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¿Taillón o Tarazón?

El número de quienes hoy desconfían de los dogmas de la toponimia es importante. Me refiero a quienes observan esas elucubraciones recientes sobre, por ejemplo, los nombres de las montañas oscenses. Conozco a varios estudiosos de nuestro deporte que las han seguido como quienes escuchan a un parapsicólogo. No es de extrañar. Cuando los supuestos expertos demuestran grandes aptitudes para la inventiva y desdén por esas páginas del pirineísmo que fueron escritas al alimón por montañeses y montañeros… En fin: pues, en tal caso, se acaban contemplando las disquisiciones de los toponimistas de Corte como un debate sobre las Caras de Bélmez.

El estudio serio de las denominaciones de unas montañas tan historiadas como, pongamos, los tresmiles aragoneses, hubiera exigido de un mínimo de trabajo real. Sin oscurantismos ni ausencia de explicaciones. Salvo, claro está, que los fines partidistas sean lo más importante de este culebrón. Cada una de las 160 cumbres afectadas hubiese tenido que ser objeto de rastreos meticulosos de topónimos como paso previo al análisis, a las propuestas lógicas y a la exposición pública. Sin prisas. Con la idea de cualquier imposición despótica bien alejada. Porque para clavarles la primera palabreja aragonesizada no hacían falta ni comisiones ni comparecencias ante los medios. Y obrar bajo la sombrilla de alguna de las Consejerías del Gobierno de Aragón hubiese tenido que suscitar actitudes responsables, conciliadoras, moderadas, eruditas… Lo contrario recuerda el viejo derecho de pernada. Esperemos que esa tendencia tan del gustillo medieval siga en vigor solo hasta las siguientes elecciones autonómicas.

Es una pena. Porque van a quedar bastantes asuntos por investigar sobre la toponimia del Pirineo aragonés para quienes, algún día, vengan detrás de estos notorios politizadores de nuestras montañas. Como el centenario del Parque Nacional del valle de Ordesa o del río Ara nos irá trayendo una generosa colección de textos, aportaré uno que posiblemente no ha sido difundido aún en nuestro mundillo.

Dicho artículo aborda el viaje hasta la gran brecha del Marboré de un tal Alfredo Serrano Jover. Es un trabajo rico en matices de todo tipo que se publicaba en el número 24 de La Ilustración Española y Americana del 30 de junio de 1912. La verdad es que tirar de hemeroteca nunca ha sentado mal a nadie…

Pero pasemos ya a estos “Paisajes y recuerdos: la brecha de Roldán”. Veamos cómo fue el ascenso de nuestro cronista en busca del gran boquete calcáreo. Atentos, sobre todo, a las tan interesantes como, a veces, contradictorias designaciones de estos parajes del macizo del Monte Perdido por parte de Serrano Jover:

“Frente la más generalizada leyenda de la muerte de Roldán [emplea indistintamente Roldán/Roland/Orlando] en Roncesvalles, a que me referí en mi anterior artículo, la desbordada tradición de sus hazañas ha llevado tan imaginarios recuerdos a distantes lugares, y si es verdad que en ciertos casos pudieran apoyarse en menos difundidas invenciones sobre el trágico fin del personaje carolingio, en muchos otros responden exclusivamente a un rústico afán de que los más admirados riscos pirenaicos perpetúen la más encarnizada lucha de que fueron teatro.

”El viajero que por Cambo se encamine a Roncesvalles, es probable que explique la fábula del Paso de Roland trayendo a la memoria la poética ficción de nuestros romances que presentan al célebre paladín indemne, como invulnerable que era, pero que camino adelante encuentra a Carlomagno, y del dolor de verle vencido y pensar en sus compañeros inmolados, muere. Una de esas composiciones (de Lucas Rodríguez, Romancero historiado) así pinta la muerte de Roldán en los siguientes versos:

Estando en esta congoja,

alzó los ojos Orlando,

y por una cuesta arriba,

huyendo vio a Carlomagno,

Solo, triste y sin corona.

de sangre todo bañado;

y al dolor de verlo así,

muerto cayó del caballo.

”Y creeríase inspirada en la hoz del misterioso paso, cuando comienza diciendo:

Apartado del camino

por un valle muy cerrado,

vi venir a un caballero

en un herido caballo.

”Pero punto menos que inexplicables por la tradición y las leyendas, parecen otras evocaciones de Roldán en los Pirineos. Y en verdad que así es.

”Terminada la excursión de Roncesvalles en Pamplona, nueva y larga excursión hay que emprender hasta enfrentar, allá en el Alto Aragón, las enhiestas cimas pirenaicas donde se encuentra la llamada brecha de Roland, también atribuida al poder de su espada.

