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La primera Carnavalada

Vamos a seguir recordando el 90 Aniversario de Montañeros de Aragón a través de alguna de las gestas más memorables de sus escaladores. Así, a finales del siglo pasado apareció por uno de los cajones de nuestra sede cierto cuadernillo. Contenía un texto extenso sobre la apertura de la célebre Carnavalada, la gran ruta directa al mallo Pisón de Riglos. Con el tiempo se conocería que el autor era, justamente, uno de sus dos artífices: Ursicino Abajo Martínez Ursi.

Antes de saber tan importante detalle, los responsables del Anuario de Montañeros de Aragón 1996-1997, publicado en 1997, decidieron difundir una versión acortada del mismo. Se tituló como “Riglos: treinta años de Carnaval”. A modo de explicación, añadirían la siguiente entradilla:

“A comienzos de los años sesenta, se tenía la impresión de que el tiempo de las grandes gestas en Riglos, había pasado irremisiblemente. En 1961, Rabadá y Navarro acababan de vencer el Torreón Sur del Fire, uno de los últimos retos entonces pendiente. De las murallas mayores, solo la cara sur del Mallo Pisón permanecía aún imbatida. Era éste el viejo reto de todo un grupo de extraordinarios trepadores (Díaz, Montaner, López, Bescós, Vicente…), que todavía no se había podido resolver: el Gran Carnaval. Mas, en el año 1965, dos escaladores de otra generación habían comenzado a tomarle el pulso a esta extraplomada pared. Ursicino Abajo y Jesús Ibarzo, la potente cordada del momento de Montañeros de Aragón, se disponía a cerrar este capítulo de la escalada riglera…”.

No nos entretengamos más. Acudamos junto a Ursi e Ibarzo al inmenso murallón de Riglos. Seamos testigo de la apertura de ese Gran Carnaval de hace cincuenta y cuatro años:

“El 9 de octubre de 1965 llegaba al pueblecito de Riglos un reducido equipo de escaladores zaragozanos. Su ambicioso objetivo: efectuar el intento definitivo contra la cara sur (más exactamente, sudoeste) del mallo Pisón. Los dos protagonistas –Ursicino Abajo y Jesús Ibarzo–, venían acompañados por otra pareja de amigos del Club como apoyo en tierra: Félix Cruchaga y Miguel Vidal. La misión de éstos sería seguir los progresos de los escaladores y mantener el contacto con ellos a través de una radioemisora. La dureza de la empresa imponía entonces toda clase de precauciones.

”La vía elegida comenzaba en las cuevas de la Virgen, al pie del Pisón. A las 15:00 h, Ursi abriría el largo inicial –ya varias veces recorrido en los preparativos previos–, superando este primer techo. Cincuenta metros más arriba, montaría la reunión. Alternándose en cabeza con Jesús, sobre las 18:30 h llegarían al punto elegido para el vivaqueo, a unos ciento veinte metros del suelo. La progresión en estos largos iniciales había sido rápida, dado que los tenían parcialmente equipados tras los reconocimientos anteriores. Sus compañeros en tierra horizontal les ataron a unas cuerdas las sobrecargadas mochilas (sacos, ropa, comida y agua) que Ursi y Jesús deberían izar hasta ellos. A partir de aquí, estos fardos serían los más pasivos miembros de la cordada. Por lo demás, la noche aportó un chaparrón del que los dos escaladores no se percataron, protegidos por el extraplomo inmisericorde de la pared sudoeste del Pisón.

