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La intimidad de un Pico Virgen

Hace no mucho, un conocido pirineísta me contó que, a estas alturas de la feria, se había topado con cierta persona que consideraba que Lucien Briet era poco más que “un turista con sobrepeso de equipaje que no era nada sin sus guías”. Aunque ni él ni yo compartamos, ni de lejos, esta opinión expresada tan a la ligera, tampoco es para escandalizarse. Hoy en día está de moda hablar mucho sin tener gran idea del tema que se aborda.

Pero ahora toca darle un repaso al pic Long. Asunto que resulta muy sencillo si buscamos, justamente, entre la obra del mencionado parisino. Porque Briet firmó en 1903 un magnífico trabajo para el Annuaire del Club Alpin Français que sobriamente tituló: “Le pic Long”. Era una extensa monografía que explicaba el predominio que por entonces tenía el escenario pirenaico dentro de la referida publicación…, ¡para mosqueo de los asiduos a los Alpes!

Así pues, conozcamos un poco este sector del grupo de la Nieve Vieja de la mano del futuro explorador de los cañones y sierras altoaragonesas. Comenzando por una excelente presentación de nuestra montaña que apoyó mediante datos de todo tipo:

“Desde la cumbre del pic Midi de Bigorre, observando las crestas que delimitan el reino de España, se percibe, más allá del valle de Escoubous, un macizo cuya importancia y prestigio se comprenden de inmediato, en ningún modo menor que los del Néouvieille […]. Dicho macizo consta de varias cimas que no hay que confundir con cierta punta vecina, mucho más avanzada, situada a la derecha y bastante retrasada, a la que los primeros observadores de la cadena, allá en la época en la que Vidal y Reboul llevaron a cabo sus nivelaciones, asignaron el nombre característico de Pic-Long, pues se ignoraba todo sobre él. La altitud del Pic-Long, estimada entonces en 1.668 toesas (o 3.251 metros), reducida después hasta los 3.194 metros, parecía sobrepasar a la del pic du Midi, aunque no a la del Monte Perdido. Presentado de este modo ante la opinión pública, el Pic-Long fue, sin embargo, observado en la distancia, desde la periferia del Néouvieille principalmente […].

”El interés que presentaba la naturaleza granítica del Pic-Long pronto quedó eclipsado por la espléndidas excentricidades de ese Monte Perdido edificado con depósitos marinos. Ramond desvió hacia las Tres Sorores los ojos de la Ciencia y los músculos del Turismo […].

”En 1823, Jean de Charpentier, director de las minas del cantón de Vaud, constató en su Essai sur la constitution géognostique des Pyrénées, que los habitantes de Gèdre conocían al Pic-Long bajo el nombre de Et Soum d’Estibermale. De hecho, el Pic-Long domina por completo el barranco en cuestión. Después, algo más tarde, a través de Charles Packe, se supo que dicha cima se llamaba el Pic-Vierge [pico Virgen], pues hacía mucho tiempo que los cazadores de sarrios habían tratado de subir hasta allí. El maestro actual de Gèdre, Pierre Rondou, biznieto del guía que condujo a Ramond al asalto del Monte Perdido y entomologista distinguido, tuvo entre sus manos un antiguo legajo donde se establecían los derechos de riego de los habitantes de Gèdre-Dessus y donde aparecía como Soum de Grotosquiou, una denominación perdida, ignorada hoy por los nativos, pero que parecía aplicarse al pico que dominaba la Estibère-Male. Es decir: al Pic-Long, sobre el cual el vencedor del Néouvieille nos proporcionó en su día algunos informes valiosos.

”Efectivamente, Vincent de Chausenque contó [en 1851] que en 1846 el duque de Némours, quien se enfrentaba con las mayores dificultades en las montañas, realizó la ascensión de dos cimas vírgenes de los Pirineos: el Pic-Long y el Cilindro de Marboré. Nadie se ha atrevido a poner en duda esta derrota del Pic-Long, aunque ningún documento la certificara [salvo la tarjeta de visita que Russell halló en su cima en 1865], y a pesar de haberse probado claramente que el duque de Némours jamás puso el pie en el Cilindro […]. Henri-Marc Sesqué (que no Sesquet), de Gèdre, junto con otros porteadores, habría conducido al hijo de Louis-Philippe [último monarca de Francia, reinó de 1830 a 1848] al Pic-Long, que igualmente habría sido ascendido al año siguiente por Franqueville. A su vez, los oficiales topógrafos del Estado Mayor [francés] debieron de subir allí en 1848, y sería de gran interés saber si Peytier y Hossard, quienes hicieron del Pic-Long un vértice de segundo orden, tal y como se puede apreciar en el trazado trigonométrico de Coraboeuf [en 1831], no se decidieron a visitar esta cima en 1826 ó 1827, los años de sus operaciones. El conde Russell hizo el Pic-Long en 1865 junto al mismo Sesqué, ya con sesenta y ocho años, junto con su hijo [ver la entrada previa]. Después fueron muchas las ascensiones realizadas, más frecuentes hoy aunque resulten sin embargo escasas aún por cuenta de los peligros que presenta sobre su remate la escalada de esta montaña orgullosa.

