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Al asalto de la Torre

A comienzos de los años cincuenta, el gran desafío pendiente de la escalada pirenaica se situaba en la cara Norte de la Torre del Marboré. Antes de centrarnos en una de sus ascensiones pioneras, daremos un rápido repaso a la crónica de la muralla septentrional de esta cumbre franco-española de 3.009 metros de cota.

En 1954 nuestro paredón fue tentado inicialmente por unos alpinistas galos que abrieron la mitad inferior de su trazado. Esa misma añada les imitaban los gemelos Ravier junto con Guy Santamaria, alcanzando el mismo punto que sus predecesores parisinos, pues fue preciso que montaran una retirada por la irrupción de una tormenta con rebufos casi bíblicos. Jean y Pierre Ravier repetirían su ensayo en 1955, acumulando dos tentativas fallidas ante el Gran Diedro. El siguiente año fue el turno de Jean Ravier y Claude Dufourmentelle, quienes superaban el reto los días 28 y 29 de septiembre. La segunda absoluta, de la que hoy nos ocuparemos, fue la española, tras el gatillazo previo de 1957. Después llegarían las repeticiones de tres cordadas punteras francesas. Solo en 1963 sacaron adelante esta Norte de la Torre otros hispanos: Ángel Vallejo Rosen y Luis María Sáenz de Olazagoitia. Aquí lo dejaremos, para regresar con la primera nacional de tan soberbia ruta…

En la aventura de la Torre se embarcaron cinco integrantes de los conocidos como Siete Magníficos de Montañeros de Aragón. Tres de ellos ya no están con nosotros: Alberto Rabadá, Rafael Montaner y Julián Vicente, desaparecidos respectivamente en 1963, 1997 y 2018. El trabajo que aquí se va a reproducir constituyó en su día el homenaje de uno de los supervivientes, Pepe Díaz, desde un Anuario del Club al que pertenecieron todos ellos. Así, entre medio de sus observaciones de apertura y cierre, dispuso el relato original de Montaner. El resultado sería un texto tan brillante en la temática como notable en su presentación y final.

Participemos ya, aunque sea de modo virtual, en una de las grandes clásicas Ravier del Pirineo: la Norte de la Torre. Repetida por el quinteto compuesto por José Antonio Bescós, Pepe Díaz, Rafael Montaner, Alberto Rabadá y Julián Vicente. Del trabajo sobre “La Torre de Marboré”, publicado en el Anuario de Montañeros de Aragón de 1998, atenderemos primero a la “Nota previa de Pepe Díaz”. Tiene poco desperdicio:

“Siguiendo la costumbre en Anuarios anteriores, había previsto para este año machacar al personal con el relato de nuestra primera ascensión a la Norte de la Torre. Pues bien, recabando en Boletines de la época encontré un artículo sobre esta escalada escrito por Rafael Montaner, cuyo contenido me ha parecido oportuno sacar a la luz, transcribiéndolo íntegramente, no solo por su valor histórico, sino por el peculiar estilo de sus reseñas. A pesar de todo, me permitiré añadir dos comentarios, por aquello del qué dirán.

”Sería más de mediodía de aquel 14 de agosto de 1958, cuando alcanzábamos la Brecha de Rolando. Habíamos dormido por encima de Cotatuero, con la intención de llegar al pie de la Torre esa misma mañana, pero una vez allí, nos dimos cuenta de que esa posibilidad ya se había desvanecido. Así pues, nos desprendimos de las mochilas, dispuestos a dar cuenta del almuerzo, o mejor dicho, a ingerir unas repelentes salchichas, cuyo origen sospechoso era capaz de desanimar al náufrago más hambriento, exceptuando a José Antonio Bescós, quien, a juzgar por la expresión, parecía estar ante el más exquisito de los manjares.

”Mientras, el cielo se había ido encapotando seriamente, y al rato, un lejano trueno nos ponía en antecedentes de lo que se venía encima. Con tal motivo, decidimos que lo más prudente era bajar rápidamente hasta el cercano refugio de los Sarradets, dejando el asunto para el día siguiente. ¡Vana ilusión!, en ese momento se alzaba la voz de Alberto Rabadá negándose en redondo a variar los planes, con toda su tozudez, que era mucha.

”Y así se organizó una discusión, que tal vez se hubiese inclinado a favor de Julián Vicente y este servidor, únicos oponentes en principio. Pero todo quedaría en tablas cuando José Antonio Bescós se ponía incondicionalmente al lado de Edil [Rabadá] (alguna influencia tendrían las salchichas), con el fervor del hincha más acérrimo. Así las cosas, solo podía sacarnos del atolladero Rafael Montaner, quinto componente del grupo.

