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Nuestra descubierta del Soum de Ramond

Con el final de la Guerra Civil, la producción de textos montañeros en español se fue recuperando poco a poco. E incluso incrementando de modo notable si se compara con lo que antes de 1936 existía. Un aumento de la bibliografía nacional que nos vendrá de maravilla para hacernos una idea sobre cómo se denominaba en nuestro terruño a la cumbre con la que se quiso honrar al inventor del pirineísmo, Louis Ramond de Carbonnières.

Vamos con una nueva colección de citas de autores, en su mayoría hispanos, que personalmente me parece de lo más entrañable y evocadora. A fin de cuentas, muchos de nosotros nos encontramos por vez primera con este topónimo en alguno de los libros que ahora me dispongo a repasar…

Ya hemos hablado en otras ocasiones de Francisco Lordán, un natural de Biescas que redactó en 1942 cierta Descripción del Parque Nacional del Valle de Ordesa. Su testimonio resulta especialmente revelador, dado que concurre en su calidad de montañés más o menos cercano al Macizo Calcáreo y de amante declarado de las montañas. De este modo retrataba su aproximación hacia los techos del grupo:

“Si deseamos hacer la ascensión y el regreso a Monte Perdido desde las Casas de Ordesa, necesitaremos un largo día, y aun Dios y ayuda. Desde la cabaña de Golís [sic] retrocederemos un poco, y por una torrentera en dirección nordeste llegaremos a un pequeño lago –que está helado la mayor parte del año–, viendo a nuestra izquierda el Cilindro, que es otra de las Tres Sorores. La tercera se llama Som de Ramond.

”El ibón se encuentra allí arriba cerca de un collado, divisoria de las aguas del Cinca, y desde allí tomaremos la dirección sur, subiendo por un gran pedregal que hay por estas alturas. Por último nos elevaremos por los flancos y después de varias eses y rodeos, entre las rocas y la nieve, llegaremos a la cima del Monte Perdido.

”Desde las Tres Sorores, orientándonos a la izquierda, llegaríamos a los glaciares y lago de Marboré, donde se origina una corriente fluvial. Desde el collado de la divisoria, se puede bajar, siempre relativamente, hasta la ribera donde ya está formado el cauce del Cinca.

”Bordeando el macizo por la derecha, sin necesidad de subir a las cumbres, llegaríamos al pintoresco valle de Pineta, por donde discurre aquel río, que ya desde aquí empieza a ser caudaloso. Tal como su nombre lo indica, el valle de Pineta está alfombrado de pinares y otros árboles montañeros, en la cabecera del valle de Bielsa, antes de llegar a esta población.

”Pasando por las crestas de la Caseta y por unas explanadas –esta definición solo está en el diccionario de los montañeros–, por debajo de las Tres Sorores, llegaremos a la entrada del Cañón de Añisclo, y siguiendo una larga, muy estrecha y profundísima barrancada, por donde se despeña el río Bellós, llegaremos también al Cinca, en los comienzos del precipitado valle de Bielsa”.

Bien se ve que Lordán no tenía problema alguno para manejarse con la toponimia montañera desde su visión nativa. Seguiremos nuestro repaso con otro oscense. Porque el gran pedagogo Pedro Arnal Cavero quiso poner su pluma de prestigio y sus conocimientos montañeros dentro de la versión (sin autor ni fecha de tirada) que editó el Sindicato de Iniciativa y Propaganda de Aragón hacia 1950 sobre la Ruta del Pirineo español. Este sobrarbés de nacimiento así presentaba las bellezas de su tierra:

“Y si quieres habértelas con Monte Perdido, Tres Sorores, Cilindro, Marboré…, gigantones todos, a la cara has de echártelos”.

Arnal Cavero fue uno de los socios fundadores de la sociedad decana del deporte de la cuerda y el piolet: Montañeros de Aragón. Enhebraremos su aparición para asomarnos un poco por los Boletines del referido club. Donde, desde sus primeros números, nunca hubo lugar para las veleidades toponímicas por capricho. Acaso su aparición debutante en esta revista se produjera desde un mapa del número 4 (noviembre de 1950), donde figuraba el “Sum de Ramond, 3.262 m” como la más oriental de “Las Tres Sorores”. Sin cita alguna para la punta de las Olas o el pico de Añisclo (dondequiera que éste se hallara).

