por

“HAZAÑAS”. No todo es gloria.

Estamos Lacasta y un servidor, sentados en el suelo desdoblando clavijas y

dando mordiscos al bocadillo de mamá entre martillazo y martillazo.

Aparentemente tranquilos, relajados, sin prisas..  Hace un solete bueno y

acabamos de desembarcar del autobús que nos ha traído a Vadiello. Para

nosotros es la primera vez que estamos aquí, nos han hablado del Puro, los

mayores. Y avisado “cuidado que cuesta más de lo que parece”, “cuidado que

hay artificial, que no hay nada puesto”… Pero nosotros, jóvenes pelín osados

pensamos que no será para tanto, total noventa metros… Además en Riglos

ya hemos hecho vias mucho más largas y en unos horarios rápidos para la

época. Nos sentimos temerariamente seguros y jugueteamos con la idea de

bromear con los mayores.  Ante tanta pachorra por nuestra parte, Esteban

de Pablo escalador y hombre sabio, preocupado porque se nos hace tarde,

nos aconseja no fiarnos. (Esteban con Cintero son los que habían hecho la

segunda escalada al Puro).    “A ver si os va a faltar día”, a lo que le

contestamos con un “nos sobra día y nos falta mallo”. El sigue porfiando,

nosotros terminamos los bocadillos y recogemos.  Por donde va esto…

Cogeís ese lomo y entrais en una canal que se abandona a la derecha y por

unas zarzas llegais al collado, le dais la vuelta y ya vereis..  Estas son las

fichas que solíamos usar en los años cincuenta y nueve y sesenta…

Dejamos la canal, pasamos por las zarzas y vemos por primera vez de cerca

el Puro y lo que será dentro de muchos años (35)  la via que abrió Garcia

Picazo, pues al pasar le he comentado a Lacasta, “mira esas fisuras

discontinuas, por ahí se podría hacer una via.  Pero de momento nosotros

vamos a la única via que hay y está en la cara opuesta del mallo.  Pasamos

por el collado y damos la vuelta hasta una cornisa arbolada, salvamos un

pequeño muro con presa de “garbancillo” y Lacasta se lanza a por la fisura,

encontrándosela limpia  tal como nos lo habian anunciado, aunque este no

es el problema, sino que tiene que hacer uso de la mejor artesania con los

clavos cortos y medianos que llevamos, cuando la fisura ancha y profunda

pide a gritos escarpas, tacos de madera incluso algún sable hubiese venido

bien.   Me recupera y le tomo el relevo. Estamos debajo de una panza.  La

subieron en 1953 haciendo agujeros con buril de 12 mm. metiendo clavos

cortos. (Como dato diré que en Riglos aún tuvieron que pasar muchos años

hasta que se hizo el primer agujero de buril).   No sé si fue por costumbre o

por estrategia pero no solo quitaron los clavos sino que los arrancaron y

rompieron los agujeros dejándolos inservibles, muy abocardados.  Parón.

Con paciencia y pericia, usando pitonisas y cuñas de madera en agujeros

que alguno no tenia ni un centímetro de profundidad  (en uno de ellos se

salió la pitonisa hasta cuatro veces)  fui ganando terreno y conseguí

sentarme en la cornisa-reunión encima de la panza. A partir de aquí, todo

es en libre..  Estaba disfrutando del momento mientras Lacasta se acercaba

a la reunión, cuando oímos unas voces y al seguido gritos desde la carretera.

¡Venga, que ya es hora! Que se va el autobús. Que se va hacer de nocheee…

Y de vez en cuando  tocada de cuerno  ¿En qué consiste?  En cerrar la mano

haciendo un tubo, ponerla en la boca y entonar un: tutú  tutúúúúúú    ¿Que

quiere decir?   Os vais a bajar.  No habeis podido.  No tenéis lo que hay que

tener. Etc..   Ese bullicio nos saca del ensimismamiento y nos preguntamos

que hora es.   Mientras Lacasta asoma la cabeza por la reunión, le digo.  Hora

de bajarse.  Al principio se sorprende, pero rápidamente entiende cual es la

situación y comenta ¡pero si lo que queda es fácil!   Vaya choteo que va  a

haber ahí abajo, pienso yo.

Comenzamos a rapelar y ya en el suelo escaseando la luz, vamos hacia la

canal bosqueando.   Los de abajo no se limitan a frotarse las manos, sino que

algunos cogen linternas y vienen hacia nosotros, señalándonos la buena

dirección con los focos, gracias a lo cual podemos encontrar senda y llegar

sin más a la carretera. Es denoche. El autobús un hervidero. La entrada

triunfal.   Tutú   tutúúúúúú         ¿Así que os sobraba día y os faltaba mallo eh?

Pues no Esteban, esta vez    “nos ha faltado día y nos ha sobrado mallo”.

          La frase estuvo coleando durante  meses, o años.

 puro de vadiello

Aunque no fue acuñada esta vez, sino que ya habia sido empleada en otras

ocasiones.

