por

Un enigma llamado Soler i Santaló

En los anales toponímicos de la tercera de las Sorores sobrarbesas hay que destinar un capítulo aparte al pirineísta Juli Soler i Santaló. Es decir: al patrocinador del nombre de pico de Añisclo para nuestra cima de 3.257 metros de cota. Porque, hasta tener todos los datos sobre la mesa, se diría que fue este barcelonés quien postuló hacia 1917 dicha designación para una montaña que, desde 1872, era conocida como Soum de Ramond. Lamentablemente, quien fuese apodado en su tierra como el Aragonés, y en Francia como el Russell Catalán, apenas explicó lo que, de ser cierto, hubiera sido todo un hallazgo lingüístico. ¿O acaso se trató una confusión entre dos cumbres diferentes, perfectamente comprensible para la época?

Antes de servir los datos que conformaron el gran embrollo del Soum de Ramond/pico de Añisclo, veamos un rápido biopic del protagonista de esta entrada. Juli Soler i Santaló nació en la Ciudad Condal de 1865. Estudió ingeniería y permaneció célibe, volcado en sus diversas actividades al aire libre: un cazador reconvertido a montañero que ingresó en el Centre Excursionista de Catalunya en 1897. Según Enrique Salamero en su texto para Pueblos y gentes: Julio Soler Santaló. Fotografías 1902-1913 (1990), “se dedicará a recorrer el Pirineo central, desde los límites de Navarra hasta los de Andorra, siendo el primer catalán que sale del Pirineo oriental para explorar sistemáticamente el resto de la cordillera”. Por desgracia, este Russell hispano nos dejó pronto: un 30 de abril de 1914.

Que los párrafos anteriores no empañen la reputación del, para mí, magnífico explorador y no menos acertado publicista de las grandes montañas de Huesca. Incansable en unos recorridos por nuestras cumbres y valles que resultan, incluso hoy en día, un tanto misteriosos. Según cierto estudio de Fernando Biarge en 1990, se cree que compareció por el Pirineo oriental aragonés hacia 1901. Su última campaña sería la de 1913, igualmente concretada en los Montes Malditos de su devoción.

Como el perfecto pirineísta que fue, Soler i Santaló editó diversas monografías de las principales cabeceras altas y cimas oscenses, cuyas ediciones iniciales se sitúan entre 1906 y 1926. Póstumas, las últimas de ellas. Quienes actualmente deseen conocer la fabulosa obra escrita del Aragonés, pueden hacerlo en su formato original dentro del Butlletí del Centre Excursionista de Catalunya. De igual modo podemos acompañarlo, traducido al español, a través del libro sobre los Viajes por el Alto Aragón. Broto, Vió y Puértolas, Bielsa, editado por el Organismo Autónomo Parques Nacionales en 2004.

Al parecer, nuestro hombre visitó los decorados del Macizo Calcáreo siguiendo esta secuencia: los valles de Vió, Puértolas y Tella en 1903; los valles de Bielsa y Pineta en 1904; los valles de Broto, Ordesa y Bujaruelo en 1905. El problema es que estas rondas pasaron al público después de su fallecimiento a través de tres obras que ahora revisaremos en sus facetas toponímicas, según se editaron. Porque la cronología es un factor importante en el barullo que sigue…

Comencemos con su viaje de 1903, el inaugural dentro del sector del Monte Perdido. Las 39 páginas de la correspondiente monografía se publicaron como “Les Valls de Vió i de Puértolas”, en dos entregas del Butlletí del CEC. Arrancaba con el número 274 (noviembre de 1917)…

Desde la segunda página de sus luego célebres trabajos (en realidad era la 246 del cuadernillo), Soler i Santaló lanzaba al mundo, por las bravas, el nuevo topónimo:

“El gran pico de Añisclo, o Som de Ramond [sic], como dicen los franceses, es una de las tres eminencias que forman la trinidad de las Sorores o el Monte Perdido”.

Sin añadir la menor explicación, que bien la hubiera precisado. Un poco más adelante, en su texto inicial aparecía ese pico de Añisclo, a secas, dos veces más en la misma página. Y, llegados ya a la 249, hablaría incluso del “Gran Pico de Añisclo o Soum de Ramond”.

