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El Moncayo de los Forestales

El 90 Aniversario de Montañeros de Aragón atravesará su ecuador mediante una serie de celebraciones con intenso aroma moncaíno. En efecto: el Techo del Sistema Ibérico va a tener un protagonismo innegable antes del pequeño parón que supondrán los meses del estío…

Por un lado, el domingo pasado, 23 de junio, medio centenar de Montañeros realizó una travesía de corte festivo para conectar La Cueva de Ágreda con San Martín de la Virgen del Moncayo, pasando, claro está, por la Cúspide de las llamadas Sierras Celtíberas. Además, nuestro venerado Monte Cano será la estrella de una presentación en la sede de la referida entidad zaragozana: el libro El Moncayo. Paraíso de los naturalistas (IFC, 2019), de Roberto Del Val y Eduardo Viñuales. Nos quedaremos hoy en la obra de estos dos magníficos divulgadores…

Su “Moncayo de papel” es un volumen con fuerte carácter coral. Así, entre el casi centenar de colaboradores a los que han invitado a registrar sus vivencias se pueden extraer los nombres de varios socios de Montañeros de Aragón como Eduardo Martínez de Pisón, Javier Camacho, Julio Viñuales, Marta Iturralde…

La última de las personas arriba citadas es una excelente conocedora del Moncayo, montaña que ha frecuentado desde bien pequeñita debido a que su padre, el doctor ingeniero Agustín Iturralde, fue el primer director del Parque Natural. Para el “Moncayo Naturalista” recreado por Del Val y Viñuales ha cedido un texto en el que, justamente, hablaba del trabajo de su progenitor en torno a tan vistosa cima. Era, en realidad, la segunda parte de un artículo más amplio cuyo arranque, con su permiso, reproduciré sin mayor tardanza.

Así podría ser la perspectiva del “Moncayo de los Ingenieros de Montes”, según Marta Iturralde:

“La crónica proteccionista de nuestro querido Mons Caunus ha discurrido por senderos muy variados. No del todo conocidos por los entusiastas de esta cumbre emblemática. Revisemos un poco desde dentro cómo es el Moncayo de los Forestales, recurriendo tanto a los datos de Enrique Arrechea, Ignacio Pérez-Soba y Eduardo Viñuales como a mis recuerdos personales.

”Puede decirse que la génesis del proceso conservacionista de este enclave fue su ingreso en la Clasificación General de Montes Públicos de 1859 con el fin de que se impidieran las talas descontroladas. Tres años después, el Techo de Zaragoza y Soria figuraba dentro del Catálogo de Montes Públicos exceptuados de la Desamortización, con el nombre de Dehesa del Moncayo y bajo la titularidad del Ayuntamiento de Tarazona. Aquello supuso el principio del camino hacia el hoy Parque Natural.

”Existe constancia del papel de los Ingenieros de Montes en las faldas de esta montaña de 2.314 metros desde al menos las importantes reforestaciones realizadas entre 1888 y 1896 por José Bragat. Cuando la obtención de leña para los fogones resultaba básica en los pueblos de la zona.

”El siglo XX trajo consigo un nuevo pasito en la salvaguardia del entorno moncaíno. En 1901 eran incluidos dentro del Catálogo de Montes de Utilidad Pública hasta quince sectores que ahora pertenecen al Parque. Entre ellos, el célebre Monte 251 de la Dehesa del Moncayo. Enseguida se incrementó dicho número hasta los dieciocho.

”En 1910 se frustraba el conato de cierta Sociedad con sede en Tarazona llamada El Monte Moncayo. Pretendía tender una línea de dieciséis kilómetros de rieles por los que un tranvía eléctrico uniría esta ciudad con las zonas medias de nuestra montaña.

”El tercer escalón importante del proteccionismo moncaíno llegó en 1916, de la mano de una Ley de Parques Nacionales que permitía que fueran declarados este tipo de espacios protegidos, junto con los Monumentos Nacionales y los Sitios Naturales de Interés Nacional. El Ayuntamiento de Tarazona encargó en 1916 un estudio, a partir del cual preparó el correspondiente dossier para que el Ministerio de Fomento otorgara a nuestra montaña la primera de estas categorías.

No fue así: el 30 de julio de 1927 la Real Orden número 178 declaraba Sitio Natural de Interés Nacional al Monte denominado Dehesa del Moncayo del término y propios de Tarazona que figura con el número 251 del catálogo de los que revisten carácter de utilidad pública de la provincia de Zaragoza.

”En consecuencia, fue el cuarto lugar preservado en España: justo tras Covadonga, Ordesa y San Juan de la Peña, cada uno en su género. De esta manera lo incluía Eduardo Hernández-Pacheco en la Guía de los Sitios Naturales de Interés Nacional (1933) con el número dos del listado:

“Cumbre y bosque del Moncayo, en Tarazona (Zaragoza). Es la más alta cumbre del gran conjunto montañoso del sistema orográfico ibérico y constituye un excelente miradero del amplio valle del Ebro y de gran parte de Castilla”.