”Nuestro improvisado oráculo, en ese momento totalmente concentrado en sacarse el pañuelo del bolsillo con los dedos índice y pulgar, continuó impasible sin hacer caso a nuestras ansiosas miradas, para, una vez rematada tan complicada operación, dar con una solución tan sencilla como la de acompañar con todo el material a nuestros esforzados camaradas hasta el pie de la pared, regresando el resto de la tropa al refugio. Y para eso le han dado tanto bombo a un tal Salomón.

”En fin, dicho esto, dejo el resto a su cargo, tal como anuncié al principio”.

Tras este preludio de inmejorable tono, llegaba el texto original de Rafael Montaner. Como tal se publicó en el Boletín de Montañeros de Aragón número 49-50 (julio-octubre de 1958). Veamos el modo en que se llevó a cabo la meritoria repetición aragonesa:

“A las 2:00 h, dejamos a [Alberto] Rabadá y [José Antonio] Bescós empezando la escalada; nos quedamos viéndoles pasar horizontalmente hasta el pie del impresionante Diedro, que con sus cien metros casi forma la mitad del itinerario y, cuando los perdemos de vista, ocultos por una faja, volvemos reposadamente hacia el refugio de la Brecha de Rolando.

”La intención de acostarnos temprano se retrasa algo por la llegada de un grupo de compañeros de Zaragoza y una tormenta que degenera en temporal, y que nos hace pensar que Bescós y Edil [Rabadá] lo estarán pasando bien. De todas formas, a las 8:30 h ya estamos durmiendo Nanín [Julián Vicente] y yo. Pepe lo hace un rato después, y, entre sueños, le oigo decir con satisfacción que sigue lloviendo. Mis sanas intenciones son dormir hasta las tantas como siga el temporal.

”Pero mis perezosos proyectos son turbados por el señor Pérez, encargado del refugio, que a la voz de Monsieur Montaner… Monsieur Montaner, hay un cielo espléndido, acompañado de un enérgico meneo, me saca decididamente del sueño. Despierto a mis compañeros y abandonamos la habitación, no sin cierta envidia hacia los que quedan haciendo honor a los colchones de muelles. Desayunamos entre otras cordadas somnolientas y, después, partimos hacia la pared provistos de unos palos que, a guisa de piolets, nos servirán para cruzar las gleras y neveros que, sin interrupción, forman el camino de aproximación.

”A las 7:00 h, empezamos la escalada; alcanzamos la base del Diedro avanzando todos a la par por las sinuosas cornisas y comprobamos, con desaliento, que a esta temprana hora ya se escurre agua por toda la pared.

”La otra cordada está empezando el paso horizontal que aparta la vía del fondo del Diedro. Han pasado la noche cerca del suelo en un pequeño resalte al resguardo del agua. Nos saludan alegremente y empezamos la parte de verdadera dificultad. Subo hasta una cornisa, ayudándome con tacos de madera. La siguiente tirada la hace Pepe a libre con apuros, pues no en vano el paso es de sexto grado. Nanín se encarga de la desagradable tarea de recuperar el material.

”Nos reunimos al principio del paso horizontal y quedamos esperando que Bescós, en cabeza de la otra cordada, alcance un buen sitio en la fisura que nos costó el año pasado una caída a cada uno, para que Edil, que lo asegura, pueda hacernos una fotografía –que dice impresionante–. Naturalmente, la foto ha salido quemada y desenfocada, pero, conociendo el sitio y con mucha imaginación, se ve que es impresionante.

”Empiezo el paso horizontal. En vez de hacerlo en artificial, clavando por un desigual resalte, como las cordadas que nos habían precedido, ya con Bescós, en 1957, lo había pasado empleando el resalte para apoyo de pies, ayudándonos para alcanzarlo con un pasamanos podrido; luego, continuamos horizontalmente a base de incrustarnos a la pared y, casi sin respirar, para no perder el equilibrio. Y esta era mi preocupación, que no estuviera el pasamanos…, y no estaba.

”Pero Edil resuelve el problema alcanzando por el Diedro otro resalte superior y descolgándose hasta el de abajo en una especie de dülfer a lo sucio.

”Después, sigue el paso por el resalte, en esta ocasión batido por una potente cascada de agua. Me evito la maniobra del dülfer gracias a una cuerda fija que nos dejan, y desde el otro lado, recupero a mis compañeros asegurando sobre el mismo pitón que nos sirvió el año pasado, al abandonar, para tender el rápel.

”Al final de este paso, y tras una chimenea corta, alcanzamos el resalte del vivac en las primeras horas de la tarde. Edil parte en aquel momento a reunirse con su compañero y continuar otra tirada, supera dos extraplomos seguidos y, después de otra travesía horizontal, alcanza la base de la chimenea que desemboca en el Bouclier.

