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La Cima de Ramond en tierras aragonesas

A lo largo de todo este 2019, el club decano del montañismo aragonés está organizando diversos eventos para conmemorar sus noventa años de existencia. Por ejemplo, hoy martes 24 de septiembre, Chema Agustín presenta en la sede de Montañeros de Aragón su baraja Alpinist54 a través de una muestra pictórica, y Quique Gracia impartirá seguidamente una conferencia sobre escalada en grandes paredes. El dato sobre este aniversario viene muy a cuenta en la crónica del Soum de Ramond, dado que al menos un par de socios nuestros de primera hora se interesaron, como no podía ser de otro modo, por los tresmiles del terruño.

Regresemos, pues, al Macizo Calcáreo. Reanudaremos las rondas históricas con Lorenzo Almarza, principal impulsor de la entidad deportiva con sede en Zaragoza. En los años veinte del siglo pasado nuestro hombre, ingeniero militar de profesión, fue confeccionando un listado con los cincuenta y siete picos (y algún collado) oscenses que sobrepasaban la cota mágica de los tres millares, para así crear la “Copa Almarza de los 3.000 metros aragoneses”. No vamos a entretenernos con esta competición que tanto hizo por que los pirineístas de la región cobrasen cotas mayores, un asunto analizado hace algunos años en una entrada previa.

El caso es que, cuanto menos, hacia 1931 estaba en marcha dicha iniciativa. Es lo que puede afirmarse a tenor de cierta tarjeta de cima hallada sobre los 3.257 metros en 1947 por un grupo de Montañeros donde se hallaba Domingo Sanz Azcona. El papelito en cuestión fue firmado por un José María Serrano Vicéns de veintitrés años en 1931. Ni que decir tiene, con la referida tarjeta [que muestro en mi Facebook] acreditaba su ascenso al Soum de Ramond. Sospecho que entre 1931 y 1947 pocos aragoneses visitaron a la menor de las Tres Sorores.

Centrémonos en la pronto denominada como Lista Almarza. El tema de su difusión fuera del entorno de Montañeros no está demasiado claro. Como en tantas otras cuestiones de nuestro gremio, habrá que conformarse con unos datos dispersos. Al menos existe la certeza de que fue aireada, en el mes de junio de 1932, desde el número 81 de la revista Aragón. Nos centraremos en el sector que nos interesa de las Tres Sorores, para ver su censo de tresmiles:

“[Nº 4] Perdido, 3.352 m.

”[Nº 5] Cilindro, 3.327 m.

”[Nº 9] Sum de Ramón, 3.259 m.

”[Nº 10] Marmore, 3.253 m.

”[Nº 49] Niscle, 3.020 m.” [un hipotético pico de Añisclo situado en el mapa adjunto donde hoy está la punta de las Olas].

Evitaremos valorar hoy los (meritorios) aciertos y los (comprensibles) despistes de esta relación histórica del pirineísmo aragonés. Hasta donde se sabe, la primera de todas las de la cadena francoespañola. Muy castigada…, por la transcripción de sus datos en las imprentas. No en vano, difundía unos nombres por entonces muy poco habituales incluso entre los montañeses y montañeros de la vertiente sur. Atendamos a una segunda iniciativa con la que se dio a conocer extramuros los tresmiles de Huesca…

La difusión de la Lista Almarza, esta vez a nivel nacional, fue cosa de un periodista deportivo nacido en Tarragona y llamado Narciso Hidalgo Falcó. Socio igualmente de Montañeros de Aragón. La revista madrileña Campeón le publicó el 13 de agosto de 1933 cierto artículo que presentaba “En el paraíso de la alta montaña: los cincuenta y siete picos de tres mil metros del Pirineo aragonés”. Veamos, un poco por encima, cómo se explicó a la nación esta iniciativa en favor de la práctica de la alta montaña:

“[…] Los 57 picos que el Pirineo aragonés atesora y cuya relación detallada ofrecemos al montañero entusiasta [no menos castigada por erratas en su transcripción], quedan dominados por el esfuerzo español durante las temporadas de verano e invierno gracias a la campaña de Montañeros de Aragón y, en especial, al premio instituido por su presidente honorario y eminente pirineísta, Lorenzo Almarza […]. Este trofeo, el de más envergadura de los constituidos hoy día en Europa, ha llevado al Pirineo aragonés a los más destacados altomontañistas de Francia y España. Los buzones colocados en la cumbre registran las ascensiones, y del álbum la parte resguardo debe ser remitida al Club patrocinador para la contabilización consiguiente”.

Ni que decir tiene, en novena posición del listado se podía ver al “Sum de Ramón (3.259 m)” [sic]. Extraña un poco la derivación ramoniana de estos socios de Montañeros, un club con excelentes vínculos con el pirineísmo galo: Gaurier, Le Bondidier, Meillon, Saint-Saud… El propio Hidalgo podía presumir de amplios conocimientos sobre la historia de la epopeya pirenaica, tal y como demostró desde el número del 18 de agosto de 1935 en el deportivo Campeón. De nuevo extractaremos unas breves líneas de su interesante trabajo “Para la historia alpina: la primera ascensión al Monte Perdido (3.353 metros)”. Un texto, como se comprobará, exquisitamente ramondiano:

“Las tres cimas del Monte Perdido, llamadas en España las Tres Sorores (las Tres Soeurs de Ramond) son el Monte Perdido (3.353 metros), el Cilindro (3.327 metros) y la tercera, bautizada con el nombre de Soum de Ramond (3.260 metros) en 1875 a la memoria de su célebre descubridor […]. Así los franceses, desde hace siglos, dedicaron a nuestras montañas un marcado interés y en la toponimia de nuestros montes campean nombres a la memoria de aquellos ilustres alpinistas que, con pobre material y sin carta de orientación, iban a la busca de las alturas interesantes que desde otros picos, a muchos kilómetros de distancia, divisaban con la ayuda del catalejo”.

Nuestros ancestros no andaban tan desencaminados, ¿no? Parece que se apañaban perfectamente sin ninguna Consejería de Vertebración Territorial

Por lo demás, en los años treinta del siglo XX, los montañeros de la vertiente hispana disponían de otra preciada herramienta de trabajo: los mapas del Instituto Geográfico y Catastral a 1:50.000 de escala en sus primeras ediciones. En cierto modo, eran hijos o sobrinos de los pliegos iniciados por Franz Schrader. Curiosearemos por la primera hoja de “Bujaruelo” (1933), donde se materializaban los siguientes topónimos oficiales: “Pico de Gabieto, Tallón, el Casco, las Torres de Marboré, Cilindro, Monte Perdido, Sum de Ramond, las Tres Sorores”… Eso, en cuanto a los tresmiles del Macizo Calcáreo. Pero también constaban otras denominaciones no menos interesantes como “la Falsa Brecha, la Brecha de Rolando, el Lago Helado, barranco de Goliz”… Y, si nos pasamos ahora a la hoja primigenia de “Broto” (1933), constataremos que la cartografía de nuestra nación subió al rango de oficial nombres como: “Clavijas de Monte Perdido, Morrón de Arrablo, Coll de Goris o de Arrablo, collado de Añisclo, la Suca, las Tres Marías/sierra de las Sucas, la Suca [otra más], puntas Verdes”. Con cierta cota innominada de 3.002 metros que sería la hoy punta de las Olas, y que entonces se designaba en el gremio más montaraz como el Tuc de Ramond.

