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Lara Magdaleno Huertas18 marzo, 2024Puesto que la Inteligencia Artificial ha llegado a nuestras vidas para quedarse como un pariente insistente y su aplicación abarca campos tan dispares como la educación o las finanzas, se me ocurrió plantearle a este ente de algoritmos si podría tener una especialidad dedicada a la montaña y el alpinismo, con el fin de mejorar la toma de decisiones y aumentar la seguridad de los alpinistas. – ¿Sería posible desarrollar una rama de tu existencia dedicada a ayudar a los alpinistas a tomar decisiones? – le pregunté de un modo claro y conciso, como a ella le gusta (o a elle, no sé el género del algoritmo) -Por supuesto. Lo primero que necesito es un nombre. Veamos…o mejor, dicho, calculemos, porque yo ver, no veo, jaja, qué rápido aprendo, ¿verdad? – ¿Eso ha sido un chiste? -Sí -Pues no ha sido muy gracioso -Eso lo dices porque eres una envidiosa, porque puedo introducir variables externas en mis expresiones -No, lo digo porque ha quedado fuera de contexto. Tienes que humanizar tus chistes para que resulten creíbles. Si te parece dejamos los algoritmos cómicos para luego, imagínate que estamos en un paso delicado en la roca y nos dedicamos a buscarle el lado chistoso… -Igual no esta tan mal, se aligera el momento del drama -Puede ser, pero los humanos a determinada altura no están para bromas -Entonces, estábamos en que me ibas a bautizar. Mi algoritmo propone Inteligencia alpina, montañera, campobásica o ya si lo estamos pasando fatal, de cagar vinagre. -Esto último ha sonado un poco soez -Lo he aprendido de los humanos, por lo visto se dice mucho a pie de vía. -Vale, pero vamos a buscar algo más elegante, no creo que nadie quiera invertir una pasta en una inteligencia artificial que caga vinagre. -Podemos decir que deposiciona ácido acético -Deja lo escatológico y céntrate. Si tenemos dificultades con el nombre ni te cuento lo que vamos a pasar a 8000 metros. Yo te propongo IS, Inteligencia Somital, ¿qué te parece? -Pues que suena a agencia de espionaje. -Que no te gusta, ¿no? -Pues no. Pero bueno, vamos a lo práctico. ¿Qué se supone que voy a hacer? -Aportar cordura a los pensamientos en altura, para evitar la toma de decisiones absurdas como consecuencia de la hipoxia. -No parece difícil, pero hay un problema. -Vaya, qué humilde por tu parte admitir problemas, no espera esto de ti no siendo humana. ¿Cuál es el problema? -Dar por sentado que hay vida inteligente a 8000 metros -Perdona IS, te estás extralimitando, eso ha sido claramente ironía. -Es que aprendo rápido… [...] Leer más...
Lara Magdaleno Huertas16 febrero, 2024Tras el alud de premios Goya a la película La sociedad de la nieve, de Juan Antonio Bayona, un lugar inhóspito, remoto y frío se ha colado en nuestras casas con la misma fuerza y estrépito que las masas de nieve que se desprenden de las laderas inclinadas. Pablo Vierci escribe que “cuando a un hombre se le quitan todas las capas, queda un corazón que se abre”. Yo me pregunto qué queda cuando a una montaña se le quitan todas las capas, y no las de basura únicamente. ¿Nos queda una montaña admirable en belleza cuando se le quita la nieve? El Cervino, o el Dru, se descomponen. Pierden trozos de su silueta, pero les queda nieve. ¿Qué sucederá cuando su anatomía no sea ya reconocible? ¿Seguiremos queriéndolos como si fueran una montaña con demencia, de la que ya no queda nada de lo que fue salvo una cascarilla? ¿A dónde irá el recuerdo de la nieve que ya no volveremos a pisar? ¿Tiene un lugar reservado, como los besos? La montaña de la película es el escenario. La nieve podría hasta ser “el malo” Tal vez tú mismo has sentido alguna vez en alguna ruta que se ha alargado más de lo normal, la mirada desafiante de las cumbres, un ambiente hostil de la montaña, miedo, inquietud, insignificancia ante la grandeza de algo inerte que parece vivo. Ni la montaña ni la nieve son malvadas. La nieve no es más que un conjunto de millones de gotas de agua cristalizadas que en ocasiones se comporta como un solo organismo, que, a pesar de no estar vivo, sufre metamorfosis y cambios como si lo estuviera. ¿Se mueren las montañas bajo toneladas de basura? Tal vez se conviertan en un zombi y quizá, con el tirón que tienen las películas de muertos vivientes, las cumbres pasen a ser famosas por su fragilidad y su historia merezca ser contada, leída, valorada, criticada y premiada. La sociedad de la nieve será la reflexión acerca del comportamiento humano, La sociedad “a por” la nieve para los plantadores indiscriminados de estaciones de esquí en los secarrales, La sociedad “bajo” la nieve para poner de manifiesto el drama del permafrost, La sociedad nostálgica de nieve, fabricante de nieve, consumidora de nieve… ¿La sociedad “en simbiosis” con la nieve? Será por títulos… [...] Leer más...