”Como vemos que invertirán todo lo que queda de la tarde en alcanzar la serie de cornisas y fajas que componen el Bouclier, decidimos vivaquear allí mismo. Nos jugamos al chino el único saco de dormir que tenemos, alargando varias veces las partidas para amenizar la tarde.

”El intranquilizador cúmulo que, por la mañana, era la única mancha que empañaba el cielo, como era de esperar, ha ido creciendo y, a media tarde, un nublado amenazador cubre todo el cielo. La boira [niebla] subiendo desde el valle tapa poco a poco el circo de Gavarnie.

”Al atardecer, oímos la voz de Bescós anunciando a grandes voces, no sé si a nosotros solos o a toda la comarca también, que está en el Bouclier; rato después, es Edil el que da las voces con la misma noticia respecto a él.

”Cenamos y nos acostamos con relativo confort. Desde el interior de los sacos, contemplamos el cielo cada vez más despejado; por abajo, al retirarse la boira, va descubriendo, una a una, las luces de Gavarnie.

”Sobre las 7:00 h, continuamos. Arranca Pepe [Díaz], un poco acartonado aún por el frío, superando la fisura en una fatigosa y difícil tirada artificial. A su fin, nos tenemos que reunir toda la cordada en difícil posición, pues no disponemos de suficientes mosquetones. Sigo por los extraplomos bien provistos de pitones y doy vista al paso horizontal que vuelve la vía al fondo del diedro.

”Desde la mitad de travesía hasta el final de la chimenea que sale al Bouclier, incluida una plataforma donde hay que reunirse, se queda debajo de una potente cascada. Nuestros compañeros ya nos han advertido que dejemos abundante ropa de repuesto; así que subimos con lo imprescindible para no dejarnos la piel por la roca.

”A mitad de travesía, pido un chubasquero para preservarme algo del chaparrón y no me quito los pantalones, porque la difícil postura sobre un estribo lo hace imposible. Debe ser ridículo un individuo colgado de una doble cuerda con gabardina, pero sin ninguna preocupación por la estética sigo hasta la plataforma. Después de haber perdido el gorro de plástico, en un apuro, alcanzo el punto de reunión.

”El chubasquero sirve de bien poco; el agua entra por el cuello y mangas y, la que se escurre por la cuerda que estoy asegurado, pronto me deja empapado, como si no llevase nada.

”Recupero primero a Pepe, que viene desconcertado por el mal genio que me ha sacado el remojón. Cuando me alcanza, no lo piensa nada y sale disparado hacia arriba entre el chorro de agua. A Nanín le tengo que pedir, por favor, que deje las clavijas que estén duras, pero que ni me quitan el frío ni evitan el mojarme, me hace aguantarle mientras despitona. Por fin le veo junto a mí y, sin explicaciones, salgo imitando a Pepe hacia el Bouclier.

”Arriba, Bescós y Edil se han pasado el día esperándonos y secando su ropa al sol; cuando llegaron por la tarde sin ropa de repuesto, como nosotros, tuvieron que vivaquear desnudos dentro de los sacos; pero, durante toda la mañana, se han desquitado tomando el sol como lagartos. Cuando llego, ya no hay sol; un nublado parecido al del día anterior lo ha ocultado. Me desnudo metiéndome en un saco y, entretanto, aparece Nanín con pinta de naufragio, que hace lo mismo que yo.

”Deliberamos. Nuestra única ficha técnica consiste en lo que cada uno recuerda del croquis aparecido en Altitude y el relato de Jean Ravier publicado en Montaña. Afortunadamente, la vía es evidente, y Bescós continúa ahora con Pepe; mientras, Nanín y yo tiritando dentro de nuestros sacos, somos consolados por Edil.

”Al fin nos llega el turno. Me tengo que poner los pantalones. Permanezco todo lo que puedo con las piernas rígidas para no estar en contacto con la pana mojada, pero, cuando me agarro a la pared, ya no puedo evitar la desagradable impresión. Espero en una cornisa muy plana y sigue Edil otro largo también entre agua, pero que se puede atravesar rápidamente.

”Contemplo alborozado los espasmos de Nanín al ponerse los pantalones.

”Continuamos varias tiradas más, todas de poca dificultad, y alcanzamos a los otros al pie de un torrente que baja por un diedro. Bescós está colgado, empeñado en subir por la pared seca de la izquierda, pues la otra por donde claramente sigue la vía, es un chorro de agua. Hacia la mitad, sin otro remedio ya, se tiene que meter por el fondo del diedro, por donde alcanza a costa de otro remojón una faja diagonal. Sigue todo lo que da la cuerda puesta sencilla, pero desde donde llega no alcanza a ver una salida segura para aquella tarde.

