por

Un Jefazo para el Clan de la Nieve Vieja

La revista Desnivel propone, desde este número de enero de 2019, codearnos con el más bravío de los llamados Once Reyes pirenaicos. Me refiero al pic Long, un puntal de 3.192 metros que con frecuencia se ha considerado como la cota más alta del Pirineo galo. Cuanto menos, constituye la cúspide incuestionable del único macizo de esta cordillera enteramente emplazado en Francia.

A esta nueva entrega dedicada al techo de un grupo del que es absoluto dominador, el conocido como de la Nieve Vieja, se le han anticipado desde la Revista de Montaña Desnivel unas monografías destinadas a otros vértices no menos sugerentes como el “Pico de Campbieil” (nº 360, junio de 2016); “Estaragne y Alharisses” (nº 366, diciembre de 2016); el “Pico de Néouvielle” (nº 373, agosto de 2017); “Turon de Néouvielle y pico de Trois Conseillers” (nº 379, enero de 2018); “Ramougn” (nº 385, julio-agosto de 2018). Aún se pueden encargar a la editorial madrileña, por cierto, en caso de que queráis haceros con la colección…

Pero centrémonos ya en el Jefe de toda esta cuadrilla. A pesar de su eminencia, nuestro tresmil ingresó con notable retraso en la crónica pirenaica. Prácticamente nadie habló del mismo hasta que Henry Russell lo promocionara desde Les grandes ascensions des Pyrénées d’un mer à l’autre (1866). Lo hizo mediante un texto tan sobrio como práctico donde primaban las instrucciones para ganar su pic Long, o “pico alto”. No en vano, dicho libro se considera hoy como la más temprana guía deportiva del Pirineo.

El cuarto ascenso que describe a nuestra montaña supone, a falta de otro relato, la primera historiografía conocida del Monarca de la Nieve Vieja. Acompañemos en su aventura al gran pirineísta, curioseando por ese capítulo sesenta y tres consagrado a un “Pic Long (3.194 m)” cuyas rutas así difundía:

“Ascendido en 1846 por el duque de Nemours junto a Henri-Marc Sesquet [Briet prefería: Sesqué] y muchos otros guías: el mismo Marc Sesquet volvió allí conmigo en este año (de 1865), a pesar de sus sesenta y ocho años, acompañado por su hijo. De Franqueville también subió a dicho pico (en 1847). Creo que no tiene más ascensiones [salvo la del capitán geodesta Loupot en 1848]”.

”Muy difícil, aunque sea solo al final.

”Acudid para dormir a Gèdre, a doce kilómetros de Luz.

”10 min: Gèdre-Dessus. Subid hacia el este por la garganta de Cambiel (la orilla izquierda es más larga).

”1 h 30 min: Granjas de Cambiel (1.706 metros). Continuad subiendo hacia el este-sureste como si fueseis al puerto de Cambiel. Es un vallecillo silencioso y desierto.

”2 h 30 min: Virad al noreste y subid por taludes herbosos inclinados; algo de nieve. Muchos sarrios.

”3 h 30 min: La Hourquette, muy elevada aunque fácil, de Badet (3.000 metros), entre el Badet, a la izquierda (noreste), y el Cambiel, a la derecha (sureste). Vista limitada a algunas hectáreas por el otro costado: áspero cuenco de pizarras donde duerme un estanque a una altitud de 2.900 metros. Probablemente sea el más alto del Pirineo [sic]. No se distingue ningún pico conocido por la lejanía. Uno no sabe dónde se encuentra: estamos como en la cima del mundo. Dejando a la derecha este laguito rodeado de nieve (aunque completamente deshelado el 20 de septiembre de 1865 a pesar de su tremenda altitud), tomad la ruta hacia el noroeste.

”3 h 45 min: Atacad el glaciar oriental del pic Long, subiendo hacia el oeste, rumbo a la brecha abierta a la izquierda de la misma pirámide. Las pendientes, inicialmente poco marcadas, se enderezan mucho por arriba. Pero, de este modo, las grietas desaparecen: no aparecen grandes y abiertas sino en la base del glaciar [de Pays-Baché]. Hay que tallar escalones en el hielo.

”4 h: Hourquette del pic Long (3.100 metros), bastante fácil. Pasando entonces a la vertiente occidental de la montaña, las dificultades y peligros se vuelven palpables. Es una escalada terrible. Trepad por casi un cortado a pico hacia el nor-noroeste sobre rocas mal sujetas: se trata del único paso malo. Aquí cualquier caída resultaría mortal, pues un abismo de piedras rueda bajo los pies.

