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Conquista de una Soror benjamina

Dando por cierta la cronología que hoy se conoce del Soum de Ramond, no deja de extrañar que, entre su bautizo de 1872 y las visitas confirmadas de 1877, pasaran cinco años sin que nadie se personase sobre tan notable cumbre. Sorprende lo suyo que, en apariencia, semejante primicia no se la cobrase ningún pirineísta en fechas muy anteriores. Acaso no se registrara ascenso alguno debido a su relativa invisibilidad. Así, habrá que darle crédito a Henry Russell cuando proclamó, allá por 1866:

“El Monte Perdido es la montaña calcárea más alta del Pirineo. Es un cono totalmente blanco de nieve, visible a más de doscientos kilómetros: forma con sus dos vecinos, el Cilindro y el pico del Marboré [sic], esa trinidad de picos llamada por los españoles las Tres Erodes (¿?) o las Tres Sorellas, visibles desde Zaragoza y desde casi todo Aragón”.

Se comprueba aquí, una vez más, que los pirineístas de antaño prestaban una notable atención a los diversos nombres de las montañas, ya fuesen de ámbito estrictamente local o más generalizado. Como quiera que fuese la criptohistoria de nuestra montaña, el propio Russell, un reconocido entusiasta de las cimas que sobrepasaban los 3.000 metros, iba a partir con todos los números para alcanzar, por delante de cualquier otro colega, la cota 3.257 metros. De hecho, ya había firmado junto a Hyppolite Passet las primicias corroboradas a las supuestas Sorores que, aparentemente, aún no habían sido visitadas tras la mayor: el Cilindro (en 1864) y, con el permiso de Némours…, el pico de Marboré (en 1865). El hecho de que confundiera a la Hermana occidental con esta última montaña no deja de confirmar el caos existente en el Macizo Calcáreo hasta el reordenamiento que realizara Franz Schrader durante el decenio siguiente. De esta manera se justificaba en 1908 tan gruesa errata desde el principal texto russelliano:

“¡Sucedía algo verdaderamente singular! Este pico célebre [de Marboré], tan pleno de carácter como de grandeza, el monarca innegable de tan famoso Circo, no tenía siquiera un nombre anterior a mi ascensión en 1865, como se puede comprobar leyendo todas las obras de aquella época lejana. Nunca se habló de ningún pico de Marboré. Por Marboré se designaba entonces, en exclusiva, al conjunto del Circo: dicho de otro modo, el Macizo de Mármol. Por eso, tras mi descenso, no tuve ningún escrúpulo en tomarme la libertad de darle esa individualidad que le faltaba y de bautizarlo con el nombre que ha portado después. Una libertad que me parece excusable cuando se trata de una cima de primer orden que permanece anónima. Otra singularidad… Los montes de Gavarnie, después tan populares, eran entonces tan poco conocidos que muy a menudo, no solamente el público, sino también los guías, llamaban a este [pico de Marboré] el Cilindro, confundiéndolo así con su vecino, el verdadero Cilindro, situado completamente en España e invisible desde Gavarnie”.

Sigamos progresando por los anales no imaginarios del Soum de Ramond. Una cima de esa colección personal de las Tres Erodes que se le acabó escapando por apenas unas horas a un Russell al que le gustaba poco madrugar. Así, cuando se aprestaba a cobrarse la primera subida documentada hasta la verdadera Hermana que le faltaba, fue víctima de un bromazo por parte de dos parisinos de paso por esta cadena. Con la complicidad de un par de guías de Gavarnie, se entiende. Pero dejemos que el interesado nos cuente, desde los Souvenirs de 1908, una peripecia que no pareció tomarse a mal:

“El 10 de septiembre [de 1877] inauguré, junto a trece montañeros y guías, un Abrigo del Monte Perdido que estimo a una altura de 2.900 metros [en los muros del Cilindro], y [al día siguiente] dejé mi tarjeta, junto al guía [Pierre] Brioule, sobre el Soum de Ramond (3.245 metros)…

”El 11 de septiembre, tras contratar a Brioule como guía, subí al Soum de Ramond, situado al sureste del Monte Perdido. Lo atacamos por el oeste-noroeste después de haber pasado desde el oeste hacia el este entre las Escaleras meridionales del Monte Perdido, para descender luego al este sobre un pequeño glaciar, desde donde escalamos, al este-sureste, un largo y empinado corredor de piedras sueltas. Varios minutos después estábamos sobre la cima, donde encontré las tarjetas de dos señores (Guyard y Devin) que, habiéndose levantado antes que nosotros [en el referido Abrigo], nos habían precedido por dos horas con Henri y Célestin Passet.

