ramón Menéndez Pidal, Vicente Castañeda, Eduardo Hernández-Pacheco…

Poco a poco, el turismo nacional se fue interesando por este espacio protegido: en agosto de 1933 se contabilizaba la “considerable” cifra de mil ochocientos visitantes en el Divino Cañón. Sin embargo, en 1935 Arnaldo de España seguía considerando como “deficientes” cualquiera de los accesos hasta el Parque. Por aquellas fechas todavía se trabajaba a ráfagas en la carretera que uniría Broto con la Pradera de Ordesa, cruzando Torla mediante un túnel bajo su iglesia parroquial. En conflicto de 1936-1939 aplazó cualquier plan de mejora para Ordesa…, salvo la ruta del Cotefablo, debido a su interés bélico.

Dejaremos aquí la epopeya del primitivo Parque Nacional del valle de Ordesa o del río Ara. No sin recordar cierta conferencia sobre sus pioneros que hay programada para mañana, miércoles 13 de junio, en el Museo de Ciencias Naturales del Paraninfo de la Universidad de Zaragoza…

  1. Embalse en el Arazas… más tarde en el Bellós, para inundar Añisclo. Ciertamente, hemos tenido suerte. ¡Lástima que para proteger la naturaleza sea necesarias leyes de protección!

    • Pues te falta, en esa “colección” de planes desarrollistas para Ordesa, un gran pantano en Bujaruelo, el teleférico hasta el Balcón de Pineta, el ferrocarril a través de un túnel Gavarnie-Pradera de Ordesa, la línea férrea Pau-Zaragoza a lo largo de todo Bujaruelo…

    • mañana acudiremos todos a escucharte que seguro que nos maravillas alberto

    • Hala Alberto, que mañana todos estamos contigo en el Paraninfo de la Plaza de Don Basilio Paraíso.

        • Muy bien Alberto, que me maravillo de dónde sacas todos los datos que llevas en la cabeza. Llenaste la sala del Paraninfo lo mismo que Pisón.

          • Bueno, Doble-A: yo diría que llena-llena, como con Eduardo Martínez de Pisón, no estaba, que aún cabía alguno más. Pero te reconozco que, cuando cambiaron de la sala Costa, más íntima y recoleta, a la Sinués, una de las aulas grandes donde antaño se impartían clases de Medicina, me preocupó un pelín. Sin embargo, como los organizadores movieron mucho el ciclo de conferencias sobre los 100 añitos de Ordesa por los medios, pues ya se sabe: hubo buen aforo… Muchas gracias por venir a escuchar historietas sobre Ramond, Reboul, Víu, Schrader, Mallada y Briet…

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