”Recorriendo esa arista que, separada de la línea de partición de aguas en el pic de Troumouse, remonta tortuosamente hasta el col del Tourmalet entre los valles que riegan los Gaves y los que ven correr las Nestes, se pasa por el Pic-Long, un nudo formado por la unión de las tres aristas del Badet, del Cap-de-Long y del Bugarret […]. Al norte de la cresta del Bugarret se muestra un vasto plano inclinado, más o menos lleno de jorobas, salvaje y poco hospitalario para los pastores, blanqueado por los glaciares del Pic-Long y de Crabounouse. Ningún alpinista ha presumido aún de haber ido a beber del agua polar y elevada de Tourrat, fuente del Gave de Barada. La región septentrional del Pic-Long se descubre de maravilla desde el col de Rabiet, donde se construyó el refugio Packe. Los rebaños de sarrios que vagabundean en mitad de estas soledades le valieron probablemente el nombre de Crabounouse, o de las nieves de las cabras (de crabè, o cabra, y de nèous, o nieves), que el referido mapa del Estado Mayor ha escrito como Carbounouse sin ningún tipo de explicación [a veces se le supone una montaña carbonosa, u oscura].

”El Pic-Long adquiere su intensidad máxima en su cara Norte. Se eleva más de doscientos metros casi de una forma perpendicular, como proyectado desde su glaciar hasta la cima. La misma arista de Cap-de-Long apenas osa a alzar sus ojos sobre este alzamiento formidable. Al sur la mole somital del Pic-Long cae igualmente de un modo muy áspero, aunque menos profundamente, sobre esa ranura que se denomina Hourquette del Pic-Long. Por el lado este, sus murallas resultan invencibles. Pero, al oeste, se humaniza, apoyado por un contrafuerte que se abate de forma regular y sin demasiada prisa hacia el pic de Bugarret, un camino tan desgajado del que nadie se fía mucho.

”Desde el Turon de Néouvieille, lo mismo que desde el pic de Campbieil o desde el pic Badet, el Pic-Long aparece soberbio y dominador, como un dios alpestre alzado sobre su altar que tiene el cielo como santuario. Desde todos los puntos altos de la frontera se aprecia bien, barriendo el horizonte […]. Su cima es estrecha y vertiginosa: los restos de un cairn se desmoronan allí. Uno camina con precaución sobre sus bloques, de un granito roto que los geólogos han reconocido como de diorita. A causa de los abismos que se hunden por todas partes, el espíritu no se siente cómodo […]. Sin embargo, los rayos golpean al Pic-Long sin cesar, y las marcas pulidas que relucen aquí y allá en la chimenea de acceso lo atestiguan, recordando el paso de unos choques ardientes de los que no tienen mucho que temer, en este su hábitat aéreo, las pequeñas margaritas que cuelgan en gran número entre las grietas rocosas, casi hasta arriba, y que uno no esperaría hallar sobre estos precipicios su tan ligera como pálida sonrisa.

