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La Teta de la Guajira

La Lista Soro acaba de cumplir un año entre nosotros. Así pues, se impone una mención al pintoresco catálogo de 160 tresmiles que tan alegremente nos han impuesto desde un rinconcito de ordeno-y-mando del actual Gobierno de Aragón. No es una efeméride como para tirar cohetes. Con una mezcla de vergüenza y de agradecimiento voy a traducir o transcribir un par de opiniones, para mí en extremo cualificadas, que esta iniciativa fomentada desde la Consejería de Vertebración Territorial (y etc., etc.) ha suscitado entre los pirineístas.

Por un lado, cierta visión humorística procedente de la Revue Pyrénéenne, que es el órgano oficial de los clubs de montañismo de la vertiente norteña del Pirineo. El texto sobre la “Toponimia aragonesa” que firmaba un especialista (de verdad) en tresmiles como es Florian Jacqueminet no solo recurría a la ironía, sino que además brindaba su dictamen sobre el futuro del potpourri (literalmente: olla podrida) de nombres alucinógenos que tratan de clavar sobre los mapas oficiales sin ofrecer, un año después del invento, la menor explicación detallada:

“Una vez vencido el glaciar de Cabieto, la cresta me dejó sobre la punta Negra, y no me quedaba sino recorrer las murallas de Picalayuala para alcanzar la brecha de Roldán. Fui a reencontrarme con las cimas, ascendiendo al Corral Ziego, después a la punta Faixón, y proseguí hasta la punda dero Espaldadores. Seguido ascendí a la punda dera Ula, repunda deras Bruixas y punda deras Crespas, antes de desembocar sobre la gran meseta somital del pico Plan de Marmorés. Tanto las piernas como el espíritu, vivificados con tanto descubrimiento, me llevaron todavía hasta el mallo Marmorés. Una vez que lo descendí, no me faltaba sino ascender a la punda de Tres Serols, punto culminante del macizo, desde donde aún pude vislumbrar bastantes cumbres de nombres desconocidos: al norte, el Marmoré d’el Cul Chicot y su hermano, el Marmoré d’el Cul Gran Astazu, remataban la serie de los tresmiles de…, ¡Gavarnie!

”Así, Gabieto, Taillón, Bazillac, Casco, Torre, Espalda, picos de la Cascada, Cilindro, Monte Perdido, picos de Astazu y tantos otros entre las cumbres aragonesas, han visto sus nombres disfrazados; en su mayoría, más allá de archivos inusitados, resulta imposible encontrar la menor huella, tanto en la toponimia local como en la cartografía antigua. Peor aún: como un atentado a la memoria de los descubridores de las regiones altas aragonesas, el conjunto de apellidos de conquistadores ha sido suprimido: Ramond ha sido desposeído de su Soum, lo mismo que los Russell, Brulle, Le Bondidier, Beraldi…, de sus respectivos picos.

”Lo sabemos: los nacionalistas están fuertes Tras los Montes, y llevan a veces a unas aberraciones de las cuales tenemos aquí una muestra patente. La Comisión del consejero Soro que ha elaborado esta nueva nomenclatura para el Gobierno de Aragón (cuyo empleo desea imponer en todas las publicaciones oficiales), ha olvidado, sin embargo, un detalle de importancia: desde siempre es el uso el que hace al nombre. Así, los montañeros seguirán yendo a ascender los picos del Infierno (y no la punda dera Nevera o la otra punda Alta de Pondiellos), el Salvaguardia (y no la tuca Cabellud), La Munia (y no l’Almunia Gran) y más aún la Pique Longue del Vignemale (y no la punda dera Camachibosa) o el Aneto (y no la Maladeta de Corones, o el Néthou de nuestros ancestros)… Antes de que los montañeros de ambas vertientes adopten esa terminología aragonesa, puede apostarse por que ya estará olvidada, relegada al rango de una farsa de la que, todo lo más, se recordará con regodeo.

”Así pues, todo quedará como si fueran…, ¡unas letras muertas!”.

