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Al pico de Aspe en 1956

El 15 de agosto pasado nos dejaba para siempre Julián Vicente Villanueva, destacado escalador y esquiador, muy apreciado por todos en Montañeros de Aragón. Un club donde ejerció como presidente número trece entre el 5 de febrero de 1987 y el 25 de mayo de 1995. Era conocido como Nanín, dado que en su familia comenzaron desde niño a llamarle Julianín para distinguirlo de su padre, de igual nombre. Y el apelativo evolucionó al otro, claro.

Julián había nacido en Zaragoza un 27 de agosto de 1933, y pudo disfrutar desde temprano de las montañas de su tierra. No en vano, su padre perteneció a los Exploradores de Aragón primero, y a Montañeros de Aragón después. Con tres añitos cumplidos Nanín ya participaba junto a sus hermanos en las diversas excursiones familiares. Él mismo ingresó en Montañeros el 13 de septiembre de 1950, donde recibiría el número 425.

Con la asociación deportiva maña participó en toda clase de marchas: las más de las veces por Valdegurriana, en los alrededores de Zaragoza; de cuando en cuando por La Peña o Riglos…, y ya en alguna rara ocasión, por el entonces militarizado Pirineo. Durante estas salidas conocería a otros jóvenes como Manuel Bescós, Rafael Montaner, Pepe Díaz, Ángel López Cintero, Alberto Rabadá… Poco a poco los fue atrayendo hacia su Club, donde terminó consolidándose un grupo potente de escaladores. Con el refuerzo, a no demasiado tardar, de Ernesto Navarro, Ursicino Abajo o Gregorio Villarig entre otros.

Desde sus tanteos iniciales con las cuerdas de cáñamo en Mezalocha, allá por el año 1950, y su debut en una primera vía con patio, en la travesía de las cinco puntas del Firé, pronto se fijó otras metas más ambiciosas… Julián Vicente recordó siempre su participación en aperturas como la vía Normal del Mallo Cored (1953), la Normal del Mallo Don Justo (1957) o la Endrija por Donde Dios Manda del Cuchillo (1960). Seguidamente saltó a los exigentes recorridos de la cara sur de la aguja Sur de Ansabère, la cara norte de la Torre del Marboré o las dos vías en la cara norte de la punta de Chausenque. En el terreno extra europeo su palmarés podría completarse desde el Cervino o el Huandoy…, hasta su campaña del año 2000, cuando en tres meses ascendió varias cimas entre los 6.000 y los 6.500 metros (cuatro en Bolivia, tres en Nepal).

Pero hablar de Julián Vicente es aludir de forma obligada a sus constantes actividades en el mundo del deporte blanco… Arrancó sus andanzas sobre los diecisiete años de edad con unas pesadas tablas de fresno, destacando enseguida en la especialidad de esquí de fondo, donde se proclamó campeón de Aragón a menudo, en dura y amistosa brega con los entonces imparables deportistas sallentinos. Desde aquí pasó a la modalidad alpina, donde asimismo se llevó el campeonato regional en una decena de ocasiones. El esquí fue una parte muy importante de sus vivencias.

Es posible acompañarle en una de sus aventuras más queridas a través del mundo onírico de la literatura. Porque Nanín nos dejó un texto sobre sus “Dos días sobre la nieve” en el Boletín de Montañeros de Aragón número 40 (Iª Época), en noviembre-diciembre de 1956. No lo pensemos más: alistemos nuestras tablas de montaña y viajemos en el tiempo junto a sus amigos Pepe Díaz, Rafael Montaner y José Tricas. De este modo retrataba Julián Vicente la que se consideró una posible primera con esquís al pico de Aspe (2.643 metros), realizada dentro de las celebraciones por los veinticinco años de historia de Montañeros:

“Todos estamos de acuerdo en que la primera parte de una excursión, que es la preparación, tiene tanto sabor como la excursión misma y, en esta ocasión, todavía más por la cantidad de material que requiere una aventura en la montaña cuando esta se encuentra engalanada de gruesa capa de nieve y, por añadidura, se quieren pasar las noches donde a uno le alcanzan, bajo techo de lona.