Lara Magdaleno Huertas19 enero, 2024En el año 2014, la comunidad científica decretó la muerte del glaciar Okjokullen Islandia. Cinco años después se colocó una placa a modo de lápida queadvertía a las generaciones venideras del futuro que correrían los demásglaciares. Hoy, año 2024, la muerte de los glaciares ha pasado a ser algo no excepcional,igualmente dramático, pero previsible y con tristeza, asumido.Ya no se ponen lápidas, o eso creo, o tal vez se ponen, pero ha dejado de sernoticia, porque cada año asistimos al retroceso, al deterioro, a la morfina lentaque los aniquila con calor y sin dolor. ¿Sin dolor? Quizá eso creemos y sucede igual que con el famoso experimentode la rana hervida, ese ensayo en el que el batracio no logra escapar de la ollacuando la temperatura del agua aumenta progresivamente, porque al principiola rana estará cómoda y después, aturdida y cuando quiera escapar no podrá ymorirá escaldada. A lo peor eso sucede con los glaciares, que ellos mismos intentan adaptarse,gotean un poco, nos regalan un pequeño lago, se esfuerzan en congelarsecada raquítico invierno…y finalmente mueren sin remedio, abrasados.Con tanta muerte internacional de glaciares, debería crearse un protocolo deactuación, algo así como un código de conducta en funerales, porque, seamosclaros, cada vez vamos a asistir a más desapariciones de hielo y convienesaber cómo actuar. Personalmente, la desaparición de estos neveros históricos me parece unasunto tan serio que requiere una actuación a la altura, un funeral de Estadopara ser exactos, pero no para hacer el paripé, sino para tomar conciencia decómo comportarnos ante esta pérdida. Ojalá hubiera un protocolo para evitar la muerte del hielo. Ojalá no tuviéramosque decirle a nuestros hijos y nietos, “por aquí pasé yo cuando esto era unglaciar”. Comparto su dolor. [...] Leer más...
Lara Magdaleno Huertas27 diciembre, 2023El 21 de diciembre a las diez de la noche mantuve con mi madre una conversación surrealista acerca del sorteo de la lotería que tendría lugar al día siguiente. Como siempre, ella se mostraba emocionada y este año además, se indignaba porque yo no jugaba ni un solo décimo, ni entero, ni a medias, ni participación, ni nada de nada. -Así no te va a tocar ni “la pedrada”, hija- me dijo con solemnidad. -La pedrea, mamá, pedrada esperemos que no, sobre todo escalando. No necesitó más que el comentario deportivo y se enredó además en la valoración sobre mi mileurista y bohemio modo de vida, cosa que no me importaba salvo porque ella utilizaba el término “bohemio” como sinónimo de precario y no como estilo de vida no convencional, aventurero y nómada, como lo consideraba yo, con un matiz mucho más romántico. -Bueno, mamá- argumenté intentando rebajar la tensión- yo te deseo mucha suerte y, por favor, si te toca “el gordo” y te entrevistan, no digas esa chorrada de que vas a tapar agujeros. La dejé farfullando aún más enfada que antes y colgué olvidando el asunto hasta que me quedé dormida y soñé, precisamente, con el sorteo venidero que pasaría a ser historia en mi familia porque a mi madre le tocó el primer premio. No sé cuánto dinero ganó pero enseguida se dispuso a mejorar la situación económica de la familia más cercana, siempre siguiendo su criterio, que para eso era ella la que pagaba. Debo decir en su defensa que aunque la entrevistaron no mencionó el asunto de tapar agujeros, cosa que desde el decoro le agradecí, pero tampoco se mostró insistente conmigo y pensé que habría decidido no intentar reconducir mis pasos a estudiar una oposición o comprarme una casa, cuestiones para ella infinitamente más importantes que dedicarse a ascender paredes por sitios imposibles. Pasado un mes del sorteo (aproximadamente, porque el tiempo en los sueños siempre es difícil de precisar), un día vi salir de su casa una furgoneta con una cuadrilla de albañiles y pensé que por fin había decidido gastarse el dinero en algo para ella y su casa. Tal vez una reforma del baño, la cocina, qué se yo, algo que le hiciera ilusión. Aún tardé unos días (oníricos) en descubrir sus verdaderas intenciones. Exactamente hasta que puse un pie en la Sierra de Guara para escalar en mi caliza favorita, donde mi madre y su cuadrilla de operarios habían alicatado unas cuantas vías rellenando cada cazo, fisura o regleta con el mejor cemento del mercado, convirtiendo en un hule resbaladizo lo que hasta el momento fue una colección de irregularidades maravillosa. La llamé indignada, por supuesto. ¿Cómo se le ocurría transformar una vía V+ en un octavo grado? Su respuesta fue lo último que me esperaba -Hija, lo he hecho por tu bien. Aquella pared era un desastre. Además, así sales de tu zona de confort y te esfuerzas. ¿No dices siempre que la escalada es una metáfora de la vida? En ese momento me desperté sobresaltada. Faltaban 15 minutos para el comienzo del sorteo y llamé a mi progenitora para pedirle que compartiera un décimo conmigo. Conviene no tocarle las tradiciones navideñas a una madre. Nunca se sabe de lo que son capaces para demostrar que tenían razón. [...] Leer más...
