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La irrupción de la punta de las Olas

No parece que esa tendencia hacia la soledad de un recién llegado al circo de las vanidades como el Soum de Ramond cambiara mucho durante la llamada Edad de Oro del Pirineísmo. Porque la segunda reconocida (o tercera, o cuarta, según se mire) no llegaría sino hasta dieciocho añadas después del descubrimiento y bautizo efectuado por Franz Schrader. Dicho ascenso se iba producir auspiciado por la inauguración de otro refugio del Club Alpin Français en la zona: el de la brecha de Tucarroya.

Por tal motivo, la nueva visita obtendría amplia resonancia en el colectivo pirineísta. Así, uno de los asistentes al evento, Bertrand de Lassus, comentó en su diario, refiriéndose al 16 de agosto 1890, que cuando llegó al Borne de Tuquerrouye “percibí en lo alto del glaciar [de Tucarroya] al conde de Astorg y a Victor [Paget] Chapelle, quienes habían salido de Héas a las 3:00 h para hacer Soum de Ramond”.

Lo dicho: esta segunda teórica fue muy comentada en su tiempo. El cronista de la epopeya pirineísta, Henri Beraldi, la resumía en una suerte de charla imaginaria sostenida con Louis Ramond dentro del Tomo VI (1903) de los Cent ans:

“Mirad a Brulle y De Monts, que esa mañana incluso han concebido una ruta novedosa: saliendo desde Tucarroya, evitando el lago [Helado del Marboré] por la derecha, cortando en ángulo la catarata de hielo del Monte Perdido, abordando su arista Noreste, atravesando el glaciar que ahora, Ramond, lleva vuestro nombre, el glaciar de Ramond, y llegando en directo hasta vuestro pico, el Soum de Ramond, y desde allí, pasando a la cima del Monte Perdido, ¡y regresando a Tucarroya para el festín!”.

Tras los ascensos al Soum de Ramond por el sur efectuados por las caravanas de Guyard, de Russell y, acaso, de Schrader, les llegaba el turno a sus rutas por el norte y el noreste. Pero nada como acudir a las fuentes originales. En este caso, al trabajo de Henri Brulle para el número 28 del Bulletin de la Section du Sud-Ouest du Club Alpin Français (diciembre de 1890), donde las nuevas vías a la tercera de las Sorores quedaban recogidas, un tanto parcamente, dentro de su texto sobre el “Vieux pays et courses nouvelles”. Más en concreto, en esa porción dedicada al “Soum de Ramond (3.248 m), Mont Perdu (3.354 m)” que narraba sus andanzas del día 5 de agosto de 1890:

“La ascensión al Soum de Ramond era antes mucho más prolongada que la del Monte Perdido. Era preciso dar por el sur una vuelta al Monte Perdido, o bien acudir por el costado del collado de Añisclo, descendiendo bastante abajo por el circo de Bielsa [¿ruta tentada por alguien que no cita?].

”Este año hemos inaugurado un nuevo camino muy fácil e interesante que ciertamente resulta más corto para ir al Soum de Ramond, e incluso quizás, al Monte Perdido, partiendo de Tucarroya.

”La tarde del 4 de agosto [de 1890] acudimos para pasar la noche al refugio de Tucarroya en numerosa compañía. El día 5 por la mañana, para no molestar en los preparativos de su fiesta de inauguración, salimos de allí a las 5:30 h.

”Hacía un tiempo maravilloso y fue un placer corretear sobre la nieve helada del glaciar. Nos dirigimos hacia la cresta rocosa que separa el glaciar del Monte Perdido del de Ramond, y nos metimos en la base misma de los séracs. Nos dominaban unas soberbias murallas de hielo azul: fue preciso elegir con cuidado los pasos para prevenir las posibles caídas, una precaución que se reveló más que útil cuando el corredor que acabábamos de atravesar, en la base del roquedo, había sido barrido pocos minutos después de que lo cruzásemos.

”En dos horas alcanzamos el punto con la cota de 3.130 metros sobre el mapa de Schrader. Era el final de la arista rocosa, y un mirador soberbio de los glaciares de alrededor. Un collado nivoso lo separaba de otra arista perpendicular, o más bien una muralla de rocas grises que soportaba unos neveros que subían con una suave pendiente hacia la cumbre del Monte Perdido.