”Las tres aristas que confluyen en el Pic-Long han tenido que ser consideradas, mientras permanecía como Pic-Vierge, como otras tantas vías capaces de ayudar en su conquista. Desde tiempos inmemoriales, los cazadores de Aragnouet han acosado a los sarrios en las porciones superiores del Cap-de-Long, y pasaban necesariamente hasta Barada por la Hourquette de Campassen o de Bugarret, mientras que los de Gèdre utilizaban la Estibère-Bonne para dirigirse a la vertiente septentrional. Es posible que en el curso de estas partidas cinegéticas, donde los perros no podían participar, la necesidad de descubrir, de acosar y de abatir a sus presas, yendo a su encuentro con el viento a favor, forzara de buen o mal grado a algún montañés aventurero y osado a coronar el pico, lo que constituiría un primer asalto cuyas peripecias serían, con toda seguridad, curiosas de conocer al detalle. La Hourquette del Pic-Long, a caballo sobre el glaciar del Badet y el barranco de Estibère-Male, se ofrece por lo demás como un excelente bulevard. El conde Russell describió muy bien la escalada del Pic-Long por la Hourquette del Pic-Long en sus Grandes ascensions des Pyrénées [en 1866]. El general De Nansouty efectuó ese mismo recorrido partiendo del lago de Orédon, en lugar de hacerlo desde Gèdre. El 13 de agosto de 1880 quedó inaugurada una nueva ruta: en dicha jornada Brulle y De Monts alcanzaron por la Estibère-Bonne la cresta de Bugarret, de la que hollaron con sus pies las Cinco Puntas, subiendo al Pic-Long por una arista de las más divertidas, muy variada, atormentada, recortada por gendarmes, brechas y obstáculos de todo tipo, a veces muy curiosos. Después, en lugar de descender, como era costumbre, por el glaciar del Badet, tomaron como Russell por el Estibère-Male, que se hallaba defendido en su desembocadura por una muralla cuyo paso clave no es cómodo de hallar para quien no lo conoce. La tercera arista, la del Cap-de-Long, falta por tantear [pues no fue abierta hasta 1928]”.

Ya he dicho antes que Lucien Briet, erudito como pocos en cuantos temas abordaba, nos legó en 1903 una monografía sobre el Long absolutamente magnífica. En realidad, constituía su segundo repaso al macizo, dado que dos años antes ya le había dedicado otra a “Le pic Badet”. Pero regresemos con el Jefazo del grupo, del que el parisino dejó la reseña al detalle de esa normal que recorriera en 1895:

“La ascensión al Pic-Long se hace habitualmente por la Houquette que lleva su mismo nombre. Sencilla al comienzo, dicho recorrido no tarda en interesar para, finalmente, ser incluso bastante emocionante. Es preciso subir desde Gèdre por el valle de Campbieil, donde uno puede alojarse la víspera […].

”El Pic-Long, visible por encima de esta blanca colada [de su glaciar], se parece extrañamente a esas islas cónicas que los navegantes ven emerger a veces entre las olas. Se desarrolla y se agranda a medida que avanzamos. La cresta de su Hourquette no tarda en surgir como una auténtica barrera edificada por detrás. Del jirón del pico que lo acuna y protege de los vientos del sur, el glaciar del Badet se desliza abombándose, y no es sino hasta lo más alto de su abombamiento donde el Pic-Long aparece repentinamente desde el pie hasta la punta, como un gigante de la montaña, papel que por lo demás representa admirablemente. Dos promontorios, similares a unas patas cortas y nervosas, se destacan de sus flancos surcados de corredores abruptos. Se reconoce el granito. La cima acusa varias puntas, ninguna de las cuales es la verdadera. Uno continúa embarcándose sobre los neveros según la traza de la curva que dibuja en un ruedo. Aquí las grietas no son de temer. Se pasa muy por encima de la rimaya que el espolón del pic Badet ocasiona […]. La subida resulta cada vez más áspera. Los pasos se excavan ellos solos bajo las botas con suelas herradas. A través de un zigzag obligatorio se llaga al pie de la Hourquette. Dicho collado se abate en una horca, arqueada hacia el norte del pico y por completo contra el mismo, en la arista que baja del pic Badet. Su muralla cuenta entre los veinte y los treinta metros de altura. Dos chimeneas contiguas permiten la escalada con tal de que la grieta, de la cual se holla uno de sus labios, no se separe en exceso de la roca.

”Esta bergschrund [rimaya], como todas las demás, varía de aspecto y anchura según la época en que se aborde. Generalmente se supera con gran facilidad. En la chimenea que habitualmente se elige, la ayuda de las rodillas no molesta; se arrastra allí un poco. Tiene algo de barro morrénico aquí y allá. El 20 de agosto de 1895 me vi en la obligación de romper a golpe de piolet las placas de nieve helada, muy molestas. Una vez arriba, uno está sobre un terreno estrecho con suelos muy accidentados: el Estibère-Male se ve hundido muy abajo. Esta arista granítica difiere extrañamente de las cúspides esquistosas, a menudo pulverizas por el tiempo y metamorfoseadas en senderos aéreos: los huracanes han sacudido con rabia e intermisión de un extremo a otro sin legar, sin embargo, a abatirla ni, todavía menos, a nivelarla. Algunos obeliscos la erizan y unas brechas infranqueables la interrumpen. Es como una mandíbula de Satán abriendo sus dientes al cielo. Imposible seguirla de un modo matemático; uno no puede sino seguirla aproximadamente de cerca […].