La IIª República Española todavía aportaría una pieza más de sumo interés para nuestros primitivos pirineístas: la segunda guía del Parque oscense…

Esta vez fue el madrileño Arnaldo de España, célebre por sus crónicas montañeras en diversos periódicos nacionales sobre el Pirineo de Huesca, a quien le encargaron la confección del libro sobre El Parque Nacional del Valle de Ordesa, editado por la Comisaría de Parques Nacionales en 1935. Un peñalaro bien relacionado con guías y hosteleros del Alto Sobrarbe, por cierto. Dato que aprovecharé para airear que la RSEA Peñalara brindó como modelo sus estatutos a Montañeros de Aragón

Vamos con la guía estatal sobre Ordesa. Desde el mismo prólogo de Eduardo Hernández-Pacheco, el vicepresidente de la Comisaría de Parques Nacionales, se pueden constatar las más variadas referencias a sus grandes montañas:

“Las rocosas culminaciones del olímpico macizo de las Tres Sorores […]. Hacia el suroeste del macizo de las Tres Sorores, en cuya línea de cumbres destacan el Monte Perdido, con altitud de 3.355 metros, el Cilindro, de 3.328 metros, y el Marboré, de 3.253 metros […]. El fondo del circo de Soaso, al que dominan las nevadas cumbres del alto macizo de las Tres Sorores […]. Frente al circo y cascada de Cotatuero y a las altas cumbres de las Tres Sorores […]. La constitución litológica de los Pirineos centrales es el culminante macizo de las Tres Sorores […]. Caen desde el macizo del Monte Perdido hacia el sur […]”.

En cuanto a la inclusión dentro del texto de la menor de las referidas Tres Sorores, correría por cuenta de Arnaldo de España. De este modo la servía desde su preliminar Descripción:

“Ramond de Carbonnières [que supone un “naturalista alemán”] entró en curiosidad al divisarlo [al valle de Ordesa] desde la cumbre del Monte Perdido […]. Del macizo de las Tres Sorores bajaba un torrente […]. En el plano más retirado la culminación de la altura […] Casco de Marboré (para algunos, Corral Ciego), Marboré, Cilindro, Monte Perdido, Soum de Ramond (las Tres Sorores) y Torre de Góriz o de Arrablo”.

Y así en repetidas ocasiones, sin que se desdeñara el nombrar a las cumbres del flanco suroriental del macizo en el correspondiente Cuadro de altitudes. Aparecerían allí escritas como: “Cilindro, Monte Perdido, Soum de Ramond, Torre de Góriz o Morrón de Arrablo”. Por lo demás, podemos cansarnos de observar a la Cima de Ramond (ya se considere un alemán o un galo) a lo largo y ancho de esta, la segunda guía oficial de Ordesa. Sin que el pico de Añisclo se materializara por ningún rincón. Pongamos el caso de la excursión “A Monte Perdido y brecha de Tucarroya”:

“Desde la cima [de Monte Perdido] se abarca un extenso panorama montañero sobre los dos países vecinos, en especial al norte y sur el Cilindro y Soum  de Ramond, integrantes con Monte Perdido del grupo de las Tres Sorores […]. En la base oeste pugna por sobresalir la pequeña Torre de Góriz, que parece un pico en crecimiento acogido al regazo de Tres Sorores, a cuya familia pertenece sin duda”.

Así y todo, parece oportuno enjuiciar la labor de Arnaldo de España a través de su “Excursión XIII: a las Tres Sorores”. He aquí la copia íntegra de los datos con los que el montañismo ibérico iba a contar desde 1935:

“Excursión de alta montaña, en la que se emplea todo un día, debiéndose pernoctar en el refugio Góriz, de Peñalara, para descender a los Albergues [de la Pradera de Ordesa] a la mañana siguiente. El camino hasta el refugio se verifica por la ruta indicada en la excursión XV [a los circos de Soaso o Góriz, Cotatuero y Carriata o Salarons], y hasta el collado de Monte Perdido por la de la VII [a Monte Perdido y brecha de Tucarroya].

”Desde dicho punto puede realizarse la ascensión a las cumbres del macizo famoso, que son las del Cilindro, Monte Perdido y Soum de Ramond, situadas por ese mismo orden en línea norte-sureste.