”Hacía tiempo que nos preocupaba dicho collado: ¿sería franqueable? Pero lo era, y fácilmente: la ruta quedaba abierta. Solo fue preciso descender un poco sobre el nevero de Ramond para contornear los roquedos grises de los que acabo de hablar, y ganamos muy suavemente, todo recto hacia el sur, el Soum de Ramond (3.248 metros). No nos había costado más de dos horas y tres cuartos desde el refugio de Tucarroya. No se hubiera necesitado más tiempo para ir al Monte Perdido.

”Con objeto de no regresar por el mismo camino, pasamos por la cumbre del Monte Perdido y, bajando por la ruta habitual, llegamos a Tucarroya a tiempo de tomar parte en la fiesta de inauguración”.

Es una pena que Brulle no detallara su conexión Soum de Ramond-Monte Perdido. Sin embargo, con padrinos de su talla, extraña poco que la cima dedicada a Ramond comenzara a atraerse cierta clientela.

El siguiente grupo en la lista de invitados llegó dos añadas después. Estaría encabezado por Bertrand de Lassus, quien patrocinó la, durante algún tiempo, tercera ascensión a nuestra Soror. Se concretaría dentro de una travesía de alta montaña junto a los guías Henri Passet, François Salles y Henri Pujo, realizada del 16 al 18 de agosto de 1892 por los techos del Marboré. A saber: Astazu-pico de Marboré-Cilindro-Monte Perdido-Soum de Ramond-Torre-Casco. Como vivaquearon en una cueva cercana al ibón Helado del Monte Perdido, no tardarían en constatar que no estaban solos en el sector:

“Percibimos entonces a Brulle y De Monts, junto a Célestin Passet y a Hippolyte, a punto de realizar el ascenso de la Torre de Góriz [nada dijo del ascenso de éstos a otro tresmil cercano]. Una vez llegaron a la cumbre, intercambiamos con ellos unos gritos inmensos […].

“Salida [del grupo Lassus-Passet-Pujo] desde el Monte Perdido sobre las 9:20 h [del 17 de agosto de 1892]. Descendimos por la cresta hacia el Soum de Ramond. Había un paso bastante malo, y después nos embarcamos en el glaciar del Soum de Ramond. La ascensión en ángulo sobre el glaciar se volvió bastante delicada debido a una pendiente muy fuerte de hielo y a la presencia, unos cincuenta metros por debajo, de una inmensa grieta en la que si por desgracia uno de nosotros se hubiese precipitado hacia ella, hubiera sido poco probable que hubiese salido con vida. Enseguida atacamos el pico, dejando el glaciar, para tomar la arista norte, una cresta mala por encima de grandes precipicios. Probablemente era la primera vez que se pasaba por aquí. Llegamos a la larga cresta que formaba la cumbre [del Soum de Ramond] hacia las 10:40 h.

”Nos instalamos en la punta sur de dicha cresta. Llegando a la cima percibí al otro grupo [Brulle-De Monts-Célestin-Hippolyte] a punto de completar la ascensión de la terraza de Bellevue. Enseguida los vimos pasando por debajo del pico donde nos encontrábamos. Intercambiamos desde la distancia saludos, y después los vimos atravesar el glaciar del Soum de Ramond para desaparecer detrás de la arista del Monte Perdido, en lo alto de las Parets.

”Tiempo radiante; tomamos un desayuno e hicimos un té.

”Salida de la cima a las 13:15 h. Descendimos hacia el oeste por la cresta que conducía a una chimenea helada en la zona alta, y llena de guijarros deslizantes en la baja. Desembarco bastante difícil en la parte inferior de la chimenea, sobre el glaciar al oeste del Soum. Hay una inmensa grieta con forma de botella sobre la que pasamos sin verla, sino en el último momento y justo a tiempo. Atravesamos el glaciar en ángulo y acudimos para descansar a un abrigo rocoso durante un cuarto de hora, al nor-noroeste del Soum y enfrente de la Torre de Góliz (de 14:10 a 14:30 h). Regresamos al campamento por las cornisas del Monte Perdido, a través de pedrizas rodantes. Allí nos encontramos con Salles a las 15:15 h”.