”Corre el mes de diciembre de 1956 y, en vista de que esta temporada la nieve se ha puesto de nuestra parte, pues a fines de octubre ya se esquió en Candanchú y después cayeron en el sector Bisaurín-Aspe-Candanchú, copiosas nevadas…, pensamos llevar a efecto esta bonita excursión, que tenía como fin hacer el vivac sobre la blanca, blanda y mojada nieve, y para complemento, pensamos hacer el tan bonito y visitado pico de Aspe. En principio, pensamos la cosa [José] Tricas, [Pepe] Díaz y el narrador y, al suspenderse la Marcha de Regularidad Víctor Carilla se nos unió nuestro buen amigo [Rafael] Montaner, con gran agrado por nuestra parte.

”Así pues, los cuatro con animación y entusiasmo, anduvimos media semana con los preparativos, dispuestos a pasar mucho frío, pues en Zaragoza llevamos unos días de muy bajas temperaturas. Nos vemos en el Rápido de Canfranc en unión de otros muchos esquiadores, que van a pasar los días 8 y 9 a Candanchú y Sallent. Después de un agradable viaje, llegamos a Canfranc, y allí nos tocó esperar el turno para subir en el taxi a Candanchú, donde pernoctamos.

”Son las 6:30 h, cuando silenciosamente nos escurrimos de nuestras literas y nos aprestamos a salir del hotel. La mañana es serena y de buena temperatura.

”Una hora casi falta para amanecer, cuando, al pie de Pista Grande, nos calzamos los esquís y, pisando una nieve profunda, tomamos la dirección de la Rinconada, cruzando el río. La marcha es dura por las condiciones de la nieve y por el respetable peso que llevamos en nuestras mochilas, pues una acampada en invierno lo requiere, por lo que nos vamos turnando en el puesto de primero para no cansarnos demasiado, y así, entre chistes y risas, llegamos al pie del collado alto de Tortiellas.

”Si hasta aquí la marcha ha sido de hombres, la subida a este collado con todo nuestro material, se hace francamente pesada. A mitad de la subida, la nieve profunda se convierte en planchas heladas, que hacen algo peligroso el ascenso; sobre todo, un paso horizontal que hay unos metros antes del primer jalón que indica el camino de verano, nos llevó un buen rato, pues hubo que hacerlo con delicadeza porque de allí el salto es de unos 20 m por el aire. Una vez pasado este mal trecho, continuamos un poco más todavía con los esquís puestos hasta llegar a un punto en el cual la ventisca ha tenido a bien el barrernos la nieve. Nos quitamos las tablas y, con ellas a cuestas, remontamos lo que nos resta hasta el collado; en cuanto el primer rayo de sol nos dio de lleno, echamos todo al suelo e hicimos un prolongado descanso, tumbados sobre una mancha de hierba, donde devoramos el deseado almuerzo, acariciados por el suave hálito solar y contemplando el inmenso panorama que desde allí se alcanza a ver: al norte, el Bosque de las Hayas que, como prolongación del valle francés de Aspe, parece un hechizado paisaje de fantasmas, completamente cubierto de nieve; más al este, el poblado valle de Candanchú, con sus lujosas edificaciones y, más al fondo, la canal de Astún, con el maravilloso pico del Midi d’Ossau, que se alza retador ante nosotros, como si estuviese enterado de que nuestros mayores deseos de pirineístas están centrados en él.

”Una vez recuperados del esfuerzo realizado, nos calzamos nuevamente los esquís y continuamos nuestro camino, bordeando por encima del nacimiento del pequeño valle de Tortiellas hasta dar vista al de Rioseta Alto, al cual seguimos por su vertiente norte hasta llegar a la ladera sur de Tuca Blanca, donde, de forma unánime, decidimos plantar nuestro campamento.

”La nieve está muy dura allí, por lo que apenas sin pisarla, pusimos nuestra formidable tienda (bueno, eso de nuestra, es un decir) y, desde el momento en que estuvo erguida sobre sus blancos cimientos, se convirtió en la vedette de nuestro reporter oficial, Tricas, que no se cansaba de herir la sensible película de su máquina con el anaranjado color de nuestra casita. Ahora, una foto cogiendo el Aspe, esta otra será fenómeno con el Vignemale al fondo…, esta…, esta…

”Por fin, a las 11:45 h, emprendimos de nuevo la marcha, que ahora sin carga es un verdadero placer, hacia el pico; el descenso desde nuestro campamento al valle de Rioseta Alto, fue lo mejor del día, pues la nieve estaba muy buena y se corría de lo lindo. Desde este punto hasta el collado norte del pico, la marcha fue lenta, pues el desnivel es muy fuerte, sobre todo, haciéndolo con esquís; al poco rato, Pepe Díaz abandona sus esquís, pensando que no le compensaba la promesa de un buen descenso con el esfuerzo de subir los tablones hasta arriba. Más tarde, Montaner hizo lo propio y solo Tricas y yo nos martirizamos hasta el collado con los esquís sobre nuestros hombros.