”El Cilindro, a 3.328 metros de altura, es el más bonito de los tres grupos, y su culminación laboriosa tiene un solo punto vulnerable conocido, que es la chimenea visible por su cara Suroeste, no lejos del collado de Monte Perdido, mirando a la cima de igual nombre. Ese collado es el llamado por algunos indebidamente del Cilindro, confundiéndolo con el verdadero, que está situado al Norte, entre el Marboré y el Cilindro, lo cual hay que tener muy presente, ya que un error de esa naturaleza y calibre puede determinar graves consecuencias de desorientación y extravío al hacer equivocar toda una ruta. Su altitud es de 3.195 metros, mientras que el de Monte Perdido es un poco más bajo, 3.100 metros.

”El Monte Perdido, a continuación del anterior y a 3.355 metros, no solo es el más alto del conjunto, sino el cuarto en categoría de todo el Pirineo, siendo visible su cresta nevada en un radio de 100 kilómetros. Su ascensión es, sin embargo, sencilla, según se reseña en la excursión VII.

”El Soum de Ramond es el hermano menor de los anteriores y está situado más hacia el sureste, con elevación que termina en los 3.248 metros. Al regresar de su cima se puede pasar a la Torre de Góriz, que se halla próxima, con orientación occidental y a 2.787 metros de altura. De ella al refugio queda ya poco trayecto.

”De este modo se completa la jornada con la cuádruple escalada a tan interesante macizo, uno de los más afamados de la barrera del Pirineo y que es español en su totalidad, como sucede con las más altas cumbres del sistema”.

En esta reseña de Arnaldo de España no se citaba ni la punta de las Olas, ni el pico o los picos de Añisclo. Por lo demás, destaca en el “gráfico de itinerarios” cierto “Soum de Ramón” [sic], un error de tecla sin duda. Y, en el “Plano del Parque Nacional de Ordesa”, a ese mogotillo innominado donde hoy se sitúa la punta de las Olas. Finalmente, también se indicó desde 1935 la cota del hoy Sucón, de 2.520 metros, aunque sin denominarlo de modo alguno.

Podemos despedirnos de estas perspectivas hispanas mediante una obra de ficción reciente. Se trata de las memorias noveladas de un veterano socio tanto de los Exploradores como de Montañeros de Aragón: Patricio Borobio, autor de la Historia de un campamento (2018). Puede decirse que se trataba de una autobiografía con forma de novela histórica ambientada en 1936. Son el relato de unas peripecias reales que fueron noveladas para facilitar su difusión. Aunque sus contenidos, en el tema que nos ocupa, no pasen de sencillas anécdotas, no me resisto a reproducir ciertas porciones:

“Las nubes van cubriendo el cielo, pero no les impide divisar, hacia el sur, abajo, el valle del Ara y, a lo lejos, un abierto panorama, en el que emergen la sierra Tendeñera y el pico Otal. Al fijarse en él, recuerda Gálligo [Francisco]:

”–Tenía razón Briet cuando encontraba parecido el Otal a una mitra adornada con rayas verticales.

”–¿Briet?

”–Sí, el francés Lucien Briet recorrió, a principios de siglo, las tierras del Alto Aragón; le cautivaron tanto sus maravillas que las difundió en un libro que, precisamente, he traído al Campamento; ya os lo enseñaré. Por cierto, y a propósito de semejanzas –se ve que le gustaban–, me acuerdo que también comparaba la silueta del Soum de Ramond con la gorra de un gendarme.

”–No mentes, Paco –interviene Arri [Luis]– a los gendarmes, ni a esa montaña. ¡Por Dios…! ¡Que hoy no aparezcan en nuestro camino ni gendarmes, ni policías, ni milicianos…! ¡Y el Soum de Ramond…! ¡Vaya noche toledana que pasamos debajo de él, en Góriz, con Lizalde herido!”.

