por

Del Centro de la Tierra…, ¡a Ordesa!

Nuestro flamante catedrático de Parque Nacionales acaba de ser padre (literario), para deleite de sus numerosos incondicionales. Así, este otoño que dejamos atrás, Eduardo Martínez de Pisón nos ha obsequiado con la tercera pieza de una trilogía sobre la que se va a escribir mucho (y bien). En esta ocasión, después de las obras dedicadas a Jules Verne y a las Artes en la Montaña, ha puesto en circulación sus Viajes al Centro de la Tierra. Noticias literarias, de Homero a Jules Verne (Fórcola, 2018). Vamos a asomarnos, aunque sea de un modo breve, por este peregrinaje singular…

Como en los trabajos previos, nos hallamos ante un libro destinado al noble gremio de, como se decía en el siglo XIX, los “viajeros desde el sillón de casa”. De la mano del profesor Martínez de Pisón formaremos parte de sus “diversos trasiegos antiguos y modernos por los huecos del interior de la Tierra”. Lo aclararé un poco más, recurriendo de nuevo al propio autor: los lectores ávidos de emociones van a poder disfrutar, e incluso estremecerse (literariamente hablando) con estos recorridos selectos por “algunas geografías del Infierno y ciertas incursiones notables por simas, cuevas y cráteres”. Donde tendrán lugar los más sabrosos encuentros con personajes como, lógicamente, el ya citado escritor de sci-fi temprana, Jules Verne… De quien pronto nos revela un dato tan escasamente conocido en tierras hispanas como que sus Veinte mil leguas de Viaje Submarino se originaran a resultas de una charla con la escritora Aurore Dupin, alias George Sand. Dama que supone una primera presencia pirineísta en este tratado, a la que siguen guiños y más guiños destinados a esta cordillera: desde la denuncia de la burrada recientemente cometida con los restos neolíticos de la cueva de Chaves en Guara…, hasta las resonancias poéticas de los Ecos de las Montañas de José Zorrilla.

El resto del elenco, ya real, ya imaginario, de estos Viajes al Centro de la Tierra, se puede completar con Don Quijote, Tom Sawyer, Umberto Eco, Haroun Tazieff, Homero, Virgilio, Dante, Boccaccio, Prometeo, Fausto, Quevedo, el barón de Munchausen o el Judío Errante. Todos ellos, instigadores o protagonistas de diferentes incursiones por el Infierno y otros territorios subterráneos (dantescos o no). Puede decirse que se trata de un trabajo de gran erudición y con enorme tendencia divulgativa, al estilo del Cosmos de Karl Sagan: en este caso, tal vez hablaríamos del Sub-Terra de Martínez de Pisón…

Es un libro (por fortuna) denso que resulta muy difícil de reseñar en unas cortas líneas. Del que no me resisto a recortarle un parrafito donde su creador realiza una interesante declaración de principios:

“Quienes me conocen personalmente saben que soy, desde casi siempre, pirineísta, lo que también viene a cuento, como ahora diré. El pirineísmo es una variante regional del alpinismo, aplicada al Pirineo, pero con notable entidad propia por sus propios caracteres no solo geográficos o deportivos sino culturales. Hay pirineístas exclusivos, con dedicación plena a la cordillera para recorrerla, describirla, pintarla, estudiarla; los hay más abiertos y también otros ocasionales, como Victor Hugo por ejemplo, pero que dejaron admirables obras sobre la montaña. Pues bien, George Sand pertenece a este grupo, con el ingrediente de haber repetido su visita inicial, y sobre todo, de haber guardado las impresiones recibidas en esta montaña con intensidad prácticamente toda su vida”.

Y quienes se hagan con esta obra más que recomendable disfrutarán igualmente con un apartado referido a cierto cartógrafo célebre, primo de nuestro querido Franz Schrader, llamado Élisée Reclus… Así, ahora ya en el plano de lo personal, he de agradecer públicamente a Eduardo que conectara una bella cita de este último erudito sobre los nacederos de ríos con la siguiente anotación que, por pudor, dejo incompleta: “Hay un bello libro de excursiones a las maravillas, a veces humildes y en ocasiones espectaculares, de los manantiales de Aragón, el reino que se dio a sí mismo nombre de río […]”.

En fin; bien se ve que los Montes de Pirene tienen una presencia especial en este libro dedicado al Inframundo. Porque Martínez de Pisón se da cita con otros pirineístas como José Cornide o José de Víu, además de promocionar a cierta Premio Desnivel de Literatura de Montaña, Viajes y Aventuras de esta misma Casa:

“Nuestra autora [George Sand] recorrió los Alpes mirando ávidamente los paisajes, e incluso entregada a la geografía en 1836, para disgusto de alguno de sus más introvertidos o etéreos acompañantes, tal y como ella misma escribió en Lettres d’un voyageur, y, según cuenta Marta Iturralde (Mujeres y montañas, Desnivel, 2002), hasta se hizo miembro del Club Alpino Francés ya avanzada su vida”.

