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Soum de Ramond con acento hispano

Hasta bien entrado el siglo XX, la crónica de la más suroriental de las Tres Sorores estuvo copada por los montañeros que llegaban desde septentrión. Es un hecho que a nadie debería mover a rasgarse las vestiduras, salvo en caso de sufrir algún tipo de empacho aragonesista (o, incluso, españolista). Tras la Gran Guerra, esa tendencia iba a cambiar. Justo es que revisemos los textos hispanos primerizos…, tras las huellas de nuestro Soum de Ramond. O como quiera que llamaran entonces a esa cima de 3.257 metros.

Ya que hemos pasado al ámbito de los, en sus inicios, escasos cronistas ibéricos, nos fijaremos en cierto periodista afincado en Huesca llamado José García Mercadal. En 1923 editaba Del llano a las cumbres con sus andanzas por el norte de la provincia, realizadas desde el arranque del siglo. Así, cuando acude hasta Bielsa para visitar Pineta, este oscense de adopción cuenta que “cerrando el paso, [aparece] el inmenso macizo de Monte Perdido, las Tres Sorores de las leyendas de montaña”. Más adelante, García Mercadal realizaría un recorrido por la vega del río Ordesa hasta “el circo de Soaso, al pie de las Tres Sorores”. Por añadidura, en el curso de su visita a Ordesa desde Torla, explicó las perspectivas que se dominaban desde Diazas:

“El espectáculo más grandioso está al norte, frente a nosotros, comenzando en los abruptos peñascales de Mondarruego, y siguiendo de izquierda a derecha por los de Gallinero y la Frocata, en primer término, los circos de Salarons y Cotatuero en segundo, y detrás el Gabietu y las espaldas del circo de Gavarnie, donde se encuentran la Brecha de Rolando, la Falsa Brecha, el Cilindro y el Taillón; la curvatura del valle no deja ver el circo de Soaso, descubriéndose no más la sierra de Custodia y los picos de Añisclo o Nisclo”.

De este modo se escribía la toponimia de los relieves altoaragoneses a comienzos del siglo pasado. Los cronistas españoles de prestigio, se entiende. Nuestro futuro Premio Nacional de Periodismo quiso también dejarnos sus impresiones desde el circo de Soaso:

“Aquí tenemos al Monte Perdido, el Soum o la Cima de Ramond; las Tres Sorores, que vistas desde aquí nunca pueden ser más de dos, pues la tercera cima, el Cilindro, no se ve. Delante del Soum de Ramond se encuentra, más baja, la Torre de Góriz, que algunas veces suele destacar con fuerte relieve sobre las nieblas en que se arropan las cimas; y los que hacen ascensiones por estos parajes encuentran, en el ángulo izquierdo del circo, una cabaña [de Góriz] donde se puede pasar la noche, muy fría por tales alturas”.

No parece que estos divulgadores nacionales hubieran escuchado sobre el terreno alguno esos topónimos que hoy nos quieren vender como los originales, los autóctonos, los verdaderos. Comienzo a pensar que nunca, hasta fechas recientes, se emplearon. Porque, con el primer tercio del siglo XX, los testimonios de compatriotas se iban a suceder. Todos ellos, en una misma dirección.

Veamos algún otro. Así, el prolífico montañero madrileño Juan Díaz Duque escribía esto en 1926 desde cierto número de la revista Peñalara:

“Mientras avanzamos por el valle, tenemos enfrente el magnífico circo coronado por el Soum de Ramond, el Monte Perdido, el Marboré, el Astazou y el pico de Pineta. Por el fondo del circo se precipita el Cinca en una doble cascada que, en tres escalones, salva unos 1.000 metros de desnivel. La exuberante vegetación del fondo del valle pone un primer término acogedor, en contraste con las arideces de las alturas. En la tarde, subimos por un camino de reciente construcción a la terraza del Estanque Helado, al pie del Monte Perdido. Coincidió nuestra llegada con la puesta del sol detrás del Marboré. La brillante caperuza nevada del Monte Perdido reflejó el último rayo y pronto su helado ropaje pareció querer envolvernos, y huimos ateridos de frío y llenos de asombro ante el imponente espectáculo”.

Vamos con un nuevo testimonio de calidad. Ahora, surtido por Victoriano Ribera Gallo desde su libro sobre El Parque Nacional Valle de Ordesa (guía monográfica), del año 1929. En el capítulo sobre “Orografía” de esta guía primeriza se leía:

“Desciende [el valle de Ordesa] desde el macizo de las Tres Sorores […]. No es de extrañar que a su descubridor, Luis Ramond de Carbonnières, se le apareciese desde la cúspide del Monte Perdido como una enorme y divergente grieta”.

