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BAJO EL SIGNO DEL DESTINO

Algunas veces no nos damos cuenta de lo que perdemos hasta que pasa un tiempo determinado. Es entonces cuando un día, al despertarnos y abrir los ojos, nos damos cuenta que hemos perdido todo y que ya nada volverá a ser igual. Recordamos un pasado que fue mejor que el presente; recordamos tantas emociones vividas y compartidas, así como momentos de soledad pasados bajo las estrellas del firmamento.
Recordamos las noches que pasamos juntos observando el oscuro cielo invernal y todas las montañas escaladas.
Son recuerdos que acarician nuestra alma despiadadamente y sin contemplaciones. Los seres humanos somos así; la cagamos una vez, dos, tres y hasta 40 veces, y algunas veces ni así se aprende. Somos seres inperfectos buscando la perfección.
Pero cuando esa persona una vez pasado el tiempo puede pensar sin ver la oscuridad permanente y el velo que le tapa los ojos, es cuando se da verdadera cuenta de lo que ha perdido y sobretodo, de cuanto ha amado. Y sabe que ha perdido todo.
Una vez, escalé una montaña para ver que había más allá. Simplemente soy un ser curioso. Y encontré un tesoro que estaba allí escondido en el fondo de aquel valle, el ÚLTIMO VALLE, para enamorarse del ser más romántico de este mundo. Algunos abrazan estrellas, otros abrazan sensaciones, otros abrazan emociones y otros abrazan el destino… y todos dependen de una estrella “la suya” que siempre está allí.
Otros defienden que el verdadero amor sólo se encuentra una vez en la vida… y yo soy de los que piensan esto.
Es muy hermoso escalar montañas y sobretodo hacerlo contigo; ver la soledad de los horizontes infinitos y abrazar todas las estrellas del firmamento, así como respirar el aire más puro y ver las vistas más espectaculares que jamás hayamos imaginado…
Mirarte a los ojos… entender y comprender porqué brillan tanto y juntar dos destinos abrazando el horizonte más lejano…