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El mítico nacedero del río Cinca

Uno de los ríos importantes de Aragón, con el permiso del Padre Ebro, es el Cinca. Su nacedero principal se ubica en un marco imponente y de complicada equiparación. Aunque no se trate de la remota fuente del Nilo Blanco, el lugar donde el curso vertebrador del Sobrarbe reúne sus primeras aguadas, justo a los pies de las Tres Sorores, conforma un escenario magnífico. Aliñado con algún retazo de historia pirineísta, invita sin duda a una visita al Balcón de Pineta…

Mucho antes de que los bípedos urbanitas se decidieran a curiosear por las alturas de la cordillera, nuestro arranque de curso ya había despertado la curiosidad de cierto cosmógrafo portugués. Un 21 de diciembre de 1610, Joao Batista Labanha informaba a pie de tapia de que el referido nacedero se encontraba “cerca de una ermita que se llama Pineta, al lado del puerto una legua más arriba”. Nada más añadió el lisboeta sobre un posible reconocimiento, ni de él ni de su adjunto para las regiones elevadas, el padre Paulo de Rajas. Al menos, a resultas de su paso por Aínsa se explayaría algo más, contando de ese Cinca que “dicen que viene muy furioso y rápido cuando hay crecidas”. De cualquier modo, fue un buen ingreso en la crónica del Pirineo.

En 1794 un supuesto Espía del Rey llamado Francisco Zamora, vino a sumarse a la lista de pretendientes a esa cima de donde, según se estimaba, procedía gran parte de los caudales primeros del Cinca. Con tal excusa, quiso explicar la ubicación de su génesis hidrológico:

“Es famosa la laguna de Marmorés, situada en lo alto del Pirineo donde nace el Cinca, y en cuyas cercanías hay nieve de colores como en las Maladetas […]. A la izquierda de la ribera de Pineta está la famosa montaña que llaman Tres Sorores, por ser tres picos iguales que se elevan sobre la misma cordillera: se ven desde veinte leguas por su glaciar”.

Al menos, este comisario regio en recorrido de inspección militar, reconoció que el entonces Cinca de Pineta, constituyente del Cinca a secas tras unirse con el Cinca de Barrosa, disponía de un nacedero perfectamente situado…, ¡e incluso reconocido!

No obstante, la primera presencia confirmada de un erudito en los inicios mismos del Cinca tuvo que esperar hasta 1817. Que es cuando el médico ruso Friedrich von Parrot se plantó ante la mencionada laguna del Balcón de Pineta para estudiar un poco sus características:

“Esta cubeta es una de las fuentes de ese Cinca que, tras haber dejado atrás Barbastro, se une al Ebro y vierte por éste al Mediterráneo […]. Hacia el oeste, el lago no tiene salida, lo que se aprecia claramente, pues el macizo de Astaschjou [Astazu] se halla en esta dirección. Por eso, la afirmación según la cual la cascada del Monte Perdido [la de Gavarnie] debería su origen a este lago sería una fábula […]. No sería improbable que el lago tuviera en su costado occidental alguna filtración subterránea, dado que se halla unos ciento cincuenta metros más arriba que el punto por el que se ve brotar la cascada desde la grada superior del circo. Tal hipótesis, muy plausible, prestaría aquí de un modo muy particular la comunicación entre el Mediterráneo con el Océano a través del Ebro y el Cinca, con el lago del Monte Perdido a una cota de 2.560 metros, y seguido subterráneo, desde el lago hacia la cascada del monte Perdido que, tras dar origen al gave de Pau, discurre hacia el Adour. La cubeta entera al fondo de la cual se extiende el lago presenta unas pendientes primero poco inclinadas y luego más empinadas. Una nieve eterna lo recubre, y el mismo lago aparece, en gran medida, helado. Cuando rompí su costra de hielo, me pareció que había otra capa debajo, y su temperatura era exactamente de 0º C”.

Puede decirse que, de la mano de Parrot, el Cinca acababa de nacer para un excursionismo originalmente científico. De hecho, hacia 1823 otro sabio, el suizo Jean de Charpentier, se acercaba a su vez hasta el espectacular circo de Pineta, del cual destacó que “la catarata es muy bella y sorprende tanto por la altura de su caída como por su volumen”. Y los helvéticos bien que entienden de cascadas…

El siguiente capítulo en el expediente de nuestro curso de agua iba a proceder, por fin, de un hijo del Sobrarbe. Así, José de Víu se centraba en él hacia 1832, para promocionar a un Cinca “cantado por Marcial, Lucano y otros poetas e historiadores antiguos, con razón, pues ningún otro río puede envanecerse no solamente de su encumbrado origen, sino de aguas más puras y transparentes, a las cuales ni las del famoso Ladón de la Arcadia”. Este natural de Torla andaba bien informado en cuanto al debut de sus caudales, dado que “proceden del lago del Monte Perdido y precipitándose de peñasco en peñasco bajan presurosas a vivificar una bonita llanura arbolada”. Mas, a tenor del mapa que Víu adjuntara, parece que, aunque montañés, no se decidió a conocer dicho paraje. Ni tampoco a explicar la procedencia de su informe.

