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Del Midi al Vignemale junto a Ernesto Navarro

Empezaremos con un poco de transmisión oral… Hace ya tiempo que me contaron que Ernesto Navarro llevaba un diario donde describía, sobre todo, sus escaladas. Curiosamente, me lo dijeron en Madrid, que no en Zaragoza. El caso es que, desde entonces, he preguntado por tierras aragonesas y nadie ha sabido darme ninguna precisión sobre este tema tan prometedor. Todo lo más, me han confirmado que, en efecto, el escalador de Fuencalderas escribía muy bien. Eso, a despecho de que fuese su compañero Rabadá quien más se prodigara por los relatos de sus aperturas… Con periodicidad, cierto colega de la Capital del Reino se interesa por estas pesquisas y, al constatar mis pobres resultados, me dedica un tironcillo de orejas. En dichas conversaciones, más que cordiales y amistosas, a mi interlocutor se le suelen escapar expresiones en plan: “¡Pero cómo sois los maños con vuestras cosas!”. Quizás no ande muy desencaminado el mozo.

 

A modo de humilde expiación, he encontrado el siguiente texto, de título bastante insípido: “La ENAM en Pirineos”. Andaba, el pobre, un tanto escondido dentro del Boletín de Montañeros de Aragón número 64 (I Época), correspondiente a abril-junio de 1961. Entre sus páginas, se relataba la participación aragonesa en cierto stage de la Escuela Nacional de Alta Montaña celebrado del 23 de julio al 1 de agosto de 1961. Veamos, pues, cómo discurrió el referido curso para un Ernesto Navarro que, por esta vez, viajaba sin Alberto Rabadá. Eso sí: bien escoltado por otros compañeros…

 

El grueso de la representación de nuestros Fontaneros de Oregón había partido en tren desde Zaragoza: Ursicino Abajo, Rafael Montaner y Ernesto Navarro. En Sallent se les unirían Antonio Lacasta y Gregorio Villarig. Situaremos al quinteto aragonés en el refugio de Pombie, bajo la sombra del Midi d’Ossau, antes de ceder la palabra a Navarrico:

 

“Al día siguiente, 24 de julio [de 1961], es mi cumpleaños. Gracias… Habíamos pensado ir al Pilar Sur del Grand Pic, pero sale lloviendo, dando al traste con nuestro proyecto hasta que, a media mañana, al cesar la lluvia, en tres cordadas compuestas por Montaner y Regil (el segundo, de Bilbao), Lacasta y Villarig, y Ursi [Abajo] conmigo, decidimos encaminarnos hacia las Tres Puntas, con ganas de aprovechar un poco el día haciendo la travesía y ponernos un poco al corriente de la configuración del Pic [Midi d’Ossau]. Lo pasamos estupendamente, reconociendo bien el macizo, y hacemos apetito para dar cuenta de un pollo como un avestruz. Después, dejamos transcurrir la tarde en una tertulia polémica entre madrileños y una coalición vasco-aragonesa, sobre la distinta manera de ver la escalada o, por lo menos, de practicarla […].

 

”El tercer día promete ser maravilloso, y un poco más tarde de lo previsto salgo con Ursi hacia el Pilar. Lacasta y Villarig se van al espolón Este de la punta Jean Santé, y Rafael [Montaner] tiene que regresar a Zaragoza. Remontamos la infernal glera [pedriza] llamada Grande Raillère, y nos metemos decididos en el impresionante Pilar, animados por su fama de difícil y bonito. Durante el resto del día, nos embebemos en la subida de parte del Pilar, disfrutando de una preciosa escalada por una sucesión vertiginosa de diedros, hasta que al atardecer decidimos vivaquear.

 

”El día 26, cuarto desde que dejamos Zaragoza, nos amanece en una cornisa a dos largos de cuerda del final de las dificultades; quizás, los dos largos más bonitos, lo que podremos comprobar luego, por sus salidas a libre tras los tramos de artificial. Llegamos a la cumbre hacia el mediodía y, en el descenso, cerca ya del refugio, nos encontramos con todo el contingente de madrileños que bajan de la [vía] Jolly después de un vivac colectivo […].

 

”Al otro día [28 de julio de 1960], después de haber dormido en el refugio de juventud de Cauterets, subimos en coche hasta el Pont d’Espagne, donde nos juntamos nuevamente con Regil y Villarig. Remontamos el valle de Gaube hacia Baysellance: la pesada carga que llevamos no impide que gocemos de la belleza de este maravilloso rincón que nace en la vertiente norte del Vignemale, el más alpino de los macizos pirenaicos.