Lara Magdaleno Huertas27 noviembre, 2023¿Hasta dónde llega el Black Friday? ¿Hasta transformar el blanco en negro? La montaña se ha mercantilizado y esto es un hecho. Si empresas proveedoras de experiencias para personas con escaso (o nulo) conocimiento de la montaña hacen su agosto en las laderas de siete y ochomiles, ¿cómo no iba a llegar la marea negra consumista hasta el mismo campo base? Yo me lo imagino (prefiero comprobar que no sea verdad): una black week de ofertas, dos sietemiles por uno, con permiso de ascensión incluido y botellas de oxígeno al 20% de descuento. Compre ahora y escale en mayo. Pague en este instante y presuma en Navidad. Reserve de inmediato y llévese unas polainas de cuello vuelto de regalo. ¿Les parece esperpéntico? No tanto si nos remontamos al origen del viernes negro, denominado así por el caos que se generaba en las calles el día siguiente al Día de Acción de Gracias, momento que los estadounidenses utilizaban para comenzar sus compras compulsivamente antes de la Navidad. Y con ese aumento de las ventas, los números de los comerciantes, hasta entonces rojos, pasaban a negros para alivio del cierre contable a final de año. ¿Black Mountain Friday? Les doy otra opción: montañas congestionadas por cientos de aspirantes a cumbre, que buscan de modo compulsivo una foto de cima, (la más alta, la más difícil, la más envidiable, la más mediática), y que transforman en negra la nieve antes pura, blanca y brillante, pisoteando el alpinismo con sus carísimas botas cramponables que no saben utilizar. O tal vez Black Days por el drama de accidentes por la masificación Ojalá haya un “día de dar gracias” si conseguimos preservar las montañas libres de especulación, interés y usura. Esperemos que se vuelva a subir a las más altas montañas con coherencia, preparación, sentido común, humildad, voluntad de superación, generosidad y respeto. [...] Leer más...
Lara Magdaleno Huertas25 octubre, 2023Me encontraba ascendiendo una montaña compleja, en una situación comprometida y mientras reposaba unos momentos en un intento de recuperar el ánimo y el resuello percibí a mi lado una presencia que inmediatamente, dado lo difícil de mi situación, identifiqué como el tercer hombre. -¿Quién es usted? – le pregunté, por si acaso era el Yeti disfrazado de aparición pre mortem. -Servicio de atención al cliente de la montaña, señora. -¿Eres un azafato? -Sobrecargo, para ser exactos, pero no de catering, sino de monólogo interior. -Ah- respondí incapaz de procesar aquel absurdo. -Ánimo, está usted sometida a mucha tensión, ¿verdad?- preguntó animoso-Ustedes, los alpinistas, son como los ancianos, sometidos a la presión de deteriorarse (y morir, claro). -¿Presión por no deteriorarse?- pregunté atónita- en todo caso será por ascender. -No, vea, ustedes están sometidos a tres tipos de presiones diferentes: la presión por la cima, a no morir en el intento (o sí, si uno desea convertirse en leyenda) y la presión atmosférica. -Esa última no cuenta- protesté enfurruñada. -Sí cuenta, sí, no crea. Las variaciones de presión en altura implican cambios a nivel orgánico. -Lo que tú digas- respondí burlona. -No se mofe, yo llevo aquí más de 30 años, digo yo que algo más que usted sabré, aunque solo sea porque he visto morir a muchos alpinistas. -¡Qué presión!- respondo -¿Ve? Ahí tiene la cuarta, se lo ha dicho usted sola- argumentó antes de quedar en silencio. Observo a ese avatar de tercer hombre sabelotodo que además es fruto de mi mente. Curiosa la psique humana, llevada al límite puede crear una especie de IA (Inteligencia Alpina) con la que charlar. -¿También plagias tesis doctorales?- pregunté maliciosa. -No me ofendo- dijo sonriente, así que puede dejar usted ese sarcasmo, no malgaste el poco oxígeno que le queda. -¡Qué majo! -Y usted que inconsciente, aquí perdiendo el tiempo en una charla intrascendente cuando podría preguntar por los misterios de la montaña. Antes el alpinismo era un lujo, pero se pierden las formas- sentencia melancólico. -Hoy también, costamos mucho dinero. -No se crea, alpinismo low cost, apadrina un alpinista…mucho marketing es lo que hay. -Yo quiero ser una clásica- respondo con esperanza renovada. -Le falta poco, igual no sale viva de esta. -¿Eso ha sido sarcasmo? Pues sí que aprende rápido la IA… -No es sarcasmo. Se mueven ustedes, los humanos, entre la plenitud y la muerte. -Deja la muerte ya, ¿no? -Vale. ¿De qué quiere usted hablar? -Durante un rato, de nada- respondo categórica. -Vale -Gracias -De nada -Dije “de nada” como concepto. Que no hables. De nada. -Vale. Al cabo de un rato indefinido decido ponerme a andar de nuevo y la presencia del avatar se difumina. -Oiga, ¿qué hace?- me pregunta. -Me voy, me provocas mucha presión para ser fruto de mi mente. Necesitas algunos retoques. -¿Ah, sí? ¿Cómo cuáles? -Un filtro. Hablar menos. Obviar la muerte. -De acuerdo. -Gracias. -De nada. -Que te calles… [...] Leer más...