El resto de los topónimos empleados por el barcelonés resultaban de lo más ortodoxos: Tres Sorores, Gabieto, brecha de Roldán… Además, asentaría el término Góriz, que no Golis ni derivados como hasta ese momento se había registrado, así como un novedoso Suaso. También extraña que aludiera al río de Añisclo, olvidándose del hidrónimo Bellós.

La segunda y última entrega de “Les Valls de Vió i de Puértolas” se servía en el Butlletí 275 (diciembre de 1917). Los más fervientes defensores de las toponimias pintorescas sin duda que sufrirán lo suyo constatando cómo el Aragonés utilizó, en exclusiva, los nombres de las Tres Sorores y del Monte Perdido. En cuanto a la menos elevada del trío, aparecería de este modo: las “cimas del Monte Perdido y el Soum de Ramond o pico de Añisclo”. Más adelante remachaba de nuevo lo del “Gran Pico de Añisclo o Soum de Ramond, una de las cimas de las Tres Sorores”. Pero nada como este parrafito de Juli Soler i Santaló para cerciorarse de si sabía hacia qué montaña señalaba:

“Una buena subida por entre medio de canchales y sin ningún árbol señala el último tramo de este itinerario, lográndose al final de la misma el collado de Añisclo (2.480 metros). Se encuentra dicha apertura en la divisoria del valle de Vió con la de Bielsa. Desde aquel lugar despegado, y una vez atravesado el collado, se puede bajar en dos horas, por un mal pasaje, hasta la hermosa ribera de Pineta [ni palabra del Balle Berde], en su parte superior, en el lugar donde se encuentra el santuario de igual nombre, perteneciente al segundo de estos valles. Hacia el poniente del collado se levantan de repente unos riscos encrespados, los contrafuertes orientales del Gran Pico de Añisclo, o Soum de Ramond, una de las cimas de las Tres Sorores”.

¿El Russell Catalán pudo liarse aquí con la hoy llamada punta de las Olas? Terrible sospecha. En fin; acompañémosle un poco más en su itinerario de 1903, transcrito a los tres años de su fallecimiento:

“Desde cuello Biceto se admiran unos panoramas extensos por encima del desfiladero de Añisclo, recorriendo esa sierra Custodia y Pueyo de Mondicieto que recluyen los puertos de Góriz; hacia el nor-noroeste se descubre el macizo de las Tres Sorores, con sus vertientes orientales enriscadas, apareciendo como un grupo rocoso y dominado por las nivosas cumbres del Soum de Ramond y el Monte Perdido”.

Otra vez, la duda: el catalán, que en ningún momento cita a la, desde allí, pujante punta de las Olas, ¿no estaría hablando, en realidad, de dicha cumbre y del Soum de Ramond? El enredo anima a pensar que, acaso, lo que él llamaba Gran Pico de Añisclo era la actual punta de las Olas. Al menos, nuestro explorador esclarecería por fin la cuestión del “río Vellos o de Añisclo”. Así como las montañas del otro lado del cuello de Añisclo, sin decir ni palabra de la antaño Montaña de Añisclo/Sucón:

“Por otra parte, desde el collado de Añisclo arranca una cordillera que es la divisoria de aguas del valle de Bielsa (tal y como hemos dicho al hablar del valle de Vió), y por las Tucas de Sesa y de Castiecho sigue por Mallo Grau y la montaña de Revilla; allí la demarcación del valle de Puértolas deja la cordillera, bajando hacia el sur, hasta encontrar el curso del río Yaga, yendo seguido aguas abajo hacia la izquierda hasta desaguar en el Cinca”.