 

”El 29 de julio, nuestra intención es ir a los séracs del Petit Vignemale y, poco a poco, se nos van uniendo en el proyecto las demás cordadas. Villarig y Regil delante, y Ursi conmigo, les seguimos un poco distanciados por la pendiente donde comienza la primera barra de séracs. Es en el segundo largo de cuerda cuando Regil, que va en cabeza, resbala, y su compañero [Villarig], que no puede aguantar la caída, sale disparado, para aterrizar veinte metros más abajo, sobre la dura pendiente de hielo. Corremos hacia él y lo encontramos con ambas piernas partidas, resultando Regil ileso.

 

”Afortunadamente, en medio de todo, por el sitio y con la cantidad de gente, la evacuación de Villarig no resulta problemática; lo trasladamos en camilla hasta el refugio y, desde allí, un helicóptero se lo lleva a un hospital de Lourdes.

 

”El día 30, Ursi y yo, que hemos quedado como toda representación aragonesa, decidimos descansar de lo movido del día anterior, algo impresionados, además, por el accidente de nuestro camarada; el día 31, hacia las 3:00 h, salimos hacia la cara Norte del Piton Carré.

 

”Descendemos el glaciar del Petit Vignemale, remontamos el de las Oulettes y, al amanecer, nos encontramos iniciando el corredor de Gaube. Hacia la mitad de él, nos encontramos a dos cordadas de Madrid que habían empezado el día anterior y, tras un vivac, se están retirando. Nos recalcan las malas condiciones e insisten en aconsejarnos que bajemos, pero considerando un poco absurdo el abandonar nada más empezar y, además, por referencias, de acuerdo con mi compañero [Ursi], decidimos seguir y comprobar las malas condiciones por nosotros mismos.

 

”Hasta el mediodía, no tenemos nada que objetar sobre cómo se presentan las cosas; tirada tras tirada, avanzamos por una pared bastante buena, nada fácil pero sin los pasos excesivamente difíciles y, las únicas malas condiciones nos las proporciona una nube que repentinamente deja escapar su carga de agua y hielo sobre nosotros.

 

”Como no llevamos material de vivac, continuamos la escalada rápidamente, con ánimo de salir en el día, pero un par de horas más tarde, otra tormenta más fuerte nos hace guarnecernos completamente empapados en una cornisa, esperando a ver en qué queda la cosa…, y esperando, esperando, tiritando, llega la noche sin haber cesado el mal tiempo. Después, sin lluvia ya, esperamos el amanecer con esa filosofía de vivac ingrato.

 

”El primer día de agosto, martes para más detalles, amanecemos por segunda vez en estas vacaciones en una cornisa, pero al contrario que la otra en el Pilar Sur [del Midi d’Ossau], no nos entretenemos, sino que salimos zumbando hacia arriba, deseando no tropezar con más nubes. Hay suerte y, a media tarde, estamos en Baysellance reponiéndonos a base de mucha comida y bebida […]”.

 

Hasta aquí, los avatares del curso con la ENAM. Sin embargo, Ernesto Navarro añadiría unas palabras de despedida destinadas a los lectores de su Club. Las servimos, pues ayudarán a conocer a este hombre habitualmente reservado:

 

“Con un poco de nostalgia de montaña, tomamos el tren de Canfranc, satisfechos de haber mantenido el pabellón del montañismo aragonés y de llevar la batuta en actividades a pesar de nuestro tradicional desamparo en cuanto al equipo, lo que se puede comparar, en contraste con el que exhibían otros participantes”.

 

No; no corto aquí la entrada… Por alusiones, dedicaré otro párrafo más a ese accidente de Gregorio Villarig que narraba un poco por encima Ernesto Navarro. Mejor aún, que nos lo cuente el propio interesado a través de cierta entrevista que Ricardo Martí le hiciera en 2005, de la que he tomado prestado un segmento corto:

 

“[…] El destino quiso que Gregorio tuviera que abandonar el montañismo de elite de forma radical. En 1961, con veintiún años, se cayó treinta metros en una grieta del glaciar del Vignemale: Fue en una reunión de la Escuela Nacional de Alta Montaña. Me rompí los dos tobillos y me destrozó la idea de ser un gran escalador, puesto que tenía muchos proyectos y se fueron a paseo. Desde entonces no he tenido los tobillos en condiciones. Pero la afición puede más que el dolor– confiesa. Villarig empezó a escalar a los dieciséis años con Jesús Mustienes y después con Antonio Lacasta y Ursicino Abajo: Conocí a Ángel López Cintero en Mezalocha– recuerda. Realizó en su época todas las grandes escaladas en Riglos: Con Rabadá, subí a la cara Oeste del Fire, y con Navarro al Puro en seis horas. Pero al Naranjo de Bulnes he ido con los pies rotos. Con veinte años, conoció los Alpes. Debido al accidente, se puso a pintar: Si volviera a nacer, hubiera hecho montaña a tope– confiesa. No podía trabajar en la fábrica de aluminio Alumalsa y estuve dos años en la cama con escayola. Para entretenerme me compré un maletín de pinturas y me puse a darle a los pinceles. En los Escolapios, recuerdo que ya dibujaba bien– explica […]”.

