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El cazador de osos reconvertido

De una manera más comedida que el año pasado, las celebraciones por el centenario del parque nacional de Ordesa continúan. Este 2019 servirá como puente entre la efeméride de su puesta en servicio en 1918 y su inauguración en 1920. Así pues, el aniversario ordesiano se ha prorrogado…

Sin duda alguna, el impulsor principal de los espacios protegidos en España fue el marqués de Villaviciosa de Asturias. Como es bien sabido, un cazador que se pasó al partido del conservacionismo. Por ello, no es de extrañar que, si se bucea entre los periódicos añejos, se encuentre algún rastro de las viejas actividades cinegéticas de nuestro protagonista, Pedro Pidal. Espero que nadie se escandalice por ello.

El texto que más o menos oportunamente se va a airear hoy apareció en el número 67 de la España Forestal, allá por el mes de noviembre de 1920. Firmado por Alberto de Segovia desde Torla en agosto de esa misma añada. Vamos: en plena inauguración del entonces Parque Nacional del Valle de Ordesa o del río Ara. Uno no deja de preguntarse el motivo de que fuera publicado, justamente en tales fechas, este “De los Pirineos: un cazador de osos”: ¿algún despiste del todo inocente? ¿o un pequeño ajuste de cuentas?

El caso es que el interview del referido periodista, ambientado en el mundillo de los grandes tiradores del Pirineo oscense, ponía bajo su punto de mira al propio Vidal. Pero vamos ya con el trabajo de Segovia para ver cómo se abatía a nuestros últimos úrsidos, durante el primer tercio del siglo XX, desde Bujaruelo hasta la peña Montañesa:

“Una conversación original, a trozos. Saboreando el café en el salón de actos del Ayuntamiento de Barbastro, ante el retrato de don Joaquín Costa; en el auto, que devora los kilómetros por atrevidas carreteras; de mulo a mulo, caballeros en sendos ejemplares del paciente y seguro animal, que trepa como una cabra por caminos que, a ratos, no merecen este nombre, porque son estrechas cornisas en la roca, angosturas, pendientes de apariencia inaccesible. El conde de San Juan de la Violada, sesentón, recio, aunque de poca corpulencia, atrayente y amable como un gentleman, vestido de dril claro, es un famoso cazador de osos —nueve ha cobrado entre machos y hembras—, y ha ganado una merecida fama de tal en los Pirineos, el predilecto escenario de sus proezas, aunque también cazó en América latina y estuvo en Argelia, como Tartarín de Tarascón —él mismo nos decía que todo cazador tiene algo del personaje célebre de Daudet—, a matar panteras.

”Es nacido en Méjico, pero español de nacionalidad, y su valor personal es grande, hasta el extremo de que en una ocasión, según nos dijeron en Huesca, no vaciló, por una simple apuesta con una domadora de leones, en entrar solo en la jaula de las fieras, descorchar una botella de champán, beber una copa tranquilamente, llenar otra con igual flema y tirar su contenido a los hocicos de los felinos, que se amilanaron, sorprendidos de tanto atrevimiento, sugestionados bajo la mirada de sus ojuelos magnetizadores de hombre dueño de sí mismo.

”La presencia del conde de San Juan de la Violada infunde optimismo, serenidad, energía; habla despacio, con un acento americano un poco musical, dulce, cordial.

”—¿Dónde va usted ahora?

”—Voy a Bujaruelo, cerca del puerto así llamado, en pleno Pirineo. Llevo mis escopetas, mis municiones.

”Bujaruelo es un lugar casi desierto, donde únicamente hay dos edificios: una casa cuartel de carabineros y una posada, asilo o refugio de caminantes, una de cuyas habitaciones alquila el conde las temporadas de varios meses que pasa allí, algunas veces acompañado de su esposa, una dama de extensa cultura.

”—Calcule usted lo salvaje que será el sitio —nos refería el viejo cazador—, que una cerda del posadero ha tenido cinco cachorros, mitad jabatos mitad puercos, que yo le compré, y de los cuales, tres nos comimos mi mujer y yo, y los otros dos los he regalado al Parque Zoológico de Barcelona.

”—Cuénteme episodios de caza de osos.

”—Yo fui con el marqués de Villaviciosa de Asturias, mi entrañable amigo Perico Pidal, cuando mató su primer oso, hace muchos años. Fue una osa. En Laspuña, junto a la peña Montañesa. Presencié la emoción de Perico al hacer caer muerta aquella hermosa bola de pelo…

”—¿Conserva usted alguna piel de los osos que mató?

”—Dos. La del primero y la del último. Este era el Abuelo. Así lo llamaban en la comarca. Fue también en Laspuña. Sabrá usted que en esta especie zoológica las hembras buscan, conquistan al macho. El patriarca atraía a las osas de los alrededores y a los osos que venían en busca de las hembras que recibían calabazas del Abuelo. Algunos años seguí su rastro y le vi, sin cobrarle. Tenía la costumbre de romper el resaque, de retroceder ante los resacadores u ojeadores. En una ocasión iba yo con un vecino de Laspuña llamado Francisco Gómez, quien, por orden mía, había educado a una perra mastín —Leona— mordiendo osos (de los despojos de los otros que yo cacé), cuando se presentó el Abuelo. Francisco, a seis o siete pasos, le disparó un pistolón que le falló. El oso se precipitó enfurecido sobre él, y le hubiera matado, de no abalanzarse y morderle con rabia la Leona. Pues aun Francisco, en lugar de aprovechar la llegada de la perra para huir y salvarse, lleno de furia, inflamado de deseos de venganza, cogió la inútil arma por el cañón y, como si fuera una piedra, se la tiró al oso. Por un milagro no fue acometido por éste, que escapó, sin ser cazado tampoco aquel año. Francisco, más que valiente, era temerario, como lo prueba lo referido. Por fin logré cazar al animal, engañándole, buscándole cuando retrocedía, como solía. Y siento, siento de verdad, puede usted creérmelo, haberlo matado, porque desde entonces, sin la atracción del gallardo macho, no han vuelto a aparecer por aquí más osas ni, por consiguiente, más osos. Ha sido el último que he cobrado. Nunca lo hubiera hecho, y la caza de osos no habría desaparecido de esta región del Pirineo…

”—Pero, ¿usted sigue cazando, conde?

