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Sorpresa

Miraba dos cuerpos casi ingrávidos que parecían volar entre acrobacias y gestos. Se deslizó del bolsillo por sí mismo, sin ayuda aparente. Aprovechando ese momento de distracción.

Plaf, contra el suelo.

Y el móvil roto, en principio un contratiempo, le dio la oportunidad de conectar con cierta incertidumbre en lo cotidiano, que es en ocasiones bastante incómoda pero de esa incomodidad que te espabila, te despierta, te aletea.

Se pregunta entonces:

¿Qué pasa con la sorpresa, lo inesperado, la espera?

¿Dónde se esconden ahora los desencuentros, los relojes retrasados, el tiempo perdido?

Llegar a casa sin saber si estará.

La sorpresa de encontrarle al otro lado.

Solo lo que hay. Aquí. Ahora.

Intuir qué hora es.

¿La vida sin pantallas se toca con más amplitud?

… hoy ha conseguido ver una gota justo antes de que caiga sobre la mesa.

Un aparato tan pequeño que ocupa un espacio inmenso.

«Justo el que se crea entre tus ojos y los míos»…

…Vacío.

Como todo lo que aparece tiene un lugar, tiene un valor. Ella valora también aquello que se quedó detrás:

Silencios incómodos, no saber el protagonista de esa película hasta que habla con su hermana, buscar la calle una y otra vez y encontrar en su lugar lugares fascinantes. Perderse. Encontrarte. Seguir buscando.

No saber si va a llover.

Bajar a oscuras de esa pared porque se dejó el frontal. ¿Y los croquis de las vías? Ups ¿qué tal si vamos a ojo? Aquella no tiene pinta de ser más de…

Quedar en una plaza llena de gente ¿ya estará aquí? Buscar con los ojos y con el corazón anhelante.

Que se paren a ayudarte a cambiar una rueda.

Las distancias… enormes.

Echa de menos esas caras con corazones en los ojos que le acercan a quienes están lejos. Y piensa en la magia de la comunicación, sobre todo en esos lenguajes inventados, que son solo fonética o símbolos sin un significado concreto. Que encierran tanta libertad porque pueden significarlo todo. Depende del tono y la mirada, del día y el alma, de los oídos, de la música de fondo, de lo recorrido…

¿De dónde nacerá esa necesidad de aferrarse a certezas, la comodidad, el control?

¡¡No saber a veces es tan maravilloso!!

Una profunda curiosidad hacia los misterios que aún necesita desentrañar.

El sudor escuece en las heridas de los dedos, el pie izquierdo muy arriba, el magnesio viaja en un soplido, el ritmo de la respiración, concentrarse en un pedacito del mundo…  algo completamente ridículo, absolutamente bello… el lugar donde conecta el alma con la punta de sus dedos, el cuerpo con los deseos más profundos, la mente en sintonía con el movimiento… piensa en todo aquello que parece que nos conecta y a menudo nos desconecta. Respira. Sigue subiendo.

Descubre que, si mira atentamente, sin interferencias excesivas, se encuentra en cualquier lugar con tesoros sorprendentes: la honestidad que pueden encerrar algunos cuerpos. Las historias que cuentan algunos objetos como ese globo que se le escapó al niño, o aquella bolsa de plástico que vuela alegremente, en medio de todo, sin sentirse despreciada por lo que es, sin ideales ni miedo a aquello que pone su alma en llamas.

Una  amiga y aventurera maravillosa le confiesa que a veces, cuando no tienes los medios, afinas de una manera peculiar los sentidos, la intuición, ese otro lenguaje oculto… como en mitad de un cruce de caminos, sin mapas, ni brújulas, ni referencias. ¿Hacia dónde seguir?

Y vuela una mariposa, y gira a la derecha… y decide que las señales de la primavera no se pueden ignorar.

A través de esa incertidumbre en el camino, de esa apertura a la incomodidad, a la sorpresa, descubre que emerge una honda claridad, como si hubiera llamado a la puerta de un lugar interior demasiado olvidado.

Un lugar donde puedes mirar la vida y hacerla real.

 

 

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