Otro ejemplo tempranero. En el Boletín número 8 (julio de 1951), cuando Hernando-Sancho explica su marcha del 15 de enero de 1951 a Cordolín, se constata el avistamiento de las “Tres Sorores”.

En el número 7 (mayo de 1951) se narra un ascenso invernal realizado en febrero de 1951 por socios de la entonces Delegación de Barbastro al “Pico de Guara”. Realizada por Paúl, Gabás, Fábregas, Calvo y Rivera, dijeron percibir desde la cima a las “Tres Sorores”.

Un poco más. Ahora, por cuenta del número 9 del órgano de Montañeros de Aragón (septiembre de 1951). En el apartado sobre “Rutas pirenaicas”, se explica una marcha de la Escuela Militar de Montaña donde T. P. S. elige “como [picos] más interesantes, el Sum de Ramond y la Torre de Góriz”, tras comprobar que “son los menos visitados”. Se trataba del ascenso de una columna militar que llegaba en travesía de alta montaña desde Arañones el día 1 de julio. Once jornadas más tarde, se hallaban en Ordesa, desde donde abordaron la subida a nuestra cumbre:

“En el Parque Nacional se hicieron algunos reconocimientos y un grupo nos desplazamos a Góriz para realizar las ascensiones a Monte Perdido, Sum de Ramond y Cilindro. En el refugio dormimos la noche del 14 y, con las primeras luces del día y divididos en dos patrullas, emprendimos la marcha hacia nuestros objetivos. Una patrulla […] y otra compuesta por Fontana, el novato Salto y yo hicimos el reconocimiento del collado de Góriz o Arrablo, y del itinerario de descenso al cañón de Añisclo, que es por donde pasó la columna al día siguiente, y la subida al Sum de Ramond y Torre de Góriz […]. La salida de Góriz se realizó a las 7:00 h, y llegamos al collado de Arrablo a las 7:40 h (cota 2.350 m) […]. Nosotros volvimos sobre nuestros pasos para emprender la ascensión al Sum de Ramond. La subida la hicimos hacia la Torre como referencia y, una vez llegados a ella, observamos que no teníamos paso por nuestro frente para subir al pico, por lo que estudiada la naturaleza de la roca y visto que era imposible escalar el cortado que nos presentaba, por ser completamente liso por haber sido lamido por el glaciar en otras épocas, nos dirigimos hacia nuestra izquierda (noroeste), tomando altura hasta la base de la pared y encontrando una subida fácil, aproximadamente sobre el refugio, por la que remontamos y marcamos por medio de un mojón. Una vez en la parte superior atravesamos el glaciar en dirección al tubo, que es la subida normal y que se encontraba lleno de nieve. Como en algunos sitios la cantalera estaba descubierta y es muy movida, y nos apetecía haber hecho algo de roca, abandonamos este itinerario y tomamos la pared de la izquierda, y escalamos hasta encontrar una diagonal que nos llevó a la mitad de la cresta del pico, y por esta hasta la cumbre. El tiempo continuó con su niebla racheada y aunque habíamos llegado a las 10:45 h, estuvimos media hora en la cumbre y después descendimos por la vía normal”.

Tras subir a la Torre de Góriz, se regresó al refugio a las 14:30 h. Y al día siguiente toda la columna descendía por el Bellós…, tras habernos legado otro testimonio más de visita al Soum de Ramond. O Sum, que tampoco hay que ponerse puristas en exceso.

Avancemos a través de los textos de los años cincuenta del siglo XX. Esta vez por cuenta de un reputado montañero catalán, Josep Maria Fontana, quien quiso demostrar en 1953 que En el Pirineo se vive de pie. Uno de sus capítulos, de sugestivo título, se dedicaba a “El Monte y el Mundo Perdido”. Como buen frecuentador del Macizo Calcáreo, nuestro hombre conocía los accesos y toponimia de sus remates:

“Sobre la curva del fondo [de Soaso] y con arranque sobrehumano de ciclópeos titanes se elevan más arriba aún, medio envueltos en veloces nieblas, el Monte Perdido y el Sum –o Som– de Ramond […]. Estamos ahora sentados frente al Cilindro y su difícil brecha, viendo a nuestros pies un ibón –el Estanque Helado– en forma de embudo. El Cilindro es una gran peña pelada con aquella forma geométrica […]. Este año apenas tiene hielo el ventisquero de Monte Perdido, y por ello no existe el escalonado que talló el piolet […]. ¡Qué alta y lejana está para nosotros la cumbre de Monte Perdido!”.