Al menos los cronistas nacionales del siglo XIX incluirían en sus trabajos alguna línea dedicada al Cinca. Por ejemplo, el menorquín José María Quadrado, quien desde sus Recuerdos y bellezas de España: Aragón (1844), consideraba que el Cinca era río “de frescor y vida” a la altura de Fraga. También se refirió al “manso y traidor” curso, según bajara en estiaje o en avenida. Parece que Quadrado tampoco investigó su nacedero, conformándose con loarlo en las cercanías de Monzón como al émulo de “un mar de verdor en el que flotan como esquifes los caseríos”. Igualmente habló de las disputas fronterizas con Cataluña por fijar sus límites con Aragón en el Segre o en el Cinca.

Sigamos buscando la cota 2.500 metros del Balcón de Pineta. Porque hacia 1850 el navarro Pacual Madoz fijaba a su vez el origen de nuestro curso:

“Al norte del valle de Bielsa en un lago permanente al oeste de la montaña de las Tres Sorores, junto al puerto de Forqueta, desde donde se precipita y lleva su curso por un espacioso llano, donde tributo de multitud de manantiales. Continuamente aumenta caudal en escarpados barrancos y arroyos de montañas. Hacen dificilísimo cálculo de las aguas que lleva”.

Bien se ve que, en esta ocasión, los españoles se interesaron por la naturaleza de uno de sus grandes ríos pirenaicos. Sin embargo, el presente relato tendrá que seguir recurriendo, a falta de otra cosa, al testimonio de los viajeros foráneos. Aunque resulte chocante, uno de los exploradores de esta cadena que mayor afecto destinó a los caminos del agua fue Henry Russell. Entre las páginas de sus Souvenirs d’un montagnard (1908) aparecen frecuentes descripciones de los accidentes acuáticos que iría conociendo. No extraña que, ante la ausencia de hidrónimos, fuera otorgándoles nombre en no pocas ocasiones. Así, el nacedero del Cinca estrenó su denominación tras un reconocimiento russelliano de 1864:

“El agrietadísimo glaciar del Monte Perdido, que forma de oeste a este un río de hielo de una longitud de tres kilómetros, es una de las vistas más nivosas de los Pirineos. A la izquierda, semejante al Mar Muerto, brillaba el Lago Helado, donde algunos icebergs, volcados por el viento, flotaban boca abajo, dejando ver bajo sus aguas sus remates cerúleos”.

¿Ya he dicho que a Russell le gustaban los ríos pirenaicos? Vamos a ratificarlo algo más, a la par que añadimos nuevos jalones a la historia del excursionismo en torno al Cinca Alto. Durante sus recorridos del estío de 1865, de este modo lo avistaba desde el puerto de Bielsa:

“Mientras que por abajo se ve languidecer, girar, brillar y detenerse al cálido y perezoso río Cinca, del que pronto vamos a descender por sus orillas de pendientes casi nulas donde, en veinte kilómetros, no se baja más que un centenar de metros. Este valle de Bielsa se parece tan poco a los otros valles pirenaicos que ya no se sabe si uno sigue en Europa. Pero tampoco es Suiza: resulta del todo rectilíneo y casi horizontal. Por la derecha, una cadena inmensa que desciende gradualmente al sureste de la cima del Monte Perdido, lanza en vertical, sobre las playas desnudas del Cinca (en su orilla meridional), una línea de precipicios calcáreos tan rectos como las torres de Notre Dame. Detrás, bajando, se deja el Monte Perdido y el circo de Bielsa, desde donde caen varios saltos una cascada gigantesca, que sale del gran glaciar del Astazu y del Monte Perdido, o incluso del Lago Helado del Monte Perdido [no confundir con el Pequeño Lago Helado, sito a 2.988 metros], de fácil acceso por aquí. Hay que ir siempre, durante dos horas y media, por la orilla izquierda del Cinca, sin bajar lo más mínimo. Pero, poco a poco, el torrente pierde su tinte azul sucio, sedimentando el polvo y el barro de las morrenas de su fuente: se extiende sobre los lechos de antiguos lagos, que probablemente deben de reformarse cada primavera. Pronto, los torrentes claros mezclan aquí el cristal de sus aguas, y en Bielsa, donde entra repentinamente entre cascadas pintorescas y sonoras, no se adivinaría que es el agua del deshielo”.