Vamos con un segundo cuadro de esta obra póstuma de Patricio Borobio. Así, algo más adelante, nos servía un párrafo ambientado en 1936 que igualmente viene muy a cuento:

“Tras la visión del bucardo, ya coronada punta Acuta, hemos atalayado, desde su cima, gran parte del Pirineo, ¡qué maravilla! Es un día sin nubes y los subinspectores nos han ido señalando varios de los picos más altos de la cordillera. Sobresalían muy cerca, al noreste, Monte Perdido, el Cilindro y Soum de Ramond: las Tres Sorores”.

No hay duda de que los Exploradores de Aragón, activísimos por nuestras montañas desde 1917, conocían bien un territorio que llevaban lustros pateando. Por eso me llama poderosamente la atención la identidad de esas Tres Sorores que se percibía en el correspondiente Croquis Scout: “Cilindro, Monte Perdido, Soum de Ramond”. Más ortodoxos, imposible.

Sin embargo, llegados al terrible verano de 1936, resultaba evidente que poco o nada le importaba a nadie la toponimia correcta de los tresmiles altoaragoneses.

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Comentario

  1. Hoy por hoy, ni siquiera sirve de mucho preguntar al personal autóctono u otros individuos supuestamente familiarizados con una cima o accidente geográfico: seguramente, nos contestarán de acuerdo con lo observado en algún mapa, señal o datos recientes de uso. Salvo raras excepciones, tan solo son válidas las fuentes que tú vienes utilizando, Alberto.

    • Diana, José: y me refiero a lo de las fuentes autóctonas actuales; muchas de ellas, por desgracia, ya no son válidas… De hecho, yo desconfiaría profundamente de cualquier dato que proceda de publicaciones o incluso testimonios del siglo presente, pues mucho me temo que las actuaciones desde cierta editorial de aquí, sin las correspondientes explicaciones, han enturbiado mucho las aguas del conocimiento real de, por ejemplo, la toponimia de altas cotas… Yo diría que la lengua, como arma de unos intereses políticos muy concretos, ha sustituido a la investigación seria en los manantiales de la historia… Y los resultados así obtenidos, a mi humilde entender, dan bastante pena…

      • Muchísimas gracias por acercarte: ya lo viste, un encuentro de lo más grato con el mundo de la escalada, de la mano de Chema Agustín y de Quique Gracia. El último martes del mes de octubre, toca exposición de José González Mas sobre el Moncayo, y conferencia de Teresa Grasa sobre su padre, Aurelio, fundador de Montañeros de Aragón y fotógrafo de prestigio…

    • Bien. «Regresamos al Macizo Calcareo», eso esta bien. Porque si no aportas tú los estudios de toponimia nadie lo hará. Seguro que no. Me pregunto si logran sonrojar a esos «siempre respetables caballeros» que nos endosó la Consejería del «no menos respetable señor Soro». O si como buenos políticos de manual siguen impertérritos con sus carreras. Que eso es lo verdaderamente importante.

      • En realidad, Simio Inconformista, espero con candidez que los (más o menos) misteriosos miembros de la «Comisión Asesora de Toponimia» que el (siempre digno de respeto) consejero del Gobierno de Aragón, José Luis Soro, puso en marcha, estén trabajando ahora mismo para justificar sus cambios de nombres en los tresmiles aragoneses. Voy a ser optimista: seguro, seguro, seguro que en estos precisos instantes se encuentran alistando unos estudios que lograrán que hasta los más escépticos clamen al cielo: ¡¡¡pero cómo hemos podido acudir a unas montañas de las que no se sabía nada de nada, sin conocer sus nombres, más que verdaderos, verdaderísimos!!!

          • Ahí está, para mí, uno de los asuntos más escandalosos, Luis: que, como no han dado explicaciones sobre su lista de tresmiles aragoneses, nadie sabe de dónde han sacado muchos de sus nombres… ¿Acaso han tirado de inventiva? ¿O han recurrido a los servicios de un medium…?