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Un primer Puro…, en Riglos

A veces aparecen documentos por los clubs señeros de montaña que, quizás, se encontraban un tanto traspapelados. Tal podría ser el caso de ese texto sobriamente titulado como “El Puro” y de autoría anónima que dormía por el Archivo de Montañeros de Aragón hasta hace no demasiado. Ni más ni menos que con la narración de la apertura de la primera ruta a ese monolito riglero. Realizada, como es bien sabido, por Manuel Bescós, Ángel López Cintero y Alberto Rabadá en 1953.

Por desgracia, dicho hallazgo no llegaría a tiempo para que fuese promovido con los honores que merecía dentro de ese Especial con el que dicho Club festejó el “50 aniversario de la ascensión del Puro en Riglos (1953-2003)”. Y se trataba de un texto en cierto modo complementario al que Simón Elías sirviera desde su Rabadá y Navarro. La cordada imposible (Desnivel, 2007), firmado por Cintero.

Sin entrar en disquisiciones sobre la posible autoría de las líneas que hoy nos ocupan (para no meter la pata), añadir que este trabajado artículo resucitó hace una decena de añadas, recibiendo una difusión un tanto doméstica desde el Anexo del Boletín Digital número 19 (marzo-abril de 2011). Así pues, nada como airear una vez más cómo pudo discurrir la conquista del Puro de Riglos. Del brazo de un ordenado cronista cuya identidad, por el momento, permanece en el anonimato:

“Es por todos conocida la situación de los Mallos de Riglos. En el extremo occidental de la sierra de Loarre, a cien kilómetros de Zaragoza, y dominando el simpático pueblecillo de Riglos, se desarrolla una larga serie de majestuosos monolitos; el más importante de todos es el mallo Pisón, colocado encima mismo de la iglesia, que parece peligrar bajo su enorme mole.

”Y, en un flanco del gigantesco Pisón, que con sus trescientos metros vertiginosos parece un poco rechoncho por la extremada regularidad de su mole, sale a modo de hijuela una esbelta aguja, de ciento setenta metros de altura, de los cuales ciento veinte están unidos al Pisón, y los cincuenta restantes se yerguen limpiamente en una verticalidad que parece inestable…

”Es el Puro, con cuya conquista han soñado muchos y buenos escaladores, tres de los cuales han rendido el valioso tributo de su vida al pie del Pisón: Mariano Cored y Víctor Carilla que perecieron en la empresa, y Manuel Bescós que, después de haber conquistado en dura batalla la anhelada presa, fue vencido a su vez, otro día en el descenso del Pisón, al que había subido por la vía normal.

”Pero dejemos las consideraciones a un lado, para entrar en una detallada descripción de características, fechas, datos, etcétera, utilizando en parte el material facilitado por Manuel Bescós después de su hazaña.

”La roca que forma estos mallos es conglomerado rojizo, característico en Riglos y muy poco frecuente fuera de esta zona. Concretándonos al mallo […], la composición es del tipo de pudinga fragmentosa con algún tramo de menos verticalidad de pudinga pugilario. La pudinga o conglomerado se caracteriza en general por su color rojizo, bastante abundante en presas y con muchas grietas para clavar, aunque a trozos está excesivamente descompuesto por la presencia de arcilla entre los fragmentos de roca, arcilla que los elementos atmosféricos van socavando. El tipo anagenita toma un color gris-pardo, tiene extraordinaria dureza por haber mayor abundancia de caliza, y son muy pocas las grietas que presenta para clavar. Su presa es muy pequeña, pero extraordinariamente segura.

”El primer intento fue realizado el día 13 de julio de 1947, por una cordada de Huesca formada por Cored, Martí, Esquiroz y Asín. Comenzaron el ataque por el extremo sudoeste, ganando unos treinta metros de altura, desde los cuales cayó el infortunado Mariano Cored. Fue recogido y trasladado rápidamente al pueblo de Riglos, en gravísimo estado, falleciendo poco después.

”Este accidente frenó las actividades de los escaladores durante un par de años. En 1950 realiza tres intentos el Grupo de Escalada de Montañeros de Aragón, utilizando una grieta muy ancha que parte del mismo suelo en la pared Oeste, cuya grieta continúa hasta el collado que separa el Pisón y el Puro. En el tercer intento, la cordada compuesta por Carilla, Serón y Millán alcanzó cincuenta y cinco metros, después de salvar lo que parecía ser la parte más difícil del comienzo: un fuerte extraplomo, muy descompuesto además.

