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Mi viaje

A veces me siento tan ligera que pienso que realmente no tengo edad.

Otras me pesan las ausencias, y todas las vidas que ya no serán ¿de verdad que no podré flotar por el espacio? Me consuelo sintiendo que miro las estrellas con la misma intensidad de siempre, igual que disfruto como cuando era niña de la belleza del verde tras los días de lluvia.

Si me preguntas por mi viaje tendría que confesar que lo he olvidado casi todo. Pero que a veces un olor me trasporta a su casa, una canción a aquella noche juntas, un trueno a todos los paisajes, y un soplo a la piel de gallina.

Diría que ahora no necesito dividir el mundo en buenos y malos, o mujeres y hombres o tú y yo… los besos me sacian más que nunca.

Puedo pedir el sexo que deseo, sin miedo a que un posible no me despedace.

El viaje… vivirlo… plenamente…intensamente… agradeciendo esta carretera que sigue su rumbo incierto y misterioso y que se agrieta y que le crecen yerbajos y que tiene cuestas y profundos socavones ¡y ese horizonte allá a lo lejos y esas nubes que esconden un posible arcoíris!

Aceptar el deterioro sigue siendo una de mis asignaturas pendientes. Sigo mirando pasar el tiempo en mí con cierto recelo, sobre todo los pechos caídos que me dicen que algo baja y baja, sin dramatismos, con la sorpresa de que posiblemente es un movimiento que solo va en una dirección.

Comprender que soy una ola pero formo parte del mar.

Y me gusta la sensación de que no hay suelo, porque le da la razón a mi alfombra voladora.

Los miedos más arraigados ahí siguen, dando guerra, pero a veces consigo reírme con ellos, o plantarles cara o, mandarlos a tomar por culo… ya nos conocemos y sé que no vienen para quedarse.

Echo de menos la autonomía que te da estar sola. Y agradezco cada día los seres que tengo a mi cuidado. Sus llegadas me colocaron en un nuevo lugar, y me regalaron la pureza de un nuevo comienzo. Y su respiración profunda regula todas mis bocanadas.

Ya no intento responder todas las preguntas. En esencia es porque lo que me interesa es qué me estoy preguntando.

Y disfruto más que nunca de este invierno de cueva y ostracismo. Espero las flores sin ansiedad y con tremenda esperanza.

Hay algo dentro que me dice que sí, que he cambiado, que aquella ya no volverá… y me fascina encontrarme con ella en las esquinas de mi alma, confiando en que fue quien necesitó ser. La miro con cariño, condescendencia y cierta admiración. Las manos manchadas de magnesio, y solo necesitar gasolina, espaguetis y buena compañía ¿Sería capaz de bailar hasta el amanecer? Seguro que con esos zapatos no.

Comprender que si cada cual mira desde su naturaleza y desde su vivencia no puede haber unas gafas que valgan para todxs.

Si hago recuento del tiempo me doy cuenta de que ¿A lo mejor solo somos paisajes, sabores, olores, música? Me sigue sorprendiendo que los árboles en primavera suenan como una tormenta de verano. Y que estés a mi lado, acompañando mi absurdo… tu piel … mi compañera. Y el sabor del café.

Sigo mitificando mi escenario preferido: casa con ruedas galeón rodante. Ventanas que cambian según el paisaje, el aparcamiento, el tiempo o la mirada de dentro y de fuera.

Sigo buscando los mismos ojos al otro lado de mi cuerda, son pocos pero llevan ahí desde hace tiempo acompañando mi ascender y mi caer. Dándome aliento y alas. Conversación y consuelo… hay ojos nuevos, que poco a poco van haciendo de esa cuerda un tejido que crece y que se enreda. Un sutil mapa que compone gran parte de mi pequeño mundo.

Formar parte y sentirme una extraterrestre a la vez. Las raíces que quedaron allá. Las que aquí dejo crecer. La memoria de los rincones que nos conectan con versiones a las que también queremos mucho. Familia, amistades antiguas: esa poca gente que sabe cómo somos y aún así nos quiere.

He conseguido deambular por la noche sin aprensión. Disfrutando de la soledad del búho que siempre fui. Apreciar ese otro mundo de mariposas nocturnas y gatos callejeros.

Por nada me perdería este cielo plagado de estrellas que parecen brillar ahora solo para mis ojos.

Tocar la roca … menos de lo que desearía… El tacto… pego mi mejilla y siento que esto soy yo y entonces me echo de menos.

Tengo miles de secuencias, pero pocas en las que no salgas tú.

Y es tan tenue aquello que me hace vibrar que pienso que quizá se quedan demasiadas joyas en los flecos del vestido. Y cuánto me gusta que los mueva el viento.

Determinar una línea puede limitar. Anhelo curvas, no busco soluciones, ni curación, ni recetas… solo abarcar la sutil complejidad de este viaje… transformador. Ya no quiero que no cambie. Quiero seguir con la curiosidad intacta, hasta ser aquella mariposa.

Y ojalá que el viaje sea bien largo, y ojalá me deje traspasar por él.

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Comentario

  1. Guau! me encanta ser una parte pequeña de ese viaje, y como todo lo importante y bueno, cuando pasa el tiempo, brilla con luz propia, como tu