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La crónica menos ortodoxa del Ramougn

Hay historias de escalada para todos los gustos. Incluso en las épocas pioneras de la conquista de los muros del Néouvielle, se pueden registrar estilos narrativos de lo más variado. La revista Desnivel en su número 385 (julio de 2018) sirve, ahora mismo, una monografía del más complicado de los tresmiles del macizo de la Nieve Vieja: el Ramougn. A modo de complemento de su crónica histórica y reseñas prácticas, vaya este cuarteto de aventuras verticales. Como bien se verá, cada una en su personal, personalísimo estilo.

Comencemos con una posible apertura del año 1935 en los muros orientales del Ramougn. De esta primicia existe un artículo perfectamente ortodoxo de Jacques Dayraut en el número 15 del Bulletin de la Section du Sud-Ouest del Club Alpin Français (abril de 1936). Sin embargo, nosotros le echaremos un vistazo a las notas, mucho más vívidas, del ascenso número 20 del Carnet de uno de sus protagonistas, el escalador Henri Ferbos:

“Punta Ramougn (3.010 metros, mi décimo tresmil).

”6 de septiembre [de 1935]. Salida en bicicleta de Hèches a las 13:30 h. En Arreau a las 14:00 h. En Fabian a las 16:00 h. Dejamos las bicicletas en la casa de Fouga. Volvemos a salir a las 16:45 h. Estábamos en Orédon a las 19:00 h. En el chalet-hotel, una banda mete jaleo hasta la medianoche. Jacques [Dayraut] les llama al orden, apelando al artículo tercero. Cólera. Abucheo de los turistas.

”7 de septiembre. Salida a las 5:45 h. A las 7:00 h, estamos en el desagüe del lago de Aubert. Subimos directamente hacia la pequeña cara Este [del Ramougn]. Una escalada fácil. Esperamos a un solitario que se ha perdido (un tal Turiault, parisino, delineante en la Casa Renault). A las 12:00 h, la cima. Estamos entusiasmados. ¿Hemos hecho una primera? A las 16:35 h, regreso al chalet. Se insulta al guarda por nuestra noche sin sueño… En Fabian, en casa de Fouga, no hay más que una sola bicicleta… Ya recuperaremos la otra… Jacques descenderá solo y volverá a subir desde Tramezaygues, ¡tras haberse cruzado con el coche que subía con mi bicicleta en el techo! Volvemos a bajar juntos a toda velocidad: ante el hotel de Courège, en Eget, mi neumático delantero explota… Tengo que quedarme en el hotel”.

Parece increíble el poco espacio que Ferbos dedica a la trepada propiamente dicha, en contraste con otras anécdotas periféricas, ¿no? Una característica habitual de sus Carnets personales, donde retrata otra novedad en esos mismos decorados dentro de su ascensión número 65. Así resumía la ruta trazada el 5 de agosto de 1948 junto a Jacques Dayraut, Henri Dousset y Jean Protat:

“4 de agosto [de 1948]. En una tienda, por encima de Cap-de-Long.

”5 de agosto. Punta Ramougn (3.011 metros, por segunda vez). Cara Sur con Jacques Dayraut y el abate Henri Dousset. Caída de Dousset en el extraplomo”.

En efecto: tan parcas anotaciones tendrían su contrapunto en la narración de esta apertura en el número 68 del Bulletin du Club Alpin Français de la Section du Sud-Ouest (julio de 1949). Como pequeña muestra de esta aventura vertical, he recurrido ahora al texto que Henri Dousset publicara en el número 15 de la revista Altitude (invierno de 1948-1949). A propósito de la “Cara Sur del Ramougn, primera ascensión directa”, de este modo desglosaba su porción más bravía:

“[…] La base de la fisura del gran muro amarillo puede ser alcanzada por una pequeña vira horizontal que parte del gran corredor pedregoso.

”El comienzo de esa fisura es ancho, y se deja trepar fácilmente en equis; después, se estrecha. Uno se alza entonces empotrándose. Pronto se vuelve minúscula, se pierde en la muralla y ya no puede servir para la progresión. Se establece entonces sobre el extremo derecho (izquierda orográfica) franqueando un extraplomo delicado. Hay que elevarse un metro o dos y alzarse tras franquear una visera, sobre una terracita minúscula, triangular, sin presas, hacia el vacío (muy difícil). Un pitón de seguro es recomendable, aunque complicado de meter dado que hay pocas fisuras: el bloque al completo está de una pieza.

