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VIDA NÓMADA; UNA ELECCIÓN DE VIDA

Las montañas vienen, van y vuelven a venir. Nos han atrapado irremediablemente, lo sabemos, y los alpinistas y aventureros nos dejamos llevar por esta seducción poderosamente mágica que parece no tener final. Siendo muy jóvenes descubrimos la montaña, “hicimos” nuestra primera cumbre, seguramente sencilla y corta. Después nos dejamos llevar por compañeros todavía más intrepidos que no se conformaban con las montañas que teniamos más cercanas, y por ello viajamos a valles más lejanos para poder subir cumbres más altas. Y así, sin darnos cuenta, los años fueron pasando y casi sin quererlo nos hicimos alpinistas y sobretodo soñadores, pues yo siempre me he preguntado que sería de la vida sin sus sueños y sus realidades.
Me considero un soñador, me encanta “inventarme” sueños para poder realizarlos. Soy de aquellas personas que es muy importante tener sueños y cuantos más ¡mejor!, pues si tenemos 100 y sólo 10 se hacen realidad estaremos más que satisfechos, ya que los sueños nacidos de las profundidades de nuestro corazón son los que tienen más valor.
A veces pienso que nací nómada y que mis raíces están esparcidas por todo el mundo. Sin ser alpinista a los 7 años escalé mi primera montaña solo. Llevaba la aventura en la sangre pero todavía no lo sabía. Después -como sin quererlo- llegaron más montañas y la pasión fue creciendo levantando un muro vertical y poderoso llamado ¡vida!
La aventura comenzó a llenar mis madrugadas, mis largas jornadas, y mis atardeceres. Mi espíritu inquieto quiso conocer que había detrás de una montaña y de otra y de otra, y de esta manera descubrí un tesoro de mundo que parecía no tener final, pues las montañas alargaban sus fronteras sobre horizontes infinitos y nevados. Los viajes me llevaron hasta lugares verdaderamente hermosos, sitios con los que llevaba soñando desde que era un niño.
Los alpinistas y aventureros solemos ser personas inconformistas, y después de una montaña hay otra y otra y otra… un mundo que no tiene final.
Después de las montañas, las ganas de aventura me llevaron hasta los desiertos de hielo y nieve, y un día sin saber nada de travesías pero si mucho sobre el frío y la soledad, nos lanzamos a cruzar la mayor isla del mundo, Groenlandia, en esquís, sin asistencia, 2 hombres solos, con sus miedos, sus ilusiones. Cruzar de oeste a este no es nada sencillo, pero finalmente logramos completar la travesía y sobrevivir a todos los peligros que decidimos desafiar conscientemente. Pero sobretodo, sobrevivimos a nuestros miedos y a un mundo fascinante y único que no es para las personas. Durante algunas semanas fuímos nómadas que cada día llevaban su casa a cuestas, en pesados trineos, caminando a través del hielo siempre un poco más allá, hasta conseguir llegar llegar a la otra costa. El Blanco Infinito fue más infinito que otras veces. Conseguimos hacer realidad un sueño muy bonito, forjado desde los princípios de una amistad y que decidimos llevar hasta el final pasara lo que pasara.
Groenlandia nos hizo nómadas y nada volvió a ser igual. Emprendímos nuevos retos y llenamos nuestras mochilas de nuevas ilusiones. Llegaron más montañas, altas y bajas, cercanas y lejanas, y dedicamos todo nuestro tiempo a ellas, y lo hicímos por amor, porqué una montaña, además de pasión, ¡es arte!
Somos alpinistas y viajeros incansables que recorremos el mundo en busca de sueños. La vida nos enseñó el camino, nos hizo nómadas y hemos dedicado gran parte de nuestro tiempo a los caminos de sabiduria y a saber buscar el paraíso. Sin descanso caminamos en busca de nuevos retos e ilusiones. Vida nómada, caminos sin final. Así hemos querido que sea nuestra vida…

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