”Es esta un corte de roca tan imponente y atractivo, como desligado de cuanto se relaciona con el decantado desastre de Carlomagno. Largo y difícil el acceso a ella por la vertiente española, puede acometerse desde la villa de Torla, en busca del renombrado puerto de Gavarnie [o de Bujaruelo], que se remonta a dos mil doscientos ochenta y dos metros de altura. El gigantesco muro de los altos picos de Astazou (tres mil ochenta metros), Cilindro del Marboré (tres mil trescientos veintisiete metros), Marboré (tres mil doscientos cincuenta y tres metros), Espalda del Marboré (tres mil treinta y siete metros) [¿fue el primero en traducir mal épaule, u hombro?], Torres del Marboré (tres mil diez y ocho metros), Taillon o Tarazón (tres mil ciento cuarenta y seis metros) y de los Sarradets (dos mil setecientos cuarenta metros), se extiende de este a oeste, y domina constantemente el puerto, obligando a realizar otra penosa ascensión, que al llegar a los dos mil ochocientos cuatro metros deja expedito el paso de la célebre Brecha.

”La brecha de Roland muéstrase en una esbelta y elevada roca, que divide en dos derechos machones, con una separación de cuarenta metros en su base, bastante aumentada a un tercio de su altura. En aquel paraje, cubierto de nieves perpetuas y donde son tan escasas las señales de vida, semejan dos ciclópeos centinelas, y a pesar de su firme cimentación, producen la intranquilidad de una continua amenaza para la planicie en que se yerguen y aún más para el profundo abismo que se abre a sus pies.

”Señal son de uno de los tres pasos practicables de la formidable barrera que, apenas franqueada, descubre al viajero admirable paisaje. En su contraria vertiente la depresión del terreno forma a mil seiscientos metros una amplia planicie; las grandes moles de los montes próximos cercanía casi por completo, y le envían el agua deshelada de sus ventisqueros por diez y ocho cascadas, cuyo ímpetu horada los copos de nieve depositados en el fondo, y los convierte en sólidos pero lúbricos pasadizos de diversos torrentes. Únense estos en un curso que busca su salida por el lado opuesto del murado recinto, y proporciónala a su vez al único sendero que permite abandonarlo sin tener que arremeter con fatigosas pendientes. Tal es el magnífico circo de Gavarnie.

”El poderoso desnivel que tan grandiosas proporciones le comunica, sálvase hasta la brecha de Roland por la Escala de los Sarradets. Escarpado y fatigoso es el camino, mas lleno de preciosos puntos de vista sobre el fondo del Circo donde los ventisqueros del Marboré reverberan con el sol de los días de agosto, en que suelen hacerse estas excursiones, formando espléndido nimbo a la Gran Cascada, que desde ellos se precipita con su doble salto de cuatrocientos veintidós metros.

”La cerrada salida que bordea el curso de aguas conduce al cercano burgo del mismo nombre que el Circo, cuyos bien arreglados hospedajes y variados anuncios de guías y cabalgaduras para las innumerables excursiones con que brindan los pintorescos alrededores, da idea de los muchos viandantes que atrae.

”Traspasado su caserío con dirección a la villa de Luz, admírase por última vez el fondo del Circo, y se deja el verdino y nemoroso valle de Gavarnie, penetrando en otro Paso de Roland, limitado a la derecha por las laderas del Coumely. Débese este nuevo recuerdo del sobrino de Carlomagno en la comarca, a la huella de unas herraduras que ostenta cierta piedra junto a la misma carretera; la leyenda popular imagina que es la del caballo de Roldán, impresa cuando allí fue a caer en prodigioso salto dado desde la Brecha abierta por su amo.

”La viva emoción que pasos más allá aguarda al viajero hace olvidar inmediatamente ese último resurgimiento de la figura del ponderado paladín. El camino penetra en el Caos, imponente conjunto de enormes rocas desgajadas de las cumbres del Coumely. En el fondo del barranco, sobre el río y el espacio ocupado hoy por la carretera, forman un pétreo dédalo, que reproduce el estupor de la catástrofe. Sus cortadas y caprichosas líneas dan pábulo a la fantasía para descubrir mil grotescas figuras; en el cauce del río, el musgo dibuja sobre una roca la silueta del Oso del Caos; en la orilla izquierda, a cierta altura existe una oquedad en la cual se esconde el Monje del Caos, y a la derecha tres rapadas rocas de extraños contornos merecen el nombre de las Tres Hermanas del Caos.

”Cuando el paisaje se despeja de nuevo, la carretera atraviesa el villorrio de Gèdre, centro de otras muchas excursiones, cual la del circo de Troumouse, la del lago de Estom y la ascensión al Piméné. Una legión de arrapiezos se precipita a los estribos del coche, y con monótona tonadilla ofrece a los visitantes pedazos de minerales de la comarca. La desmantelada y poética torre de la iglesia antigua marca el término de los rápidos serpees del camino y de la mercantil porfía de los chicos, que, jadeantes, se acogen a su sombra para descansar, y libre ya aquél de cercanas barreras, vuélvese la vista hacía el punto de partida, y por postrera vez se percibe claramente, allá en lo alto de las últimas cumbres, la brecha de Roldán y la denominada Falsa Brecha, cual si defendieran su remembranza de la impresión del Caos.

