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Nieve Negra, entrevista a Martin Hodara, director

Los Pirineos se tiñen de sangre

Desde hace unos cuatro años, los Pirineos se han convertido en una localización utilizada por un buen número de directores y productores españoles (y algunos extranjeros) que han visto las posibilidades que les ofrecen valles de gran belleza como pueden ser los de Benasque, Ordino, Núria o la comarca del Capcir. Sea en España, Andorra o Francia, la nieve, la roca y los paisajes bucólicos se muestran al público de un modo nuevo, distinto, convirtiendo a la montaña en un protagonista mas de la acción. El rodaje en condiciones difíciles (o extremas) es algo a lo que en Escandinavia y los Alpes están muy acostumbrados, siguiendo los pasos de Arnold Fanck y Luis Trenker, especialistas en rodar cine de montaña en condiciones “complicadas” durante la edad de oro del Bergfilme (con la UFA alemana como máximo adalid).

Ahora los tiempos han cambiado, pero siempre se agradece el poder disfrutar de películas de ficción donde la montaña aparece como un personaje mas, mostrando en ocasiones su lado mas oscuro y en otras su vertiente mas positiva. El cine de montaña es un género realmente interesante, cuyos subgéneros pueden llegar a ser igual o mas interesantes. En 2014 pudimos disfrutar de Kamikaze, una peculiar comedia agridulce rodada en los Llanos del Hospital (Benasque). El filme del director Álex Pina narraba la historia de un terrorista suicida al que una tormenta de nieve le obliga a convivir en un hotel de montaña “ruso” con sus futuras víctimas. Recientemente pudimos ver en cines Contratiempo, con escenas rodadas en Vall de Núria y ahora nos llega Nieve negra, un interesante e intenso thriller, rodado en Argentina, el Pirineo catalán y en el valle de Ordino (Andorra). El director es nada mas y nada menos que Martin Hodara, uno de los ayudantes de Jean Jacques Annaud en Siete Años en el Tibet (rodada en gran parte en Argentina en 1997, debido a la prohibición china de roda en el Tibet). En Nieve negra encontramos a Leonardo Esbaraglia, Federico Luppi, Laia Costa y Ricardo Darín enfrentados en un intenso drama familiar cuyo final no develaremos.

¿Hasta que punto querías que la montaña se convirtiera en un personaje imprescindible dentro del filme?

La montaña siempre estuvo presente, desde la escritura del guión definitivo hasta el rodaje y el montaje. Quería que la montaña se convirtiera en el nexo de unión de unos personajes que, de algún modo, son llevados al límite. La nieve, el frío, la oscuridad…todo debe encajar dentro de la historia, acompañando a los personajes.

La montaña puede llegar a dar mucho miedo

La montaña puede llegar a ser terrorífica en muchos aspectos. A nivel psicológico desarma a los protagonistas, les devuelve al pasado, les hace ver sus carencias, les muestra fantasmas…la montaña, fuera de un contexto deportivo, también puede llegar a dar mucho miedo.

¿Qué cámara utilizasteis para rodar en altitud?

La rodamos con una Alexa, toda la película.

¿Dónde rodasteis exactamente?

Rodamos planos en el aeropuerto de la Seu d´Urgell (puede que sea la primera vez que aparece en una película) y en el precioso valle de Ordino, en Andorra. Los interiores de la cabaña están rodados en Argentina. Construimos una cabaña enteran en el Pirineo andorrano, utilizándola solo para los planos exteriores. Fue una intensa labor levantar en medio de la montaña el armazón de una cabaña vacía, pero nos ayudó a la hora de rodar en medio del Pirineo.

 ¿Tenías en mente a Ricardo Darín desde un principio?

Si, así es. Hace mas de veinte años, cuando yo era ayudante de dirección en un spot, conocí a Ricardo. A partir de ahí surgió un vínculo que nos ha permitido poder trabajar juntos. Hace años le pasé el guión y le encantó. Con el paso del tiempo, el proyecto fue avanzando, le dimos forma y pulimos aspectos de la historia que no terminaban de funcionar en mi cabeza. Cuando todo encajó, hablé con él y se unió a nosotros.

Es un papel distinto al que nos tiene acostumbrados

Ricardo es capaz de todo y mas.

¿Y Laia Costa?

Es una excelente actriz. Le da mucha fuerza a su personaje aunque al principio parezca frágil. La había visto en Victoria y me gustó.

 ¿Te sentiste cómodo rodando en el Pirineo?

Es una maravilla. Observar los cambios en el paisaje, dejarse llevar por el entorno, la altitud…Hay zonas del Pirineo central que son muy parecidas a los bosques de la Patagonia; dicha similitud nos ayudó muchísimo a la hora de montar la película. Es un recurso que ya utilizamos cuando rodamos Siete Años en el Tibet: Plano de Brad Pitt rodado en la Patagonia argentina, seguido de un contraplano rodado en el Tibet sin los actores. En esta ocasión utilizamos los exteriores del Pirineo fusionándolos con los interiores y algún plano de recurso rodados en Argentina, y el resultado es el que puedes ver en el cine.

Víctor Riverola i Morera