Bien se aprecia que la Lista Soro es una iniciativa que fomentará, sin duda alguna, el turismo galo en nuestro Pirineo. Me constan las oleadas de simpatía que ha suscitado al otro lado de la línea de aguas… Sin embargo, por lo que dicen, no se les ocurrirá, como represalia, el cambio de nombres de origen hispano como, por ejemplo, el de la villa bigordana de Luz. ¡Lo que hace la cultura y la sensatez…!

El segundo editorial llegaba hace unos meses desde la Revista Peñalara, órgano de la Real Sociedad Española de Alpinismo Peñalara. La veterana entidad, siempre dispuesta a arrimar el hombro en favor del Pirineo aragonés, servía un texto sobre “Los nombres de los tresmiles” empleando un registro del todo serio. Con palabras tan sosegadas y medidas como contundentes que ayudaban a apreciar cómo se ha juzgado desde el exterior (por describirlo de algún modo) un asunto generado desde esa Comisión Asesora de Toponimia que es responsable de la alucinada nomenclatura de nuestros tresmiles:

“Al inicio del verano pasado [junio de 2017] la prensa generalista, y mucho más la especializada en el mundo de las montañas, se hizo eco de una noticia que, cuando menos, creó perplejidad y sorpresa para los no avisados. El Gobierno de Aragón, en concreto una comisión asesora creada por su Consejería de Vertebración del Territorio, Movilidad y Vivienda, anunciaba el cambio de nombre de 160 cimas del Pirineo oscense, que se convertían a partir de ese momento en los nombres oficiales, ello en virtud de unos sesudos estudios que pretendían recuperar los nombres vernáculos y más auténticamente montañeses.

”En principio, parece que no habría nada que objetar. Recuperar nombres asentados y reconocidos que han surgido de la necesaria denominación del territorio por parte de sus pobladores y que se han olvidado por la implantación de otros nombres impuestos sin criterio ni sentido, parece una loable iniciativa. Sin embargo, tras pensarlo mejor, se llega a la conclusión de que, cuanto menos, es sorprendente que dichos cambios vengan en aluvión, ¡nada menos que 160 al tiempo!, más aún cuando los especialistas en geografía, toponimia y etimología nos dicen que estos asuntos son muy complejos y no tienen siempre una respuesta obvia e indudable.

”Cuando damos el paso siguiente y nos informamos del tiempo dedicado a este renombramiento, o recuperación si se prefiere, nos enteramos de que todo es producto de un año de estudios, lo que parece tiempo escaso para tamaña labor. Aún más se incrementa nuestra inquietud, ya desasosiego, cuando parece que la institución que alertó sobre la necesidad de tal revisión, la Federación Aragonesa de Montañismo, ha quedado al margen de toda consulta y ha sido simplemente informada de los resultados. Además, otras veteranas y respetadas sociedades montañeras han sido objeto del mismo trato, hecho especialmente preocupante cuando entre sus socios hay pirineístas con un prestigio incuestionable en lo relativo a la historia, toponimia y geografía de la cadena fronteriza, con decenas de publicaciones sobre estos asuntos. Pues bien, parece que ninguna de sus aportaciones se ha considerado pertinente.

”A resultas de un proceso tan opaco, en el que ni tan siquiera ha sido fácil saber la totalidad de los componentes de la comisión asesora, y lo que es mucho más grave, tampoco se han conocido las razones detalladas de la mayor parte de los cambios toponímicos, la lista de los nombres oficiales de los tresmiles ha dado pie a una importante contestación por buena parte de la sociedad montañera, lo que ha desembocado en una agria polémica, que incluso ha llegado a las instituciones políticas aragonesas.

”La RSEA Peñalara se fundó por montañeros para conocer y ascender las montañas, pero ya en su declaración primera de intenciones, proclamaba como objetivo prioritario el trabajar para la mejora de vida de los montañeses. Somos por tanto, desde hace más de un siglo, montañeros que nos preocupamos y solidarizamos con los problemas de los montañeses. Sin embargo, esta iniciativa de los nuevos nombres no parece haber partido de ellos, al menos no nos consta. Tampoco creemos que mejore sustancialmente su sentido de pertenencia, su dignidad, ni sus condiciones de vida, el hecho de cambiar nombres asentados durante más de un siglo, a veces dos, en base a unas razones históricas, etimológicas y lingüísticas que son poco obvias, incluso sospechosamente forzadas, y que nadie había reclamado a lo largo de decenas de años.