En efecto: durante algún tiempo, al nacedero de nuestro río se le designó como Lago Helado del Monte Perdido, para evolucionar más adelante hacia otros hidrónimos como ibón Helado del Marboré, o de Tucarroya, e incluso de Pineta. Que de todas esas formas ha aparecido sobre los pliegos de nuestro Instituto Geográfico Nacional.

Ni que decir tiene, el futuro Señor del Vignemale repetiría. En 1872 regresaba a tierras belsetanas con el fin de estudiar la vega de nuestro río desde Ets Parets de Pineta, admirándose de que “bajo nuestros pies, caía con el desconcertante estruendo de una catarata, la cascada de Bielsa, llamada también de Pineta”. En cuanto a la porción algo más sosegada del gran curso del Sobrarbe, así la describió:

“Al norte de este espléndido observatorio, y bajo los pies del espectador, se abría como en un abismo el enorme circo de Bielsa, donde se veía espumear bajo las hayas y los bojes, ¡unos mil trescientos metros más abajo!, las aguas nacientes y vagabundas del Cinca, que iban enseguida hacia el este para serpentear, relucientes, y dormir al sol durante veinte kilómetros”.

Nos despediremos de las impresiones que Henry Russell recolectara en torno al colosal nacimiento del Cinca con su dictamen del mismo en 1891: “El lado norte del Monte Perdido es formidable. ¡Una catarata de hielos y de séracs de 900 metros!”.

De la mano de promotores como Henry Russell, quien pronto se vería secundado por Franz Schrader o Lucien Briet, el éxito de la excursión hasta el origen del Cinca de Pineta pronto iba a quedar asegurado. Es hora, pues, de volver nuestra mirada hacia los estudiosos nacionales. Como, pongamos, Lucas Mallada. El geólogo oscense se fijaba en nuestro curso hacia 1878:

“La ribera de Pineta tiene su comienzo en varias cascadas reunidas al pie de las Tres Sorores: una que baja de Marboré, otra de Alarri y otra muy copiosa que se desploma de grande altura desde los heleros septentrionales de aquel grupo. Estos se prolongan en una longitud de cinco a seis kilómetros, desde la vertiente norte de la collada de Añisclo hasta la del Corral Ciego o Casco de Roldán, por donde entran en territorio de Francia sobre el famoso circo de Gavarnia […]. Otro [helero] de muy difícil acceso y rodeado de altas escarpas hay al pie del Cilindro, y más al este se halla el helero mayor del grupo, cercando un ibón muy grande [del que no da su nombre autóctono…, ¿porque no lo tenía?], que da origen al Cinca. Las Tres Sorores y Sesa, dibujadas por este lado con perfiles idénticos a los del opuesto, tienen escarpas y cortes más pronunciados todavía, destacándose con soberbia majestad por delante de ellas antepechos y cornisas como si estuvieran destinadas a que se asomaran a un fondo dos mil metros más bajo. Este comienzo del Cinca en el circo de Pineta es tan grandioso y fantástico que, con la reunión de otras cascadas y torrentes que le adornan, reproducen en territorio español una cosa parecida al admirable circo de Gavarnia […]. Con mansa corriente sigue este su curso desde la Pineta”.

Como Mallada era muy discreto en cuanto a la naturaleza de sus itinerarios reales, habrá que buscar en otro sitio la identidad del posible hispano madrugador que recorrió las orillas del ibón Helado de Tucarroya. Dicha primicia la pudo firmar un catalán llamado Ramón Arabia i Solanas, quien pernoctó en sus inmediaciones tras subir desde Gavarnie por el corredor de Tucarroya. Fue el día 23 de agosto de 1880, en el curso del multitudinario ascenso al Monte Perdido del Club Alpin Français liderado por Franz Schrader: veinticuatro turistas y treinta y siete guías o porteadores que pernoctaron en sus riberas a 2.580 metros dentro de varias tiendas gigantescas.