”Es preciso elevarse un metro por encima de esta minúscula terraza y, después, girar a la derecha mediante una arrancada difícil, aérea y muy arriesgada. El pitón de seguro puede ser situado, aunque mal, un poco más abajo.

”En esta maniobra hay que empotrar el pie derecho en una segunda fisura estrecha que aparece por la derecha, a un metro o metro y medio de distancia, para permitir la liberación del pie izquierdo, que se lleva hasta la fisura que existe sobre el pie derecho.

”Se progresa así mediante un empotramiento de cincuenta a ochenta centímetros hasta un lugar que se ve cerrado entonces por un extraplomo pronunciado. Se elige entonces a fuerza de brazos alguna buena presa (altas) sobre las cuales es preciso equilibrarse solo con los brazos, dejando los pies sobre la fisura (equilibrio muy arriesgado).

”Se alcanza de este modo una terracita desde donde el líder puede, con total seguridad, asegurar al resto de la cordada.

”Desde aquí, la vía es evidente. Se gira dos metros a la derecha, para retomar la progresión por una chimenea fácil que lleva hasta un grueso bloque que se franquea directamente (difícil) o que se contornea por la derecha (fácil). Entonces uno queda a un largo de cuerda de la cima”.

Esto sí que es literatura descriptiva de los reinos del vértigo. De nuevo buscaremos la diversificación en otro de los textos de primeras en el Ramougn. Ahora en su austera Norte, donde se alzan las defensas más cortas y sombrías. En 1965 la cordada de Jean y Pierre Ravier, junto a François Gohier, se abrió paso por el centro de la pared y el espolón Norte con el fin de estrenar una vía muy especial. En la Revue Pyrénéenne se publicó al punto un artículo sobre este “Ramougn, cara Norte. Nota muy técnica para uso de los amantes de la escalada en primavera”. Que era tanto como decir: las reseñas personales de François Gohier sobre su peripecia. Descubramos cómo vivió esta apertura:

“Abandonamos (no sin pena) nuestro vehículo en el punto donde una avalancha ha cortado la carretera, dado que no parece posible la progresión con el automóvil, sino mediante la ayuda de los medios artificiales más modernos (del género del coche de San Fernando).

”No hay que dudar en dirigir los pasos hacia las cimas que se adivinan a lo lejos. En efecto, después de algunas horas de marcha (la carretera de asfalto del Cap-de-Long, lago de Orédon y después las zetas de Aumar-Aubert, con panoramas recomendables), se alcanza el límite de las nieves primaverales. Aunque de una consistencia desigual, este revestimiento inmaculado permite una progresión bastante rápida. En el extremo de la presa de Aubert, evitemos molestar a una pareja de perdices de las nieves…

”Nos embarcamos en las pendientes que conducen a la brecha de Barris. En absoluto está prohibido realizar una parada en este lugar, una concesión bien terrenal y muy natural a los estómagos de los escaladores… Más adelante, remontar bajo la arista Noreste del Ramougn, siempre con paciencia y perseverancia, en un elemento cuyo coeficiente de resistencia al hundimiento es el de la reverberación de la luz resulta, por desgracia, inverso.

”Los visitantes descubren por fin el objeto de su ansiedad y conjuro: la cara Norte del Ramougn, que centellea ante ellos de golpe…, de tal forma que esa perspectiva nos rompe un poco, sin embargo. Hay que guardarse, sobre todo, de emitir entonces la opinión de que en el fondo, eso no es tan duro como esto otro

”Una chimenea en el centro de la pared, en la vertical de la cumbre, proporciona una entrada en materia que no podría ser más evidente. A la derecha, por el oeste, una pequeña plataforma ofrece un punto de reposo excelente para encordarse y repartir las cargas… Nadie sabe entonces que podríamos prescindir aquí, para la realización de la escalada próxima, de la mayor parte de lo que cargamos: pitones, mosquetones, estribos, cuñas y otros broches, que, por candor, ignorancia o, ¿deseo secreto?, se ha subido desde tan lejos y con tanto esfuerzo hasta allí.