”—Sí. Lo que sale. Le voy a hacer una confesión que me da vergüenza; pero quiero serle sincero: como soy ya viejo y no puedo andar como antes, llevo unas redes y cepos; me dedico algo a la trampología… Pero aún conservo la ilusión de ir al Polo Ártico a cazar el oso blanco. Yo desearía que me acompañase Perico Pidal. Si no viene conmigo, iré solo. Al año que viene, si quiere usted algo para Noruega… En el barco que nos lleve a los hielos hay que guardar provisiones para seis meses, por si hay que invernar allí…

”Y en los ojos del conde de San Juan de la Violada surgió el fantasma de Julio Verne y sus obras admirables, verdaderos libros de caballería del siglo pasado, como en el actual lo son los de aventuras policíacas…”.

Sí; ya lo sé: la anécdota de los leones enjaulados sobre los que el personaje centro de la entrevista vertió cava se presta a mil deseos (incumplidos), muy poco cristianos… En cualquier caso, este artículo de Alberto de Segovia fechado en agosto de 1920 no deja de proclamar a los cuatro vientos que todo el mundo tiene un pasado. Incluso Perico Pidal, el creador de los parques nacionales hispanos.

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Comentario

  1. El año pasado edité alguna cosilla sobre el parque de Ordesa (y sus inmediatos alrededores) que puede interesar a quienes se les pudo despistar. Aquí van los enlaces:
    https://blogs.desnivel.com/albertomartinez/2018/02/12/un-retrato-temprano-de-la-brecha-de-rolando/
    https://blogs.desnivel.com/albertomartinez/2018/02/27/el-parque-nacional-del-ara-o-del-arazas/
    https://blogs.desnivel.com/albertomartinez/2018/05/25/briet-en-ordesa/
    https://blogs.desnivel.com/albertomartinez/2018/06/05/la-edad-de-los-parques/
    https://blogs.desnivel.com/albertomartinez/2018/06/11/el-santo-cristo-con-pistolas/
    https://blogs.desnivel.com/albertomartinez/2018/06/26/las-tres-sorores-de-mallada/
    https://blogs.desnivel.com/albertomartinez/2018/07/26/exploradores-de-la-fuente-de-escuain/
    https://blogs.desnivel.com/albertomartinez/2018/08/10/turismo-y-galiparlantes/
    https://blogs.desnivel.com/albertomartinez/2018/08/15/el-sermon-de-la-montana/
    https://blogs.desnivel.com/albertomartinez/2018/08/22/la-heterodoxa-ordesa-de-1918/
    https://blogs.desnivel.com/albertomartinez/2018/09/07/taillon-o-tarazon/
    https://blogs.desnivel.com/albertomartinez/2018/09/28/donde-brota-el-rio-de-gavarnie-de-lourdes-y-de-pau/
    https://blogs.desnivel.com/albertomartinez/2018/10/03/el-secreto-del-ibon-helado-del-monte-perdido/
    https://blogs.desnivel.com/albertomartinez/2018/10/17/de-aguilas-y-de-tortugas-pirenaicas/https://blogs.desnivel.com/albertomartinez/2018/10/22/ramond-y-la-recolecta-de-casualidades/
    https://blogs.desnivel.com/albertomartinez/2018/11/06/el-descubrimiento-de-ordesa-en-1802/
    https://blogs.desnivel.com/albertomartinez/2018/12/03/un-reglamento-centenario-para-ordesa/
    https://blogs.desnivel.com/albertomartinez/2018/12/10/viaje-a-escuain-el-pueblo-al-que-nadie-va/
    https://blogs.desnivel.com/albertomartinez/2018/12/18/el-mitico-nacedero-del-rio-cinca/
    https://blogs.desnivel.com/albertomartinez/2018/12/28/del-centro-de-la-tierra-a-ordesa/
    https://blogs.desnivel.com/albertomartinez/2019/01/08/murio-briet-en-el-puente-de-ordesa/

      • Sí; pienso igual, Luis. El año pasado hablé con un historiador de los parques nacionales españoles, quien me confirmó la «conversión» verdadera, muy efectiva para la causa de la naturaleza, de Pedro Pidal. Y eso es lo que, para mí, cuenta… Saludos!!!

        • Vaya texto Alberto. Por fortuna Pidal ingresó entre quienes veían venir la Hecatombe de la fauna del Pirineo. Si llegan a dejar hacer a los escopeteros no reconvertidos no hubieran quedado ni las ardillas ni los topillos.

          • Ahí está el valor del, digamos, «reposicionamiento» de Pedro Pidal: que iba contra las posturas predominantes, hace ahora más de cien años. La de «bicho que vuela, a la cazuela», vamos. Supo colgar la escopeta muy a tiempo.