”Hicimos allí un breve descanso y, nuevamente, emprendimos la ascensión y, por fin, después de mucho golpear con nuestras punteras la helada superficie de la empinada pendiente final, llegamos a la cumbre a las 15:15 h. Nuestra estancia en la cima era maravillosa; la temperatura agradable y la caricia del sol nos mantuvo en letargo más de una hora. Cómodamente tumbados, vamos pasando lista a nuestro alrededor, señalando a cada uno de los picos que nos rodean: el Bisaurín, Anie, Midi, Balaitús, Frondellas, crestas del Diablo, Gran Facha, Infierno, Vignemale, Argualas, etcétera, y a nuestras mentes van acudiendo en tropel todos los agradables recuerdos de nuestras correrías por sus cumbres.

”Obligados por la hora en que estamos, comenzamos a descender antes que la nieve se hiele demasiado, pues ya hace buen rato que hay sombra en el sitio por donde hemos de hacer la bajada y, si a la inclinación de sus palas añadimos hielo, vamos a hacer muchas piernas hasta el campamento; nos encordamos y, en un abrir y cerrar de ojos, henos en el collado norte, después de haber disfrutado de un descenso rápido y juguetón; allí, nos ponemos Tricas y yo los esquís, mientras Pepe y Montaner ya están bajando a pie hasta los sitios en que los habían dejado.

”La cosa está fea al principio, pues hay unas ondulaciones completamente heladas y profundas, producidas por la ventisca, que nos hacen bajar los primeros cincuenta metros en continuo derrapaje; después de esto, miro hacia abajo y veo a Montaner sobre sus esquís, que inicia un suave viraje hacia la derecha; de pronto, pierde el equilibrio y comienza a resbalar de costado, y así anduvo más de cincuenta metros; parecía que se dejaba llevar, pero luego pude experimentar en mi propia persona que había sido un resbalón forzado y que pudo tener malas consecuencias. Después de unos cuantos metros de descenso a base de clavar con fuerza nuestros cantos, en uno de los giros perdí el equilibrio y empecé a resbalar vertiginosamente por el helero. Iba en posición de cabeza abajo, intentando volverme sin conseguirlo y, por fin, cuando iba a llegar a una gran piedra en forma de plataforma que se interponía en mi camino, conseguí ponerme en mejor posición, sin que por ello frenase mi marcha lo más mínimo.

”Mi mente trabajaba con rapidez, pensando en la forma de saltar aquella enorme plataforma, pero tuve la suerte de que la nieve que rodeaba aquella mole rocosa, estaba más blanda que el resto por el calor acumulado durante el día, y quedé allí parado en el mismo borde.

”Entre tanto, Tricas se había lanzado rápidamente a ponerse debajo de la piedra para intentar pararme en caso de que, al saltar aquella altura, que era unos 4 ó 5 metros, cayese de mala forma (cosa casi segura) y siguiese rodando hasta Rioseta; por fortuna, no fue necesaria su intervención y, después del consiguiente susto, seguimos esquiando con gran precaución, hasta alcanzar a nuestros compañeros un poco más abajo.

”Cuando llegamos a nuestro dormitorio, eran más de las 17:00 h, y Tricas volvió a tirar unas cuantas fotografías con exposición, pues el atardecer daba a los vecinos picos un colorido poco común, de una belleza fascinadora. Con alborozo, emprendimos la organización del interior de la tienda, encendimos el Primus para empezar la fusión de la nieve que había de constituir nuestro preciado líquido y, después de dar cuenta de una suculenta cena (al menos, así nos pareció), seguimos fundiendo nieve para tener agua abundante, para pasar la noche que había de ser larga, pues hasta las 8:00 h que no amanece, nos va a dar tiempo de ingerir alimentos en cantidad (¡menudos somos nosotros!).

”Son las 20:00 h, cuando el frío nos aconseja que nos metamos en nuestros sacos; así que preparamos los colchones neumáticos y nos tendimos encima, dispuestos a dejarnos prender en los brazos de un reparador sueño. Empezamos a hablar, pero que les digan de qué mis amigos, ya que Morfeo hizo de mí posesión rápidamente.