Y así es cómo la tercera ruta, la de la arista entre el Soum y el Perdido, quedaba documentada en su, posiblemente, segundo recorrido de aquel mismo verano de 1892. Una temporada intensa para esa porción de las Tres Sorores, dado que iba a poner sobre el tapete a otro tresmil “novedoso”. En esta ocasión, sin referencias documentales previas, salvo un mero acotamiento reseñado en los croquis de Schrader y de Wallon. Es decir: que se trataba de un vértice más perdido incluso que su poderoso vecino, el Soum de Ramond…

Para conocer su identidad, será preciso que regresemos a las actividades de Henri Brulle destinadas a su programa de “Vieux pays et courses nouvelles”. Así, el estío de 1892 daría, entre otros ascensos punteros como las primeras al Pequeño Astazu por la arista Noroeste y la cara Norte, o al pico de Marboré directamente desde Gavarnie, para que se le explorara un par de resaltes del entorno meridional del Soum de Ramond. Seguramente, dichas cumbres ya las habían avistado durante la subida a la Cima de Ramond de dos añadas atrás. Veamos el detallado de Brulle a través de su “Premières ascensions de la Tour de Gaulis et d’un pic à l’Est du Soum de Ramond” para el Bulletin de la Section du Sud-Ouest du Club Alpin Français número 32 (diciembre de 1892). Una aventura que arrancaría con una divertida reseña sobre gastronomía montañera:

“Era el 16 de agosto [de 1892]. Cuando el Observatorio [de Gavarnie] registraba 32º C a la sombra, De Monts decidió salir junto a Célestin [Passet] hacia Góriz al mediodía. Le deseé lo mejor con gusto, prefiriendo citarme con ellos muy temprano, al día siguiente.

”No me fue mucho mejor que a ellos, ni aun habiendo esperado para salir a medianoche. Hippolyte [Courtade] y yo estuvimos a punto de asfixiarnos [por el calor] en los Sarradets. No hallamos un poco de frescor sino hasta alcanzar la brecha de Rolando, adonde llegamos a las 3:00 h. Después descendimos a tropezones rumbo a Millaris, perdiéndonos en medio de unos bloques enormes completamente oscuros hasta que hallamos el sendero que conducía a la cabaña superior de Góriz a través de unos terrenos de guijarros interminables.

”Eran las 5:00 h y, cosa extraña, De Monts estaba ya despierto. Incluso había empezado a hacer la sopa en su famoso hornillo de petróleo. Tenía su historia dicho hornillo: desde hacía varios años nos había acompañado en todas nuestras expediciones un tanto prolongadas, aunque, por un motivo u otro, jamás había servido más que para adornar los hombros de los porteadores. Era esta una buena ocasión para rehabilitarse. Pero, ¡por desgracia!, el aroma a petróleo se mezcló tan bien con el tocino y la cebolla que fue preciso tirar el producto de tan laboriosa cocina. Abrimos un bote de mermelada: la confitura fue proclamada, una vez más, el verdadero, el único y el exclusivo alimento del montañero, y el hornillo, embalado con todo el cuidado que requería, fue vergonzosamente guardado donde había subido, para luego partir hacia la Torre de Góriz.

”No conozco nada tan desolado como la vertiente sur del Monte Perdido. No hay por allí sino restos de sus demoliciones, ruinas desmenuzadas y yesos polvorientos. Al atardecer, cuando los vapores soleados hacen que caigan unos tintes rosados sobre este desierto, se extiende una especie de ambiente poético. Pero, por la mañana, esto es de una crudeza espantosa.

”De terraza en terraza, llegamos a la Torre [de Góriz]. Célestin, quien la había estudiado desde hacía tiempo, nos condujo directamente hasta el pie de una arista orientada hacia el Monte Perdido, el único punto de las murallas de la Torre que no formaban un extraplomo demasiado horrible.

”Piolets, chaquetas y botas: todo de cuanto podía prescindirse, fue abandonado y, sin demasiada convicción, he de confesarlo, comenzamos el ataque. La lucha fue encarnizada, si bien con Célestin, ¿adónde no se podría llegar? Nuevamente la victoria fue nuestra, si bien muy disputada y ganada con laboriosidad.

”Una vez abajo, proseguimos nuestra ruta hacia el este: un gran pico al lado del Soum de Ramond había llamado nuestra atención. Era ese que Schrader le había estimado una cota de 3.001 metros, mientras que Wallon le adjudicaba 3.020 metros. Como quiera que fuese, se trataba de un verdadero pico, del todo independiente: valía la pena una trepada.

