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LUCES DE INVIERNO

Estos días tengo la suerte impagable de poder disfrutar de las Dolomitas, que son mi segunda casa.
Además de realizar todo tipo de ascensiones y de esta manera, poder trabajar en un futuro libro sobre estas montañas, también puedo disfrutar de estos paisajes y sobretodo, de las luces del amanecer y de las que para mi son las más hermosas: las del atardecer.
Estos días hemos caminado por los alrededores del Passo di Sella, un lugar histórico donde se juntan algunas de las montañas más famosas de las Dolomitas, lease el Langkofel y el Grupo di Sella. Paredes impresionantes se levantan a lado y lado del “Passo” haciendo las delicias de alpinistas, escaladores y soñadores de montañas.
Los más grandes de Italia, Austria y el Südtirol han dejado allí su huella imborrable, y cuando observo estas poderosas paredes y veo por donde subieron algunos de estos hombres por primera vez hace 50 o 60 años, no puedo más rendirles mi más sincero y humilde homenaje. ¡Realmente los tenían muy grandes!
Ayer por la tarde, después de visitar unas cascadas en Val Gardena, fuímos hasta las cercanías del Passo di Sella, y nos fuímos de excursión hasta la Rodella, una montaña que vista desde Val di Fassa tiene forma de cuerno, pero que por su lado norte se deja subir muy bien a través de una pala nevada que tiene su buena inclinación.
Lo más bonito de esta ascensión es que subímos por la tarde, y alcanzamos la cumbre aún de día y aprovechamos la temperatura agradable para estar una media hora sobre la cumbre.
Fueron pasando los minutos y contemplamos asombrados como las montañas se teñían de naranja primero y de rojo después, dando un toque único y fascinante al universo de las montañas. Es en estos precisos momentos cuando uno se da cuenta que está observando uno de los mayores espectaculos que puede ofrecernos la alta montaña y la naturaleza en general.
Descendimos con cuidado por la empinada pala de nieve dura, y aún pudímos hacer algunas hermosas fotos que quedarán para el recuerdo, aunque el mejor de los recuerdos está en nuestros ojos.
Volver a Sella fue volver al punto de partida, al lugar donde los hombres sueñan sus sueños y los persiguen.
La oscuridad nos llamó de nuevo y vino a nuestro encuentro. Nos abrazó y nos prometió una noche mágica llena de estrellas y un firmamento infinito.
Exísten muchas clases de sueños, y este tipo de sueños son efímeros, como todos, y para mucha gente no tienen valor, pero para nosotros los alpinistas, sirven para llenar una vida de momentos de felicidad…