A lo largo del siglo XX, la crónica del nacedero del Cinca se iba a mostrar rica en toda suerte de experiencias montañeras. Apuntaré únicamente dos más, protagonizadas por deportistas hispanos. Como, por ejemplo, la relatada por el peñalaro José Díaz Duque en 1926:

“Mientras avanzamos por el valle, tenemos enfrente el magnífico circo coronado por el Soum de Ramond, el Monte Perdido, el Marboré, el Astazou y el pico de Pineta. Por el fondo del circo se precipita el Cinca en una doble cascada que, en tres escalones, salva unos mil metros de desnivel. La exuberante vegetación del fondo del valle pone un primer término acogedor, en contraste con las arideces de las alturas. En la tarde, subimos por un camino de reciente construcción a la terraza del Estanque Helado [o ibón Helado del Marboré], al pie del Monte Perdido. Coincidió nuestra llegada con la puesta del sol detrás del Marboré. La brillante caperuza nevada del Monte Perdido reflejó el último rayo y pronto su helado ropaje pareció querer envolvernos, y huimos ateridos de frío y llenos de asombro ante el imponente espectáculo”.

Dejo para la despedida el informe de otro montañero madrileño, Arnaldo de España. Lo redactaba en 1935 para la primera guía oficial del parque nacional de Ordesa. A pesar de que quedaban fuera del ámbito primitivo del espacio protegido, el Apartado XVI se dedicaba “A las Cascadas de Pineta”. Veamos sus acuosos contenidos:

“Las Cascadas de Pineta merecen, y mucho, una visita, pues, aunque el nombre genérico de cascada parezca igualarlas a las demás, especialmente a las señaladas en la Excursión XI con relación al río Arazas, son cosa tan diferente que no tiene semejanza alguna, no pudiendo hallarse tampoco en ellas monotonía ni cansancio por identidad de paraje, puesto que el suyo es distinto por completo.

”Las de Ordesa se encuentran a lo largo del río con toda tranquilidad, y puede decirse también hasta con coquetería, como si tuvieran la obligación de hacer unas piruetas con el agua para alegrar el paisaje del llano y entretener a los viajeros. Las de Pineta son el propio río Cinca, que se descuelga con furia por lo más alto de su circo como si enérgico, impetuoso y valiente quisiera escapar de la prisión que parecen mentirle los montículos de la gran altura donde se funden los glaciares y neveros que le dan vida. Su caída es desesperada, sin reglas ni concierto, francamente tumultuosa, aprovechando cualquier resquicio de aquella región ruidosa, denominada Paredes de Pineta, que valen las horas que se les dediquen, por muchas que sean.

”Entre todas las cascadas que comprende ese conjunto destacan la llamada de Tromosa por su magnitud y belleza, y aún más la de Cantal, que tiene en su base 1.850 metros de altitud y 2.068 en el arranque, midiendo por lo tanto su columna de agua más de doscientos metros efectivos.

”Todas ellas, y por la furia de su caída, brincan, formando blondas de espuma y cortinas de pulverización que alcanzan buenas distancias, determinando caprichos escénicos al dirigir los hilos de su cauce por resquicios pintorescos, y así una plomada nutrida de un solo cuerpo se divide a poco en infinitas ramificaciones, que le dan un aspecto de lo más artístico y atrayente. Otras hacen un socavón imponente que no hay forma de poderlo dominar para mirarlo, levantando nubes de salpicado como si cociese el agua en su fondo. Si algún curioso, al asomarse, fuera arrastrado por la fuerza del torrente, sería triturado sin remedio en el hondón del mortero que determina.

”Al final de la pared en que se encuentran esas interesantes cascadas entra el agua en cause único y normal para recorrer suavemente el valle de Pineta, después de recibir el otro brazo que le engrosa y que baja de los lagos de La Munia”.

Aquí dejaremos, por hoy, el mítico nacedero del río Cinca. Bien se ve que no solo de montañas vive el pirineísmo…

17 Comentarios

  1. Alberto, los del Ebro arriba te necesitamos. Si algún día Aragón se te que queda pequeño, los riojanos te agradeceríamos en el alma que vengas a iluminarnos; tenemos 7 valles con sus 7 ríos que desembocan en el Ebro. Pues bien, dos de ellos (Jubera y Najerilla) no tenemos muy claro donde nacen…

    • Pero, Hugo: Los riojanos te tienen a ti, recorriendo sus sierras de forma incansable y divulgando sus hallazgos en torno a nuestro común “Padre Ebro”… Si la colección ingresa en La Rioja, puedes echar más de un cable entre ambas orillas, de eso no hay duda… A pasar un buen cambio de añada muy bien acompañado, amigo, ¡ahora que no te tienes que desplazar hasta el Báltico!!!

