por

La cumbre ramondiana y la avalancha

¡El tiempo va que vuela! Sin darnos apenas cuenta, y con alguna interrupción para no cansar en exceso, hemos alcanzado el final de esta serie sobre los nombres de la tercera de las Tres Sorores. Llegados por fin a la entrega número trece de nuestro personal repaso toponímico, poco más se puede añadir sobre las designaciones del Soum de Ramond. Hablo de datos que sean en verdad relevantes.

Aun con todo, a modo de colofón, algún que otro testimonio escrito, más o menos modernillo, sí que debería de adjuntarse en cualquier expediente serio que pretenda estudiar esta montaña. Para quienes deseen disponer de todos los datos encima de la mesa…, antes de que traten de esbozar conjeturas sobre designaciones de montañas (con la boca pequeña, para no meter mucho la pata).

Retomemos el hilo de la crónica de las denominaciones de esta “Cima en memoria de Louis Ramond”, ahora ubicados en los años setenta del siglo pasado. Por ejemplo, de la mano de un viejo conocido como Santiago Broto Aparicio, firmante de El Parque nacional de Ordesa para la célebre editorial Everest en 1973. Nuestro hombre insistía en la terminología que empleara con anterioridad para otra obra similar del Instituto de Estudios Altoaragoneses:

“Hay también la leyenda sobre las Tres Sorores […]. Y las cimas se llamarían, por todos los tiempos, las Tres Sorores […].

“Desde la cresta de Marboré se domina por completo la próxima trilogía del Monte Perdido […]. La senda prosigue para entrar, después de un repecho, en el circo de Soaso, al pie de los tres gigantes de Monte Perdido, Soum de Ramond y el Cilindro […]. Desde el citado refugio [de Góriz] y por las sendas ya marcadas, hay que subir hasta el Pequeño Lago Helado […]. Por él se asciende a la cima de Monte Perdido (3.355 metros), la más alta del macizo y la cuarta de los Pirineos, desde la que se abarca un amplísimo paisaje en el que resaltan los picachos imponentes de la cadena pirenaica y las hendiduras de Ordesa, Añisclo y Pineta, todas ellas de gran belleza y sugestivo colorido. Desde ella puede proseguirse hasta Soum de Ramond (3.248 metros) […]. Breñas, bosques, nieve eterna, todo canta un himno suave en el paisaje de fuertes tonalidades azules, verdes y blancas, que esconde en su seno el Santuario de Nuestra Señora de Pineta, bajo la guarda de las elevadas cimas de Monte Perdido, el Cilindro, Soum de Ramond, Marboré, Astazu, Tuca Roya y La Estiva”.

Arranca aquí nuestro festival de guías de los años setenta, unas añadas de transición y de cambios. Aunque no en todo: por suerte, los nombres de las montañas quedaron a salvo de cualquier manipulación pintoresca. Pongamos el caso de Pedro de Andrés, Carlos Carrasco-Muñoz y Carlos González, autores de esa Guía del Parque Nacional del valle de Ordesa tirada por el ICONA en 1973:

“Macizo de las Tres Sorores (ascensión al Monte Perdido): recibe el nombre de Tres Sorores el macizo de los picos Monte Perdido, Suom [probable error de tecla] de Ramond y Cilindro , que dominan la cabecera del Arazas […]. De los tres picos, solo el más alto de ellos, el Monte Perdido, tiene fácil acceso. Para coronar tanto el Cilindro como el Suom de Ramond es necesario conocer las técnicas de la escalada”.

Este trabajo para el Instituto para la Conservación de la Naturaleza surtía, además, de la correspondiente tabla de Altitudes, donde se lee: “Brecha de Rolando, Espalda del Marboré, Cilindro, Monte Perdido, Som de Ramond, Torre de Góriz o Morrón de Arrablo”.