El libro de Fontana viene de perlas para dar paso a uno de sus paisanos: cierto escritor especializado en historia del pirineísmo llamado Agustí Jolis, firmante en 1954 de La conquista de la montaña. Algo tiene que decir de la cima que últimamente cortejamos:

“En esta región de las Tres Hermanas, cuya tercera cumbre de tres mil doscientos sesenta metros fue oficialmente bautizada por Soum de Ramond el día 21 de agosto de 1872, por proposición de Franz Schrader, y conquistada el día 11 de septiembre de 1877 por Russell, Devin, Guyard, H. y C. Passet y Brioul, se han conseguido importantes escaladas nacionales”.

Efectuaremos ahora un rápido alto fotográfico. Porque en el Boletín de Montañeros de Aragón correspondiente a los meses de enero-abril de 1958, se abría con una imagen del célebre postalero de dicho Club: Antonio González Sicilia. Se trataba de esa perspectiva sobre el “Soum de Ramond y cañón de Añisclo”, ganadora del Primer Premio del V Salón Nacional de Fotografía de Montaña organizado por Peña Guara por sus Bodas de Plata. Ni que decir tiene, Ediciones Sicilia brindaría durante largas añadas retratos y más retratos de esta “Cima de Ramond” desde sus populares cartulinas.

Otro de los moradores a pie de tapia que se brindó para redactar alguna obra sobre sus montañas fue Antonio López Oliván. En 1964 editaba su Recuerdo de Ordesa y Guía, opúsculo encantador donde no dejó de difundir las bellezas locales. Desde Torla así nos las presentaba:

”Desde esta faja de Pelay, mirador del paraíso, se divisa todo el parque, Góriz y Monte Perdido. Esta faja se termina en el refugio de Goliz [sic]; de aquí también se divisa la punta las Tres Sorores. Y aquí termina Ordesa, del paraíso la flor, ni en el extranjero ni en España no hay otra cosa mejor”.

Dentro de los topónimos con sabor nativo del entonces más reducido parque nacional, López Oliván alude al Cubilar de las Vacas, la Fuente Fría o de Abé, el Rincón de Soaso… Y en su serie de cotas “en la proximidad del Parque”, censaría estos relieves: Brecha de Rolando, Dedo de la Brecha, Falsa Brecha, Bujaruelo, Casco de Marboré, collado de la Cascada de Gavarnie, collado de Góriz o de Arrablo, collado de Añisclo, collado de Astazu, pico de Diazas (que no punta de Schrader), pico de Duáscaro, Gabieto o Litro, lago Helado de Marboré, Monte Perdido, pico de Salarons o Gallinero, Ermita de Pineta, plana de Lapazosa, Taillón, Torre de Marboré, Soum de Ramond… Por lo demás, hacia 1964 solo constató la existencia de siete tresmiles en su trabajo, pues se le escaparon los Astazu, y le otorgó erróneamente unos 2.917 metros al Casco. No es de extrañar: hasta hace relativamente poco tiempo, lo del coleccionismo de tresmiles no le quitaba el sueño a mucha gente. Menos aún esa afición por aragonesinizar al precio que sea sus nombres.

Finalmente, puede apreciarse que en este Recuerdo de Ordesa y Guía no se recogieron las denominaciones hoy dadas por autóctonos de toda la vida como punta Negra, Corral Ciego, Marmorés, punta de las Olas o pico de Añisclo. Y, como de un modo profético reconociera hace cincuenta y cinco añadas Antonio López Oliván, parece que “este Parque Nacional tiene algún nombre extraño”.