”Hacia el lado del Pic-Long, tocamos una aguja que se lanza hacia las nubes. Uno se explica, examinando dicho paso, por qué el conde Russell escribió que un resbalón resultaría mortal. Se debe trepar por un cortado a pico, dejando la punta de la aguja un tanto a la derecha. La solidez de las rocas atenúa el peligro. Evidentemente, como una primera aproximación, la rudeza de este asalto tiende a que reflexionen quienes no tienen costumbre o no frecuentan sino raramente las altas cimas: la crónica proclama que ciertas personas que se vanagloriaron de querer humillar al Pic-Long terminaron dando media vuelta en este lugar. No hay que suponer por esto que dicha ascensión constituya todo un desafío, pues poco a poco la inclinación decrece, una chimenea nos la facilita y pronto no resta sino avanzar en equilibrio sobre una arista estrecha y rota, primero sobre un abismo vertiginoso, hasta alcanzar el amasijo circular de piedras que señala la cumbre […].

”La cima del Pic-Long es una cresta estrecha, ligeramente curvada, de quince a veinte metros de longitud. Gruesos bloques de diorita se alinean por aquí a modo de un rosario: es preciso saltar de uno a otro para seguirla, lo cual resulta sencillo, pues casi se tocan. Un precipicio vertiginoso limita por la derecha este camino del espacio. Por el oeste, el vacío produce un efecto mucho menor: se trata de una pendiente, es cierto que muy inclinada, pero por la que se podría descender, y que queda por entero obstruida por un caos de fragmentos graníticos […]. La gruesa torreta, construida antaño para determinar la cima, ya no es sino un montón de escombros: contenía una botella donde los ascensionistas introducían sus tarjetas de visita. Dicha botella se reduce hoy a un pobre culo de vidrio fundido, disimulado bajo un bloque que lo protege lo justo, pues tuve el placer de encontrar allí, el 4 de agosto de 1903, un papel de Bristol depositado el 20 de agosto de 1895; es decir: ocho años antes. El Pic-Long domina a todas las cimas de su entorno. Ahí su nombre: es el más Largo; o sea, el más alto”.

Corto aquí. Son veintiocho páginas de una mini-maxi-monografía con historia, toponimia, descripciones de ascensos, propuestas de variantes y desglose de las vías lógicas que se podrían tentar en un futuro. ¿Qué más se le podía pedir a un trabajo de 1903?

Ciertamente, al lado de Lucien Briet, uno no pasa de mero aprendiz de pirineísta…

  1. «Hoy en día está de moda hablar mucho sin tener gran idea del tema que se aborda» Tremenda verdad y gran ejemplo el tuyo, Alberto, a la hora de tratar cualquier asunto y proporcionarnos tan interesantes aportaciones. Esta, desde luego, destaca por su valor.
    Saludos.

    • Pues tiraré una piedra (no muy grande) sobre mi tejado: con frecuencia, con bastante frecuencia, suelo corregirme… Algo que redacté hace ¿milenios?, y que ahora puedo rectificar… Casi siempre, en esta tribuna de desnivel.com, que no es mal sitio… El caso que citaba, sin mencionar a los protagonistas, me pareció espècialmente sangrante, he de añadir… Más saludos, José: por cierto, esta tarde, a las 19:30 h, tenemos un trío de eventos en la sede de Montañeros de Aragón…

  2. Aunque sin escandalizarse, no está demás decir que para aprendices de pirineístas quienes afirman que Briet era “un turista con sobrepeso de equipaje que no era nada sin sus guías”… Y aunque así fuera, después de leer tus extractos de esta maravilla de monografía, queda claro que no todo es subir montañas…

    • Cierto, Xavi, y la verdad es que Lucien Briet se curraba a base de bien unos textos que, más se leen, más gustan… Tanto por la forma de redactar sus vivencias exploradoras como por lo bien que se documentaba… Ojalá salgan más textos sobre Briet… Y haya dinero para sacar a la luz la porrada de fotos suyas que duermen en el Museo Pirenaico de Lourdees, por cierto… Más saludos…, ¿brietanos? ¿brietenses?

    • Alberto, llevo media vida en la montaña y de aseguro que jamás sospeché que habia tantas historias detrás. Animo con ellas.

      • Hola, A.A.: yo tampoco, no te creas, y hablo de hace no demasiado… Pero hay un montón de datos circulando en estos momentos por ahí, en reediciones de pago, o en bibliotecas virtuales en libre… Si te gustan estas «historias en papel sepia», echa un vistazo a los enlaces de mi FB… Más saludos, rey de los lectores…

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