En resumen: desde el punto de vista toponímico, las designaciones realizadas por Soler i Santaló en su trabajo primerizo sobre el Macizo Calcáreo, en cuanto a la identidad real del Soum de Ramond/Gran Pico de Añisclo, dejaban un sembrado de enigmas. Que quizás pudieran aclararse en las dos monografías restantes de la serie. Vamos con ellas…

El viaje de 1904 quedó reflejado en su artículo de 34 páginas sobre “La Vall de Bielsa”. En este caso no era un trabajo póstumo a pesar de su tardía publicación, dado que se trataba del texto de una disertación que fue leída por su autor en la sede barcelonesa del CEC el 31 de mayo de 1912. Es de esperar que sus camaradas, cuando la editaron en el Butlletí número 283-284 (agosto-septiembre de 1918), fueron respetuosos con los contenidos. Acudamos a las cuestiones toponímicas que nos interesan…

En la monografía belsetana se puede tomar una de cal y otra de arena. En su interior predominan las nominaciones ortodoxas, como cuando Soler i Santaló habla del “soberbio macizo de las Tres Sorores (Monte Perdido)”. Pero intriga que use en varias ocasiones el término “pico de Marboré”, a la par que “glaciar de Marmurés”. Junto a otros nombres de tresmiles como el Astazú o el Corral Ciego-el Casco. ¿Y el novedoso pico de Añisclo? En esta entrega llegaba al público con una pequeña variación:

“Volviendo ahora hacia atrás, y situados en el gigantesco macizo del pico del Marboré, su llana cresta lo enlaza con su vecino de levante, el llamado Cilindro (3.330 metros de altitud), el primero de los tres picos que dan nombre a las Tres Sorores. Este enorme grupo rocoso y enriscado en todos sus lugares, levanta las murallas que lo forman por levante, por encima de una alta y rocosa cresta que se sostiene por encima de los 3.000 metros, y es en el llamado cuello [que no collado] de Monte Perdido donde se enlaza con su vecino, la cima cónica del Monte Perdido (3.360 metros de altitud), y el más alto de la trinidad de cumbres antes mencionada. Este, a la vez, queda ligado hacia levante por una arista muy elevada y abrupta, decorada de glaciares por ambas vertientes con la tercera cima de este gran macizo, que es el llamado pico de Añisclo, o Sierra de Ramond (3.245 metros). Esta cumbre, tal como ya se mencionó al tratar los valles de Vió y Puértolas, destaca de sus descarnados contrafuertes en una larga enfilada montañosa, enseguida orientada hacia el oeste-suroeste, que es la divisoria de estos valles con los que nos interesan. El collado de Añisclo, adosado a las laderas abruptas de aquella cima, es su comienzo. Atravesado este, se despliega la sierra con las tucas de Sesa, sosteniendo su nivel por el Castiecho y el Mallo Grande hasta Montinier y la peña del Mediodía, cuyas laderas orientales descienden al fondo del valle y contribuyen a formar el estrecho desfiladero, junto con las del pico de Chardal, frente a aquel, que es la estrecha salida de este valle de Bielsa por el sur”.

De nuevo se ha escapado del análisis de nuestro catalán la actual punta de las Olas. Lo que acaso explicara las sospechas de confusión de identidades entre esta y el Soum de Ramond. Vamos, que quizás le señalaron como pico de Añisclo lo que él creyó que era la tercera de las Sorores y que no era sino la punta de las Olas.

Sigamos junto al Aragonés. Una vez en Pineta (donde nada dice del supuesto Balle Berde), descompuso a las Tres Sorores en “Cilindro de Marboré, Monte Perdido y pico de Añisclo”. Añadiendo una vez más cierto “glaciar de Marmorés”, topónimo último que reforzaba desde una de sus ilustraciones, donde sencillamente indicaba en su pie: “La ribera de Pineta desde Marmorés”. El galimatías prosigue cuando la narración alude al “Cilindro de Marmurés”, al “pico de Añisclo (Sum de Ramond)”, la “terraza y lago de Marmurés”, o la seguramente errata de la “Montaña de Marmuerés”.