”Nunca antes dicho pico había sido subido, aunque fuese medido por Schrader. La vista era magnífica, si bien muy similar a la del Monte Perdido, cuya ascensión no es solamente menos larga, sino más sencilla. Pero desde aquí se ve mejor el Aneto, dado que está menos escondido por los Posets: se sumerge unos 2.000 metros al sur, sobre el valle de Añisclo, del cual se ven sus formas extrañas, maravillas y precipicios mejor que si se estuviera por allí”.

Merece la pena realizar un alto para que detallemos lo que más adelante se denominó como la primera compartida (e, incluso, robada) al Soum de Ramond. El historiador parisino Henri Béraldi, con acceso directo al sexteto de protagonistas, de este modo humorístico lo narraba dentro del capítulo dedicado, justamente, a “Le Soum de Ramond”, en el Tomo IV de los Cent ans aux Pyrénées (1901):

“El 10 de septiembre [de 1877] Russell fue a la inauguración del Abrigo del Monte Perdido. Por lo demás, había tenido una inspiración soberbia: después de haber completado los Montes Malditos, remataría el Monte Perdido, o más bien, ¡las Tres Hermanas! Puesto que Ramond había ascendido al Monte Perdido, Russell, tras haber subido al Cilindro, tomaría el Soum de Ramond [pues el pico de Marboré se había caído de las Tres Sorores]. Un plan espectacular en el que la caprichosa fortuna realizó, a la hora de su ejecución, una divertida pantomima según el siguiente libreto:

”Russell llegó con Brioule a dicho Abrigo. ¡Estaba atestado! Había allí diecinueve personas: Chantérac, Maurice Vincent, el escocés Durham, Hippolyte Passet, Pujo, Haurine, Cierp de Luz, el constructor Theil, etcétera. Se hallaban con ellos dos jóvenes alpinistas, Albert Guyard, hoy diputado por el departamento del Aube, y Georges Devin, hoy abogado en la Corte de Casación, quienes venían de hacer el Aneto junto a Célestin Passet. Russell, cuando quería, era seductor, aunque (¿quién lo diría?) fuese un tímido: aquel día no se decidió a entrar en la conversación. Aunque nadie fuera más amable que Guyard, y Devin escondiese bajo su aspecto reservado el carácter más afectuoso. Ellos sí que buscaron la conversación. No en vano, Devin era un alpinista de picos de cuatro mil metros, del tipo de la Barre des Écrins, que si bien escribía poco, sentía la alta montaña de un modo intenso. ¿Cómo es posible que los átomos de Devin y los de Russell renunciaran a conectarse? ¡Vaya chasco! El silencio prolongado daría lugar a la afectación y, luego, a cierta hostilidad que terminó en una especie de malestar. Durante la noche, ambos jóvenes urdieron una satisfacción a costa del silencioso colega: levantarle su pico. Sin hacer ruido, mientras Russell disfrutaba del reposo necesario, se adelantaron hacia el Soum de Ramond. Russell se levantó y, tras constatarlo, se lanzó tras ellos junto a Brioule. A modo de consuelo, pensó que al menos la huella estaba trazada, en tanto que ambos jóvenes cantaban durante su marcha “Tengo buen tabaco” [una tonadilla infantil]… Russell llegó para añadir su tarjeta de visita a las de esos dos señores que bajaban…

”Así fue la primera compartida del Soum de Ramond, realizada colectivamente el 11 de septiembre de 1877 por Devin, Guyard, Russell, Henri Passet, Célestin Passet y Brioule”.