Nos detendremos un poco para valorar, hasta cierto punto, los conocimientos del autor sobre el lugar que retrataba. Ribera Gallo favorece nuestro análisis cuando menciona desde otro capítulo la existencia de “nombres relativamente recientes” en la orografía ordesiana… Y que “los viejos de Torla los conocían todos”. Por ello resulta revelador que destacara la participación en su proyecto de cierto montañés:

“Proveerán en la Casa Viu de los guías que soliciten los turistas; a nosotros nos sirvió siempre de modo inmejorable en nuestras excursiones el veterano guía de Ordesa Miguel Lafuente, el Herrero, que fue guarda del Parque y que conoce como nadie todos sus rincones y todos sus secretos”.

¡Y tanto! El torlense no solo debió de colaborar en lo habitual en tales casos como los recorridos y la toponimia, sino que, por añadidura, les trasladó algún chascarrillo sobre la moralidad de los incipientes turistas… Como lo que sucedía en la Laña del Caballo:

“Nos respondió [Miguel Lafuente] con sonrisilla enigmática que nos explica luego: Buen sitio para descansar, sí. ¡A cuántos matrimonios les gusta estar aquí tumbados; pero a mí no me engañan: mientras más se quieren, más trampa; mientras más se arrullan, menos casaos!”.

No extraña, pues, que Ribera Gallo surtiera de materiales toponímicos interesantes en los recorridos para el capítulo III sobre los “Itinerarios”. Así, en el apartado “Desde Barbastro al valle de Ordesa por Bielsa y Pineta”, en su opción “Por el collado de Añisclo” aparecían las siguientes denominaciones, digamos, clásicas:

“Para tomar el collado de Añisclo hay que desviarse del camino del valle de Pineta seguido en el primer itinerario en la borda llamada de Juglatas […]. Siguiendo esta senda hasta una pequeña cabaña de pastores, siempre en dirección a Monte Perdido […]. Se continúa ya en sentido contrario a Monte Perdido […]. El camino sigue por debajo del Morrón Darrablo (Torre de Góriz)”.

Analicemos nuevos itinerarios de excursiones de esta guía inaugural de Ordesa. En este caso, acudiendo a la ruta “Desde Torla a Diazas y punta Acuta” de Ribera Gallo:

“Desde punta Acuta no solo se domina el valle de Ordesa […], resultando un maravilloso espectáculo la contemplación de las cumbres nevadas del Cilindro y el Marboré, del Casco, el Tallón y peña Blanca. La Brecha de Rolando nos ofrece su paso […]”.

Y otro apunte más, para centrarnos ya en el tema que hoy nos interesa. En su recorrido tercero “Al Circo de Soaso”, el autor de El Parque Nacional Valle de Ordesa (1929) explicaba:

“Al contemplar de frente la nieve eterna de las Tres Sorores, el Som de Ramond, con la Torre de Góriz delante, Monte Perdido y el Cilindro. Se tarda un tanto en reaccionar, en sacudir la quietud que se había apoderado de nosotros, pensando estar en algo así como un inmenso panteón de dioses, cuya calma y silencio no nos atrevemos a profanar”.

Al final, esta temprana guía de nuestro Parque Nacional servía un interesante cuadro de “Altitudes” donde destacaban unos tresmiles escritos como: “Cilindro (3.327 m); Marboré (3.270 m); Monte Perdido (3.352 m); Som de Ramond (3.250 m)”. Es decir: con las denominaciones que empleaban en 1929 tanto montañeses como montañeros.

¿Y no comparecería por ningún lugar el nuevo pico de Añisclo? Me refiero al neologismo que se destinó al conocido por todos como Soum de Ramond. Pues hay que rebuscar lo suyo para encontrar algún jaloncillo que siguiera la estela de Juli Soler i Santaló. Lamento decir que por el entorno aragonés solo he hallado uno: por cuenta de El valle de Vió, un texto de Rudolf Wilmes cuyo original en alemán es de 1937 y que fue traducido al español en 1947. El capítulo sobre “La cultura popular de un valle altoaragonés (valle de Vió)”, redactado en apariencia hacia el ya tardío 1955 y con el autor ya fallecido, mostraba algún topónimo que acaso recopilara nuestro germano sobre 1930… Allí podía observarse un sencillo croquis donde aparecían: “Tres Sorores: Cilindro, Monte Perdido, pico de Añisclo”. Y se acabó. Ni una aclaración en el texto.