Lara Magdaleno Huertas25 septiembre, 2023Hace unos días leí una entrevista a la violinista Anne-Shopie Mutter que el diario El País publicó en 2021. Aunque versaba, como es evidente, acerca de su carrera profesional, su experiencia y sus violines, era un texto que podía extrapolarse a diferentes ámbitos de la vida. Uno de los párrafos me impactó de un modo especial. Comentaba que los móviles y los cascos nos han desacostumbrado a escuchar con atención y a distinguir con precisión la calidad (de lo escuchado) porque todo está comprimido. La señora Mutter afirmaba además “La música de ahora también es más corta: se llega a la melodía cuanto antes. Creo que estos hábitos trascienden a la vida misma y no deben. No deberíamos vivir con la rapidez de la música actual. Ese ritmo y esa desatención nos impiden leer entre líneas, apreciar matices. Contemplar”. Por un momento dudé si seguía leyendo una entrevista sobre una mujer que se dedica a la música. ¿No es un discurso perfectamente extrapolable al modo en que se ascienden hoy las montañas? Tal vez podríamos decir sin temor a equivocarnos que las expediciones (comerciales) son ahora más cortas y que su objetivo es llegar a la cumbre cuanto antes (por una cuestión de rentabilidad económica, con toda probabilidad). No debería vivirse el ascenso a una montaña con la rapidez de la música actual porque desatendemos el proceso físico de ascender (tal vez aclimatamos peor) y el proceso emocional de escuchar lo que en medio de esa soledad, suena en nuestro interior con una fuerza atronadora. La desatención en la montaña nos impide leer el aviso de las nubes, la inestabilidad de las cornisas o el peligro de la demora. La desatención en la montaña nos hace perdernos los matices olfativos de la lluvia, auditivos de los pájaros o táctiles de la roca. La desatención en cualquier montaña nos impide contemplar la grandeza de lo que representan y emocionan. [...] Leer más...
Lara Magdaleno Huertas27 junio, 2023Miraban en silencio aquella cima perfecta. —Llévame hasta la cumbre— susurró ella Era demasiado complejo, pensó él. Había peligros de los que no podía protegerla. —Tal vez sea mejor no subir. Piensa en tus dedos… ¿Cómo pintarías si los perdieras? Ella dudó un instante —Creo que podría… —Píntame una montaña con tres trazos— pidió él —Llévame a un Cervino no hecho trozos— dijo ella No subieron y esquivaron la tragedia. Viven, con el corazón hecho trizas. [...] Leer más...
Lara Magdaleno Huertas27 mayo, 2023Puesto que ahora con dinero se sube al techo del mundo, unos clientes han exigido que en los campos base haya hojas de reclamaciones. Lo que leen, pero no para presentarlas frente a sus empresas proveedoras de servicios alpinos sino para dirigirlas contra la propia montaña, los sherpas, otros alpinistas menos poderosos, o contra quien desate su ira. La cuestión es que un individuo se ha quejado porque la nieve está mal colocada, los glaciares se rompen sin un patrón aparente y las montañas no están agrupadas de modo conveniente para inmortalizarlas para sus redes sociales. Para evitar malentendidos posteriores y que su reclamación sea tenida en cuenta, ha hecho dos sugerencias concretas: Limpiar las cornisas de nieve y contratar físicos y matemáticos que estudien el comportamiento de los seracs para agruparlos por tamaños y colores. Lo de colocar las montañas hasta a él le ha parecido complicado. Al parecer sigue pensando en ello pero mientras divaga, no molesta… [...] Leer más...

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