Completaremos aquí las impresiones russellianas en torno a las Tres Sorores con la reseña de esa precisión complementaria que brindaba desde los Souvenirs en 1908:

“Desde las llanuras ardientes de Zaragoza se ven resplandecer en el horizonte, por el norte-noreste, tres grandes masas blancas. Son el Monte Perdido al centro (3.351 m), el pico de Ramond [que no Soum] a la derecha (3.245 m) y el Cilindro a la izquierda (3.327 m). Estas tres cimas, llamadas en España las Tres Hermanas, se ven raramente y mal desde las llanuras de Francia. Están en Aragón, al sureste del circo de Gavarnie”.

El siguiente punto obligado de nuestra crónica no es otro que la determinación, en lo posible, de la hipotética tercera visita al Soum de Ramond. O, dicho de otro modo: ¿se sabe si su descubridor, el casi siempre discreto Schrader, llegó a plantarse sobre su cumbre? Es un tema poco claro. Sin embargo, a tenor de ese número 136 de La Montagne (mayo-junio de 1919) donde se publicaron los “Principales lugares de estación” del cartógrafo por sector altoaragonés, puede intuirse que sí que lo hizo:

“Arazas (2.260 m; enfrente a Soaso, 2.168 m); Arruebo/Tobacor (2.779 m; cresta Oeste 2.758 m; cresta Millaris 2.612 m); El Boço (2.173 m); Mallo del Campamento (2.178 m); Cinclo Negro (2.635 m); Collado de la Cascada (2.923 m); Mallo Norte Custodia (2.517 m); Cilindro de Marboré (3.327 m); Punta de Diazas (2.248 m); Punta de Escuzana (2.840 m); Gabieto (3.031 m); Pico de Gabieto (2.708 m); Góriz (2.193 m); Collado de los Sarrios (2.740 m); Marboré/Ángulo Oeste (3.249 m); Millaris al Norte del collado (2.850 m); Collado de Añisclo (2.476 m); Monte Perdido (3.353 m); Pico de Pineta (2.861 m); Soum de Ramond (3.260 m); Brecha de Rolando (2.801 m; Cumbre 2.874 m); Taillón (3.143 m); Punta de Tucarroya (2.663 m)”.

De cualquier modo, el Soum de Ramond iba a ingresar con todos los honores del mundo en el catálogo de las montañas más interesantes de la cadena al poco de estas dos (o tres) ascensiones inaugurales. Lo haría a través del Itinéraire général de la France. Les Pyrénées (1879), una de las ediciones montaraces de la famosa guía de Adolphe Joanne. Para empezar, en su capítulo “Desde Luz y Saint-Sauveur hasta Gavarnie” se quiso incluir cierta aclaración dentro del apartado de la “Ascenso al Monte Perdido”, una de las cumbres ultra populares del listado:

“El Monte Perdido, la cima más alta de los Pirineos tras el Aneto y el pico de Posets, está situado en España, al sur del eje de la cadena y de la línea de partición de aguas, y forma parte, con el Cilindro y el Soum de Ramond, del grupo llamado por los montañeses españoles como Las Tres Hermanas [escrito en español]”.

Pero el gran momento para la pequeña de las Tres Sorores llegaría a resultas de la publicación de un itinerario hasta su cima. De esta manera se brindaba dicha ruta al colectivo montañero a partir de la reseña de Henry Russell:

“Soum de Ramond. 7 horas y 15 minutos de subida; 2 horas desde el Abrigo del Cilindro.

”En 5 horas y 30 minutos desde Gavarnie, se llega al Lago [Helado] del Monte Perdido. Contorneándolo de oeste a este por la vertiente meridional del Monte Perdido, a una altitud de más de 3.000 metros, y pasando entre las dos Escaleras del Monte Perdido, se desciende al este hacia un pequeño glaciar agrietado. Después, marchando al este-sureste a lo largo de un estrecho corredor muy empinado, colmado de guijarros rodantes (fósiles) que, desde lejos, apenas resulta visible, se accede a la cima virando hacia el noreste.

”En 7 horas y 15 minutos, Soum de Ramond (3.280 metros). Vistas de gran belleza: Se ve bastante bien, dice el conde Russell, el Aneto, que desde la cima del Monte Perdido queda casi enmascarado por el Posets. Se ven igualmente todos los detalles del valle de Añisclo, no solamente como si uno estuviera allí, sino mejor. Con algunas precauciones, añade el señor Russell, se puede descender del Soum de Ramond por el nor-noreste hacia los valles secundarios de nieve que se elevan de este a oeste hasta la cima del Monte Perdido.