”Hemos oído argumentar a los defensores de este cambio que el monte McKinley en Alaska ha cambiado su nombre, el de un antiguo presidente de los Estados Unidos de Norteamérica que nunca llegó a acercarse a esta montaña, por el autóctono de Denali. Parece una medida correcta y razonable. Pero poner este ejemplo como justificación para quitar, solo es un caso, el nombre del geógrafo francés Schrader a una cima del Pirineo, uno de los pirineístas de más corazón, de más raza y con más arte, quien contribuyó al conocimiento, amor y valoración de estas montañas, es como poco triste, y no puede menos que enojar a quienes creemos que las montañas no son solo el solar de una cultura montañesa muy respetable, sino que entran también en el acervo cultural, moral y vivencial de las comunidades científica y montañera, las cuales tienen derecho a otorgarles significados relevantes. Significados que no niegan ni cercenan a nadie, sino que muy por el contrario añaden atractivo, vida y riqueza a estas tierras y a sus gentes.

”Bueno sería, por tanto, que esta lista quedara en suspenso hasta que tenga lugar un debate abierto y sosegado en el que se puedan distinguir y argumentar las razones o criterios seguidos caso por caso, hasta llegar a una decisión razonable y de general consenso”.

En fin: muchísimas gracias a estos hermanos ubicados en tierras francesas o castellanas (que nunca foranos). Con su apoyo queda demostrado que el montañismo une a quienes lo practican. En tanto que la política interesada abre trincheras y separa incluso a la gente de su propio pueblo. Desvertebra, vamos, puestos a hacer un chistecillo fácil a costa de esa Consejería del Gobierno de Aragón que ha demostrado ser tan suya.

¿Y la Teta de la Guajira…? Ahora voy con ella, pues se trata de un ejemplo muy a cuento de lo que sucede cuando el Poder mete el pie en el mundo de la Toponimia. Es una historia real que colea desde el siglo XIX y que afecta a la delimitación entre Colombia y Venezuela.

El amojonamiento de estas repúblicas fue abordado allá por 1830, cuando la primera de ellas se denominaba todavía Nueva Granada. El sector de la Guajira cayó, en su mayoría, hacia la parte después colombiana. Desde 1833 hubo discusiones entre los plenipotenciarios de las jóvenes naciones por este trazado, uno de cuyos tramos conflictivos discurría entre el cabo de la Vela y la llamada Teta de la Guajira. A saber qué hubiese sucedido de conocerse por entonces las riquezas petrolíferas de este subsuelo…

Ante la imposibilidad de alcanzar un acuerdo, ambos países decidieron pedir en 1886 el arbitraje de quien, ellos pensaban, era una autoridad moral de la época: nuestra reina regente María Cristina. Así, en el ya famoso Laudo Arbitral de 1891 que se remitió desde España se situaría como la referencia esencial de la divisoria en unos misteriosos “mogotes llamados los Frailes”… No me resisto a transcribir el párrafo que dedica José Roberto Duque, autor de Vivir en frontera (2004), a esa peste de resolución política que le cayó a un problema de muga y toponimia:

“Usted tiene un mapa en las manos: ¿ya vio dónde están los Frailes? ¿Tiene algún problema? Pues no se sienta ignorante, culpable o miserable, pues sucede que en el año 1900 los comisionados de Colombia y Venezuela intentaron ubicar también ese lugar, esos benditos Frailes. Y no solo en los papeles, ya que la Reina no se tomó la molestia de enviar un mapa explicativo; su sentencia consistió en una exposición de palabras, palabras, palabras, tan complicadamente conectadas como las que acabamos de transcribir […].

”En 1898 fue creada una Comisión Mixta cuya función era la ejecución práctica del Laudo Arbitral de 1891; esto es: el establecimiento de indicaciones sobre el terreno; convertir en un asunto físico y palpable la línea fronteriza entre los dos países. Dice el pacto firmado entre Colombia y Venezuela: Se procederá a la demarcación y al amojonamiento de los límites que traza aquella sentencia, en los límites en que no los constituyan ríos o cumbres de una sierra o una serranía. Trámite sencillo si los lugares están bien especificados, pero no así si la señora Reina y sus asesores, en lugar de precisiones, se dedicaron a transmitir acertijos. Menudo problema: encontrar los Frailes, un lugar que nadie en su vida había escuchado ni siquiera nombrar en esos desiertos”.