Por desgracia para la credibilidad de Soler i Santaló, o de sus informantes más bien, en esta segunda monografía hablaría de La Munia…, aunque nada dijese de la Almunia Gran (ni de la Almunia de Doña Godina, o como quiera que le llamen desde la Lista Soro). Un nombre que, ya fuese al propio catalán, ya a sus acompañantes locales, no debía de gustar, por lo que, para aludir al grupo, recurriría a “la cresta de los picos de Sierra Morena”. ¿De dónde pudo sacarse de la manga que tal era la denominación autóctona del macizo? Quienes conozcan la historia de la conquista del referido tresmil (3.090 metros) por el inglés Charles Packe, de regreso de un viaje por Andalucía, sin duda que estarán partiéndose de risa por el patinazo del barcelonés o de sus informantes…

Pero el bochornillo de adjudicar un origen belsetano al bautizo realizado hacia 1869 por el mencionado hijo de la Gran Bretaña, sigue más adelante, cuando Juli Soler y Santaló proclama que “en los mapas franceses constan estos estanques con el nombre de lagos de la Múria [¿errata de imprenta?], por pertenecer al macizo que ellos llaman con este nombre, y que es el conocido en la zona de Bielsa con el nombre de Sierra Morena”.

En fin: la veracidad como toponimista del pionero hispano sigue en picado cuando persiste en adjudicarle nombrecito falsamente local a ese “macizo que los franceses llaman La Múnia, nombre completamente desconocido en el valle de Bielsa, donde es sustituido por el de Sierra Morena, calificativo bien oportuno”. ¿No será, más bien, que el topónimo de Packe pasó a Bielsa a través de algún guía y que hizo fortuna en la región…? Como tantos otros de origen foráneo.

Corramos un tupido velo y pasemos ya al tercer viaje por el Alto Sobrarbe del Russell Catalán, completado en 1905. Al igual que en el ejemplo previo, es de suponer que el texto consiguiente fuera respetuoso con su autor, fallecido ocho años antes de su publicación. Se trataba de una conferencia de Soler i Santaló en la sede del CEC de la calle Paradís, un 23 de marzo de 1912. En esta versión a papel en 35 páginas, iría servido en dos fragmentos: el primero de los cuales aparecía en el Butlletí número 324 (enero de 1922), como “La Vall de Broto”. Atendamos a su toponimia, que aquí hay tomate…

De nuevo nos sitúa en el “macizo de las Tres Sorores o del Monte Perdido”; bueno, Mont-Perdut dice Soler i Santaló, recurriendo a su lengua catalana. Nada más empezar, surgen nombres que no concuerdan en exceso con sus propuestas anteriores, tanto en la descripción como en el croquis: “Cabieto”, “Tallón o Taillon”, “Breca o Brecha de Roldán”, “Corral Ciego-el Casco de Marboré”, “la Torre”, “cimas o picos de la Cascada”, “pico de Marboré”, “Cilindre”, “Monte Perdido”, “Cima o Soum de Ramond” (hasta cinco veces), “Astazou”… ¿Y el pico de Añisclo? Pues más perdido que la más céntrica de las Tres Sorores. En cuanto a las designaciones locales del referido grupo, diría nuestro pionero que “el gran macizo llamado en todo Aragón las Tres Sorores, Serodes o Serores (Hermanas)”. Entonces, eso de las Treserols tan de moda hoy, ¿de dónde habrá salido…?

Sin querer hacer sangre, regresemos con el, hasta entonces, supuesto pico de Añisclo, del que Soler i Santaló afirma:

“Se halla esta cima [del Monte Perdido] unida por una corta y elevada cresta llena de nieve con otro pico hacia el sureste que es nombrado como Cima o Soum de Ramond, nombre que le dan los franceses en honor a su primer ascensionista, el ilustre Ramond de Carbonnières”.

Todo un cambio de política lingüística que se puede visualizar en el pie de su foto más célebre: “Panorama de las Tres Sorores desde los llanos de Góriz: el Cilindro, Monte Perdido, Soum de Ramond, Torre de Góriz”. ¿Se trataba de toda una rectificación de sus picos de Añisclo anteriores? Acaso alguien le pudo soplar que se resbalaba en lo de llamar pico de Añisclo al Soum de Ramond…

La última entrega de estas magníficas monografías llegaba en el Butlletí número 325 (febrero de 1922). En las hojas finales de “La Vall de Broto” se citaba, en solitario ahora, a la “Cima o Soum de Ramond”, lo que haría un total de ocho menciones. Por añadidura, el caos se expande con su introducción de una, ahora, “Brecha de Roland”, y en varias ocasiones que coinciden con su visita al gran portillo. También menciona la “ribera de Arazas o de Ordesa”. Así como cierto puente de la Gleva; sin duda, un error de imprenta a costa del puente de la Glera sobre el Ara.