”Aunque en Tarazona se deseaba un Parque Nacional, el logro del Sitio Natural fue notable. La prueba es cierta crónica de Rodolfo Llopis en 1929 para “El Sol” donde mostraba lo complicado que resultaba la obtención del referido rango:

“Cuando más tarde la Junta creó una nueva categoría para un público reconocimiento de la belleza de los paisajes a los que denominaba Sitios Naturales de Interés Nacional, categoría que reservaba para los lugares que merezcan ser objeto de especial distinción por su belleza natural, lo pintoresco del lugar, exuberancia y particularidades de la vegetación espontánea, las formas especiales y singulares del roquedo, la hermosura de las formaciones hidrológicas o la magnificencia del panorama y del paisaje, esperábamos se concediera inmediatamente a la Ciudad Encantada el título. La Junta, en aquella ocasión, solo hizo una declaración de este género: la Dehesa del Moncayo”.

”A partir de 1923 se realizaron grandes repoblaciones en las laderas zaragozanas del Monte Cano. También se estudiaron proyectos para construir algún complejo turístico, una idea que cobró fuerza tras la Guerra Civil bajo el nombre de Ciudad Montaña. De momento, nada de esto se concretó, y hacia 1934 se revisaban los límites de nuestro famoso Monte 251, administrado entonces por la Sexta División Hidrológica Forestal.

”Llegados a 1935, se editó por fin una monografía sobre El Moncayo. Su autor, José María Sanz Artibucilla, promocionaba así las utilidades del Sitio Natural:

“El geólogo encontrará un muestrario de los terrenos más típicos; el botánico podrá contemplar una flora propia y exclusiva llena de encantos, maravillas y novedades; el zoólogo y el etimólogo hallará cumplida satisfacción de sus anhelos como lo han experimentado muchos españoles y extranjeros; el turista, ávido de emociones, hallará pasos fantásticos; el que desea grandezas de la naturaleza en Moncayo las contemplará como en ninguna otra parte; el fatigado de cuerpo o de espíritu disfrutará un poderoso sedante y un vigoroso reconstituyente; el que vive en el bullicio de las grandes urbes descansará en completa paz”.

”En el año 1957 nuestro espacio moncaíno entró en el ámbito de la Ley de Montes, correspondiendo su gestión al Distrito Forestal de Zaragoza. Justamente por entonces, un socio de Montañeros de Aragón, Pedro Arnal Cavero, cantaba a los bosques de la ruta al Santuario desde el Aragón de las Tierras Altas (1955):

“Y la emoción primaveral en los robledales oscuros y bajos, en los acebos de hojas lustrosas y punzantes, en los morados suaves del romero en explosión floral, en el amarillo fuerte de las aliagas esquivas, en las formas y variedad de los arbustos y matorral del monte en maraña laberíntica. Y enseguida la emoción de las pinadas espesas, oscuras, impenetrables con sus verdes variados de tonos cuartos del espectro, con las yerbas frescas que surgen del mantillo, con su olor a resina y a madreselva”.

”Hacia 1964 se amojonaba el Monte 251. Por esa época, Emilio Poyo resaltaba el recinto protegido desde su Moncayo de Aragón y Castilla (1962), citando de paso a nuestro asociado literato:

“Moncayo está declarado como Sitio Nacional y su misterio ofrece magníficas perspectivas en todo orden de cosas. Se le conoce desde cualquier parte que se le mire, por su silueta inconfundible; y tiene dos caras y muy distintas entre sí: la que da a Aragón es brava, fuerte, altiva, y la que da a Castilla suave, dócil, amable y recoleta, siendo su relieve pecho y hombros de gigante para castellanos y los pies para aragoneses, como dice Arnal Cavero”.

”Hubo nuevos cambios en dicho territorio hacia 1975 de la mano de la Ley de Espacios Naturales Protegidos, que por entonces se refería a ocho parques nacionales y a diecinueve sitios naturales. Tres años después, el llamado Sitio de la Dehesa del Moncayo cambiaba su nombre por el de Parque Natural de la Dehesa del Moncayo. Sus 1.397 hectáreas quedarían regidas por una Junta Gestora.

”Las competencias de la administración de aquel espacio pasaron en 1984 a la entonces Diputación General de Aragón. En el mes de marzo de 1990 se aprobaba en este marco el Plan Rector de Uso y Gestión de un enclave que, a resultas de la Ley de Espacios Naturales del Gobierno de Aragón de mayo de 1998, se denominó Parque Natural del Moncayo. Contaba con una extensión de 9.848 hectáreas, adscritas a los Municipios de Añón, Calcena, Litago, Lituénigo, Purujosa, Talamantes, Tarazona, Trasmoz y San Martín de la Virgen del Moncayo.

”La aprobación del nuevo Plan Rector de Uso y Gestión tuvo lugar en 2002. Cinco años después se incorporaban a su ámbito nuevas porciones de los Ayuntamientos de Purujosa y Talamantes, por lo que el tamaño del Parque alcanzó las 11.114 hectáreas.