Durante mucho tiempo fue una de las obras de referencia sobre las montañas que tanto nos ocupan. Me refiero a El Parque Nacional de Ordesa. Reseña turística, firmado Santiago Broto Aparicio y tirado por el Consejo Superior de Investigaciones Científicas/Instituto de Estudios Altoaragoneses en 1959 y desde Huesca. Tengo a mano la tercera edición de 1966, con la que cobraremos algo de cota:

“Sobre las paredes del circo, de dura peña, se levantan encrespados, entre jirones de niebla, los gigantes de las Tres Sorores: Monte Perdido, el Cilindro y Soum de Ramond […]. Desde el citado refugio [de Góriz] y por las sendas ya marcadas, hay que subir hasta el Pequeño Lago Helado […]. Partiendo de él, y por un extenso nevero, así como por pedregales, el sendero se eleva en retorcidas curvas, hasta un glaciar de reducida longitud, pero de gran espesor y curvatura, en el que es necesario tallar escalones; por él se asciende a la cima del Monte Perdido, la más alta del macizo y cuarta de los Pirineos, desde la que se abarca un amplísimo paisaje en el que resaltan los picachos imponentes de la cadena pirenaica […]. Desde ella puede proseguirse hasta Soum de Ramond, con regreso al refugio por la torre de Góriz […]. Desde [el collado de Monte Perdido] puede ascenderse al Cilindro, el más atractivo de los del macizo”.

Como apoyo de estos párrafos de Broto Aparicio aparecía una fotografía donde se explicaba la identidad del “Soum de Ramond; peña Montañesa, cañón de Añisclo y torre de Góriz”.

El libro de Broto Aparicio fue citado en varias ocasiones (para bien) por el célebre periodista Tico Medina, autor de una Crónica del Pirineo de Huesca editada por cuenta de la Caja de Ahorros y Monte de Piedad de Zaragoza, Aragón y Rioja en 1968. Ofrece un innegable interés, dado que recurría con frecuencia a los testimonios de unos guías locales de los que, por desgracia, no aportaría sus nombres. Cuanto menos, Medina proporcionó la siempre valiosa perspectiva sobrarbesa, junto con una colección de topónimos revisados por sus acompañantes locales. Picoteemos por esta obra en busca de alguna de estas aportaciones nativas:

“Venga, vamos, que aquí llegaremos, y los mulos nos esperan con albarda y guía de a pie, con cantimplora terciada y buena labia, que es mucho lo que [desde el antiguo Parador de Andescastieto] aún tenemos que trepar […].

”Alguien ha preguntado [sobre los bucardos] a los guías, que son de Torla y que trabajan en esto de los locos y los turistas. Y estoy en las nubes, ajeno a todo esto, como flotando.

”—¿Y qué van a cobrar ustedes por el paseo?

”—Hombre, los mulos son buenos, que no hay más que verlos, mansos como pajes y acostumbrados a hacer el camino…, y nosotros estamos todo el día a su servicio…, así que quinientas.

”—¿Por barba?

”—Por barba y persona, sí señor. Además, explicaremos todo el camino […].

”También se puede imaginar que han bebido en este cauce [del Arazas] los sarrios muy arriba, el urogallo, tras la noche de amor, en la resaca de la borrachera —¡vaya pájaro!— y las hermanas Sorores, las que quedaron en piedra y que eran tres, por más señas, a las que violaron tres canallas con arcos y flechas luego de haberlas muerto.

”—Si sube usted, y eso dicen, que nosotros no creemos demasiado, en la noche de San Juan aquí arriba, no es difícil que escuchen su quejido entre las rendijas de los montes, o sobre la pradera…

”Ellos lo creen. Yo también. Volveré aquí y lo prometo. Aunque se me erice hasta el pelo del sobaco […].

”Se ha abierto de nuevo el valle. No hay casuca de pastores, refugio de urgencia, para una sola creatura, ahí delante de mis narices. Nos rodean dos docenas de moles graníticas [sic], sin vegetación, vestidas de cota de malla.

”—¿Y aquel?

”El guía entorna la voz, la abroncea, le pone un desgarro:

”—Monte Perdido, señor.

”—¿Y las otras que le cercan?

”—Son las Tres Sorores de la historia que ya sabe: el Cilindro también, y el Soum de Ramond […].

”Pisamos lo verde. Entre mis papelucas anotaciones descansa, horizontal, la flor del edelwais.

”—Aquí la llamamos de pie de león, y no le damos demasiada importancia […].

”—El agua es la del Arazas, que viene nacida de los ventisqueros del Monte Perdido…, tiene forma —el guía se sabe la lección muy bien y da gracia el oírlo— de Cola de Caballo, aunque también parece un abanico, por lo que asimismo así se la denomina”.