Remataremos la monografía con este párrafo donde acaso nos trasladó, entre otros datos no menos importantes, el nombre de sus posibles informantes locales:

“Y ahora para terminar estos itinerarios falta remarcar que los puertos de Góriz, un conjunto que es digno de ser visitado, son el lugar forzosamente indicado para llevar a cabo por el lado de Aragón la ascensión al Monte Perdido por los Grados, la del pico Cilindro por la terraza glaciar, y la del Soum de Ramond por la Faja de los Ingleses. También desde Goriz es el lugar preciso para cruzar la frontera por aquel lugar y por la Brecha de Roldán, visitando sus hermosos glaciares. En todas estas excursiones de altura hay que hacer noche en el mismo puerto antes de emprender las cumbres, pues la jornada desde las Granjas de Ordesa es demasiado larga si aquí se quiere ver salir el sol sobre una de aquellos. A este fin las cabañas de los pastores que son abundantes en aquella región, situadas todas ellas a más de 2.200 metros de altitud, unos 1.100 metros más bajas que el pico más alto del Monte Perdido (3.350 metros), proporcionarán un conveniente cobijo. Yo os puedo testimoniar que en aquellos hoteles-refugios llamados de Bernard, de Jacinta, de la Torre de Buisán, etcétera, etcétera, he pasado noches deliciosas en la plena soledad de las alturas en compañía de los fieles Bringola, López y Callizo [no está claro si son dos o tres], mis guías de Torla y Fanlo, respectivamente”.

Quien haya leído con cierta atención esta serie de enredos solerianos puede caerse de la silla. Porque en el prólogo de cierta obra pirineísta de 2004, editada en Madrid y firmada desde Barcelona, se podía leer esta serie de afirmaciones pintorescas:

“Julio Soler muestra un especial interés en dar los nombres de los diferentes accidentes geográficos, tal como los designan los naturales de los valles. Así, por ejemplo, nos dice que el nombre La Munia, el pico más alto del circo del Barrosa, dado por los franceses, era un nombre desconocido por los pastores aragoneses, que llamaban a esta montaña Sierra Morena. Y como éste, otros ejemplos, como llamar el macizo de Monte Perdido por su castizo nombre de Las Tres Sorores o, mejor aún, las Tres Serols. Desgraciadamente, la cantidad de literatura montañera francesa, comparada con la española, ha sido tan abrumadora que hoy en día se ha aceptado como normal la toponimia dada a conocer por los franceses, con las debidas correcciones, y la autóctona ha quedado en segundo lugar, si bien hay que reconocer que, por parte de publicistas aragoneses, se hacen loables esfuerzos para recuperarla. Valgan como ejemplos haber rescatado el nombre de Corral Ciego para el Casco o el pico de Añisclo para el Soum de Ramond […]. Julio Soler es quizás el primero que describe el desconocido e impresionante valle de Añisclo y nos indica el camino para remontarlo hasta sus inicios”.

Así se manipulan los escritos originales: al gusto de las modas o de la política de baja calidad. Los de fuera, claro, que los de dentro tampoco se están quedando cortos en estos tiempos actuales…

Deja una respuesta a albertomartinez Cancelar respuesta

Comentar

Comentario

      • Eso es, Doble-A: uno de los primeros pirineístas hispanos. Uno de los más madrugadores en interesarse por la alta montaña. Y por el Alto Aragón. Que, además, metiese la pata en alguna cuestión, como creo, no tiene demasiada importancia… ¡En aquellos tiempos es más que comprensible! Sin duda que fue un gran tipo «el Aragonés»…

          • Bueno; no te creas, Luis, que en cuanto pueda, me subo a las «Tierras Altas»… Eso sí: para los blogs de esta Casa, tengo varios artículos preparados, a falta de subir a la Nube… O al Nubarrón, según alguno de esos «toponimistas desnortados» que tanto abundan por este cotarrillo autonómico… Saludos cordiales… ¡Y a disfrutar de Tena!