Utilizando por una noche el Abrigo del Cilindro, un buen andarín podría, en una jornada, ascender a las Tres Hermanas (Las Tres Sorellas); es decir: el Soum de Ramond, el Monte Perdido y el Cilindro, y regresar a Gavarnie por el pico del Marboré y el Astazu. Sería una excursión maravillosa, aunque exigiera buenas piernas y una cabeza asentada”.

Esta Guide Joanne de 1879 contribuyó también para que se fijara la personalidad de la que fuera designada como la Montaña de Añisclo desde tiempos de Louis Ramond. Desde la sección “De Bielsa a Torla por Escuaín, el valle de Añisclo y Diazas”, así se informaba a sus siempre exigentes usuarios:

“Escuaín, un pueblo pintoresco situado al pie de los picos de Añisclo, en mitad de bellas montañas boscosas y salvajes […]. Desde la base de los picos de Añisclo hasta unos cien metros por debajo de Escuaín, la montaña aparece hendida en toda su anchura […]. El collado de Escuaín, de unos 1.850 metros aproximadamente, se abre al sur de los picos de Añisclo, desde donde las vistas son extremadamente bellas sobre el macizo del Monte Perdido, que se eleva al oeste sobre las paredes casi verticales que sostienen los glaciares, y sobre el profundo barranco de Fon Blanca […]. Hay bellas vistas desde el collado de Añisclo al norte, dominado por el Monte Perdido al oeste, y los picos de Añisclo al este”.

La importante guía pirenaica iba a hacer algo más: igualmente ofrecería a los aficionados la ruta hacia uno de aquellos picos de Añisclo que fueran censados sobre el terreno por Franz Schrader. Justo después del itinerario hasta los Sestrales, la Joanne servía esta otra propuesta:

“Desde Escuaín al pico Occidental de Añisclo.

”3 horas de subida; 2 horas y 30 minutos de bajada.

”Antes de alcanzar el collado de Escuaín, se vira a la derecha y se eleva uno directamente hacia el norte, evitando las zonas escarpadas que caen al este sobre la garganta de Escuaín, y al oeste, sobre el valle de Añisclo.

”En 2 horas y 45 minutos se alcanza a través de unas pendientes desoladas y removidas, que no ofrecen dificultades serias, la amplia cima redondeada del pico Occidental de Añisclo, de 2.859 metros.

”El panorama es maravillosamente bonito: al norte, la Estibeta, La Munia, el profundo valle de Pineta. Al este, las montañas de Bielsa, de Chistau, de Posets, del Cotiella. Al sur, las llanuras de España. Al oeste, el inmenso circo de Bielsa y el Monte Perdido, cuyas murallas verticales están separadas por terrazas recubiertas por glaciares que caen al sur sobre el barranco de Fon Blanca, etcétera”.

Tal sería la primera reseña que se conoce hasta uno de los picos de Añisclo: acaso, el hoy llamado Sucón. Por desgracia, Adolphe Joanne no hizo referencia al autor de aquellas líneas y, posiblemente, el más temprano de los ascensionistas turísticos. Por otras citas cercanas, a uno le queda la impresión de que se trataba del siempre modesto Franz Schrader. Aunque también pudo ser su amigo, el igualmente moderado Alphonse Lequeutre… Este último aportaría alguna reseña para el recorrido “De Bielsa a Fanlo por el collado de Añisclo o del río Bellós”. Nos fijaremos únicamente en la percepción del parisino sobre las montañas que hoy nos interesan:

“Desde el collado [de Añisclo] es preciso descender unos 800 metros de altura para alcanzar, a 2 kilómetros de distancia a vuelo de pájaro, el fondo de la garganta. Tras haber descendido con rapidez la arista del paso, se sigue por la vertiente occidental del valle, manteniéndose en un principio sobre los 2.200 metros de altitud aproximadamente, sobre inmensas pedrizas, a lo largo de las murallas que sostienen las terrazas inferiores del Soum de Ramond, y después de haber alcanzado el camino de la brecha Passet-Pujo, se baja hacia el fondo de la grieta, un poco sobre el barranco de la Fon Blanca […].