Del mismo modo, es preciso destinar unas líneas a esos dibujos con los que Eduardo ameniza el texto: son una auténtica delicia; pura maravilla. Dichas ilustraciones constituyen toda una declaración de amor a las cavernas, desde la misma portada de Athanasius Kircher en 1665 con su diseño del Centro de la Tierra como volcán humeante con canales ígneos hacia la superficie…

No dudo que muchos lectores agradecerán que, casi al final del todo, Eduardo Martínez de Pisón haga suya cierta cita de Benito Jerónimo Feijoo: “En materia de erudición soy liberal de lo poco que tengo; y siendo pobre, me porto como rico. Algún día, lector, daremos otro paseo igualmente liberal por las llanuras, los ríos o los bosques. Es cuestión de tiempo, pues, como sabes, mi propósito es que ambos sigamos caminando por paisajes y palabras”. Esperemos que sea así.

¿Y cómo se podría conectar este Centro de la Tierra, tan instruido como ameno, con nuestra querida Ordesa? Nada más sencillo: aprovechando su nombramiento durante este 2018 como titular de la Cátedra de Parques Nacionales, Eduardo firmó un interesante artículo en el número de octubre de la Revista de Occidente. Llevaba por título “Cien años de Parques Nacionales” y, entre las páginas 17 y 20, dedicó un capítulo a Ordesa y Monte Perdido. A modo de celebración por las cien añadas que acaba de cumplir este espacio protegido, he extractado los párrafos más históricos con el permiso previo de su autor:

“El valle o cañón de Ordesa, recorrido por el río Arazas, afluente del Ara, está internado, escondido incluso largo tiempo, entre imponentes paredes rocosas, en el corazón calcáreo de las llamadas Sierras Interiores Pirenaicas. En el paso del siglo XVIII al XIX fue descubierto para la cultura pirineísta por el ilustrado Ramond; lo atisbó primero desde las cumbres, luego lo recorrió, se emocionó en sus bosques y finalmente lo describió con prosa romántica.

”Ramond dedicó su vida científica y montañera al Monte Perdido y, como creador de la corriente del sentimiento de la montaña en Francia, otorgó a estas montañas una fama y una aureola literaria y naturalista que otros exploradores y autores no habrían sido capaces de legar. Ordesa y Monte Perdido estaban destinados desde ese momento a la admiración por su paisaje, al respeto por su naturaleza y a su consideración especial como patrimonio. Aquí empezó, en verdad, su destino como futuro Parque Nacional.

”Otros reconocidos pirineístas siguieron ese magisterio en los mismos lugares, procedentes del inmediato circo de Gavarnie, como Schrader, quien cartografió más tarde, en el XIX y hasta el XX, el macizo, lo describió, estudió, dibujó y pintó, relató sus excursiones y midió sus glaciares. En los comienzos del XX, otro pirineísta francés, Briet, siguió esta tradición y recorrió cañones, montes y pueblos de la comarca aragonesa, plasmando sus impresiones en escritos de buena pluma. Alertados Schrader y Briet por cortas en el bosque añoso de Ordesa, al que consideraban intocable, lo denunciaron en sus informes e incluso el segundo hizo la proposición concreta y definitiva de convertir el valle, por parte de las autoridades españolas, en Parque Nacional. Los escritos, con fotos, de Briet sobre tozal, escarpes, fajas, hielos, cascadas, hayedos o pueblos fueron traducidos y divulgados tempranamente en nuestra lengua, por estar más interesados por las gentes y por ser de más fácil difusión, y así tuvieron un eco más directo en nuestra vertiente de la cordillera.

”La cercana frontera ejerció de este modo un doble papel: el retiro de nuestra montaña, del que procedía su estado de apariencia casi virginal, y la aproximación a ella del pirineísmo francés, que lo valoró. Por parte española hubo entonces, en 1878, la aportación señalada de Mallada, que contribuyó con rigor a la propagación de su interés geológico, desde las Tres Sorores a Fanlo. Cerca estaba, además, el puerto de Bujaruelo, por donde se realizaba el contacto principal entre ambos lados de la cadena montañosa, aunque los excursionistas y cazadores buscaban también otros pasos, como la Brecha de Rolando, la de Tucarroya o el puerto de Bielsa. La existencia del bucardo o cabra montés pirenaica en estas altitudes contribuyó a difundir su fama entre los ambientes cinegéticos que, como en los Picos de Europa, eran aún muy influyentes.

”Poco después se puso en marcha en Madrid la propuesta de Pidal, el hombre de las montañas, de los Parques Nacionales, con el apoyo cercano del monarca, y aquel llamamiento de origen internacional sobre Ordesa tuvo su oportunidad. A la manifiesta calidad paisajística, escénica y natural del valle se unieron otros puntales personales importantes. Por un lado, el de Alberto I de Mónaco, mecenas de importantes investigaciones en España, quien desde 1915 proponía la formación de un parque o espacio protegido conjunto hispano-francés en el Pirineo, en amistosa colaboración con Alfonso XIII y con Pidal y, por otra parte, el del respaldo explícito del marqués de la Vega Inclán, comisario regio de turismo, así como de las autoridades locales a la candidatura de Ordesa. Siguió a Briet, en 1916, el escritor aragonés Ricardo del Arco con la propuesta firme de Ordesa como primer Parque Nacional español.

