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Dos visitas al Monarca en 1954

No es ningún secreto: para el montañismo aragonés, el Aneto constituye uno de sus picos emblemáticos. Si no el de mayor prestigio desde el punto de vista pirineísta. Y desde largo tiempo atrás. Justamente de eso se trata: de viajar hasta los años cincuenta del siglo pasado, cuando el Rey del Pirineo lucía una pátina de gran montaña que, en cierto modo, ha ido desgastándose un tanto con cada lustro transcurrido. Solo nos resta conocer quiénes serán nuestros anfitriones…

Entre los diferentes clubs que han hecho un poco “suya” esta cumbre, destaca, por varias razones del todo objetivas, Montañeros de Aragón. Una sociedad deportiva que el 11 de mayo de 2019 cumplirá noventa años de trayectoria. Será cuestión de homenajear a los más de doce mil socios que por ella han desfilado a través de una serie de crónicas poco o nada difundidas.

Así, para esta visita virtual hasta la cota 3.404 metros se ha seleccionado, con el fin de que nos guíen, a dos socios de Montañeros de Aragón altamente significativos. A quienes, en un momento u otro, se les realizaron unas entrevistas, a partir de las cuales se compusieron sendos artículos para las publicaciones de su Club. De forma curiosa, ambas hablaban de ascensiones al Techo pirenaico en 1954: un cuarto de siglo después de la fundación de Montañeros. Parece una ocasión perfecta para servir unidas dichas experiencias.

Vamos con la primera, realizada en pleno invierno. La narraba Ángel Serón García hacia 1998. Con sus anotaciones, y previa corrección del interesado, fue difundida desde el número 53 (IIIª Época) del Boletín de Montañeros de Aragón (abril-junio de 1998) bajo el título de “Una invernal al Aneto en los años cincuenta”. El gran escalador zaragozano narró una aventura llevada a cabo felizmente junto a José Tricas, Antonio González Sicilia y Eduardo Vicente por la que dicho cuarteto obtuvo la Medalla de Bronce de la Federación Española de Montañismo. Es una primera invernal con esquís de los Montañeros que, aunque tardía, hay que enmarcar dentro de las diversas celebraciones por sus Bodas de Plata:

“Un 23 de febrero de 1954, Francisco Ramón [presente en la primera parte], José Tricas, Antonio González Sicilia, Eduardo Vicente y yo, salíamos de Benasque –de la única fonda que en aquellos tiempos había en el pueblo– con los esquís puestos y con mucha moral. Recorrimos los dos kilómetros de carretera por el lado derecho del valle, adentrándonos en él cada vez más, y luego por un bosque en el que había momentos en los que la vegetación era tan espesa que ni los rayos solares la traspasaban. El camino era cómodo, pues había mucha nieve y los esquís marchaban muy bien. Así seguimos hasta el Hospital de Benasque […], que aquello siempre ha sido un corral de ganado. Y, según dicen, refugio de contrabandistas de Francia y España.

”Allí mismo nos quedamos a cenar y a dormir […], para emprender la marcha al día siguiente hacia la Renclusa. A partir de ahora, podríamos contemplar las vistas nevadas tanto de las alturas como del mismo valle. Todo era maravilloso, pues el tiempo se presentaba muy soleado, aunque con alguna nube. Llegamos a la Renclusa bastante descansados, pues paramos muchas veces a contemplar el panorama del Salvaguardia y del inmenso macizo de las Maladetas. Pero, en este refugio, ya no dormiríamos tan bien… Antonio había comprado cinco sacos de papel para meternos dentro de ellos con nuestro saco de dormir. Por la noche, todo iba bien, hasta que comenzamos a darnos la vuelta dentro de ellos: parecía que el refugio temblaba, ¡y no exagero! Al final, el sueño y el cansancio pudieron más que todo el ruido de nuestros sacos de papel.