”Hasta aquí la parte objetiva de la crónica de la protección moncaína, en la que encajaré unos esbozos familiares…

”Mi padre, Agustín Iturralde Irigoyen, dejó su Irurita natal, en el Pirineo navarro, para estudiar Ingeniería de Montes en Madrid. Seguidamente ingresó en el entonces llamado Patrimonio Forestal del Estado, y algo más tarde se doctoró. Acaso influyera en tales decisiones su pasión por los espacios abiertos: de joven subió a todas las cotas que rodeaban su querido valle del Baztán.

”En 1954 era enviado a su primer destino, que fue Soria. El siguiente puesto de trabajo sería en Huesca, antes de pasar unos años en Teruel. En estas fases iniciales de su vida laboral llevó a cabo repoblaciones forestales y de laderas herbosas, construyó algún embalse y se ocupó de pueblos abandonados. Se movió mucho por El Frasno, Montalbán o Used. En esta última población le dedicaron una calle por las actuaciones que acometió en los montes del entorno.

”Finalmente Agustín Iturralde fue destinado por el Instituto Nacional para la Conservación de la Naturaleza (ICONA) a Zaragoza, donde sus quehaceres quedarían vinculados al Moncayo. De hecho, era el responsable del Monte 251 cuando dicha montaña estaba todavía bajo la antigua categoría de Sitio Natural de Interés Nacional. Así, fue el redactor de la primera revisión del ordenamiento del Monte 251 aprobada en 1970. No extraña que tras su declaración en 1978 como Parque Natural de la Dehesa del Moncayo, fuera nombrado su director, cargo que ocupó hasta la jubilación en 1990 […]”.

Aquí interrumpiré el artículo de Marta Iturralde, quien en este punto se aprestaba a desarrollar su apartado sobre “La labor de un ingeniero de montes”. Todo aquél que desee conocer la continuación de esta y de otras peripecias en torno al Techo de Zaragoza y Soria, tendrá que acudir al texto que, firmado por Roberto del Val y Eduardo Viñuales, se presentará en la sede de Montañeros de Aragón este viernes 28 de junio… Repetiré su título para que nadie se despiste: El Moncayo. Paraíso de los naturalistas, de la Institución Fernando el Católico (2019). Imprescindible, diría yo.

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11 Comentarios

  1. Amigo Alberto, gracias a tí por divulgar nuestro trabajo, por tus palabras, tu colaboración experta en la obra… y muchas gracias Marta por aportar ese texto tan especial en recuerdo de su padre, el ingeniero forestal Agustín Iturralde. Ayer lo volvimos a recordar en Calatorao… y así lo haremos en los lugares donde tenemos ya previstas nuevas presentaciones del libro a lo largo de un agitado verano: Morata, Lituénigo, Alcalá de Moncayo, Añón, Agreda, Tarazona, Borja, Talamantes, Trasmoz, San Martín del Moncayo, Bulbuente, Illueca, Trasmoz… Un abrazo.

    • Gracias a ti, Edu. Y también a Roberto, claro: os ha quedado un pedazo de libro… ¡Van a disfrutar que no veas en el Piedemonte del Moncayo con vuestra temporada de re-presentaciones!

    • Es un texto precioso, sin duda: algo de ello puede leerse igualmente en el anuario de montañeros de aragón último, por cierto… Más saludos, josé…

    • Dale mi enhora buena a Marta, Alberto. Hoy ha hecho tu trabajo magistralmente. ¿No sabes si ella querría ser tambien una Blogger de Desnivel?

      • Hola de nuevo, Doble-A… Sí: es un texto tan bonito como encantador… lo mismo que el libro de Roberto Del Val y Eduardo Viñuales, ya lo verás… Si puedes, acércate para saludar este viernes por nuestra sede… Marta no andará por aquí, pero te puedo adelantar que lleva mucho lío como para meterse en otro más, aunque fuera uno en plan positivo y en esta Casa… ¿Hasta mañana, viernes, en Montañeros…?

        • Vaya vaya Alberto. Esta tarde la foto que te hagas en la mesa junto a tu amigo Eduardo Vinuales puede tener aires a Guía de los Montes de Teruel ¿o no? No puedo ir pero os deseo a Ramon y Roberto y Victoria lo mejor en la presentación del libro de Moncayo.

          • Hey, Makako… Una pena que no puedas acercarte esta tarde por la sede de Montañeros, en Gran Vía 11, a las 19:30 h… Será un acto muy majo, eso seguro. Los autores del libro «El Moncayo. Paraíso de los naturalistas» (IFC, 2019), Eduardo y Roberto, tienen un «directo» muy potente… De todas formas, si sigues el FB o el Twiter de Viñuales, podrás estar al tanto de las siguientes presentaciones en Mañolandia. ¡Y no te olvides llevar los 30 euros que cuesta esta obra magnífica, por si quieres llevártela a casa!