”A las 6:00 h del día 10, se establece el temprano contacto por radio entre los dos grupos. Los de abajo les harían llegar, por las cuerdas fijas, hilo de Ariadna, un recipiente con agradecido café con leche caliente. Sobre las 9:00 h, Ursi se reincorporaría –lento pero seguro– a la escalada. A partir de ahora se acentuaba la complicación, al tener que enfrentarse al sector de la pared que no habían tanteado. Ante la dificultad de la extraplomada vía, habrían de confiar en su excelente técnica de burilaje (sistema, por otra parte, ya desde años atrás contemplado con recelo). Un agotador trabajo les aguardaba… Hacia media tarde, lograrían llegar al ecuador del muro. Pero comienza a llover de nuevo, lo que provocará que Ursi opte por descender al vivac –no con rápel, sino destrepando con un mosquetón a la cuerda fija–, al encontrar la pared en malas condiciones. Serán las cuatro y media de la tarde, cuando cese la lluvia y pueda ascender Ibarzo por las cuerdas (le cuesta una hora alcanzar el último clavo metido por Abajo). A pesar de que la noche va cayendo, Jesús Ibarzo trabaja en preparar con pitones de expansión un nuevo lugar de pernocta. Desde la base, sus compañeros de Montañeros les tienen que advertir, por medio de un megáfono, de que casi no queda luz… Pero Jesús podrá finalizar su tarea –a las 19:00 h, casi a oscuras–, descendiendo rápidamente hasta el primer vivac, donde forzarán la segunda noche en la sur del Pisón. Por radio, informan al equipo de apoyo de su cansancio después de un día tan duro.

”Tras un sueño reparador, la mañana siguiente los encuentra más animados. Es el día 11 de octubre y tercero de su escalada. Sus compañeros en Riglos –Vidal y Cruchaga– los han despertado sobre las 6:00 h, para hacerles llegar agua por las cuerdas umbilicales. Ibarzo iniciará la jornada trepando otra vez hasta el final de lo preparado la víspera. Allí se le reúne Ursi, quien se encargará de salvar los varios techos que salpican la vía. Son cerca de las 17:00 h, cuando alcanzan la canal de salida a la cumbre. La jornada había permitido superar cuarenta metros de gran dureza, a base de horadar la pared con el buril (ramplús) y los tornillos de expansión.

”Afortunadamente, el día había discurrido sin aguaceros, a pesar de la nubosidad, lo que sería importante para encontrar seca la canal superior. En el expectante pueblecito de Riglos, se confiaba que al día siguiente pudiesen alcanzar la cima del Pisón. Allí los recibirían dos cordadas que llegarían por la chimenea Pany-Haus. Ajenos a las celebraciones de su éxito, Abajo e Ibarzo inauguraban el nuevo emplazamiento de vivac, en una pequeña cornisa bajo un techo. Por radio informarían a sus amigos del comienzo de sus problemas ante la escasez de sus reservas de agua… Mas en este nuevo nicho sobre el vacío, no tenían ya posibilidad de recibir nada desde el suelo.

”La tercera pernocta, tal y como Ursicino había anunciado por el emisor (Nos espera la noche del loro), fue mala. Así pues, deciden salir hacia arriba pronto –utilizando las lámparas frontales–, sobre las 6:00 h del día 12. La película de la escalada proseguía, si bien a ritmo ralentizado por el cansancio acumulado: Ibarzo supera un techo imponente, alcanzando una cornisa desde donde recupera a Ursi. Éste le toma el relevo…, y así, se fueron ganando, hasta el mediodía, unos cuarenta metros de terreno muy extraplomado y en el sector más difícil de la vía. Mas el calor y la fatiga comenzaban a pasar factura en el cuarto día en el Pisón. Ibarzo y Abajo sufren enormemente por la sed, una vez terminada la estrecha reserva que les quedaba. El avance va decayendo de forma evidente, para preocupación de sus compañeros en Riglos. Finalmente, a las 14:00 h llaman por radio desde la mitad de la canal de salida: Estamos agotados, tenemos mucha sed, vamos a hacer reunión hasta recibir agua. El ampliado grupo de apoyo de Montañeros de Aragón deberá movilizarse apresuradamente. Por fortuna, ya había una cordada en la cima redondeada del mallo Pisón (Futre y Ramón), en tanto que una segunda (Morandeira, Guti, Porta y Oro) ascendía en aquellos tensos momentos por la Pany-Haus, con la emisora de radio. Anochece cuando, desde el monumento a Alberto Rabadá y Ernesto Navarro, se distinguen las lucecitas de esta última cordada llegando a la cumbre. Con un megáfono se intentará, desde la era de Ramón, y en vano, indicarles a los de arriba que desciendan una cantimplora con una cuerda hacia Ursi y Jesús.