 

En estos meses en los que se recuerdan de un modo especial las trepadas de hace medio siglo, aquí van unos pocos escorzos más sobre algunos integrantes de la conocida como Década Prodigiosa de la escalada en Aragón…

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Por Alberto Martínez

Alberto Martínez Embid practica el montañismo desde que era un crío. Últimamente llama la atención su faceta divulgadora, que se podría glosar como firmante de veinticinco libros y participante en veinticuatro colectivos, sin olvidarse de sus más de mil setecientos artículos. Casi todos, de temática pirenaica. Aunque se ha hecho acreedor de tres galardones de narrativa, seis de investigación histórica y siete de periodismo, se muestra especialmente orgulloso del Premio Desnivel de Literatura de Montaña de 2005.

8 respuestas a «Del Midi al Vignemale junto a Ernesto Navarro»

Estimado Alberto: me acabo de enterar de tu premio de novela. Muchisimas felicidades. Todos estamos muy orgullosos de ti. un abrazo de: josemaria.

Muchísimas gracias, Jose María; tú siempre tan atento… Del Premio Literario Villa de Benasque, hablaré (un poquillo) en la siguiente entrada… Que irá, como bien te imaginarás, sobre el Kangchenjunga de 1936… Un saludo cordial…

Hola de nuevo, Luis…
Bueno, tanto como monumento, tal vez sea decir mucho… Porque ya veo que te refieres a la tumba de Alberto Rabadá y Ernesto Navarro en el cementerio zaragozano de Torrero, claro está… Los demás memoriales (placas, sobre todo) se hallan, y espero no saltarme ninguno, en Ayerbe, Camarena, Fuencalderas, Mezalocha y Riglos… En fin, confío no estar cargando los tintes en estos temas, siempre tan delicados…
Por si te interesa el asunto, te diré que Alberto y Ernesto descansan el uno junto al otro, y que su lápida oscura muestra unas bellas imágenes de Riglos y del Eiger… A mí me enseñó dicha tumba, tras el entierro de Ángel Serón, el asimismo desaparecido Julián Gracia, que fue durante muchísimos años secretario de Montañeros de Aragón… El nicho de Rabadá y Navarro está relativamente cerca del “Partenón” de Costa, en la llamada “parte noble” de Torrero…
De cualquier modo, yo te recomendaría que, si algún día vas por el Cementerio, te acerques a ver esta tumba… Puedes situarla si entras en la página del Ayuntamiento de Zaragoza, acudes al apartado sobre el referido camposanto e introduces “Ernesto Navarro Castán” (con “Alberto Rabadá Sender”, no funciona)… Entonces aparecerá un croquis con su ubicación, que es esta: manzana 039, fila 02, número 0015… Si quieres, te simplifico un poco la búsqueda:

http://zaragoza.es/gicem/kiosko/torrero.jsf;jsessionid=7656380e962b2b196f2a46b64d07674cea65587e1be5c703c9118d7d92255acf.e34LaxmMchmNe34Lch0Pbx8PbNv0

En otros países con amplia tradición alpinística, constituye todo un rito el acercarse para una visita respetuosa hasta donde descansan los grandes hombres de este deporte… Se acude hasta los camposantos de Chamonix, de Grindelwald e incluso de Gavarnie como quien va a realizar un homenaje a quienes nos precedieron… Por ejemplo, Jean Arlaud, tras su “gatillazo” en el couloir de Gaube en 1927, pasó ante la tumba de Célestin Passet, el artífice de la “primera” de 1889, para dejarle como ofrenda un poco de musgo que bajó de dicha canaleta…

Hola, José… Nuestro compañero de Club, Gregorio Villarig, asimismo bloggero por aquí, en desnivel.com, es un pintor alucinante… Yo diría que el montañismo no es el eje de su obra, pero he visto en su estudio lienzos magníficos con paisajes rigleros, himaláyicos e incluso moncaínos… Así y todo, he de confesar que, de toda su obra, me decanto por su serie sobre el Canal Imperial de Aragón y su universo de contraluces y reflejos acuosos… ¡Será porque voy a correr mucho por sus orillas! En serio: las exposiciones de «Goíto» quitan el hipo…

Me consta el buen hacer de Villarig en pintura. Creo que ha sido siempre un autodidacta, por lo que ha mantenido un estilo propio, pero no se ha prodigado mucho públicamente.

Se ha citado a cierto compañero de Club y de blogs de desnivel.com… Así, os recomendaría que complementaseis este texto con la colección de fotografías de Gregorio Villarig:
http://www.evaragon.com/images/Villarig/index.htm
Y, en cuanto a la consecuencia menos “negativa” (por calificarla de alguna manera), de su desgraciado accidente en el Vignemale, se puede leer por estos andurriales:
http://www.elperiodicodearagon.com/noticias/deportes/pintor-por-accidente_169986.html

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