”Así que, ante el temor de no poder salir en el par de horas de luz que nos quedan, desciende Bescós y nos preparamos a vivaquear otra vez en un confortable nido de cuervos, que rellenamos con las hierbas y pajas subidas por innumerables generaciones de cuervos a otros nidos menos amplios.

”Nos repartimos equitativamente nuestras cortas provisiones y el cansancio acalla las protestas del estómago, sumiéndonos en el sueño.

”Seguimos al punto de la mañana; Edil y Pepe abren la marcha. Subimos el Diedro por el que casi no cae agua, y, mientras recupero a mis compañeros, veo cruzar la otra cordada un paso cincuenta metros más arriba. A partir de aquí, la dificultad decae totalmente; subimos una serie de gradas y cornisas; después, una chimenea extraplomada, donde la abundancia de presas llega a estorbar, y, poco más arriba, tropiezo con Pepe, empeñándonos en discutir la mayor dificultad de las distintas vías que hemos seguido en el último trozo.

”Como los estómagos vacíos no son buenos consejeros, viene Edil a poner paz y aplazamos la discusión para la sobremesa. Seguimos todos hasta la cima, y, ya en ella, recuerdo la diversidad de criterios que había para esta fecha; unos querían ir a la playa de Salou a bañarse y, otros, a intentar esta pared, y pienso, con regocijo, que todos nos hemos salido con nuestra idea, nos hemos bañado y hemos hecho una buena escalada”.

Hasta aquí las palabras en caliente de Rafael Montaner. En la última versión de “La Torre de Marboré” aparecía cierta “Nota final de Pepe Díaz” que aportaba su toque entrañable en este universo de murallones fríos y verticales:

“Hablando en términos matemáticos, conviene aclarar que el reparto de víveres mencionado al final del artículo, consistía en dos quesitos y una lata de sardinas dividida entre cinco, cuya parte alícuota, no era precisamente como para tener un detalle con el vecino.

”Estas curas de adelgazamiento, a las que muy a nuestro pesar nos sometíamos con frecuencia, daban más bien resultados negativos, como puede apreciarse en la foto del grupo. Pero tenían también, la parte positiva de provocar entre las más allegadas féminas del Club, cierto sentimiento protector, gracias al cual, se establecía una especie de competencia gastronómica, muy celebrada en aquellas salidas colectivas, a las que procurábamos no fallar, llevado por un noble y desinteresado amor por la naturaleza.

”Se originaba así una corriente de simpatía entre benefactoras y damnificados, que, en el peor de los casos, terminaba en la vicaría. Y, con esto, no pretendo señalar a nadie, pues ya se sabe: Dios escribe derecho pero con renglón torcido”.

En este 2019 Montañeros de Aragón celebra un cumpleaños redondo. Por eso, ahora más que nunca, parece oportuno que refresquemos alguna de las gestas deportivas de sus socios más destacados. Como este ascenso de la Norte de la Torre del Marboré de hace sesenta y una añadas. También es posible saber más de cuanto se ha preparado para conmemorar los 90 años de andadura del Club con sede en Zaragoza a través de cierta entrevista realizada por Bárbara Ramírez para esta misma Casa…

  1. Un relato magnífico Alberto. Disfrutamos que no veas con tus viajes a estas paredes del pasado. Feliz cumple a todos los amigos Montañeros.

    • Sí, Makako; tiene su mérito, ya lo creo que sí… Que una sociedad sin ánimo de lucro haya conseguido llegar desde 1929, es algo complicado… Y apuntando ya hacia los cien añitos, vamos…

  2. Muy buena la entrevista, Alberto. De las peripecias de Díaz y Montaner no digo nada que se califican por ellas mismas: bravo, bravo y bravo.

    • Son fantásticas, Doble-A, estamos de acuerdo… Lo mejor de todo es que Pepe y José Antonio están entre nosotros, con todo el aspecto de sobrepasar el centenario, contando historias en vivo que no veas… Otro saludo…

    • Lo ya comentado otras veces: si estáis interesados, no os olvidéis de pasar por la Web del Club para conocer las actividades programadas, ya sean deportivas o culturales. La mayoría, abiertas a todo el mundo…
      https://www.montanerosdearagon.org/

      • claro que si que esta muy bien lo que se ha preparado alberto

        • Ya sabes, Luis, que en estas sociedades sin ánimo de lucro, las cosas salen, lo mejor que se puede, a base de un trabajo coral, en el que interviene mucha gente de forma voluntaria… ¡Hala!: anótalo en tu agenda, que el último martes de abril tienes en nuestra Sede una expo de Chema Agustín sobre sus naipes montañeros, y un audiovisual de Alberto Hernández y sus vivaqueos de alta montaña…

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