”Al día siguiente, 25 de febrero, partimos de la Renclusa con los crampones y el piolet en la mochila. La mañana era mala, mas iniciamos nuestra ruta, camino al Portillón Inferior. Pero cuál sería nuestra sorpresa al ver que del collado del Salvaguardia salía una nube que avanzaba hacia nosotros a gran velocidad… ¡en un momento, cubrió el valle por completo! Era la dichosa boira [niebla] que siempre nos manda Francia. Entonces lo más sensato hubiese sido volvernos al refugio, sin embargo, los cinco decidimos seguir adelante. Ya en el glaciar del Aneto, quisimos ir en dirección Coronas, yendo en cambio a parar al collado Maldito. Enseguida lo reconocí: en el verano de 1953, Fernando Millán y yo habíamos hecho el Aneto y toda la cresta que va del Coronas al pico del Medio y la punta de Astorg. Así, por las mismas huellas de subida, tuvimos que regresar al Portillón. Llegamos a la Renclusa completamente de noche. Ya en los dichosos sacos, yo no dejaba de pensar qué nos hubiera pasado si nos llega a caer la más pequeña nevada. Además, desde siempre he creído que la niebla es el mayor enemigo que tiene el montañero.

”La mañana siguiente la dedicaríamos al descanso. Nuestro compañero Ramón el Galletas, por motivos de trabajo, tuvo que regresar a Zaragoza. Pero el día 27 de febrero de 1954, con un tiempo espléndido y un amanecer muy frío, volvimos a iniciar el camino hacia el Aneto. Llegamos sin problemas al Portillón, haciendo alguna parada para contemplar sus deslumbrantes vistas mientras ganábamos altura con nuestros esquís. El pico de la Renclusa, que desde abajo no aparenta nada, desde el collado nos impresionó: totalmente recubierto de nieve, parecía una aguja de mucho respeto. Pero nosotros continuamos la marcha y, en dos horas, alcanzamos el collado de Coronas.

”Cien metros más arriba, debíamos cambiar las tablas por los crampones y encordarnos, pues el hielo estaba verdaderamente duro. No perdimos mucho tiempo en la primera cima, cruzando enseguida el Paso [Puente] de Mahoma. Hasta en verano, los dos precipicios que tiene tanto a derecha como a izquierda, con toda su profundidad de abismo, siempre me han causado respeto. Sin novedad, ganamos la segunda cima. En toda mi vida montañera jamás había visto nada comparable a la panorámica invernal que pudimos contemplar desde el Aneto: todos los picos del Pirineo aragonés estaban al alcance de tu mano, hasta el Monte Perdido. Para mí fue incomparablemente más bonito que el paisaje desde el Mont-Blanc, en el que todo estaba distante…

”En la cumbre del Aneto nos sucedió una anécdota. Pepe Tricas sacó el libro del buzón, que estaba lleno, por lo que dejamos uno nuestro y nos bajamos el que había. Pero, cuál sería nuestra sorpresa cuando, a los dos meses de nuestra ascensión, recibimos cierta carta en Montañeros de Aragón. Era del Centro Excursionista de Cataluña, y en ella nos decía que, por decreto del rey Alfonso XIII, la cima del Aneto era una concesión de su club, y que no podíamos entonces dejar nuestro libro de cima. Esto no es broma: ¡fue real como lo cuento!

”Con las mismas precauciones que a la ida, cruzamos el Paso de Mahoma y, bien encordados, bajamos hasta donde habíamos dejado los esquís. Tras hacer el cambio de crampones por tablas, Pepe Tricas pasó delante y nos mostró la forma de bajar con ellas. Hicimos el descenso de un tirón hasta el Portillón, disfrutando después de la fácil esquiada hasta la Renclusa. Aquella noche, comimos mucho para no llevar peso hacia el valle… Por fin, nos decidimos a mandar nuestros sacos de papel al cubo de la basura, por lo que si cenamos bien, dormimos mucho mejor”.