                   EL COLMILLO

Una de ellas no puedo contarla en primera persona, por no haber estado

presente, pero me la contó Cintero, gran fabulador y recolector de todo tipo

de historias.

Pues por lo visto, érase una vez que iban Montaner y Rabadá en un autobús

 a San Cosme y no sé porque razón Pepe Diaz a lomos de una moto.  Una vez

los tres reunidos, se dirigieron hacia una aguja llamada el Colmillo por lo

visto de no mucha importancia y escaso renombre. Una vez navegado el

mar de matas y teniendo en cuenta que la normal ya habia sido subida,

decidieron empezar por la otra parte, la más larga. Harían una primera.

Ahí empezó una fiesta en la que participaron activamente, en su primera

parte Rafael Montaner y Rabadá, haciéndole pasos de hombros.  Rafael

piensa que un poco más a la derecha será más facil, pero “como les sobra día”

se lanza.  Primeros jadeos, esta roca no sé..  el clavo no vale mucho..  hay

una panza..  vendria bien un paso de hombros.. este medio clavo no es gran

cosa.. si pudiera llegar a aquellas presas..   Entre ponte bien y estate quieta,

se les ha ido media jornada. Deshacen lo hecho y lo destrepan, paso de

hombros incluido.   Deliberan.   2ª Parte.   Vamos por la via normal, dicen

decididos. Aunque no es pronto, “todavia nos sobra día”.  En esta ocasión el

osado es Pepe.  Pone una clavija, sale a libre, pero se vuelve, pone otro clavo

y otro, vaya.. pues esto no parece que.. si pudiera.. quizas si.. otro clavo

más.. Pepe se “cansa”.   Nueva deliberación.  Como un poco más arriba han

visto una clavija abandonada, deciden que aunque ya es tarde, pueden subir

hasta ella, sacarla y luego se van. Esta vez toma el relevo Rabadá que sube

un poco más que Pepe y comienza a desclavarla. No puede, hace reunión,

sube Montaner recuperando el material, le hace un paso de hombros para

que pueda golpear mejor, Rabadá le pide que le cambie el martillo, sigue

sacudiendole y la clavija sigue tan campante.  “Deciden” dejarla, se bajan en

rapel y mientras recogen los bártulos rumian, ni primera, ni normal, ni

clavija y piensan mientras se retiran, “que no les va a sobrar tanto dia”.

 desde la mitra

Hablando con Pepe me ha dicho, que Montaner escribió un artículo para el

boletin de Montañeros de Aragón. Enero, febrero, marzo, abril, 1958.   

 Titulado: LOS”BUENOS”.  Para curiosos.                                                          

                      EL FRAILE                  

Y la otra, me la contó José Antonio Bescós protagonista junto a sus             

compañeros habituales Montaner, Rabadá, Nanin, Pepe y Navarro, en 

una de aquellas salidas con el Super  a nuevos lugares donde no se 

llegaba en tren o autobús.

En esta ocasión se trataba de ir al Salto de Roldan, concretamente a la

aguja El Fraile. Han aparcado en la explanada junto a la Peña San Miguel 

y se sabia más o menos que la normal estaba hecha o que debia estar 

hecha, además, estamos ante la plana mayor del alpinismo aragonés. Y 

no se pueden andar con medianias. Quieren una via nueva. Y por la

pared mas larga y abismal. Todos de acuerdo y se bajan hasta el rio 

Flumen, atraviesan la espesura y tratan de localizar el punto idóneo para

el ataque, no es facil decidirse, por aquí… no mejor por… yo creo que… 

a mi me parece… La mala roca amarillo-rojiza no ayuda en la decisión.

“Nos van a dar las tantas” dice alguien con dudas. Y entonces Rabadá, 

creo que es al que se le atribuye la frase, soltó,    ¡bah! “sobra día y falta 

mallo”.  Así que se deciden por algo y nuevamente empieza una historia

que se ha repetido muchas veces y que os habrá pasado a algunos de 

vosotros.    Ya voy yo, segundos después, vaya.. no creia que fuera tan…

es que.. si pudiera meter algo… por aquí no va a poder ser…  -dice uno-

“mira a ver por la derecha”. Otro, “cógete a la presa que tienes encima,

asómate”  “bájate tu, que me subo yo”,  no no, mejor será…       

Así va transcurriendo la jornada, sin conseguir grandes avances, hasta que

caen en la cuenta de que el dia va acortando y el mallo sigue bastante

entero.   “Deciden” dejarlo para mejor ocasión o para otros que se puedan

perder  por aquellos andurriales.

Cada uno pensando en lo suyo, desandan el camino de bajada, que ahora es

de subida, hasta la explanada y se montan en el  Super  rezando para que no

se les pare o pinche como ha ocurrido en otras ocasiones.

 con el super

R.Montaner/              J.A.Bescós/ P.Diaz/                                J.Vicente/A.Rabadá

                                      haciendo la foto: E.Navarro ? 

                                                                                     

                                                                                  

                                                     

                   

  1. Muy interesante este tipo de anécdotas.
    Espero que haya muchas más de éstas en siguientes publicaciones.
    Un saludo,
    Álex

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