En medio de la avalancha de libros de finales del siglo pasado que se nos viene encima, es preciso imponer cierta velocidad… El libro sobre las Montañas pirenaicas, de Jean-Louis Pérès, Jean Ubiergo y Agustín Faus fue uno de los éxitos rotundos de la editorial Juventud. En 1975 estos tres expertos pirineístas procedentes de ambos costados de la cordillera de este modo retrataban nuestro rincón del Alto Sobrarbe:

“El rellano del lago helado de Marboré, entre las paredes de Tuquerouye y el gran vertedero de hielos de la cara norte del Monte perdido. Los dos Astazou, el Marboré, el Cilindro, el Monte Perdido, el Soum de Ramond, forman la gran cabecera de este valle, que se desploma de golpe por un cortado donde parece increíble que pueda haberse trazado un camino […]. Los paredones de las Tres Marías siguen marcando la pauta en un país truncado, de montañas duras que solo transigen cuando los pinos quieren arraigar en ellas […]. Bien pocos son los que visitan la garganta de Escuaín, nacido en las faldas de estas tres mozas aragonesas en forma de montaña que se llaman las Tres Marías, algo inadvertidas por la proximidad de las otras tres, las Tres Sorores”.

No cabe duda alguna de que esta década dio a luz obras emblemáticas del pirineísmo hispano. Le toca ahora el turno a la ejecutada a cuatro manos por el madrileño Cayetano Enríquez de Salamanca y el zaragozano Antonio González Sicilia, artífices de los Panoramas del Pirineo Español en 1978. El primero de ellos pudo encargarse de unos textos que ilustró el segundo de los citados. El apartado que dedican a las cimas sobrarbesas así evaluaba sus grandes cotas:

“Es bien sabido que, con sus 3.355 metros el Monte Perdido es la tercera cumbre más alta de todo el Pirineo (incluso en los tiempos de la exploración se llegó a pensar que era la primera) […]. Entre las particularidades que hacen único en el conjunto pirenaico al macizo del Monte Perdido la más notable constituye la serie de profundos cañones excavados en las calizas cretácicas por los glaciares cuaternarios que irradiaban del núcleo central de las Tres Sorores (Cilindro, Monte Perdido y Soum de Ramond)”.

En cuanto a las fotografías de Ediciones Sicilia que ilustraban dicho volumen, añadir que en varios panoramas se constataba la existencia del “Sum de Ramond”…

Parece acertado que permanezcamos un poco más junto al prolífico editor de textos de montaña castellano. Porque Enríquez de Salamanca volvía a revisar la toponimia mayor de la zona que nos interesa cuando se paseó Por el Pirineo aragonés (rutas del Sobrarbe y de la Ribagorza), tal y como refleja su edición de 1982:

“No podemos terminar este brevísimo resumen sin una alusión al grandioso macizo calcáreo del Monte Perdido, también llamado de las Tres Sorores […]. Se trata de una gran mole que se desprende hacia el sureste desde el pico de Marboré y en cuya cresta se destacan, con poca diferencia entre sí y de noroeste a sureste, las tres cimas: el Cilindro (3.325 metros), el Monte Perdido (3.355 metros) y el Soum de Ramond (3.260 metros)”.

Y el desfile de expertos del Macizo Calcáreo continúa. Ahora, bajo la bien contrastada visión de Fernando Biarge y Jean-Paul Pontroué. Enamorados como pocos de estas cumbres altoaragonesas, en 1985 sacaron adelante una magnífica guía sobre el Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido. Provincia de Huesca. Atendamos solo a un pequeño jaloncito de su toponimia montaraz:

“Monte Perdido-Cilindro-Soum de Ramond. Cimas que componen el macizo de las Tres Sorores y ostentan la máxima altura del Parque Nacional. El Cilindro disfruta de la mejor vista sobre el glaciar del Monte Perdido y el Soum de Ramond, de la zona y valle de Añisclo”.

En los noventa, llegó finalmente el gran alud…, de libros. De textos en español confeccionados por editores y autores de esa misma nacionalidad. Como Fernando Rodríguez Jiménez, responsable de cierto Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido. Guía que aparecía por nuestras librerías hacia 1991:

“En ciertas zonas las capas calizas superaron las cumbres más altas, el macizo del Perdido y Tres Sorores fueron eje fundamental en los movimientos tectónicos […]”.

