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El misterio…, de los Geodésicos

La semana que viene tenemos la presentación de una novela pirineísta en la sede de Montañeros de Aragón. Se trata de El tiempo del vacío. Extraños sucesos en el Pirineo (Desnivel, 2019), de Jokin Azketa. El pamplonica estará acompañado por nuestro presidente, Ramón Tejedor, el próximo martes 10 de diciembre a las 19:30 h, en los bajos del número 11 de la Gran Vía de Zaragoza. Todo el mundo está invitado a asistir en lo que será uno de los últimos actos culturales del 90 Aniversario de la entidad decana del montañismo aragonés.

No voy a destripar la trama de una ficción de 248 páginas que hace gala de importantes resonancias pirineístas. Tal y como revelan los títulos de algunos de los capítulos: Los Pirineos de Henry Russell; Recuerdos de un Montañero; La tumba de Russell; Antes que Russell; Un Museo dentro de una Fortaleza; El Animal de Eaux-Bonnes… Pero, aunque la crónica de nuestra cordillera aflore por aquí con prodigalidad, nos hallamos ante una obra que relata la investigación de unos crímenes misteriosos que parecen haberse cometido en la Faja de las Flores de Ordesa, el Chemin de la Mâture del Aspe, el paso de Orteig de Arrémoulit… Todo ello, aderezado con muy diversos ingredientes narrativos, como el que añade otro enigma de los años cuarenta sobre el intento de robo de los restos del pirineísta Henry Russell de su tumba en Pau por parte de un comando alemán.

Dentro de siete jornadas, Jokin nos hablará de estos y otros arcanos montaraces. Esperando que el salón social de Montañeros se llene de un público curioso el día 10, hablaré hoy de uno de los grandes enigmas del pirineísmo de hace dos siglos. Del todo real, que no de ficción.

Así, vamos a viajar rumbo a uno de los decorados elegidos para El tiempo del vacío…, aunque no llevemos con nosotros a ningún asesino psicópata. Subiremos al Balaitús del primer tercio del siglo XIX, hacia el tiempo de su más que posible conquista. Pero antes de centrarnos en las pesquisas posteriores que este ascenso suscitara en nuestro colectivo, echemos un vistazo a los hechos provocados por los inquietos geodestas…, o geodésicos, dado que la tradición nos ha legado ese nombre mal traducido. Unos hombres que quisieron sacar adelante la triangulación de primer orden que con los años nos daría los primeros mapas fiables del Pirineo.

El historiador Henri Beraldi reveló desde su obra sobre los Cent ans aux Pyrénées (1898-1904) unas aventuras montañeras que habían caído en el misterio más absoluto durante setenta años, hasta que él mismo encontró la correspondiente reseña en el Ministère de la Guerre de París. Un polvoriento dossier que se refería a las operaciones que los geodestas del ejército francés llevaron a cabo entre 1825 y 1827, en el curso de unos veranos que, según las viejas crónicas, se vivió un clima excepcionalmente malo. Aun con todo, dos militares galos se ocuparon de realizar dicha tarea: el teniente Pierre-Eugène-Félicien Peytier (1793-1864), nacido en París, encargado del sector occidental de los Pirineos, y su subordinado, el igualmente teniente Paul-Michel Hossard (1797-1862), natural de Angers. En el mes de mayo de 1825 ambos arrancaban sus operaciones en Baiona, para ir ganando altura poco a poco hacia el pico de Anie.

Cuando arribaron al valle de Ossau, dado que no conseguían subir su pesado equipo hasta la cima del Midi, optaron por cambiar esta atalaya de observación por otra cercana, aparentemente más fácil y muy prometedora: el entonces (supuesto) invicto Balaitús.

El primer tanteo de Peytier y Hossard se llevó a cabo el 16 de julio de 1825 y por el lago de Artouste. El sorprendente resultado del mismo fue la primera ascensión conocida, aunque fuese por error, al Castet de Mourrous o Cuje-la-Palas. Es decir: al pico Palas; posiblemente, desde la hoy conocida como brecha de los Geodésicos (se suele respetar la mala traducción del francés Géodesiens). Un día después estos militares se dirigieron contra el verdadero Balaitús, fracasando por segunda vez, según declararon a sus superiores. A tenor de la ficha del Service Géographique de l’Armée con el informe de Peytier hallada por Beraldi en 1898, fallaron debido a que “a doscientos cincuenta metros de la cumbre, fueron detenidos por una arista rocosa que no pudieron ni franquear ni esquivar”.

Tras este contratiempo, Peytier y Hossard decidirían volver a la carga desde el valle de Azun, donde reclutaron guías entre los pastores y cazadores. Mas nada se sabe hoy de sus intenciones primitivas de tentar su vertiente sur, accediendo a ella desde Cauterets. En cualquier caso, el 8 de agosto de 1825, los dos parcos tenientes podían anunciar su victoria desde el sector de Larribet, en su tercera embestida por este lado. Acaso, trepando por algún contrafuerte septentrional, más o menos cercano a la actual brecha Peytier-Hossard. En el informe redactado por sus artífices, poco se aclara de dicha ruta:

“El pico de Balaitús está situado en la frontera de España, al fondo del valle de Azun y al oeste del puerto de este nombre; está en el departamento de los Hautes-Pyrénées, sector de Argelès, cantón de Aucun, y depende del municipio de Arrens. Es preciso alrededor de once horas para dirigirse desde este pueblo a la cima del pico, con los hombres cargados. Se sube el valle de Azun hasta las cabañas de Doumblas un poco por encima del lago de la Gourgue de Suyen. Allí se gira a la derecha y se va a pasar cerca de la cabaña llamada la Tour de Larribet y enseguida a la del Plan de Larribet que está al pie del pico. Hace falta aproximadamente cinco horas para subir desde esta última cabaña a la cumbre del Balaitús y se encuentran pasos muy malos”.

