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Misterio

Uno de los grandes temas de la humanidad es qué habrá después de la muerte. Sabemos que nadie lo puede comprobar hasta que no le esté sucediendo, que nadie lo puede trasmitir, que nadie te puede traer una prueba, un estudio científico…

El gran misterio en un mundo desprovisto de misterios.

Quizá por eso me fascina, como me fascina todo lo que seré incapaz de desvelar.

A menudo me comentan ¿Qué querías contar en tu novela, en aquel texto? Me quedo un rato pensando, sin querer ser borde o desagradable. Lo que realmente me gustaría responder es: quería contar lo que he contado ¿qué has leído tú?

El espacio que me interesa a mí no es el que está entre la obra y el autor sino el que se encuentra entre la obra y el lector. Ese misterio que la gran lectora hace de todo lo que lee convirtiéndolo en algo propio. No me interesan demasiado las conclusiones intelectuales de quien lee, me importa todo lo que es incapaz de decir de lo que ha sentido leyéndolo, todas las preguntas que no se pueden formular porque están dando vueltas en la cabeza, aquello que se introduce en las entrañas y luego sale por algún otro lugar indescriptible… me interesa el texto que ha leído él más que el que he escrito yo. Me apasiona la incertidumbre de saberme incapaz de comprender lo que ha leído, cuál ha sido su viaje, porque eso solo lo sabe ella.

Y tantas palabras nos alejan.

No pretendo ser la dueña de las palabras… solo las uso cuando no sé cómo decir lo que necesito decir. Me gusta la comunicación entre lo que escribo y lo que se lee… todo lo misterioso que queda entre medias y se parece más a una mirada, un abrazo, un silencio.

Sucede lo mismo con la escalada. Saber qué es esta vía, cuánto mide, qué tipo de escalada es, cómo son sus agarres y por supuesto el gran temazo: qué dificultad tiene. Es muy útil, es parte del juego, pero a menudo me gusta jugar a otra cosa:

A trepar sin expectativas, sin triunfos ni derrotas.

A saborear todo lo que envuelve cada movimiento, cada duda, cada miedo.

Y disfrutar de ese diálogo interior a veces consiguiendo un espacio en blanco.

A subir y sacar mis conclusiones que muchas veces tienen más que ver con cómo estoy yo (emocionalmente sobre todo pero también físicamente por supuesto) que con lo que pone en una guía o lo que opinan los demás. Y desde luego para mí serán más reales.

Es una necesidad buscar referentes, un marco por el que moverse. Pero cada vez más siento la necesidad de que en la vida haya amor y misterio.

Me gustaría librarme de todas las certezas.

Y navegar hacia el misterio sin buscar la respuesta, solo sujetar esa puerta que se abre sin saber a dónde me lleva.

Transitar por la vida.

Consciente de que el camino es un continuo aprendizaje.

Me pregunto si seremos capaces de crear un mundo que no nos arroye. De luchar por sueños en los que también quepamos nosotros, entender que es imposible separar lo emocional, de lo intelectual, de lo motriz…

En ese sentido hace un tiempo que he aceptado mi ser integral. Si no me muevo como necesito, si no tengo el tiempo de reflexión que necesito, el tiempo de emoción que necesito… no funciono… para esto la escalada me resulta esencial, es lo que me equilibra, lo que consigue que todo lo que habita en mí encuentre su lugar. Y sino voy poniendo parches y tirando pa´lante porque claro ¡me enseñaron a ser una luchadora! a esforzarme mucho por aquello en lo que creo y blablabla…  pero a veces lo que se queda en el camino, en la cuneta del camino durante esa lucha que se instaló en mí, es muy hermoso porque a veces es la vida en sí…

Y siempre está esa duda colgada en el aire ¿cómo ser capaz de perseguir algo que deseas sin vaciarte? Quizá no existan respuestas y ese sea el misterioso terreno donde se entienden los sueños y las ilusiones con lo real… quizá solo haya que estar dispuesta a ser traspasada por la experiencia, abierta a la transformación, al aprendizaje, a la pérdida…

Lanzarse, sin más, al abismo de todos los misterios.

 

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