Rodríguez Jiménez especificaba un poco más adelante la identidad de las cumbres de dicho grupo: “Monte Perdido, Cilindro, Soum de Ramond”. Por si no quedaba suficientemente clara esta trilogía sobrarbesa, remachaba en el croquis: “Cilindro, Monte Perdido, Soum de Ramond”. Enseñaba así un espacio protegido notablemente incrementado en tamaño que, sin embargo, conservaba la tradición de esas denominaciones que habían perdurado a través de las crónicas de montañeses y montañeros:

“Ahora se llama Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido y se extiende por Ordesa, Añisclo, la garganta de Escuaín y la cabecera de Pineta, así como por las cumbres de las Tres Sorores y las Tres Marías que forman el espinazo del Parque”.

Retomemos la obra del etnólogo oscense Fernando Biarge. Esta vez abriremos sus Senderos Parque Nacional Ordesa y Monte Perdido. 100 itinerarios, una obra de gran prestigio editada en 1992. Entre sus páginas aparecía una leve, levísima licencia personal en lo referente a la toponimia de nuestra montaña:

“Monte perdido-Cima de Ramond, travesía. Cimas, con el Cilindro, que componen el macizo de las Tres Sorores y que ostentan la máxima altura del Parque Nacional […]. Puede combinarse la ascensión de Ramond, Perdido y Cilindro, en una magnífica travesía, dura, pero recomendable, a la que incluso se le puede añadir la punta de las Olas”.

De cualquier modo, la propuesta de Biarge no parece que lograra arrastrar grandes adeptos. Bien se verá en los libros que todavía nos restan hasta el cambio de Milenio.

Porque no vamos a detenernos todavía. Nos asomaremos por una obra coral de 1992 que se tituló Guía del viajero: Ordesa-Valle de Arán. En este trabajo de Susaeta asignan cierto apartado al trayecto “De Ordesa a las Tres Sorores”. Una ruta que podía realizarse por Ordesa:

“La cumbre del Monte Perdido, tercera en altitud de los Pirineos, con dilatadísimos panoramas en todas las direcciones. La primera ascensión conocida a este pico la efectuó en 1802 el célebre científico pirineísta Ramond de Carbonnières, quien dijo de esta cumbre: Cuando se ha visto la más hermosa de las montañas graníticas –se refería al Mont-Blanc– solo falta ver la más bella de las montañas calcáreas, el Monte Perdido”.

O bien, como se habrá imaginado más de uno, por el itinerario de Pineta:

“Aunque es uno de los valles menos conocidos del Pirineo, es uno de los más bellos y espectaculares […]. Destacan a su izquierda las imponentes paredes de la sierra de Las Tucas, cuyos agrestes picos aumentan progresivamente en altitud, las bellas Tres Marías, el pico Inferior de Añisclo (2.790 metros) y el macizo del Perdido, formado por la punta de las Olas (3.002 metros), el Soum de Ramond (3.254 metros), el Monte Perdido (3.355 metros) y el Cilindro de Marboré (3.325 metros)”.

A modo de reafirmación de su texto, la guía de Susaeta añadía una imagen que podría describirse como del todo icónica de nuestra montaña: “El Soum de Ramond, en primer término, visto desde la cumbre de Monte Perdido”. El clásico decorado de fondo para miles de fotos cimeras…

Ascendamos un peldañito más en nuestro rastreo toponímico. En este caso, será la Consultora PROJARI SA quien se responsabilice de cierta Guía del Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido que, editada por el ICONA, veía la luz en Madrid hacia 1993. No; entre sus textos no se descubría el nombre de la pequeña de las Sorores sobrarbesas, unas cumbres a las que se evocaba al más puro estilo aragonés, en colectivo:

“Las piedras, las rocas y las grandes montañas son motivo también de historias legendarias. De ellas destacan las que explican el origen del Monte Perdido, de las Tres Sorores, de los llanos de Millaris y de la brecha de Rolando”.