”Pero, poco después, el primero de la cuerda, Víctor Carilla, se vino abajo con un gran trozo de conglomerado que se desprendió a su peso, partiendo la cuerda y ocasionando el segundo trágico suceso. Era el día 7 de abril de 1950.

”La escalada del monolito, que ya se tenía conceptuada como muy difícil, creció en importancia a los ojos de los escaladores, que la consideraron como el máximo objetivo que podía alcanzarse.

”En el año 1953 entra en acción un grupo de muchachos, encabezados por Manuel Bescós. Pertenecientes todos ellos al Grupo de Escalada de Montañeros de Aragón, iniciaron una serie de tanteos en las dos vías abiertas por Cored y Carilla, así como un efectivo entrenamiento. En mayo de dicho año, se presenta en Riglos una cordada compuesta por Panyella, Ayats, Rosig y Salas, que consiguen llegar hasta el mismo collado, pero tienen que abandonar la empresa.

”Un mes más tarde, llevan a cabo Bescós, Rabadá y López su primer intento; tras cincuenta y dos horas de esfuerzos continuos, tienen que abandonar también, a solo quince metros del final, bajo los chubascos que les azotan desde la tarde del día anterior.

”Y, por fin, la victoria. Comienza a las 17:00 h del día 12 de julio de 1953, la misma cordada que veinte días antes tuvo que abandonar. Salvan treinta metros de altura, iniciando el ataque por la vía Cored y pasando luego por una repisa horizontal a la grieta escogida por Carilla, que tienen que remontar un poco más. Dejan todo el material colocado, y dejan asimismo una pesada mochila con víveres y material. Un rápel los devuelve al suelo, marchando al pueblo de Riglos a dormir.

”A las 7:00 h del día 13, reanudan la lucha. Llevan otra mochila con agua, comida, sacos de dormir… Utilizando las clavijas colocadas la víspera en los puntos necesarios, suben rápidamente por una pared con pequeñas repisas superpuestas hasta alcanzar una cornisa relativamente amplia, que flanquean hacia la izquierda, hasta la grieta que han de recorrer en gran parte de su ascensión. Superan un fuerte extraplomo mediante dos clavijas, una escarpa y una pitonisa, y se encuentran a treinta metros, donde habían dejado la mochila el día anterior. Siempre por la grieta, donde las escarpas entran con facilidad y seguridad y salvando varios extraplomos, llegan a una amplia cueva, donde la cordada se detiene unos momentos para descansar y tomar un pequeño refrigerio.

”Esta cueva es, en realidad, un gran ensanchamiento de la grieta que han venido siguiendo. Para superar el techo, casi horizontal, justifican el calificativo de escalada acrobática que se aplica a las ascensiones en Riglos. Comienzan con un paso de hombros para que el primero pueda alcanzar la posición de ramonage en L y continúa horizontalmente, inmediato al techo de la cueva, sin casi grietas para clavar, alternando con la posición de ramonage en X, según se presenta el citado techo, hasta salir al exterior y seguir subiendo por la grieta que llega hasta el mismo collado que separa el Pisón y el Puro. Están en la máxima altura alcanzada por la cordada de los catalanes dos meses antes, y como ya es noche cerrada preparan un vivac de circunstancias; llevan trece horas de dura escalada.

”A la mañana siguiente, seleccionan el material que han de emplear, y dejan el resto en donde han pasado la noche. A las 8:00 h, comienzan la segunda parte por la pared interna; es decir, la que mira al Pisón, durante unos siete metros que están muy descompuestos, hasta colocarse debajo de una panza redondeada. El Puro se compone ahora de una serie ininterrumpida de balmas o panzas, de fuerte extraplomo la mayoría, con una pequeña repisa inclinada entre una y otra que, si bien permite un ligero descanso al primero de la cuerda, no admite al segundo para que le ayude.

”Todo el monolito está aplastado por la cara que mira al Pisón y por la opuesta, quedando dos aristas llenas de muescas y salientes.

”La primera panza o saliente, se salva saliendo la cordada hacia la arista que mira al pueblo, que se ve a doscientos metros más abajo como un Nacimiento de juguete. Siempre por esta misma arista, alternan las panzas y los entrantes, sin que el conjunto pierda verticalidad. La presa es segura, y sin grietas; tienen que emplear estribos para colocar pitonisas, rellenando previamente los intersticios entre las piedras con tacos de madera. Las paredes presentan ahora escasísimas presas y además son casi nulas debido a su extrema redondez. Tras varias balmas, viene un trozo completamente vertical, liso, que es superado con relativa facilidad y que termina debajo del gran techo final, máxima altura alcanzada en el intento anterior. Las clavijas que habían servido días antes para sostener las cuerdas mojadas en el primer rápel de la retirada, aseguran ahora a la cordada, que se ha reunido para el último ataque.

