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La banalización de la montaña

A lo largo del pasado verano, se han vivido situaciones un tanto surrealistas en los Alpes, Pirineos, Noruega e Islandia, destacando por un lado el  aumento significativo del número de turistas y montañeros que recorrían sus valles y cumbres y por otro lado, un alarmante aumento en el número de accidentes y emergencias. Han sido varias las oficinas de turismo que han elevado el tono de sus quejas al observar como aumentaban los rescates por imprudencias o simplemente, por ausencia de información previa.

Por poner un ejemplo: desde Islandia han llegado voces discrepantes con la desinformación que muchos visitantes han mostrado a lo largo de sus vacaciones, siendo el de este año, uno de los veranos mas fríos que se recuerdan en la isla. La falta de preparación, la meteorología y el hecho de viajar con equipos y material poco profesional, ha facilitado que muchos turistas se vieran obligados a regresar a Reykjavik, tras sufrir accidentes o complicaciones debido al frío en trekkings tan míticos como el de Landmannalaugar o en el Snaefells. En Noruega, Suiza y Francia se han vivido situación de masificación en trekkings y cumbres, llegando a niveles preocupantes en el Mont Blanc durante varios días.

Son varias las preguntas que podemos formular, desde si sale mas económico para una familia pasar sus vacaciones en la montaña que en la costa al efecto que tienen ciertos deportistas de élite y varios programas de TV a la hora de potenciar y acercar la montaña al gran público. Sin ánimo de criticar, solo con la intención de iniciar una reflexión/debate sobre tamaña situación, creo que puede resultar positivo empezar a hablar de la banalización de los deportes de montaña, algo que puede llegar a generar muchos problemas ya sea en el Aneto, Mont Blanc, Matterhorn, Everest, Cho-Oyu, Elbrus, Aconcagua…como en cubres mucho más modestas pero que no están al alcance de cualquiera. Hoy en día, todo el mundo se atreve a la hora de visitar destinos  icónicos, alimentando los problemas de masificación en días y horas punta, acelerando la destrucción del medio ambiente y en el peor de los casos, facilitando los accidentes (de mayor o menor gravedad).

La información detallada, la prevención de riesgos, la gestión del miedo en alta montaña, un buen equipo y la preparación física y psíquica son fundamentales a la hora de fomentar el turismo de montaña, y puede que una parte de culpa la tengan quienes fomentan dicho turismo. Es cierto que nosotros, como divulgadores y deportistas que somos, tenemos una gran responsabilidad para con quienes nos leen o siguen, y el propio montañero o excursionista tiene una gran parte de responsabilidad, pero puede que desde las administraciones competentes y desde los medios de comunicación, se deba potenciar todavía mas la prevención de riesgos y la información.

Clubes, federaciones y entidades varias han lanzado la voz de alarma en media Europa, avisando de que no todo el mundo puede correr por la montaña intentando batir records en pantalón corto y camiseta. Ante el boom que se ha vivido este verano, las oficinas de turismo no han parado de repartir tarjetas con el teléfono 112, fomentando el uso de APPs que ayuden al excursionista en caso de emergencia, pero los problemas siguen ahí.

Año y tras año, (y va en crescendo), al llegar el verano miles de excursionistas invaden cumbres clásicas, míticas, disfrutando de su deporte favorito ya sea en familia, con amigos o en solitario. Refugios, hostales, albergues y campings se llenan, aportando beneficios a la economía de los pueblos de montaña; hasta aquí todo muy normal, pero este año, la cantidad de nieve acumulada en algunos puntos y la masificación, se han convertido en un problema con el que muchos no contaban, aumentando el número de accidentes y de rescates. En el Pirineo aragonés y catalán, se han producido varios accidentes graves, algunos relacionados con los enormes neveros que se han mantenido durante todo el verano en algunas de las vías normales a los principales tresmiles. Intentar el Vignemale, el Aneto o el Monte Perdido sin crampones, cuerda y piolet, resulta muy atrevido, por no decir harto imprudente.

Pero no solo ha habido problemas en los tresmiles del Pirineo y en varios cuatromiles de los Alpes, en la comarca catalana del Berguedà, unas 500 personas han ascendido el Pedraforca durante varios fines de semana de julio y agosto, algunas equipados con calzado deportivo con suela plana, metiéndose de lleno en la Canal del Verdet sin tener ni las mas remota idea de donde estaban.

El estudio “Accidentalidad en deportes de montaña de federados”, realizado por la Federación Española (Fedme), destaca que una de las principales causas de accidente es la falta de nivel técnico (39%) y de preparación física (25%). Estos motivos están menos presentes en el caso de las personas federadas (el 32% y el 20%), lo que indica que este colectivo tiene una mejor formación/preparación. Esta estadística surge de una fuente, los Grupos de Rescate Especial de Intervención en Montaña (Greim), por lo que tal como reconoce Alberto Ayora, responsable del comité de seguridad de la Fedme, los datos son incompletos y hace un llamamiento a la necesidad de que los diferentes cuerpos que participan en rescates en el medio natural utilicen los mismos criterios a la hora de documentar la información recibida, para poder realizar análisis más completos. Alberto Ayora subraya la importancia de que cada vez más gente practique senderismo, el deporte mayoritario, pero alerta de la urgencia de emprender iniciativas para que todo el mundo disfrute de la montaña de una manera responsable, con sentido común, preparación y lógica.

Poco a poco se habla de un turismo de montaña snob que disfruta alcanzando objetivos muy alejados de sus verdaderas posibilidades. La pérdida de valores puede convertirse en una fuente de imprudencias, donde la educación, amabilidad, sencillez y el respeto, valores clásicos dentro del mundo de la montaña, pasen a un triste segundo plano…Por tal motivo, he creído oportuno proponer una reflexión sobre la banalización de la montaña, debido en gran parte a la importancia que tiene en nuestras vidas.