”4 h 15 min: Cima (de granito). Es una pirámide muy aguda sobre la cual diez personas apenas cabrían, que se apoya de oeste a norte y sureste, a través de precipicios espantosos, sobre una serie de glaciares muy agrietados, los únicos verdaderos que quedan en los Pirineos fuera de la línea de aguas. El pequeño lago de Tourrat, brillando al sol, casi parece que queda por debajo de nuestros pies, aunque la diferencia de nivel sobrepase los setecientos metros. Encontré la botella rota del duque de Nemours [donde dejó su tarjeta en 1846]. Temperatura a la sombra, el 20 de septiembre [de 1865]: 14ºC (esto no sucede jamás a alturas similares, y en esta estación, sobre la gran cadena, sino debido a la acumulación de hielos). Vistas análogas a las del Néouvielle. Al nor-noreste destaca el lago del Cap-de-Long.

”Si queréis variar vuestro descenso y tenéis los pies seguros, una vez de regreso a la Hourquette situada al sureste del pico, descended por el reverso occidental de la montaña, sobre unos guijarros rojos y movedizos, con ángulos de 60 y 70º. Es casi un precipicio bajo el cual, a seiscientos metros de profundidad, se perciben por el oeste-suroeste dos grandes masas de nieves eternas. Se trata de llegar hasta allí, por lo que vale más realizar un gran zigzag, marchando treinta minutos hacia el oeste y otros treinta hacia el sur. Es una operación verdaderamente peligrosa sobre torrentes de piedras que ruedan. Hay abismos por la izquierda.

”1 h 15 min (desde la cumbre): Dos grandes tapices de nieve al fondo de un circo, al pie de las murallas al oeste-suroeste del pico. Dirigíos con decisión hacia el sur, dejando a la derecha el torrente de Estibère-Male, que os conducirá tanto hacia los peligros como al pic d’Araillé (2.422 metros).

”1 h 40 min [desde la cumbre]: Virad ahora hacia el oeste.

”2 h 10 min [desde la cumbre]: Granjas de Cambiel.

”3 h 15 min [desde la cumbre]: Gèdre. Total, sin contar las paradas, son 7 h y 30 min”.

Lo dicho: de este modo ingresaba el pic Long en la bibliografía pirenaica a través de una madrugadora explicación de dos rutas. Su autor solía publicar tales textos en diversas revistas, para luego reunirlos en separatas y obras mayores de lomo duro. En 1878 Russell decidiría plasmar sus andanzas montaraces en un volumen hoy mítico: esos Souvenirs d’un montagnard que, tras ser revisados varias veces, se verían ampliados en las ediciones de 1888 y 1908.

Vamos a asomarnos al último versionado russelliano de la peripecia en el pic Long de 1865. Recuérdese: cuarenta y tres años después de haberla protagonizado. De esta manera se servía el capítulo sobre “Le pic Long (3.191 m)”, un tanto embellecido y aumentado, para los Souvenirs de 1908:

“Es la montaña más alta de los Pirineos franceses, dado que el Gran Vignemale se encuentra en la frontera. ¡Su nombre está bien elegido! Es una de las raras cimas de primer orden que se dejan ver desde Pau, desde donde parece un busto situado sobre un pedestal azul de altas montañas, con una cabeza cónica y hombros de una resplandeciente blancura. La punta extrema del pico es muy difícil, pero el resto es solo fatigoso.

”Se conocía una ascensión anterior a la mía [sic]: la del duque de Nemours (en 1846), guiado por Marc Sesquet, de Gèdre. Con este mismo excelente guía, diecinueve años más tarde (en 1865), realicé la segunda ascensión [cuarta, en realidad] del pic Long.

”Sesquet tenía sesenta y ocho años cuando me acompañó con su hijo, prueba sorprendente del poder de los hábitos; ¿cómo comprender que pueda, hasta tal punto, sustituir a la juventud? Puesto que teníamos prisa, realizamos la ascensión, ida y vuelta desde Gèdre, en siete horas y veinte minutos [como en este tiempo, hay pequeñas divergencias respecto al versionado del año 1866], y aquella misma noche me fui a dormir a Gavarnie.

”He aquí la ruta que seguimos. Salimos hacia el este por la garganta de Campbieil, llegando en una hora y treinta minutos a las cabañas que llevan el mismo nombre (1.706 metros). Dos horas después, subiendo siempre a la izquierda (noreste) por unos prados cada vez más pedregosos y empinados, franqueamos, con un tiempo brumoso, la Hourquette de Badet (2.908 metros), tras la cual se extendía una áspera cuenca de pizarras donde crujía tristemente una charca casi siempre helada. Allí se estaba como en la cima del mundo, aunque en una concavidad donde las vistas eran limitadas.

”Dejando entonces el pequeño lago a la derecha y subiendo al noroeste, atacamos en diagonal, hacia el oeste, el glaciar este del pic Long, dirigiéndonos hacia la estrecha brecha que se abría a la izquierda del pico. Las pendientes, primero muy suaves, pronto se enderezaron mucho, aunque así las grietas desaparecieron. Eso hizo que fuese más cómodo, pues no había llevado cuerda, al no saber por entonces que hubiese verdaderos glaciares lejos de la línea divisoria de los Pirineos. El pic Long tiene dos, uno al norte y al pie de un abismo, el otro al este. En una de las grietas de este último es donde, en 1840, pereció el desafortunado cazador Caubet, cuyo cadáver no aparecería hasta veintiocho años después (en 1868).