”Asegurando el segundo, el primero de cuerda sube sobre la doblada espalda del último y va clavando conforme se desplaza hacia arriba en este enorme extraplomo, el mayor que han encontrado. No tarda en quedar solamente colgado de las diminutas pitonisas y sigue, centímetro a centímetro, sobre el vacío, mientras la roca va ganando verticalidad hasta que, por fin, llega a la última cornisa; después de asegurarse, ayuda a subir al segundo, que a la vez juntos atacan el trozo final que, aunque bastante descompuesto, en contraste con lo que acaban de pasar, no resulta tan difícil. Y, oscureciendo, llegan a la cima. Aseguran la subida del tercero y, después de dar fervientes gracias a Dios, preparan el vivac, que se presenta sumamente problemático, debido a que el espacio disponible es de unos tres metros cuadrados y sin mucha horizontalidad.

”Teniendo ante los ojos, por un lado el oscuro paredón del mallo Pisón, y por el otro el profundo abismo, pasan lentas las horas esperando el amanecer.

”Con las primeras luces del alba, depositan el libro registro, bautizan el Puro y, seguidamente, preparan el descenso. Con una escarpa y un anillo de cuerda, lanzan el primer rápel de cincuenta metros, que les deja en el collado, donde recogen el resto del material. De allí, con otro rápel también de cincuenta metros, llegan a la gran cueva, y lanzan un nuevo rápel, éste de veinte metros, hasta una cornisa que hay que recorrer horizontalmente para, desde allí, con todas las cuerdas, lanzar el último rápel hasta el suelo, donde esperan a nuestros héroes sus compañeros y los vecinos del pueblo, que han seguido ansiosos la escalada.

”Son las 10:00 h del día 15. Desde las 7:00 h del día 13, que abandonaron el suelo firme, hasta este momento, son cincuenta y una horas las que han transcurrido; sumando las dos horas empleadas el día 12 por la tarde en preparar los treinta primeros metros, totalizan cincuenta y tres horas de escalada: el coste de una empresa que tres meses antes se hubiera tenido poco menos que imposible.

”Los tres cansados escaladores, rodeados de la merecida admiración de vecinos y compañeros, se dirigen a dar gracias a la Virgen del Mallo por el favor que les ha dispensado. Y a la salida, en las mismas escaleras de la iglesia, se encuentran con los escaladores catalanes que vienen a conquistar el Puro creyéndolo intacto todavía, y que por los vecinos del pueblo se han enterado que ya está conseguida la primera escalada. Unos comentarios sobre la vía seguida, dificultades habidas, etcétera…, y nuestros escaladores se dirigen a tomar un bien ganado descanso, regresando por la tarde a Zaragoza.

”En los dos días siguientes, Jorge Panyella y sus acompañantes efectúan la segunda ascensión. Se dio así la curiosa circunstancia de que el Puro, considerado como inaccesible durante muchísimos años, se vio vencido dos veces en el transcurso de la misma semana”.

Bien se ve: todavía quedan, ocultas por ahí, piezas de nuestra crónica montañera. Aguardando para sacudirse el polvo del olvido. A ver si hay suerte y siguen saliendo a la luz…

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Comentario

  1. Yo es que, fumar, poco y en pipa. Los puros se me atragantan.
    Pero me encantan las fumadas literarias y aprecio en lo que valen aquellas que rescatan la historia de un gran club. En especial, cuando tanto se ha hecho y tan poco se ha contado… todavía. ¡Enhorabuena!

    • Sí: enhorabuena…, enhorabuena, que seguimos encontrando «papeles despistados». Este mismo mes, publico algún otro texto despistado, ya lo verás: también riglero, por cierto. Más saludos, José…

  2. Siguen adelante los eventos deportivos y culturales con los que se conmemoran los 90 años de Montañeros de Aragón…
    A modo de ejemplo, añadir que este lunes, 1 de abril, está prevista una charla explicativa sobre el programa de las 90-Cimas en nuestra sede de Gran Vía 11 de Zaragoza, a las 19:30 h. Entrada libre, desde luego:
    https://www.montanerosdearagon.org/