”La escalada se revela de arrebatos muy ásperos, pero sobre un granito de ensueño, que no se desgaja y coloreado a placer. En el primer largo, un pequeño diedro aporta un toque de poesía de IV superior. Nos escapamos enseguida por la derecha. El largo siguiente lleva hasta la base de la chimenea. Se constata entonces que ese punto podría alcanzarse mucho más cómodamente por unas viras disimuladas en la vertiente noroeste.

”Remontamos seguidamente una porción de arista afilada y muy áspera, como veremos más adelante, donde la adherencia de las suelas Vibram da alegrías a nuestros corazones. Después, algunos bloques conducen a la base del Diedro: grande, bien proporcionado, de trazos regulares… El por lo demás ya célebre ojo de sioux del líder del equipo [¿Jean Ravier?] lo tasa sin dudar… Dos largos, los más bellos del ascenso. El primero exige ampliamente el arte de la oposición en grande; el segundo propone, para contornear por la derecha un gran extraplomo, un murito vertical de presas tan discretas como francas.

”Bien caldeados, dispuestos a todo, los escaladores cuartogradistas ven entonces, y no sin algún desaliento, cómo se alza la cima del Ramougn… A título de compensación se les ofrece también durante largo tiempo el espectáculo de las cornisas festoneadas de los Trois Conseillers muy cercanas, la severa cara Norte de un pic Long, todavía abundantemente nevado, que se destaca sobre un telón de fondo cuya magnificencia y esplendor rebasan cualquier descripción… Y que, con mayor motivo, sobrepasan cualquier acotación”.

Ni que decir tiene, los partidarios de las notas perfectamente técnicas pueden dirigirse, con el fin de conocer las intimidades de esta bella clásica, a la edición de 1968 de la Guide Ollivier Pyrénées Centrales II… O, claro está, pillar ese ejemplar de la revista Desnivel de julio de 2018 desde donde Alberto Hernández explica las mejores propuestas verticales del particularísimo Ramougn.

  1. Me trae buenos recuerdos. Hace ya mucho tiempo que o ascendí por su vía normal, sin complicaciones y más fácil de lo que aparenta. Si no estuviera tan a la sombra de su airoso vecino, sería una cima impresionante, aunque tampoco tiene la mejor roca del mundo…

    • Para eso de evaluar “normales”, hace ya tiempo que un amigo pirineísta me dijo que me fijara en el año en que se había visitado la montaña en cuestión: si se trataba del siglo XIX, pues no era problemática en absoluto. Pero conforme la “primera” a esa cumbre avanzaba con el siglo XX, la cosa se ponía cada vez más “emocionante”. Sobre todo a partir de los años treinta, cuando se superaron dificultades más que serias en los Pirineos… No estoy del todo de acuerdo con su juicio, dado que desde el último tercio del siglo XIX se abrieron rutas, de la mano de Célestin Passet y Asociados, de agárrate-y-no-te-menees…

  2. ¡Buah! Me encantan estas historias de “primeras” pirenaicas, Alberto… Aunque sean gabachas y poco ortodoxas…

    • Son, desde luego, muy “de la Dulce Francia”… De la Francia con fuerte personalidad, vamos…

      • Supongo que muchos ya conocéis los Carnets de Ferbos, que andan en libre por aquí:
        http://www.revue-pyrenees.com/
        Para conocer las impresiones personales de su “periodo heroico”, acudid a la primera entrega de:
        Les carnets de courses d’Henri Ferbos (1920-2007). CARNET N° 1 (1932 – fin juillet 1978).

  3. Para saber más:
    http://www.desnivel.com/revistas/desnivel/desnivel-385
    Ramogn (3.011 m): Un hermano pequeño tallado en granito.
    Este lienzo granítico es uno de los tresmiles codiciados del Pirineo francés. Pero sobre la cima de este satélite del Néouvielle, o ‘Gran Hermano de la Nieve Vieja’, nunca se apreciarán multitudes admirando su pléyade de lagos circundante. No en vano, se cataloga siempre como uno de los puntales más complicados para los no escaladores.
    Guía práctica.
    Una normal poco ‘normal’.

    • No hay que confundir esta montaña pirenaica, el Ramougn, cuya compleja toponimia se esboza un poco en el artículo de la revista Desnivel, con el Soum de Ramond [Som de Ramón, según los pastores locales de comienzos del siglo XX] de nuestras Tres Sorores… De la toponimia de este último no tardaremos en hablar, por cierto…

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