”Antes de alcanzar la pequeña brecha, tuvimos que tallar con el hacha varios peldaños en el hielo. Hubo algunas dificultades para salir, pero no resultaron serias. Fue a partir de la brecha cuando la escalada se volvió emocionante. Girando a la derecha (al nor-noroeste), nos izamos con las manos y casi en vertical sobre unas piedras que resbalaban bajo nuestros pies como el agua hacia el abismo. Fue el único paso difícil: un resbalón hubiera sido mortal…

”A cuatro horas y quince minutos de Gèdre nos encontramos sobre la cima granítica del pic Long (20 de septiembre [de 1865]). Temperatura de 14ºC a la sombra. Desgraciadamente, no me vi recompensado por tales esfuerzos, pues la niebla cubría la mitad de la cordillera. Un solo rayo de sol atravesaba las nubes: cayendo sobre el pequeño lago Tourrat, lo hacía relucir por el flanco norte, al fondo de un precipicio espantoso de ¡setecientos metros! El resto estaba oscuro y parecía Londres en una tarde lúgubre de octubre.

”Para variar de ruta, realizamos hacia el oeste un descenso algo al azar, aunque finalmente se vería premiado por el éxito. Habiendo regresado a la brecha (sur-sureste de la cima), fuimos hacia una especie de precipicio recubierto de piedras rojas, por unas pendientes que estimé en 60º. Para evitar una caída que me hubiera reducido a polvo, intenté bajar en zigzag, pero fui arrastrado por las piedras como por una avalancha: había que seguirlas hasta donde fuera. A esas alturas, y sobre todo en tales ángulos, el desplazamiento de la menor piedra conllevaba el movimiento de toda una hectárea. No creo que se pueda subir por allí: pero, envuelto hasta los tobillos en cascadas de piedras, no tuve más que dejarme ir para llegar abajo en un desorden espantoso, arrastrándolo todo al paso. Era como una catarata. Sin embargo, me llevó una hora descender los seiscientos metros al oeste-suroeste del pico. Ahí encontré dos charcos de nieve donde hice el voto, junto al hijo de Sesquet, de nunca aconsejar a nadie esta locura de juventud. Decididamente, el precipicio merece su nombre de Estibère-Male [o estiba mala]”.

Hasta aquí las dos versiones de la epopeya russelliana en el pic Long. Una montaña que dispone de su monografía en español desde este último número, el 391, de la revista Desnivel. Cuya primera recopilación de rutas, aunque de modo lógicamente sucinto, fuera realizada por Lucien Briet en 1903. Habría que echarle un vistacillo para comparar, ¿no…?

Comentar

Comentario

  1. El Pic Long me trae hermosos recuerdos. Cuando lo ascendí, hace ya bastantes años, el retroceso del glaciar había ya complicado mucho la vía normal sobre el glaciar Pays Baché, en la que estaban atrapados varios ascensionistas. No quiero pensar cómo estará ahora, a consecuencia del calentamiento global. Por mi parte, había optado por la hermosa arista NE que lo une al Maubic y, ante la acumulación de pireneístas que soportaba la vía normal, descendí por el Badet y Maou. En los tiempos de Russell, sin duda, todo sería muy diferente. Sigue sorprendiendo la audacia de sus ascensiones.

    • Lo mismo pienso, José: nunca dejo de sorprenderme por lo que se hacía en el siglo XIX… Ahora, como bien apuntas, se prefiere, con mucho, subir al pic Long por sus aristas, ya desde el Maubic, ya desde Estibère… Más saludos para la colección…

    • Muchas gracias, Alberto. Gran artículo sobre una de las cimas que más admiro y que constituye uno de mis últimos retos pirenaicos.

      • Hola, Josep… Pues si lo tienes como reto, aprovecharé para recomendarte que le eches un ojo a la monografía de la revista Desnivel con las porciones prácticas, que está más que completa… Bueno, y si quieres más literatura, a la siguiente entrada de este blog, donde nada más y nada menos que Lucien Briet nos aportará su granito de arena… Un saludo…

    • Maravillan tus cambios fulgurantes de escenarios. Pirenaicos o Ibéricos. Con estos seis trabajos de “los Albertos” salía un libro del Neouvielle de los buenos. Quizá se anime la Editorial.

      • Hey, Doble-A… No hay nada que admirar; ya sabes, uno empieza de pequeñito con la familia, pasa a los campamentos de crío, hace unos cursillos de adolescente, se lo monta por las alturas con su cuadrilla de veinteañeros… Un proceso progresivo donde, de un modo casi imperceptible, va aumentando las cotas y, generalmente, las dificultades… Por lo demás, los Pirineos constituyen un “terreno de juego” (por utilizar la expresión del alpinismo anglo del XIX) muy a mano y razonable, a nada que uno sea prudente…