Por lo demás, Wilmes citó en su obra varios textos de Briet (publicados en 1905 y 1907) y de Soler (publicados entre 1917 y 1922). Lo cual esclarecería, a falta de nada mejor, sus fuentes para las designaciones en la alta montaña. Pero sigamos con unos de sus toques de toponimia de altura que, por desgracia, el etnólogo explicó menos aún que los pirineístas que le precedieron:

“Esta gigantesca muralla de piedra forma con el Monte Perdido y el Cilindro de Marboré el imponente macizo de las Tres Sorores, cuyas cumbres cubiertas de nieve eterna son visibles desde cualquier punto o población del valle de Vió […].

”Este [río Añisclo] nace en la sierra del mismo nombre, atraviesa los poderosos macizos situados frente al pico de Añisclo y corre por un barranco [y enseguida cita en este punto a Soler i Santaló, ¿su inspirador toponímico?].

”Desde aquí [el valle de Fanlo] sigue, siempre entre altas de bojes, ascendiendo primero suavemente y luego en forma abrupta hasta la cumbre de la Sierra, desde la cual gozamos de una maravillosa vista del estrecho desfiladero del río Añisclo y de las cimas nevadas de las Tres Sorores”.

La verdad es que resulta muy decepcionante la única lanza que se rompía desde 1917 en favor de la designación como pico de Añisclo para el conocido, desde hacía cuarenta y cinco años atrás, como Soum de Ramond. Una iniciativa del todo minoritaria y sin apenas difusión que llegaba con la sospecha de constituir un mero influjo de Juli Soler i Santaló. Se diría que no se trataba de una recolecta de datos sobre el terreno. Por lo demás, el resto del trabajo de Rudolf Wilmes, transcrito por otro en 1955, aparecería rodeado por todo un mar de topónimos que iban en otra dirección: en la de siempre, la de los pirineístas serios de antaño.

Así se presentaba el panorama del entorno toponímico de las Tres Sorores al término del llamado período clásico del pirineísmo. Arribaba ya la era de los mapas a escala detallada y de las guías montañeras a las tierras del Alto Aragón…

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Comentario

  1. Es de suponer que Monte Perdido, dada su relevancia como cima prominente del macizo y claramente visible desde las tierras del sur, bien pudo tener un nombre propio que se ha perdido (¿se puede proponer ahora Monte Encontrado?); claro que también parece lógico un nombre que agrupara a las tres cimas hermanas. De cualquier forma, no parece que exista opción para un pico Añisclo sustitutivo que, en todo caso, no prosperó.

    • No prosperó ese «pico de Añisclo», relativo a la menor de las Tres Sorores, hasta hace no demasiado. Pero aún quedan algunas entregas de esta crónica del Soum de Ramond, ya verás…
      La toponimia de las cumbres de Huesca es un berenjenal de un tamaño tal que largar sentencias como ha hecho la «Comisión Asesora de Mis Amores», resulta penoso. Podían haber sido valientes y, en lugar de justificar cambios en un terreno donde parecen muy perdidos (los pobres), decir sencillamente algo como esto: no; no nos gustan los nombres que la historia montañesa/montañera ha ido decantando, y como por una carambola de la política dominamos esta Consejería a pesar de ser un partido minoritario, pues mira, que los cambiamos por estos otros, que nos suenan mucho mejor, porque es lo que nos permiten las reglas de juego de esta Democracia. Con un par, vamos. Para eso no hacía falta montar el numerito de los Comisionistas y Asesoristas.

    • Muy bien Alberto. Yo tambien hago mía la afirmación que hizo hace un par de años en el Museo Provincial Eduardo Martínez de Pisón: «Para mí siempre será el Soum de Ramond».

      • Para muchos, Makako, para muchos, quedará siempre el nombre clásico: Soum de Ramond. Sin embargo, te contaré algo que me ha trasladado algún montañero: en adelante, jamás en la vida utilizará ciertos nombres de la Lista Soro que antes mariposeaban por algunos mapas autóctonos con la etiqueta del aragonesismo peor entendido. La sensación de que, durante años, un grupito más bien reducido se ha reído de todos nosotros es grande… ¿Los daños colaterales del Proyecto Tresmiles?