”Una de las inmensas cornisas que cercaban por el sur el Soum de Ramond nos sirvió como ruta. Era un camino bonito de seguir, con una anchura entre los cinco y los seis metros, en horizontal, encajado entre un soberbio muro en extraplomo y un precipicio profundo. Su longitud se medía por kilómetros. En una ocasión nos sentimos en peligro por seguir más allá sobre ese camino frecuentado tan solo por los sarrios imprudentes que, a veces, vienen por aquí para localizar, con toda seguridad, a los cazadores de Fanlo: únicamente una fisura nos pareció que serviría bien a nuestros propósitos. Nos apresuramos a aprovecharla y, a través de una tan interminable como horrible ladera de guijarros, alcanzamos nuestra cumbre. El Soum de Ramond nos dominaba unos doscientos metros más arriba, si bien a lo lejos, a más de un kilómetro, y una brecha profunda nos separaba de él.

”No encontramos huellas de otras ascensiones. Pero como nuestra conquista había sido fácil, desdeñamos la posibilidad de dejar ninguna señal [una torreta de piedras con las tarjetas de visita en un bote vacío]. Acaso Schrader, quien tanto ha explorado estas regiones, haya ascendido hasta esta punta [parece que no fue así]”.

Aunque no se hiciera desde las Ascensions, el Bulletin certificó el regreso de nuestro cuarteto a Gavarnie hacia las 18:00 h, tras el cruce del glaciar de Ramond. De este modo discreto se acababa de sumar al catálogo montañero, desde 1892, la hoy conocida como punta de las Olas. Nos detendremos unos instantes para revisar cómo discurrirían los avatares de esta designación de cierto “pico al este del Soum de Ramond”.

En el texto original, bien se ve, el referido tresmil ingresó en el mundillo montañero de forma innominada y de la mano de Henri Brulle. Al parecer, así seguía en 1903, cuando el cronista Henri Beraldi quiso hablar del mismo desde el Tomo VI de sus Cents ans aux Pyrénées:

“El pico al Este del Soum de Ramond (y al oeste del collado de Añisclo, de 3.001 metros según Schrader, de 3.020 metros según Wallon). Quizás Schrader fuese allí; sin embargo, en dicho pico no había huellas de su ascenso. Pero, como era fácil, los ascensionistas desdeñaron rotundamente el dejar alguna ellos mismos”.

Muy parecido al artículo brulleriano, ciertamente. La cosa cambió de forma rotunda treinta y tres años más tarde. Porque en el libro donde se recolectaban las ascensiones de Henri Brulle, redactado en parte por el interesado, en parte por Henri Beraldi e incluso Jean Arlaud, se aportaban datos nuevos. Veamos cómo pudo ser la comparecencia de este tresmil en las Ascensions (1936):

“El 17 de agosto [de 1892], con los mismos [Roger De Monts, Célestin Passet e Hippolyte Courtade], realizamos las primeras ascensiones a la Torre de Góriz y a un pico sin nombre entre el Soum de Ramond y el collado de Añisclo (denominado después como Tuc de Ramond o punta de las Olas). Partimos de Gavarnie a medianoche. Brecha de Rolando a las 3:00 h. Cabaña de Góriz a las 9:00 h. Tuc de Ramond a las 11:30 h. Descendimos por la arista del Soum de Ramond y Tucarroya hacia Gavarnie”.

Por desgracia, no se aportaron mayores explicaciones sobre aquel bautizo doble. En su primera versión, la de Tuc de Ramond, sin duda procedente del mundo pirineísta. Sí, pero de quién: ¿Brulle, Beraldi, Schrader, Arlaud…? Habrá que estar atentos a la crónica entre 1892 y 1936, para rastrear dicho término: un poco de paciencia… No menos misteriosa resulta esa designación como punta de las Olas que, razonablemente, fue obtenida en tierras hispanas. A muchos podría sorprender esta irrupción de un oleaje en zonas de alta montaña. No tan extraño, como bien sabían los montañeros galos desde, al menos, los tiempos de Vincent de Chauseque, quien esto contaba en 1834:

“Los valles que tanto en una como en otra vertiente penetran en la protuberancia calcárea de la que el Marboré es el centro, terminan en circos similares que los montañeses llaman Oules”.

Apartemos por un tiempo al Tuc de Ramond/punta de las Olas, para insistir en los anales de su poderoso vecino por el noroeste. Poco a poco, el pirineísmo galo iría engrosando el aporte de tarjetas cimeras. En 1893 era el turno de Vincent Cénac, junto a Henri Passet, François Salles y Paul Caubère. Su nota informativa para la revista de su sección del CAF era bien escueta: “28 de mayo, el Soum de Ramond (3.246 metros) por el corredor de los séracs”.