”El valle de Añisclo, recubierto de bosques y sin caminos en su parte superior, es considerado impracticable por los pastores españoles [de la cabaña de Fon Blanca]”.

Así andaban las cosas en la vertiente norteña de la cordillera durante los arranques del último tercio del siglo XIX. Para los montañeros, había quedado claro que el Soum de Ramond era la tercera de las Sorores, una cumbre durante largos años olvidada e innominada. Y también se rehabilitó al pico de Añisclo, esa cima no menos desdeñada desde que Ramond la situase en 1802…

Entre tanto, en el costado hispano, cierto erudito oscense se sumaba a las descubiertas de sus vecinos: Lucas Mallada, quien trabajaba con gran empeño, desde el año 1870, en unos trabajos de campo para la Comisión del Mapa Geológico de España. Con el fin de sacar adelante el estudio de su provincia natal, nuestro hombre realizaría campañas por el Pirineo en 1871, 1873, 1875 y 1877. Se supone que dedicó al menos un par de estancias a reconocer el llamado Macizo Calcáreo con vistas a la tirada de su Descripción física y geológica de la provincia de Huesca (1878). Nos ceñiremos a las montañas del cuarto sureste de las Tres Sorores. Sobre todo, para fijarnos en la toponimia que le obsequió, hay que repetirlo, un estudioso originario de la ciudad de Huesca:

“Sigue a él una sección a modo de terrado, con grandes llanuras en lo alto, donde, según expresión de Russell, pudieran correrse caballos [el pico de Marboré; al parecer, sin nombre local]; y al este de ella se levantan la Torre [acaso un despiste; uno de tantos] y el Cilindro de Marboré, que mirando por el lado de España es convexo a poniente y algo cóncavo a levante hacia su base: después de una collada en que sobresalen una punta cónica y otra que parece un segundo mojón, mil trescientos metros más al este-sureste, se alzan las Tres Sorores, cuyas aguas se reparten, al norte para Bielsa, al oeste para Broto, al suroeste para Vió y al sur y sureste para Revilla. Una punta alta y cónica es el primer pico; el segundo, llamado en Francia Mont-Perdu es del mismo alto, más redondo en su cumbre, ensanchado en su base; el tercero, designado por algunos franceses con el nombre de Pic Ramond [que no pico de Añisclo, ni Soum], solo alcanza la altura del Cilindro, veintitrés metros más bajo, de mayor amplitud en su base y de cumbre menos afilada que el primero y más que el segundo. El nombre de Tres Sorores está bien aplicado, pero hay falta de precisión en el lenguaje corriente, tanto más acentuada, cuanto que los montañeses de los valles inmediatos alteran el vocablo diciendo Tres Serós, Tercerós y Treserodes [ni rastro de las hoy ultra oficializadas Treserols]; y los extranjeros acaban de confundir su recargada nomenclatura traduciendo su MontPerdu por las Tres Sorellas. Queriendo significar tres puntas iguales, el nombre está perfectamente aplicado, pues este grupo tiene el privilegio de ser visible desde casi todo el alto Aragón con la apariencia de tres puntas culminantes idénticas. En realidad no lo son cuando se examinan más de cerca; y desde Francia el nombre parece menos admisible, cuanto que se ven, no tres sino varias puntas de diferentes contornos, de cimas semejantes e irregularmente espaciadas, rodeando por delante otra más elevada”.

Mallada recorrió también otros flancos menos difundidos del Macizo Calcáreo, que para eso era oscense. Una vez más, focalizaremos su exploración del terreno en los matices toponímicos:

“Variado es, según hemos expresado, el aspecto del valle de Vió [¿habla del mismo Ballibió de ciertas guías actuales?], de fácil acceso en la parte superior, más escabroso en su inmediación a Puértolas y muy deprimido en su remate al sureste. Las áridas cimas de las Tres Sorores, que también pudiéramos llamar los españoles Monte Perdido, por ser de escaso provecho, están rodeadas por la Acuta, la Cárquera, Mundicieto y Mondoto, cuyas vertientes forman a la manera de un plano inclinado hacia el barranco Guamp, frente a Fanlo y Buisán donde se ensancha el valle”.