Sin embargo, esta guía (yo diría que con cierto timbre de oficial) presentaba un croquis del Parque Nacional donde figuraban, sin ningún tipo de duda: “Cilindro, Monte Perdido, Soum de Ramond”.

No hay que rebuscar en exceso para que hallemos un nuevo testimonio con denominación de origen oscense. Ahora, por cuenta del montañero Miguel Lacoma Mairal, quien editó desde Barbastro Quince días, a pie, por el Pirineo Aragonés. De Navarra a Cataluña a través de los valles, pueblos y montañas del Alto Aragón. Haciendo uso de una toponimia tan clara como perfectamente asentada en 1993:

“Desde el último tercio de la Faja [de Pelay], en días claros, a poco de alzar la mirada desde las Gradas de Soaso, ésta ya topa con Monte Perdido, una montaña cansada de guapear ante los alpinistas que pretenden escalarla. Monte Perdido es cabeza de familia de una prole de gigantes a la que también pertenecen el Marboré, el Cilindro y el Soum de Ramond. Abajo, en su base, se halla la Torre de Góriz, una torre pequeña, pero durísima y casi cilíndrica. Más parece una tuerca gigantesca apretada a tope, destinada a inmovilizar el imponente y pesado macizo de las Tres Sorores”.

Pasemos ahora a palabras mayores: las enseñanzas siempre bien fundamentadas y amenas de Eduardo Martínez de Pisón. El reputado geógrafo fue el autor de los Relieves del Alto Pirineo aragonés. Itinerarios geográficos, tirado por la Caja de Ahorros de la Inmaculada en 1994. Obra que arrancaba con una oportuna cita del escritor oscense Ramón J. Sender en 1974:

“Estos picos tenían un nombre que recordaba el castellano primitivo que se formó en Aragón antes que en Castilla. Se llamaban las Tres Sorores”.

En lo referente a Martínez de Pisón, nada como rastrear la terminología que utilizaba para fijar en la mente del lector sus extraordinarios recorridos geográficos:

“Sobre Tucarroya destacan las Tres Sorores en un edificio voluminoso donde tales pliegues han multiplicado especialmente el espesor de estos resistentes sedimentos […]. Desde La Larri pueden verse ya los hielos suspendidos del actual glaciar de Monte Perdido sobre el circo de Tucarroya […]. Un [helero] significativo es el del Soum de Ramond, entre el pico de este nombre y el Perdido […]. Desde la cumbre de Monte Perdido hacia el sureste, el Soum de Ramond muestra también la compleja culminación de los pliegues en las calizas dano-montienses, cerrando toda la ladera”.

En nuestra recta final del análisis de los nombres del Soum de Ramond, la avalancha de textos resulta más que palpable. Recortaremos los comentarios para curiosear por los tres últimos ejemplos que he podido hallar, sin escarbar demasiado, entre los tomos de mi biblioteca…

Pep Cuerda Quintana, Pirineo aragonés y Parque Nacional del valle de Ordesa y Monte Perdido, Sendai Ediciones, Barcelona, 1994:

“La alineación de las sierras interiores […] alcanza las mayores proporciones en el macizo de Monte Perdido (o de las Tres Sorores), la montaña caliza más alta de Europa […]. El refugio [de Góriz] es un buen punto de partida para atacar el Monte Perdido o para alcanzar la brecha de Rolando”.

Fernando Carmena Flores, Guía del Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido. Sendas, pueblos, naturaleza, Editorial Pirineo, Huesca, 1995:

“La vista desde su cima [del Monte Perdido] es impresionante: Ordesa, Añisclo, el Cilindro, el Soum de Ramond […], un mar de montañas y valles”.

Sin que se nos pase el correspondiente croquis: “Cilindro, Monte Perdido, Soum de Ramond, punta de las Olas, Torre de Góriz, la Suca, las Tres Marías […]”.

