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Baterías de litio: un peligro real. (Y el porqué de un detector de humos)

Mientras la Nespresso vierte el café en la taza, con el inconfundible ronroneo del agua a presión atravesando el circuito y la cápsula, escucho lo que parece ser un portazo; un ruido seco de procedencia indeterminada. Rrrrrr… el café sigue fluyendo. De pronto un pitido estridente… luego otro… y otro. ¿Qué ocurre? ¿Ha sido acaso la nevera que ha quedado mal cerrada y “se queja”? No, el ruido viene de otra habitación… no, de varias habitaciones. ¿Qué está pasando?

Corro hasta la habitación del fondo y lo que descubro es dantesco: llamas encima de la mesa, llamas altas y mucho, mucho humo. Un espeso humo gris… y un  olor acre e irritante. Algún dispositivo eléctrico está ardiendo.

El extintor está en la cocina; no hay tiempo. Cojo un trapo —lo único que hay a mano— y logro asfixiar el fuego, antes, por fortuna, de que alcance proporciones serias. La humareda es espantosa. El olor insoportable. Hay que ventilar, hay que deshacerse rápidamente de los restos de lo que poco antes era un cargador. El paquete de baterías de litio se ha volatilizado literalmente, enviando pavesas oscuras por toda la habitación. Un pequeño desastre. No ha sido un golpe ni un portazo; el ruido seco lo ha causado la explosión de la batería de litio.

Por suerte hice un curso de incendios en mi centro de trabajo hace unos meses. Aún recuerdo el consejo gratuito y de una reveladora sensatez del profesor: «Comprad detectores de humo, son baratos y pueden evitaros un disgusto, creedme». Como soy exagerado, compré detectores para todas las habitaciones, incluido el pequeño distribuidor, el baño… todas, todas. Me han salvado de una catástrofe.

Pero, además, la fortuna ha querido que me haya apetecido tomar un café antes de salir de casa… estaba a punto de hacerlo. Gracias a ello he podido actuar.

Corolario

• Primera enseñanza: nunca dejéis una batería cargando sin estar pendientes de ella. No salgáis de casa sin haber comprobado antes que no hay ninguna batería cargando sin vigilar.

• Segunda enseñanza: tomad buena nota y seguid el consejo que a mí tan valioso me ha resultado; comprad e instalad detectores de humo en todas las habitaciones.

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