Clausuraremos esta entrada con un par de curiosidades a las que no se les debería prestar excesiva importancia. Solo para completar nuestro expediente. La primera llegaba firmada por Alphonse de Peyredoulle, autor del texto sobre “De Gavarnie à Cauterets par Tuquerouye”, editado en el número 26 del Bulletin de la Section du Sud-Ouest del Club Alpin Français (enero de 1890):

“Por encima y al fondo del valle [de Ordesa] se alzan, por detrás, la Torre de Gaulis, una especie de enorme roquedo de paredes verticales que nadie ha escalado jamás, y más atrás, el Soum de Ramon [¿error de imprenta o españolización jocosa?] y, a la izquierda, el Monte Perdido. A estas dos cimas, junto con la del Cilindro, los montañeses españoles llaman las Tres Hermanas [en español]”.

Más divertida resulta la irrupción toponímica de Paul Labrouche desde su trabajo sobre el “Soum de Ramond (3.248 m), Mont Perdu (3.354 m)”, para el número 28 del mismo Bulletin de la Section Sud-Ouest du Club Alpin Français (diciembre de 1890). Atentos a su crónica sobre la inauguración del refugio de Tucarroya, los días 3, 4 y 5 de agosto de 1890:

“Monte Perdido es un nombre anticuado, pues no lo es tal. La más alta cresta del Marboré (el Cilindro es la segunda), si recibiera el bautizo que le convenía, se llamaría Dôme del Marboré [Cúpula del Marboré]”.

¿Qué tendrá la toponimia de las montañas oscenses, para que atraiga a toda suerte de personajillos secundarios, siempre dispuestos a introducir en ella la cuchara de un personalismo poco o nada informado…? Bien se ve: nada hay nuevo bajo el sol.

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12 Comentarios

  1. Por desgracia, no he estado en el Soum de Ramond, aunque no pierdo la esperanza de remediar semejante desliz. Y en ello tiene mucho que ver el encanto de su nombre, desde siempre, y su historia, que tan eficazmente nos trasmites, Alberto.

    • Pues anímate un día de estos y luego nos cuentas tus peripecias en el Anuario de Montañeros de Aragón del 2019, que para eso tienes buena pluma, José… A comienzos del año próximo, te daré la lata con este tema, por cierto…

          • Nada importante, Luis: solo era un guiño al chistecillo del historiador Henri Beraldi, hace más de cien años, imaginando lo que cantaban aquellos primeros ascensionistas que le chorizaron la «primera» a Henry Russell en el Soum de Ramond… O, acaso, ¿el parisino no bromeaba y era exactamente eso lo que canturrearon sus paisanos cuando hollaron la cumbre de la tercera de las Sorores…? Igual habría que montar una Comisión Asesora de Cánticos Autóctonos para que nos saque de dudas…

        • Espero que no se te haga muy largo, Luis, pero me encanta el formato de desnivel.com: ¡aquí no tengo que resumir, como es lo habitual en el formato a papel, por ejemplo!

      • Entonces Alberto, en la siguiente entrega nos cuentas por quién y cuándo pasó el Pico de Añisclo al otro lado del Collado de Añisclo. Toma sorpresa.

        • Eso es, Doble A: le vas cogiendo el tranquillo a esto de la toponimia, ¿eh? En realidad, si te tira la historia un poco, el lío este de los nombres tiene su puntillo… Y, a falta de explicaciones por parte de ningún comité de sabios autóctonos, pues habrá que hacer su trabajo desde el plano «amateur».

      • Alberto tú hundes a cualquiera. Si quieres que la Comisión de Toponimia del pasado Gobierno de Aragon te haga las 159 explicaciones que faltan como esta vas bueno. Ni unas. Ni dos. Ni tres. Solo inventiva y poco más.

        • Bueno: yo confiaba en que, antes de irse (si es que se van), los asesores toponimistas gubernamentales nos servirían sus 160 razones… O 60… O 6… que a estas alturas de la feria, uno se vuelve poco exigente. Pero nada, Makako: como si se los hubiese tragado la tierra. En fin: un triste final a una triste iniciativa de triste desarrollo… Todo un bochorno para Aragón, a mi entender…