”Se le concedió, sin embargo, muy poco espacio en 1918, condición que, con nuevos números, seguimos padeciendo: sólo 1.575 hectáreas frente a las 16.925 iniciales de su parque gemelo en los Picos de Europa. En 1931 se ampliarían hasta 2.175 hectáreas y en 1982 a 15.608 hectáreas, última cantidad aún inferior a la original de los Picos y por debajo de la indicada en la Ley de Parques Nacionales de 2014, que cifra en sus requerimientos territoriales (título II, artículos 6) el mínimo de la superficie para la creación de un nuevo Parque Nacional por encima de las 20.000 hectáreas cuando éste se sitúa, como es el caso de Ordesa –que persiste porque no es un parque nuevo, claro está–, en un área continental.

”Teniendo en cuenta, primero, que, según las publicaciones oficiales, hoy los Picos de Europa alcanzan las 67.127 hectáreas; segundo, que el colindante Parque Nacional francés del Pirineo se creó en 1967 con 45.200 hectáreas; y, tercero, que nuestros estudios sobre una razonable ampliación de Ordesa y Monte Perdido con sopesados criterios geográficos nos recomiendan extender ese Parque Nacional por su sector aragonés occidental a las 63.343 hectáreas, esta objetiva exposición de números se convierte en una cuestión esencial por su significado naturalista y por su planteamiento administrativo.

”Seguramente, nadie objetará tales datos, aunque se opongan a la ampliación consideraciones locales desde perspectivas económicas, gestoras y, acaso, políticas. De la ley del 14 deriva, no obstante, una tentación: cumplir con el requisito de llegar a las 20.000 hectáreas mínimas y no pasar de ahí. Pero, a la luz de su geografía y su naturaleza, no sólo de la ley, tal tímido movimiento de cifras no bastaría para satisfacer las necesidades reales de extensión de protección en el rango de Parque Nacional de este sector pirenaico.

”Es más: una extensión tan exigua, que no traería consigo sino mínimos beneficios conservacionistas, bloquearía en términos de actos políticos la ampliación a nuestro entender verdaderamente necesaria, similar en cambios de números a la que experimentó Covadonga en 1995. La amplitud y la posición de la actual Reserva de la Biosfera Ordesa-Viñamala muestran con cierta aproximación la pauta espacial básica a seguir en una ampliación geográficamente aceptable.

”En fin, tras varias amenazas de perturbación del paisaje en las inmediaciones de Ordesa, entre ellas la de una presa que inundaría parte de Añisclo, se hizo en 1982 la ampliación a los límites actuales del Parque Nacional, que añadió no sólo las gargantas próximas en el mismo macizo calcáreo, sino el arco de sus cumbres del Gabieto a las Tres Sorores, con lo que a la concavidad del valle se sumó y se estableció como centro orográfico la convexidad de la montaña, pasando a formar parte de los grandes paisajes del Parque los formidables glaciares de Monte Perdido. Albergue de una flora admirable, este Parque ha conocido progresos en su recubrimiento vegetal y en la vida silvestre, aunque ha padecido, en el polo opuesto, la extinción del bucardo en su recinto. Ha experimentado el asalto del turismo, que se ha convertido en el factor evidente de la prosperidad económica (hay otras prosperidades) de la comarca y que ha ocasionado también perturbaciones en una demanda que ha sido y es preciso regular. Alrededor del espacio protegido hay no sólo valles y cimas, sino una constelación de pueblos de visibles calidades en sus edificaciones tradicionales, que han experimentado las vicisitudes de nuestro mundo rural y que hoy giran alrededor de una empresa llamada Parque Nacional, a la vez naturaleza, paisaje, símbolo patrimonial y foco turístico.

”Desde 1997, como un preludio de fusiones mayores en un cada día más posible Parque Internacional europeo de los Pirineos, meta a conseguir una vez efectuada la ampliación que proponemos en la parte española, existe una feliz unión transfronteriza en el Patrimonio Mundial de Monte Perdido, que junta en el catálogo de la UNESCO a Ordesa y Gavarnie. Ordesa es hoy, en definitiva, un noble modelo de tratamiento a la montaña que, como canon, compite con los de turismo agresivo, tan celebrados en los telediarios”.

Bien se ve: de la mano de Eduardo Martínez de Pisón, resulta tan fácil como grato viajar desde el Centro de la Tierra hasta Ordesa…

  1. Alberto: que empieces con pie firme el 2.019. Muchos éxitos.

    • bonito modo de despedir el año alberto mientras piensas en nuevos escritos para 2.019

    • Y que decir del texto sobre Ordesa. Da un gusto que no veas leer Tres Sorores y Brecha de Rolando. Los nombres que usan quienes saben. Sin imponerlos.

      • Muchísimas gracias, amigos… Disculpad el retraso: andaba fuera, ya imaginaréis… ¡Mis mejores deseos para este 2019 que no ha hecho sino empezar!!!

Los comentarios están cerrados.