Resulta muy curioso ver a Ángel Serón, reconocido por ser uno de los padres del sexto grado en la escalada aragonesa, en esta faceta como cronista del deporte de las dos tablas… Ahora, el segundo testimonio de las subidas a la Cúspide de Huesca en 1954. De la mano de Ricardo Arantegui Pérez, conoceremos sus “Recuerdos de mi primer Aneto”. A resultas de la correspondiente entrevista y de sus correcciones, se editaba desde el número 65 (IIIª Época) del Boletín de Montañeros de Aragón (mayo-septiembre de 2001). Demos un nuevo salto de sesenta y cinco años en el tiempo:

“He subido en bastantes ocasiones al Aneto, una montaña de la que guardo grandes recuerdos. He estado allí con mi mujer y con mis cuatro hijos, pero una vez con cada uno, que nunca hemos ido en grupo. Con mi hija pequeña, Blanca, me parece que he subido dos veces, porque no llevamos la cámara de fotos en la primera, y quería tener una foto con ella: siempre me hago una foto en las cimas, con la gente que me acompaña. Así que la engañé y volvimos al Aneto para hacernos la foto familiar que me faltaba […].

”La primera vez subí al Aneto con Angelines [Acero], mi mujer: nos casamos en octubre 1953 y, en el verano de 1954, antes de que viniese nuestro primer hijo, nos subimos allí arriba.

”El viaje ya era toda una aventura: un autobús de Zaragoza a Huesca, otro de Huesca a Barbastro, otro de Barbastro a Graus y otro de Graus a Benasque. Allí, en Benasque, había que hacer noche, porque aunque salíamos al punto de la mañana de Zaragoza, con todos esos transbordos llegabas a tu destino a oscuras.

”En Benasque ibas a la Fonda Sayó, donde alquilabas también el mulo en el que subías toda la comida. A lo mejor había otros muleros pero, si no dormías en casa de Abadías Sayó, estabas perdido. Fíjate que, al bajar del autobús, yo me hallaba muy despistado, aunque sabía que tenía que dirigirme a dicha Fonda.

”Vi a un hombre con un mulo de montaña hermoso y le pregunté si al día siguiente querría subir a la Renclusa transportando nuestra caja de madera con los víveres.

”En aquel tiempo, había que llevarlo todo de Zaragoza: harina para cambiarla por pan y cosas así, porque no te vendían nada. Además, así economizábamos, porque de comer en la Renclusa, ni hablar: eso era para los catalanes.

”En fin: pregunté al hombre si me llevaría las cargas, que eso sí que estaba previsto en nuestra pobre economía… Pero dijo que no, y se escabulló como pudo. Nos fuimos, pues, a la Fonda, cenamos y allí se encargaron de preparar lo del transporte para el día siguiente: teníamos al mismo hombre en la puerta de la Fonda cuando salimos por la mañana, el que nos había dicho que no. O sea: todo pasaba por Abadías Sayó; y si no, nada. Además, nosotros le pagamos a Abadías, no al mulero.

”Subimos con la mula, solo nosotros dos, mi mujer y yo. De paso, con lo que le pagamos por el viaje al hombre, le debimos pagar también lo que bajó, porque cargó cosas en la Renclusa. Pero era igual: a nosotros nos hizo el servicio y acampamos allí, junto a unos chicos de Peña Guara con los que decidimos subir al Aneto.

”Dormimos en una ladera junto al refugio donde siempre se había acampado. No madrugamos mucho, que entonces no teníamos ese hábito.

”Aunque nos dijeron que debíamos empezar a andar a las 6:00 h, a nosotros nos pareció demasiado pronto. No contábamos con que más valía que sobrase el tiempo, y más con lo estupendo que es llegar a la cumbre temprano, sobre las 9:00 h. Antes de salir, hicimos un desayuno como es debido: yo tenía un [infiernillo] Primus, de esos de inyección de gasolina, y había que preparar el desayuno y recogerlo todo. Pero las cosas se quedaban allí mientras nosotros subíamos a la montaña.

”Creo que entonces se pasaba por el Portillón de Abajo, pues había mucha nieve en el glaciar. Y nos metimos en él. Yo llevaba unos crampones que estaban forjados a mano por José Luis Álava, que llevaban un sistema de ataje peculiar pero muy eficaz, cómodo y rápido. También habíamos traído piolet y cuerda, justo la que compré a medias con Julián Gracia y que acabamos de partirla, no sé si porque había sufrido algún desperfecto. Creo que era de treinta metros y até con ella a mi mujer.

