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Ochomilismo femenino

La historia del ochomilismo femenino es apasionante por los personajes que en ella confluyen, también trágica. Mujeres fascinantes, grandes alpinistas, como Alison Hargreaves, Wanda Rutkiewicz ó Chantal Mauduit desaparecieron viviendo este sueño de alcanzar las grandes cimas y, sobre todo, rompiendo las barreras que trataba de imponerles la sociedad. Un ejemplo muy sencillo para entender los hechos a los que se enfrentan las mujeres: el club más antiguo -British Alpine Club- fundado en 1857 no admitirá una mujer ¡hasta 1974!

Alison Hargreaves es la segunda persona en ascender el Everest sin oxígeno y sin sherpas (solo Messner lo ha hecho antes sin ningún tipo de ayuda. Recibe fuertes críticas al escalar la  norte del Eiger embarazada de seis meses. Su respuesta: “Estoy embarazada, no enferma”. Marcha de expedición dejando en casa a sus dos hijos pequeños y esto desata los comentarios. Algo que no ocurre con los padres expedicionarios.

Wanda Rutkiewicz, la gran alpinista polaca, desaparece en 1992 cerca de la cima del Kangchenjunga, su noveno ochomil. Esta montaña centrará el debate sobre quien es la primera mujer en haber completado los catorce ochomiles: Miss Oh ó Edurne Pasaban. En este número publicamos la entrevista que realizamos a Miss Oh sobre las dudas que rodean su ascensión a esta montaña.

Los hechos que conocemos nos permiten opinar que no alcanzó esta cima. Pero esto no quita valor a esta alpinista coreana que un día, cuando aún le separaban muchos ochomiles de las veteranas Gerlinde, Nives y Edurne, se propuso ser la primera en los catorce y se lanzó a un ritmo endiablado de expediciones para completarlos. En esta auténtica carrera desapareció Go Mi-Sun, la otra coreana que anhelaba cumplir este sueño. Miss Oh ha tenido que traspasar las barreras de una sociedad muy tradicional y jerarquizada. Lo importante de los primeros catorce ochomiles femeninos no es quien ha sido la primera, sino la historia de estas extraordinarias mujeres.

Personalmente, la que me resulta más humana y entrañable es la protagonizada por Nives Meroi. Asciende once ochomiles con su marido –Romano Benet-. En el Kagnchenjunga (¡otra vez este ochomil es clave para una alpinista!) Romano se siente mal. Desoye sus deseos de esperarle en la tienda del último campo mientras ella intenta la cima. Descienden. Una decisión que le salva la vida. No tiene mal de altura. Es algo más grave. Hoy su ochomil es superar, juntos, la enfermedad. Luego regresarán a las montañas.

(Publicada en el número 296 revista Desnivel -Febrero 2011- )

Darío Rodríguez