      • Gracias, Alberto!!! Demasiado confías es este ser (bastante “cansable”)… Pero si hay que echar un cable desde río arriba, se echa encantado.
        Lo mismo, feliz entrada de año. Salud!!!

  2. Hermoso rincón que siempre me cautivó. Sorprende en el relato la ausencia de referencias a la dificultad del acceso, que para estos pioneros y hace años sería bastante problemática incluso en verano. Y también me ha llamado la atención esa nota de José Díaz acerca de un “camino de reciente construcción”… ¿porqué se haría”

    • Hey, José… Bueno: era un relato de corte “hidrológico”, más que “orográfico”; y eso que, no te creas, siempre tengo tentaciones de mirar más hacia las montañas que hacia el agua… En cuanto a lo del camino, la respuesta es sencilla: la construcción de la presa de Tucarroya… Más saludos…

  3. Hey, Alberto… Me ha parecido curioso que aquí también aparezca Ets Parets, como en Añisclo… De cualquier modo, es verdad que no todo van a ser montañas… Ya verás como los “nacederianos” pronto serán legión…

    • Sí: Ets Parets de Pineta, los muros del lado de las Tres Sorores y compañía… Según los exploradores del siglo XIX, en algún caso eran solo los muros bajo el Soum de Ramond; en otros, Ets Parets seguían también bajo la Suca y las Tres Marías… La Toponimia, la no politizada, es siempre asunto complicado… Saludotes, Xavi…

  4. Pensando especialmente en los miembros del club de Nacederos de Aragón, aquí van las primeras entregas de esta serie:
    “El Parque Nacional…, ¿del Ara o del Arazas?”, Blogs de Desnivel, 27 de febrero de 2018:
    https://blogs.desnivel.com/albertomartinez/2018/02/27/el-parque-nacional-del-ara-o-del-arazas/
    “Exploradores de la Fuente de Escuaín”, Blogs de Desnivel, 26 de julio de 2018:
    https://blogs.desnivel.com/albertomartinez/2018/07/26/exploradores-de-la-fuente-de-escuain/
    “Donde brota el río de Gavarnie, de Lourdes y de Pau”, Blogs de Desnivel, 28 de septiembre de 2018:
    https://blogs.desnivel.com/albertomartinez/2018/09/28/donde-brota-el-rio-de-gavarnie-de-lourdes-y-de-pau/
    “El secreto del ibón Helado del Monte Perdido”, Blogs de Desnivel, 3 de octubre de 2018:
    https://blogs.desnivel.com/albertomartinez/2018/10/03/el-secreto-del-ibon-helado-del-monte-perdido/
    “Viaje a Escuaín, el pueblo al que nadie va”, Blogs de Desnivel, 10 de diciembre de 2018:
    https://blogs.desnivel.com/albertomartinez/2018/12/10/viaje-a-escuain-el-pueblo-al-que-nadie-va/
    “El mítico nacedero del río Cinca”, Blogs de Desnivel, 18 de diciembre de 2018:
    https://blogs.desnivel.com/albertomartinez/2018/12/18/el-mitico-nacedero-del-rio-cinca/

        • Ya sabes: a los loritos se les da un poco de alpiste, se les pega a la pata un micro, se les suelta en cualquier auditorio y…

      • Alberto acabo de ver tu Face con la fotos de la excursión al Nacedero del Cinca. Recuerdo que contaste que tu “primera Tucarroya” fue en 1978. Igual tienes fotos de entonces. Igual te animas a publicarlas en el Face. Igual nos morimos de risa.

        • Ay, ay, ay: Makako Diabólico, temo que el mundo aún no está preparado para esas imágenes de mi visita al Balcón de Pineta, en familia, del verano de…, ¡1978…!!! Cómo pasa el tiempo, qué caramba…

      • Que no se me pase Alberto. Igual nos estás regalando una enciclopedia de los ríos de montaña de Aragón. Igual no nos estamos enterando. Es broma. Fijo que los amantes de las “buenas letras” agradecen lo que tú llamas “torrijas”. Datos y más datos para que acudamos bien armados a las excursiones que nos indicas. Fijo.

        • Igual sí, Makako… En fin, creo en el libre albedrío montaraz: que cada uno tome de mis, en efecto, “torrijas históricas”, los datos que guste… Que lo importante es subir mucho al monte, vamos…

          • Ya, ya, Doble-A: tranqui, que protegí bien la garganta durante el fin de semana pasado, que tocó pateada por la zona del Moncayo… Nos vemos mañana…

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