”Siento frío en las rodillas y oigo rebullir a mis compañeros dentro de sus sacos. Se enciende el farol y podemos comprobar que son las 4:00 h. Nos incorporamos y vemos que la temperatura dentro de la tienda es de 0ºC. Para celebrarlo, nos ponemos a comer de nuevo con buen apetito; alguien habló de sacar el termómetro fuera de la tienda por curiosidad, pero la idea no cuajó, porque no hubo acuerdo sobre quién lo había de hacer.

”De nuevo nos dormimos hasta que los primeros albores del día atravesaron nuestros párpados. Como hoy mismo hemos de regresar a Zaragoza, no nos da tiempo de hacer otra cosa que disfrutar un poco por las alturas y bajar a comer a Candanchú.

”Si el atardecer anterior fue bonito, el amanecer que se presenta ante nosotros es maravilloso: el rosa que nos baña en el instante del amanecer, asemejando el reflejo de un incendio, va tornándose más claro hasta que, al dar los rayos solares en las cumbres de los picos, hacen el efecto de que se inflamasen. En estos momentos (las 8:00 h), la temperatura era de 2ºC sobre cero dentro de la tienda y, en el exterior (todavía no nos daba el sol), era de 8ºC bajo cero, lo que nos hace suponer que la noche la hemos pasado con una temperatura ambiente de unos 10ºC [bajo cero].

”Saciados de belleza, nos aprestamos a preparar nuestro desayuno y, mientras Montaner y Tricas lo guisan, Díaz y yo nos subimos a una pala cercana y nos ponemos a esquiar hasta que nos avisan. Después, otro poco más de esquí, y a trasladar el campamento del suelo a nuestros doloridos hombros, que no lo agradecen nada.

”El descenso hasta el col de Tortiellas Alto fue formidable, aun a pesar de nuestras mochilas, pues la pendiente es suave y prolongada. Allí hubo diversidad de opiniones sobre el camino a seguir y, por fin, nos decidimos por ascender a la cumbre del Tobazo y bajar por las pistas del telesquí.

”Lo tomamos algo bajo y nos vimos obligados a retroceder. Montaner y Díaz pierden altura, y Tricas y yo nos subimos hacia la arista y, una vez en ella, la seguimos haciendo unos pasos muy aéreos de cruzado, en los que solo el centro de los esquís (unos 30 centímetros) tocaban la nieve; el resto, tanto la parte de las espátulas como la de las colas, estaban colgadas en el vacío. Una vez en la cumbre del Tobazo, nos dimos cuenta de que la nieve estaba en muy malas condiciones, pues había una costra muy desigual que hacía peligrosos los virajes, puesto que, al apoyar el peso propio y el de la mochila sobre un solo esquí, la mayor parte de las veces se hundía, con la correspondiente pérdida de equilibrio (léase: bofetada).

”De la Olla para abajo estuvo muy bien y, de nuevo, nos vemos en Candanchú en nuestro acogedor y simpático Santa Cristina, que tantas caras amigas nos guarda, además de una buena comida, una buena bebida y unas alegres canciones. Y otro grato recuerdo para nuestro archivo”.

En estas postrimerías del tórrido mes de agosto ha sido grato calzar por unos instantes los esquís de travesía imaginarios. Y recordar justamente así a nuestro querido Nanín, quien tal vez pueda deslizarse, en lo sucesivo, por las montañas de sus sueños. Esperemos que sin darse demasiadas bofetadas sobre las palas eternas de nieve en polvo…

 

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Comentario

    • Todos lo echaremos mucho de menos, Luis. Y lo recordaremos como siempre se presentaba: con una sonrisa afectuosa. Ya sé que estudiasteis juntos y que os veíais con cierta frecuencia por el valle de Tena…

      • Es terrible ir perdiendo a nuestros veteranos. Ver que en las reuniones aparecen huecos. Son perdidas muy difíciles de superar. Mi pésame a toda la familia y amigos de Nanín.

        • Sí: es algo tan irremediable como penoso. El recuento de quienes, por ejemplo en Montañeros de Aragón, nos han dejado en los últimos años, resulta desolador. Es un Club creado en 1929 donde hasta hace nada teníamos entre nosotros a varios de sus fundadores. Nos hemos quedado sin su experiencia, nos queda su recuerdo…
          Punto y aparte: voy a estar fuera (y sin conexión) unos días. Mis disculpas por no poder validar los posibles comentarios, amigos…