Nuestra Reina y su ¿Comisión Asesora de Toponimia?, se cubrió de gloria, porque el asunto de la divisoria entre Colombia y Venezuela sigue sin estar del todo resuelta. Ambos ejércitos han tenido roces desde al menos 1974 en aquella región tan mal delimitada… Y es que los políticos, cuando se ponen a juguetear caprichosamente con la Geografía en vez de ser honestos y declararse incompetentes (en un sentido legal), tienen un peligro que no veas. Ya sea en el terreno de la Teta, ya en el de los tresmiles del Pirineo aragonés.

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16 Comentarios

  1. Es cierto que a pesar de que todo apunta a que la lista (que no resistiría ningún debate abierto) nació muerta, estas editoriales “foranas” son muy de agradecer, cada una con su estilo propio… Como dice el refrán: De bien nacido es ser agradecido y parece ser que ya no se lleva eso de dar las gracias… De cualquier modo, lo de la Teta es buenísimo y viene totalmente al caso… Y la entrada anterior sobre Mallada…, ¡de antología!
    Saludotes…

    • Hey, Xavi… Pues, en tanto llega el día del entierro definitivo de la Lista Soro (que no del Consejero, vertebrador de tierras y hombres), nos echaremos unas risas a costa de su colección de expertos multi disciplinales, eruditos infalibles y sabios cósmicos. Si, de paso, sale por ahí algún detalle toponímico poco divulgado (desde nuestras magníficas Comisiones Asesoras)…

  2. Me quedo con la frase:

    ”Así pues, todo quedará como si fueran…, ¡unas letras muertas!”.

    Si me asomo a la ventana veo un monte que el IGN designa de forma errónea. Le endosaron el nombre de un zona ubicada unos 8 km al sur. El error viene de lejos; ya aparece mal en la primera edición del MTN50. Pues bien, el 100% de la gente sigue empleando el nombre tradicional, no el que aparece en los mapas.

    Si, normalmente, prevalece la denominación popular frente al IGN, creo que es más que evidente la trascendencia que va a tener la dudosa lista hecha, me temo, deprisa y corriendo, y sin embarrarse demasiado los zapatos.

    • Florian tiene un sentido del humor que no veas, pero en la última frase, esta vez del todo seria, sintetizó perfectamente el futuro del asunto. Aunque no veas el mal rollo que existe en la “Douce France” por eso de que los “Baturrators” quieran endosarle a sus mapas ultra-autóctonos unos nombres que, en su mayoría, jamás se habían registrado antes ni en textos, ni en mapas, ni en nada…
      Por lo demás, tienes suerte de que en tu Autonomía no se hayan puesto exquisitos con lo de los rebautizos imaginativos y mega-nazi-onalistas. Esperemos que siga así el asunto en vuestra casa, que imagino que el resto de errores se irá solucionando poco a poco… Hasta donde sé, el IGN anda bastante seco en cuanto a presupuesto en los últimos tiempos…
      Saludotes, Hugo (and Baltic’s People)…

  3. Sostenella y no enmendalla… Paciencia, hasta que el tiempo ponga las cosas en su lugar, que ya no tardará mucho.

    • Desde luego que sí, José: parece lo más razonable… Como decía Florian Jacqueminet, un especialista en tresmiles que habla varios idiomas y que “controla” de maravilla cuanto sucede en los Pirineos, yo diría que la Lista Soro está ya muerta… Pero, para asegurarnos, hasta que quede definitivamente enterrada y olvidada, seguiremos de velatorio…

    • Cualquier cosa menos servir las 160 razones de sus nombrecitos, Makako… Tengo un artículo magnífico de Louis Le Bondidier donde se analizan los nombres del Aneto en 75 páginas… Tampoco es que espere nada ni vagamente similar, desde luego, pero de toda una “señora” Comisión Asesora de Toponimia de toda una “señora” Consejería del Gobierno de Aragón, uno se esperaría algo… Algo que no sea un porque sí, claro…

