Muerte y renacimiento, el origen de una Actitud.

Es tarde, hoy ha sido un día agotador, toda la mañana dedicado a fondo en acabar la vía. Obsesionado. llevo al menos una semana trabajando en ella, quizá más o puede que menos. No sabría decirlo. Los días pasan sin apenas interrupción ni diferencias entre ellos salvo alguna pequeña conversación con mi vecino Heimdall el Tagarote, un Halcón que vive al otro lado del barranco, en un gran agujero en las alturas. Desde su azotea se ve el mar, y por supuesto es testigo de todo lo que hago.

 

Hace tiempo que no hablo con nadie, Bene se ha echado novia y está bronceando su culito blanco en las playas del sur de la isla, y Sinan nunca baja por el barranco a no ser que esté preocupado por mí. Quizás debería ir a hacerle una visita. Seguro que me sienta bien parar a descansar un par de días entre cuatro paredes que no sean de roca volcánica, una ducha caliente y una cama bien blandita en la que descansar y reponer fuerzas. Creo que subiré mañana, cuando termine la vía..

Solo me quedan unas cuantas chapas al comienzo. Quizás poner un pasamanos de cuerda para poder acceder más cómodamente al pié de vía, y poder encarar los cincuenta metros de empotres de manos por fisura y contraposiciones de pies en el diedro. Que diedro… Es perfecto. Con todos esos agujeros a ambos lados de la fisura. Ese pasito fanático del final donde el empotre parece que se vaya a quedar con tu dedo meñique y esa exquisita repisa con ambiente desde la que se encaran los dos largos de la vertical. Por no hablar del acceso a dicha repisa; una travesía de izquierda a derecha sobre regletas y adherencias en una plancha de basalto, es como si los dioses hubieran escuchado mis plegarias con este lugar. Está decidido! no voy a poner el pasamanos! quien quiera llegar a la repisa que escale. Siempre se puede acerar la travesía. 

Travesía de acceso a la fisura principal

Pensándolo bien son pocas chapas, si voy ligero yo creo que me da tiempo, la dejo lista y a puntito para probar mañana a primera hora.

Vuelta al campo base, recojo algunas chapas, cambio baterías pego una cucharada de gofio que trato de mezclar en mi boca con un buen trago de agua antes de tragar y… nos fuimos! estoy listo de nuevo. 

 Pues no he tardado tanto como esperaba! la roca me ha dicho donde había que instalar los seguros y el trabajo de limpieza a fondo de los últimos días ha sido bueno apenas queda nada que se pueda romper. El lugar ya es bastante tétrico de por sí, y la gente parece que le tiene cierto respeto, o miedo. Dicen que hay mucha cascarilla, y es cierto! haha!!! pero forma parte de su encanto. Una vez limpias, cada vía que abro y escalo me parece mejor que la anterior. Este agujero no deja de sorprenderme. Me tiene encantado, enamorado. Y ahora me espera lo mejor de todo, escalar una vía nueva! Ya tengo ganas de que sea mañana.

Dejo taladro, martillo y de mas herramientas en la mochila y las descuelgo hasta el camino. Sin quitarme los pies de gato voy tirando de la cuerda fija por la que llevo días subiendo y bajando, colgando de arriba abajo escudriñando la pared en busca de los mejores emplazamientos. Una vez sin cuerda todo se ve de otra manera. En silencio repaso cada sección desde el punto en que me encuentro hasta el top. Cada apoyo de pies sobre el diedro, cada empotre de manos y cada agujero en el que reposar forman tanto parte de la pared como de mí mismo. Me invade una sensación de alegría y regocijo mezclada con ansiedad. Estoy emocionado, muy emocionado. Siento la vía como si fuera mía, como si hubiera sido hecha para mí, pero no por mí. El ansiado regalo, un trofeo símbolo de mi triunfo! No puedo esperar mas, no quiero esperar más! Está decidido, voy a subir…

La vía

La vía.

Sigue siendo de día, calculo que me quedarán un par de horas de luz operativas para escalar, pero he tirado la cuerda fija y aquí no tengo el equipo necesario para atacar auto-asegurado. Un instante de duda nubla mi mente, pero se disipa tan rápido como ha venido. No voy a ir hasta el campo base a por el material, no hay necesidad. Lo único que necesito ahora es escalar, empotrar ambas manos en la fisura, retorcer mi cuerpo por cada uno de sus rincones. Sin ofrecer resistencia, sin pensar demasiado. Solo escalar.