Cerraremos esta revisión de los textos servidos en español entre los años cuarenta y sesenta del siglo pasado…, con un trabajo foráneo. Se trata de la guía de Robert Ollivier de 1968, en su versión para el Centre Excursionista de Catalunya. Un libro de referencia en su época, en cuyo interior, ya fuesen descripciones o croquis, no se descubre la menor sombra de ese pico de Añisclo que promocionara Soler i Santaló. En su lugar, hay abundantes referencias al Sum o Soum de Ramond (3.260 metros), y también al Tuc (3.016 metros), la hoy punta de las Olas. En cuanto a las demás cumbres en litigio, aludirían a ellas como la Suca y las Tres Marías de la sierra de las Sucas.

Por lo demás, Robert Ollivier reproduciría un croquis de Franz Schrader, revisado por los hermanos Ravier, donde figuraban correctamente el Soum de Ramond, la punta de las Olas y, al otro lado del cuello de Añisclo, cierto pico Occidental de Añisclo. Con su descripción, más delante, de la ruta a esta montaña de 2.790 metros desde Escuaín.

Parece claro: aquellas añadas eran todavía las de la seriedad en la toponimia de alta cota aragonesa. ¿Extraña, pues, que las misteriosas denominaciones de la Lista Soro hayan suscitado tanta resistencia a ser utilizadas por una parte notable de nuestro colectivo? En su porción menos politizada y más amiga de la lectura al menos…

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Comentario

    • No veas, con qué cariño conservo esos libros de los que hablas… Todos ellos bien forrados, para que no se deterioren (kriki que es uno)… Muchos de ellos, con dedicatorias de cumpleaños o de navidad… Algunos, con unas palabras manuscritas de su autor… ¡Ay, esos libros aragoneses de montaña con los que nos enganchamos a eso de salir al monte…!

  1. Por más que, ya de por sí, sea muy refractario a los nuevos bautizos de cimas y lugares, cuando son tan gratuitos como los de la lista Soro o los propuestos por Buyse me sobreviene mayor rechazo. Y ello aun cuando soy muy consciente de que los nombres «de toda la vida» tampoco tienen en muchos casos un gran recorrido. Por ejemplo, el propio Monte Perdido, en especial a este lado de los Pirineos.

    • Bueno, hasta cierto punto, José: revisa los tochos de esta serie y verás que lo del Monte Perdido comenzó a deslizarse por nuestra prensa nacional durante el primer tercio del siglo XIX… Vamos: que pronto cumplirá ese Monte Perdido-Encontrado, entre nosotros, la friolera de dos siglos… Aunque, yo diría, aquí la tendencia era la de considerarlo como una sola montaña, que no tres…

      • Vaya se hace la luz. Ahora entiendo por que Eduardo Sanchez y tú no erais muy partidarios de debates en la radio con politicos profesionales. Veo que la respuesta a estas cuestiones es larga y trabajosa. No apta para un debate de bla-bla-bla.

        • Diana, Makako. No se puede acudir a un debate y leer folios y más folios con las razones en favor de un nombre u otro. Y, enfrente, ver al personaje politizado que te envíen soltando sus «mantras» de costumbre, sin demostrar nada, echándole morrillo al asunto. Es un asunto de o se estudia y se documenta uno…, o hace recolecta de votos. El puro bla-bla-bla, vamos. Tanto Sánchez Abella como un servidor lo tuvimos claro. Y eso que no nos faltaban las ganas…

      • He disfrutado mucho con la lectura de esta Historia del Nombre del SOUM DE RAMOND, Alberto. Para mi esa montaña ya será siempre de otro modo. Sólo la puedo ver desde el coche pero es como una amiga ahora. Gracias por tu investigación a fondo.

        • Gracias a ti, Doble-A, por dedicar tu tiempo a estas lecturas. Sí; te entiendo: hace muchos años, el nombre del Soum de Ramond me sonaba extraño porque no conocía su historia. Ahora me parece una historia bellísima en la que han concurrido montañeses y montañeros; todos ellos, amantes de las cimas del Macizo Calcáreo, cuando estas montañas quedaban a salvo de la más tonta de las politizaciones…