”Así, subimos con aquellos muchachos de Peña Guara, que fueron los que pusieron las Clavijas de Vadiello, las de la Canal de la Palomera. Angelines y yo íbamos más lentos, detrás de ellos, y en una ocasión vi que debíamos de ir por encima de una grieta, porque era muy característica la placa de nieve, que hacía una especie de hundimiento y continuaba. Todos marchábamos paralelos a ella y, si llega a ceder, nos hubiéramos caído todos.

”En el Paso [Puente] de Mahoma, había unos catalanes que estaban pasando agachados, casi reptando, porque no se atrevían a hacerlo andando. Todos esperamos a que se desalojara porque estaban pasando tres o cuatro personas: ahora, yo he llegado a estar treinta o cuarenta, yendo y viniendo a la vez, unos por arriba y otros por abajo. Pero entonces se esperaba a que terminaran, si había otros que estaban cruzando. Y nos tocó a nosotros, yo vi que no representaba mucha dificultad. Así, le dije a Angelines que pasaría hasta donde llegara la cuerda, allí me sentaría y ella vendría. No le dije cómo lo tenía que hacer.

”Me puse derecho en la cresta, sin preocuparme de si iba de pedrusco a pedrusco a ras de suelo, o trescientos metros más arriba. Lo único, que hay que tener más cuidado. Desde la cima le dije a mi mujer que ya podía venir, cosa que hizo tranquila, haciendo lo mismo que había hecho yo. Los catalanes, que estaban al otro lado, no hacían más que decir cómo habíamos hecho eso.

”Aún estaba la cruz del Paso de Mahoma, la pequeñita de Sayó, donde hubo un accidente. La bajada fue sin ningún problema, muy bonita. Y así fue mi primera excursión al Aneto, el día 15 de agosto de 1954”.

En efecto: de este modo se trepaba al Aneto, tanto en invierno como en verano, hace sesenta y cinco añadas. Cuando el Gigante del Pirineo suscitaba sentimientos de respeto y afecto a partes iguales. Tiempos muy lejanos, sin duda, que en ciertas entidades deportivas como Montañeros de Aragón se trata de preservar…

  1. Aneto, mi primera cima, con 14 ó 15 años. No la he vuelto a pisar.

    • Sí, sí; es muy típico que el Aneto sea la primera cima… La mía también, por cierto, con trece insensatos años… No veas, lo mal que lo pasé sobre el Puente de Mahoma, durante esa visita inaugural… Más saludos (nostálgicos), José…

  2. No solo de pasado vive nuestra sociedad deportiva… Por ejemplo, mañana mismo, martes 26 de marzo, tendrá lugar en la sede de Gran Vía 11 de Zaragoza, dos interesantes actos:
    Por un lado, se presentará la exposición fotográfica de nuestro consocio, Ignacio Ferrando Margelí: “La Antártida, la magia del hielo”.
    Por otro, el igualmente socio, Julio Viñuales Cobos, nos dedicará un audiovisual sobre su “Esquí con mayúsculas a través del Ártico”.
    A las 19:30 h, entrada libre para esta “Velada Polar”…
    Para más datos, buscad en nuestra Web:
    https://www.montanerosdearagon.org/exposicion-90-aniversario-la-antartida-la-magia-del-hielo/
    https://www.montanerosdearagon.org/ciclo-de-audiovisuales-90-aniversario-esqui-con-mayusculas-a-traves-del-artico/

      • Y bien que te lo pasarás, eso fijo… Nos vemos esta tarde (espero)…

    • Vaya que sí Alberto. Me apunto a esa Velada Polar. Lastima que no se amplíe a estos Anetos del 54. Hubiera quedado redonda.

      • Bueno, Makako: ya vamos bien servidos, que la velada tendrá su enjundia y más temas, esa misma tarde… Otras habrá: que cada último martes de cada mes, salvo en julio y agosto, tendremos reata de eventos… Y algún otro, fuera de este programa: controla la Web de Montañeros… Más saludos cordiales…

        • Alberto mi pésame por la reciente muerte de Ricardo que ya sé cuanto lo querías. Como todos cuantos lo trataron un poco. Descanse en Paz.

          • Bueno; la verdad es que estas pérdidas, aunque se produzcan en varios tiempos, siempre se lamentan. Nos dejan, cada vez más, un poco huérfanos. Y a Ricardo Arantegui lo vamos a echar mucho de menos…

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