Sobre tan parcas explicaciones, el descubridor de esta primera excepcional, el parisino Beraldi, explicaría su teoría sobre la ruta al Balaitús que siguieron los geodestas franceses por el áspero murallón norte…, lo cual provocó el nacimiento del nuevo topónimo de la Vira Beraldi en los mapas montañeros del siglo XX:

“Esta ficha parece excluir la continuación de la ruta Packe-Russell por los lagos de Batcrabère, los pasos de la Barana y la diabólica arista occidental, y deja suponer un itinerario especial, en principio por la cara norte, después por un paso sobre la cara este, hasta la parte superior del glaciar de las Néous, y al fin, la vertiginosa chimenea oriental”.

Nuestros geodestas todavía regresarían al Balaitús al año siguiente: el 25 de agosto de 1826, subieron con once hombres hasta el Techo de la Bigorra y del valle de Tena. Allí, sus trabajos de topografía, primero, y luego un temporal, lograron retenerles en la cota 3.144 metros hasta el 2 de septiembre. Solo entonces, escasos de víveres, se decidieron a afrontar un terrible descenso entre las nieves recién caídas. Sin embargo, fue preciso que abandonaran sobre el vértice todo su equipo junto a la célebre torreta que habían alzado en piedra, de tres metros y cuarenta y dos centímetros de altura.

Pasado la tempestad, Peytier y uno de sus ayudantes tuvieron que regresar para recoger el valioso instrumental de precisión en el curso de una tercera visita. Fue completada, igualmente desde septentrión, un 10 de septiembre de 1826. Esta última aventura de dos hombres frente al Balaitús alcanzaría tintes épicos, según relató el oficial galo en una carta a su inmediato superior, el comandante Coraboeuf:

“Existían todavía muy malos pasos de nieve helada en los cuales fue preciso tallar escalones con el pico, y la cumbre conservaba todavía mucha, que fue preciso quitar cerca de la señal para las observaciones”.

De forma extraña, estas tres heroicas ascensiones quedaron en el limbo del olvido pirineísta. Se perdió su memoria incluso en ese valle de Azun donde se habían reclutado a los guías que ayudaron a Peytier y Hossard. Llegados a la década de 1860, apenas se recordaba que uno de aquellos montañeses que abrieron el camino hasta el después apodado Matterhorn de los Pirineos (por Russell en 1866), se llamaba Jean-Pierre Coustet, y que era cazador. Es más: a raíz del descubrimiento de los restos de su acampada (la gran torre, las piquetas de tienda, los indicios de fogatas) por Charles Packe en 1864, se pensó que quien había subido hasta el Balaitús fue el propio Coraboeuf, el jefe de la misión cartográfica, y no alguno de sus subordinados. Asimismo, Packe sospechó de la visita del ya tardío capitán Henri Saget…

Esta tremenda omisión sorprendió a más de un historiador decimonónico. No extraña que Henri Beraldi se escandalizara por ello: “Se ha visto perder objetos de incluso grandes dimensiones. ¡Pero picos! ¡Picos de primer orden!”. Se refería al olvido del Balaitús, claro.

Desvelada en 1898 la identidad de los artífices de la probable primera al Balaitús, restaba solo averiguar por dónde había tenido lugar su ascenso. Un misterio que, desde al menos 1901, iba a suscitar no pocos debates en el seno de los escaladores de vanguardia. Pero dejemos la resolución de la hipotética vía de los Geodésicos al Balaitús para la entrada siguiente…

  1. En efecto: los Pirineos aún esconden secretos. Jokin Azketa acaba de editar una novela por donde pululan unos cuantos. El martes 10 de diciembre, el viajero, escritor y librero pamplonica estará en Zaragoza. Nos hablará de su libro allá las 19:30 h, en la sede de Montañeros de Aragón (Gran Vía 11, bajos). La Librería París venderá ejemplares para que los dedique Jokin… ¡Os esperamos!
    Para más datos sobre la obra de este narrador de montaña:
    https://www.libreriadesnivel.com/libros/el-tiempo-del-vacio/9788498294545/

    • Gracias, Luis… Seguro que, como buen lector que eres, el acto de presentación con Jokin te gusta…

      • Cuánta cosa aprendemos contigo, Alberto. ¿Dónde puedo saber mas del Balaitous que veo casi desde el ventanuco de la cocina?

        • Si acudes este martes 10 a la sede de Montañeros, Jokin Azketa te puede dedicar su novela, donde la zona de la que hablas tiene su papel.
          Si no, ya sabes: busca por las librerías de los pueblos del valle de Tena cierta colección (la línea de portadas tintadas o en verde, o en azul) editada por el Ayuntamiento de Sallent y el Instituto de Estudios Altoaragoneses sobre cierto Premio de Investigación Histórica donde el Balaitús y compañía tienen protagonismo innegable… Por si tienes alguno ya: son seis, amigo Doble-A…

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