Miguel Angulo, Pirineos 1000 ascensiones III. De Gavarnie a Bielsa, Elkar, Donostia y Baiona, 1996:

“El prestigioso paraje del circo de Gavarnie está rodeado de una corona de picos escarpados que sobrepasan los tres mil metros de altitud […], mientras que hacia el sur el macizo calcáreo se prolonga hacia el Cilindro y el Monte Perdido, que es el punto culminante […]. El Soum de Ramond se eleva inmediatamente al este del Monte Perdido […]. La tercera punta del Monte Perdido, la punta de las Olas, fue ascendida en 1892 por Brulle, Passet y De Monts”.

Nos limitaremos, entre las múltiples citaciones de Angulo, a airear un solo ejemplo de ruta, bastante revelador:

“Travesía de las Tres Sorores […]: travesía de las tres puntas del Monte Perdido […]. Seguir hasta la cumbre de la punta de las Olas y progresar por la cresta en dirección al Soum de Ramond, impresionante visto desde este lado […]. Pasar por el collado del Monte Perdido y escalar la barrera que defiende el acceso a la cresta oriental, y conduce a la cumbre [del Monte Perdido]”.

Aquí, ya en puertas de Tercer Milenio, interrumpiré mi recuento. A partir de este punto, con la proliferación de políticas lingüísticas tan exóticas como pintorescas, comienzan a verse nombres chocantes tanto en planos como en libros. Ausentes hasta entonces de cualquier testimonio escrito. Del todo adrede he dejado aparte la comparativa de los mapas montañeros de finales del siglo XX, asunto del que se está ocupando, con su meticulosidad de costumbre, Eduardo Sánchez Abella… Tampoco he querido entrar en la cuestión de las listas de tresmiles ni en el trabajo de Jan Buysé y de sus colaboradores: los rigurosos Cazafantasmas han realizado un magnífico trabajo en estos resbaladizos terrenos…

En fin: así hemos llegado, desde la seriedad de la crónica histórica del Soum de Ramond, hasta la inexplicable Lista Soro que cayó sobre nuestras cabezas, se quisiera o no, en 2017. Apoyado únicamente en los argumentos realistas, que no en las quimeras politizadas, solo me resta desearle una larga, larguísima vida a la cima más ramondiana de nuestra cordillera.

Comentar

Comentario

16 Comentarios

  1. Para la gran mayoría de los amantes de la montaña pirenaica, la mención de las «Tres Sorores» es la tradicional, probablemente sin que antaño llegara a distinguirse ninguna de las tres en especial. Después, nuestros vecinos nos legaron nombres como Monte Perdido y Soum de Ramond, hoy perfectamente establecidos. No creo que eso cambie (ni deba cambiar), pero si en la transcripción oficial de los mapas al uso aparecieran otra terminología, mejor o peor fundada, mucho me temo que no tardaría en implantarse.

    • Hey, José… Te has dejado el Cilindro, topónimo igualmente de origen norteño, como los otros dos… De cualquier modo, si algo me ha quedado claro de todo el proceso que han seguido los nombres de las montañas, es que nuestro colectivo los pone y los quita… Y que las imposiciones sientan fatal, fatal, fatal… De todas formas, con el tiempo se verá… Para empezar, todo parece indicar que la tendencia actual parece decantarse por la «doble designación»: la «tradicional-montañesa/montañera» y la «politizada-aragonesizadiana»… Algo es algo…

    • ¡Que no se diga que no quiero colaborar con los artífices de la Lista Soro a hacer sus deberes…! O, dicho de otro modo: ayudarles a explicar el misterio de esos nombres tan curiosos que en muchos casos asignaron, aparentemente a golpe de dedazo, a los tresmiles oscenses. Porque no dudo que los miembros de la Comisión Asesora de Toponimia, en estos momentos, trabajan a destajo en preparar estudios como este que con gusto les regalo sobre el Soum de Ramond. Aún les quedan unas cuantas montañas que analizar, paso previo de cualquier revisión toponímica seria que no se base en el despótico “porque sí, porque yo lo valgo”…