La tercera de las Sorores se iría abriendo paso por el resto de medios informativos. Incluyendo los germanos. Sirva como testimonio la reseña en la traducción al francés de Le Sudouest de la France. De la Loire à la frontière d’Espagne, de Karl Baedeker (1901). En esta difundida guía se incluían dos croquis donde se materializaban “Le Cylindre, Mont-Perdu, P. de Ramond”. En un segundo mapa se prefería al “Soum de Ramond”. Respecto a las explicaciones que llegaban desde Leipzig, serían estas:

“Pertenece [el Monte Perdido] al macizo calcáreo del circo de Gavarnie, aunque está situado fuera del eje de la cadena pirenaica, y la vista es menos bella que la del pico de Marboré. Forma con el Cilindro (3.327 m) al noroeste, y el Soum o pico de Ramond (3.248 m) al sureste, un grupo llamado por los españoles Tres Hermanas [Trois-Soeurs]”.

Bien se ve: con el salto del siglo XIX al XX, el sector sureste de las Tres Sorores se iba animando. Por lo demás, al Soum de Ramond le acababan de descubrir una suerte de escudero.

11 Comentarios

  1. Amigo Alberto: es que lo bordas. Magnífica lección de Historia de las Montañas.

    • Eso es porque las ves con buenos ojos, Doble-A… A ver si te gusta también esta otra que voy a colgar ahora… saludos cordiales…

  2. De lo más interesante, Alberto. Me tienes intrigado con lo del oleaje. Ya veremos; por desgracia, otros macizos no han tenido tanta suerte como Monte Perdido y no gozan de tanto notario pireneísta, mi apreciada Quijada de Pondiellos, por ejemplo.

    • Anímate, José, que, en efecto, a los picos del Infierno y cumbres aledañas se les ha hecho poco caso… Por ejemplo, junto a otro consocio como Alberto Hernández, en una revista Desnivel de hace ya unos años servimos una pequeña monografía, que puedes incrementar, seguro… Así serías el tercer «Montañero» en el ajo…

    • me tienes admirado alberto por que no sabia todo lo que daba de si una sola montaña

      • Son cosas de las ratas de biblioteca; sobre todo, cuando estos bichillos recuerdan vagamente lo que han leído alguna vez sobre una montaña u otra… Y, la verdad: existen por ahí bastantes testimonios sobre lo que pasó en el Pirineo (repito: de verdad) en los siglos pasados… Vamos, que falsificar la historia o una de sus, digamos, «parientas» como es la toponimia, resulta complicado… Salvo que no importe protagonizar ridículos cachiruleros… Más saludos, Luis…

    • Pues vaya chasco Alberto. Resulta que esa punta tan pincha al Este del Soum de Ramond no esta dedicada a las chicas que van «Solas» por la montaña. O eso creía yo cuando lei el toponimo en un mapa de esa «Editorial Autóctona» como tú dices. De dónde sacarán sus nombrecitos me pregunto.

      • Un poco de paciencia, Mandril, que la punta de las Olas no ha hecho sino asomar, pues eso: la puntita… Igual, a no mucho tardar, nos volvemos a topar con ella y vamos esclareciendo un pelín la toponimia de esta zona del Macizo Calcáreo… En cuanto a las variantes tipo las «Solas», así, de índole menor, pues no me quitan el sueño precisamente… Que ha habido cambios mucho más originales en los listados gubernamentales: sí, sí; esos que, a cierre de legislatura, se niegan a esclarecer… En fin: seguiré, en cinco entregas más, haciéndoles (gratis) el trabajo a los «toponimistas autóctonos», a ver si se animan a servir las 159 explicaciones de tresmiles que les quedan…

        • Vaya que sí. Quienes llevan el cachirulo demasiado apretado en la frente deben de estar bufando. Te les estas adelantando con una de las «160 Razones» que se les demandaban. Pero por lo que se ve les está saliendo el tiro por la culata cuando no has cruzado el Ecuador.

          • Algo me dice, mi buen primate, que las razones objetivas o históricas, a esa gente que sube la política a las montañas les importa un bledo… Sean 160 o 160.000, que ellos van a lo suyo… Pero a quienes les interese de verdad la crónica de montañeses y montañeros sobre nuestras cumbres, les pueden gustar los 5 capítulos que todavía faltan… Más saludos…

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