        • Y yo que diría que al señor Soro le pesa terriblemente que le hayan metido en un pantano como este… ¿Les habrá pedido explicaciones, pero de verdad, a sus magníficos “expertos” en toponimia y otras artes de la literatura creativa…? Misterio. Cuando escriban su biografía (mejor no digo en qué editorial), acudiré directamente a este capítulo de su apasionante trayectoria como político…

          • Y venga a hablar del MacKinley o del Everest y ni palabra de la conversión de las Tres Sorores de NUESTRO Lucas Mallada en eso de las Tres-serdols, o Cuatro-serols, Cinq-seriolos o como quiera que estos señores quieran decir desde el Boletín Oficial de Aragón.

          • Es posible que ese desdén por la toponimia recolectada por Lucas Mallada entre 1871 y 1877 sea el inicio de algún tipo de persecución por alguna fobia misteriosa que hayan podido cogerle… ¿También tratarán de borrar su “rastro” en el callejero de la ciudad de Huesca?: la calle, el parque, el instituto, la estatua, el monumento, la placa en la casa natal… Por lo demás, me parece muy, pero que muy bien, que desde la Consejería de las Mil Vertebraciones se ocupen de las cuestiones toponímicas del Himalaya y del Norte de América… ¡Tenemos unos políticos que son un verdadero regalo de los dioses!

          • Vaya si está candente este artículo, Alberto. Sólo desearte un buen verano que ya te lo has ganado. A ver si nos vemos.

          • Muchísimas gracias, Doble-A: ya ves, a tus años, vas a tener que estudiar si quieres saber cómo se llaman las montañas…, ¡si nadie pone remedio, tras las próximas Elecciones! Es broma: yo pienso que por muchas mamarrachadas que siembren por las cartas, casi nadie va a hacerles caso… A pasar un buen veranete tú también, fresquito y aireado…

          • Espera Alberto. Antes de que cambies de tercio queria dejar dos apuntes más.
            Uno. Alguien puede deducir de alguno de estos textos excelentes que la Lista Soro fue cosa de un año. Nada más impreciso. Llevaban mucho tiempo alguno de sus supuestos instigadores colándonos lo que llamas “nombres pintorescos” (inexplicados e inexplicables) desde lo que llamas “editorial autóctona”. O no ha sido así.
            Dos. Me ha encantado la posibilidad que supongo que insinúas de que Soro y sus múltiples tentáculos se declaren “incompetentes” en estos temas donde toponímicos donde están cosechando tantos laureles. No sé si sabes algo. O se trataba de un deseo y no de un anticipo noticiable.
            Muchas gracias. Pasa un buen verano. Desconectando si puedes.

          • Disculpa, Makako, que estaba fuera…
            En el punto uno, pues estoy de acuerdo contigo: desde hace al menos dieciocho años nos llevan colando nombres que nadie había visto escritos ni oído, sin la menor explicación… Curiosamente, todos ellos de aires supuestamente montañeses… A saber de dónde los sacaron y hasta dónde ha llegado la inventiva aragonesista sobre los planos autóctonos, que con frecuencia provocaban el cachondeo del gremio montañero, sobre todo, y también el enfado de la familia montañesa…
            En cuanto al punto dos, pues era solo un chistecillo aprovechando unas palabras del autor del estudio de la frontera que pasa por la Teta de la Guajira… Sería cuestión de decencia que fuera de sacar las tropetillas para alabar la “extraordinaria” capacitación de sus proclamados como “expertos”, lo demostrasen mediante sus trabajos escritos previos sobre tresmiles… No sobre sus imposiciones previas en mapas y libros autóctonos y ultra subvencionados: me refiero a explicaciones, en largo y tendido, sobre sus gracietas tipo “tuquetica de la Crux-del-Amor-Hermoso”, “pico del Moro-de-la-Morería” o “picachet de la Almunia-de-doña-Godina”… ¿Hay mapas, textos, catastros donde aparecen estas magnas aportaciones a la toponimia de altos vuelos oscense…?
            Que pases también tú un verano montaraz…