        • Espero que te guste, Luis: en breve, lo voy a reunir en un solo documento… Con algún dato nuevo, bastante interesante, ya verás… No te preocupes, que te avisaré… Hasta entonces…

      • Bien Alberto. Ya has mostrado como se hace un estudio previo con la «toponim-historia» de una montaña. ahora tienen la pelota en su tejado del Pignatelli, sede del Gobierno de Aragón, los caballeros de la «Comisión Asesora». Tienen que enseñar sus estudios para las 159 cumbres de mas de 3.000 m restantes. ¿O esperan que les hagas tú todo el trabajo?

        • Sí, sí: menudo alud… Tranqui, que los textos los tenía reunidos desde hacía bastante tiempo. Ahora mismo ando recogiendo, a ratos libres, los correspondientes a la toponimia de otra gran montaña oscense. En cuanto pueda, comienzo a servirlos, descuida. Más saludos, A. A., en tanto llega el nuevo alud…

      • Gracias a ti por buscar, buscar y rebuscar tanto entre los mapas antiguos y modernos, como entre otros documentos, las pintorescas evoluciones toponímicas de nuestras tierras altas. Sin desmoralizarte, sin descanso, sin politización: solo por el mero rastreo de cuanto queda más cerca de la realidad. No te pares nunca, Eduardo…

        • En esta triste sociedad actual de empujones y descalificaciones, aunque se lo dieras en mano para firmar, serían incapaces de bajar la cabeza y reconocer que han metido la pata hasta más alla del fondo. ¡Que penica de gente!

          • Desde luego que nunca reconocerán los inspiradores de la Lista Soro, ni pública ni privadamente, que han metido la pata, Eduardo. Creo que piensan, más bien, que el nuevo empentón que nos han largado para empujarnos hacia un «Pirineo Utópico» no les ha salido como ellos querían: con masas enfervorizadas gritando «ya está bien», «no a la colonización», «fuera el foráneo»… Imagino que, en cuanto puedan, seguirán, ya en este, ya en otro escenario. ¿O acaso a la «editorial autóctona» le importó mucho los chistes que se hacía en nuestro colectivo por las misteriosas (y abracadabrantes) apariciones por sus guías y mapas de nombres inexplicables que llegaban con la etiqueta de «aragonesizaniada» (o como ellos lo digan)? Ya puestos a ser un pelín honestos, podían haberse dejado de sus cuentos de siempre («este es el nombre vernáculo-vernaculísimo de esta montaña»…, sin aportar el menor documento), y decir, echándole un par: «pues como no nos gustan los nombres que ha ido decantando el devenir histórico, pues los cambiamos para poner, gusten o no, los que nos vengan el gana». Eso: con un par.

        • Alberto es estupendo. Entonces Eduardo Sánchez Abella y tu seguís con vuestros trabajos sobre «toponimia no imaginaria-ficticia». Si lo he entendido bien. Sería una noticia de las buenas. De las mejores para los «pirineistas no imaginarios-ficticios».

          • Eso es, Makako: imagino que seguiremos en plan «Pepito Grillo» de la Toponimia. Y eso que ambos teníamos otros planes, otros proyectos… Pero, mira: los siempre muy estimados y estimables caballeros de la «Comisión Asesora de Toponimia» han logrado que mucha gente preste más atención a los nombres de las montañas. A los de verdad, quiero decir, con sus contradicciones y errores, todo ello incluido a lo largo de nuestra historia. Que para inventar, «aragonesianizar» o lo que sea, vale cualquiera. Algunos, más imaginativos, lo hubieran hecho incluso mejor (mensajito amistoso para el impulsor de ese chisme del «Proyecto Tresmiles», para ver si se anima a prescindir de sus aprendices de brujos).
            Por mi parte, lo dicho: enseguida continuaré con la toponimia «real» otro gran tresmil oscense…