Toni entrando en la fisura, antes de la repisa (primer largo)

los primeros metros se sienten como mantequilla tibia escurriéndose entre los dedos. El diedro me abraza y recibe siempre acogedor con todas esas posibilidades dispuestas para que yo las disfrute. Mis pies se mueven solos por la pared, a ambos lados; derecha, izquierda y arriba, siempre arriba. Mi cuerpo se mece de un lado a otro pendiente siempre de un punto de apoyo, a veces dos. Una mano cierra dentro de la fisura, otra sostiene el peso del cuerpo en contraposición. La fuerza de la gravedad que hace oscilar mi cuerpo serpenteante me zarandea de un lado a otro aprovechando todo el ángulo que ofrece la pared. Me siento como una araña. Es como si tuviera tres pies, y mi mano fuera un gran gancho sobre el que colgar. No hay necesidad de traccionar. Mis bíceps están estirados la mayoría del tiempo, lo que me da una sensación de relax poco habitual en vías de este tipo. Que fisura, que diedro, que vía!

 Un momento para coger aire antes del paso clave. Me encanta esta parte, puedes elegir entre abrirte a la derecha y reposar amarrado de un agujero del tamaño de medio cuerpo donde se puede empotrar el hombro, incluso la rodilla, o bien puedes quedarte encarando la fisura, con ambos pies a cada lado y todo el brazo extendido dentro de la pared. Es como si la roca te envolviera cuidando de ti para que estés tranquilo antes del momento decisivo. Se siente frío, pero acogedor y reconfortante. Unas cuantas respiraciones profundas para bajar pulsaciones y…

Entrando al paso clave

Lo más difícil es abandonar el reposo, sobre todo porque sabes que una vez metido «en vereda» ya no hay vuelta atrás. Unos metros de escalada sencilla sobre el corner te aproximan a lo que se presenta como un pequeño saliente picudo en forma de embudo. Aquí el ángulo del diedro se cierra ligera y amablemente ofreciendo una buena superficie de contacto a ambos lados sobre la que apoyarte y progresar. Por otro lado, es un paso extraplomado, el primero y único paso con algo de desplome de toda la vía, lo cual lo hace inevitable e irresistiblemente psicológico. 

Asegúrate de subir bien los pies y no pierdas la solidez del agarre de partida. Da igual que mano saques derecha o izquierda, ambas encajan bien. A mí no me encaja bien el dedo índice propio de un empotramiento supino, por lo que tengo que sacar un poco más el cuerpo para poder acceder al estrechamiento más positivo de la fisura con el dedo meñique. Que maravilla! me siento como un dios de la roca paseando por las alturas de su jardín vertical privado. 

Cierro el agarre todo lo que da de sí. Miro a bajo, tengo que re colocar los pies para poder remontar hasta el siguiente agarre. Vacío…

Mis manos se aferran a la roca escudriñando sus rincones en busca de una oportunidad, pero no es momento de entretenerse con quimeras. Solo hay que escalar. Una mano cierra abajo y la otra arriba. La primera acerca el cuerpo a la pared y la segunda lo mantiene colgado. Algo parecido a un mantel. Solo queda colocar los pies en buen lugar, a la altura del pronunciado saliente que queda ligeramente por debajo de mis caderas, para poder asentar mi peso y levantar el cuerpo. Es entonces cuando lo siento, el punto de no retorno. Estoy totalmente contraído en un pequeño rincón de roca a unos cincuenta metros del lecho del barranco, y tengo que soltar una mano. Lo que hasta hace unos instantes había sido una simple acción más, ahora supone todo un desafío, esto acaba de convertirse en una vivencia trascendental. Estoy solo, no tengo más compañía que la de Heimdall que todo lo ve, pero él no puede ayudarme, está muy por encima de todo esto. No hay cuerda, ni cintas que me protejan. Paradójico ¿no? Una semana metiendo parabolts para esto. Una pregunta aparece en mi mente: 

-¿Qué estoy haciendo?…

 

Esta pequeña aventura fue, hace ya mas de cinco años, la que probablemente mas me hiciera reflexionar sobre el rumbo que estaban tomando mis decisiones como escalador. Supuso mi primera experiencia de escalada en solo integral y, puedo asegurar que fue la primera vez en mi vida que me sentía «SOLO», solo de verdad. Esto me hizo reflexionar a cerca del rumbo que estaba dando a mi carrera como escalador y mi vida personal. Supuso un antes y un después en todos los sentidos y, aunque el cambio no fue de la noche a la mañana, es mucho lo que he aprendido y mejorado en estos años.

Este suceso se instaló en lo mas profundo de mi ser, apoderándose de mi «mente» y sembrando una semilla de nuevos miedos e inquietudes que me llevaría mucho trabajo llegar a comprender.

Después de algún tiempo volví a experimentar con la escalada en Solo Integral, esta vez de forma mas consciente, buscando los límites y las lecciones que necesarias para comprender… Nunca lo compartí con nadie, hasta hace relativamente poco.

 

La primera de varias aventuras con las que aprendí una lección de valor incalculable. Y tal vez por eso la he escogido como la entrada de mi siguiente libro #Actitud 2.0 «el arte de escalar en Solitario» donde trato de dar respuesta a toda esa incertidumbre que rodea siempre, con un velo de misterio y emoción estas dos palabras: SOLO INTEGRAL. ¿Por qué? ¿Para qué?…