”A veinte kilómetros de Gavarnie brinda el escondido pueblo de Luz el necesario descanso a tan larga y ajetreada excursión, y allí se acepta con más gusto que en la bulliciosa villa de los excursionistas, porque Luz cuenta para ello con dos cosas: falta absoluta de diversiones que distraigan del reposo, y un arrullador torrente junto a sus hoteles que convida al sueño.

”Por cierto que en esta expedición, y una vez en territorio francés, hubimos de sufrir los abusos de alquiladores de bestias e informalidades de los guías, sin que a mis compañeros españoles les quedara el desahogo de achacarlo a cosas de España”.

¿Seguimos hablando un poco más sobre los temas serios del pirineísmo, o nos pasamos al universo alucinado de los expertos en las Caras de Bélmez…? Optemos por el rigor. Hace no mucho descubríamos el topónimo Daillon con el que Henri Reboul y Louis Ramond designaban, allá por las postrimerías del siglo XVIII, al hoy Taillón/Punta Negra. He aquí un territorio excelente para que lo investiguen esos lingüistas que no se meten en la cama con cualquiera. Si es que los hay. Podemos añadirle, desde los arranques del siglo XX, el misterio del Tarazón… ¿Un término mal entendido, un error de imprenta o un topónimo en desuso?

Y ahora que lo pienso: Tarazón suena más a aragonés, ¿verdad? Me da que si los artífices de la Lista Soro hubieran conocido el nombrecito (¡ay, esa fobia tan clamorosa a las hemerotecas!), lo hubiesen hecho suyo al instante. Sin comprobación alguna, solo por ser raro de narices y por sus pintas de autóctono de toda de vida.

Mientras tanto, continuamos esperando las 160 razones de la toponimia oficial tresmilera (o como quiera que la llamen). Sentados, por si acaso se demoran otro añito más.

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11 Comentarios

  1. Curioso, curioso, el texto y sus precisiones. Lo de Tarazón jamás lo había oído, pero, dentro de un texto que aparenta muy cuidado en cuanto a los detalles, es como para tomar en serio su candidatura. Y eso que en cuestiones de toponimia (y en otras cosas) los galos son un poco más rigurosos que por estas tierras.

    • Hola, José. Disculpa el retraso, que estaba fuera…
      En cuanto a este tipo de texto, coincido contigo: hay que ser muy prudente y, sencillamente, registrar, en espera de que alguien con tiempo y capacitación se decida a emprender algún estudio serio, objetivo, talentoso… Quien sabe si hablo de una quimera.
      Saludos…

  2. Va un toquecillo de corte personal: estos días ando de cumpleaños. Porque en septiembre de 1998 comencé los reconocimientos por el entorno de la brecha de Rolando (o Roldán, que a mí lo mismo me da, mientras no haya imposiciones de por medio). Fue con vistas a presentar una monografía al “I Premio Desnivel de Literatura de Montaña, Viajes y Aventura”. Parte de los documentos ya los tenía recopilados, pues sentí una gran fascinación por dicho collado desde mi visita inicial en 1985: la realicé desde Panticosa, ya que por entonces no tenía coche… El “culpable” de todo esto fue Patrice de Bellefon y su magnífica fotografía dentro de su libro sobre “Las 100 mejores del Pirineo”. El caso es que mi tocho quedó finalista en el referido concurso y terminó siendo publicado por Ediciones Desnivel en 2000. Sigue vendiéndose, por cierto…

    • Un texto de veras que apasionante Alberto. ¿De donde los sacas que si no es aquí no aparecen en ningun otro sitio? Hay mucho bueno en este articulo de 1912. Me quedo con el parrafito final donde nuestro compatriota se muestra tan beligerante con quienes nos echaban encima lo de “las cosas de las Españas”. Que tambien en Francia tenían sus cosicas.

      • Sí: pasa con frecuencia en los textos de otros tiempos… Al parecer, nuestros compatriotas no se sentían nada intimidados por el pujante turismo francés de la época… ¡Qué caramba!: nosotros éramos menos, más pobres y destartalados, pero sin el menor complejo por ello… Celebro que te gusten estas historias amarillentas de otros siglos, Makako…

      • Bueno, pues durante este verano he reunido varios textos sobre toponimia del Macizo Calcáreo que, al menos a los apasionados de estas montañas, espero que interesen… La Munia y el Soum de Ramond llegan enseguida, Makako…

    • No les des ideas, Alberto, que eso de Tarazón suena maño-maño!!! Por cierto, confieso que todavía no he leído tu tocho de la Brecha… Por el contrario, el de Monte Perdido ocupa un lugar privilegiado de mi biblioteca y puedo asegurar que es una obra de antología… Rigurosa y erudita que no veas… No me extraña que se siga vendiendo… De cualquier modo, muchas felicidades!!!

      • Hola, Xavi… Pues los hice a la vez, o casi, pues una gran porción de lo que luego troceé en dos partes (Macizo Calcáreo occidental o Brecha en 2000; Macizo Calcáreo oriental o Monte Perdido en 2001) lo serví como tal, de una pieza, en el Premio Desnivel de 1999… Ya te lo imaginarás: fue un tocharraco de muerte, que llegó a los (agotados) miembros del jurado un día antes de que se cerrara el plazo…