”Ya es noche cerrada… La ansiedad y la expectación no pueden ser mayores en Riglos. Al pie del Pisón se ha ido congregando un amplio grupo de espectadores, entre ellos la mujer y el hermano de Jesús Ibarzo, varios profesores de la ENAM, jóvenes del pueblo… Al fin, se consigue contactar megafónicamente con Morandeira –en lo alto del Mallo– desde el cementerio viejo. Las operaciones de avituallamiento de la cordada en apuros comenzarán sobre las 23:00 h, favorecidas por la luna. Una compleja combinación indicará a los de la cima del Pisón cuál es la canal bajo la que se hallan Ursi y Abajo: mientras unos alumbran el lugar con los faros de los coches, desde el monumento a Rabadá y Navarro dan indicaciones con altavoz a los del Pisón. Una hora más tarde, se puede anunciar: Estáis en la vertical. En el pueblo de Riglos nadie duerme esta noche, todo el mundo está en vilo con estas maniobras. Así, el alivio es general cuando a la pregunta de Ursi, ¿has recibido el agua?, se oye un lejano por respuesta.

”La noche interminable y tensa da paso a un día más esperanzador. Este 13 de octubre de 1965, sería el quinto y último de la aventura. En cuanto el sol alumbra la pared con sus rayos, Ursicino prosigue la escalada, ganando el punto más elevado de la agobiante jornada anterior. Tras salvar otro techo, deben cambiarse a la canal que tienen a su derecha para, tras vencer un nuevo extraplomo, regresar a la primitiva. Por primera vez, pueden hacer alguna salida en libre, lo que no había sido posible hasta ahora. Ursi supera la cueva, ya cerca de la cumbre, donde instalará la reunión postrera. A través de una angosta chimenea, alcanzarán la cúspide del Pisón cuarenta minutos más tarde. A sus pies, todo el pueblo festeja sus coloristas señales –hechas con los chubasqueros– desde la cima. El megáfono les haría llegar el último mensaje: ¡¡¡Enhorabuena!!!

”Amigos y vecinos de Riglos aguardaban a Ursi Abajo y a Jesús Ibarzo, ante el Gran Volado. Los dos homenajeados descenderían este rápel sobre las 15:00 h, escoltados por sus compañeros de Montañeros de Aragón.

”Nada más llegar al suelo, Abajo e Ibarzo declararían, con toda sencillez, el consabido: El objetivo ha sido logrado. El cual no había sido precisamente fácil, tras noventa y una horas y cuarenta y cinco minutos de escalada –cinco días de esfuerzos y privaciones, doscientos setenta metros de desnivel– en la hasta ahora invicta cara sur (suroeste) del Pisón. Además, la vía no podía ser más elegante y rectilínea. Originariamente denominada José Antonio Elola en honor del Delegado Nacional de Deportes, acabaría siendo una de las más clásicas y prestigiosas de Riglos (hoy MD inferior), una verdadera Carnavalada… Y, sin desearlo, Ursi Abajo y Jesús Ibarzo habían provocado, con sus peripecias, promocionar tan larga escalada (El Gran Carnaval era el título de la película que había originado el nombre, hacía ya varios años), tal y como la generación de Rabadá y Navarro había planeado.

”Inmejorable –aunque involuntaria– pleitesía”.

Otro de los documentos despistados de Montañeros salía de este modo a la luz. Esperemos que pronto se le unan más vivencias de los nuestros…

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