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Los Concursos del Pirineo de 1932 y 1933

A pesar de las cifras de los telediarios y del confinamiento actual, es posible cierta evasión. Aunque solo sea con el espíritu. Por ejemplo, recurriendo a esos textos amarilleados por el tiempo que nos cuentan cómo fueron los orígenes de las pruebas de esquí en el Candanchú de antaño. En viaje hacia la nieve más imaginaria.

Como hemos visto en la entrada previa, entre los objetivos iniciales de Montañeros de Aragón figuraba el desarrollo del esquí a través de las carreras. Salvando alguna prueba local en el valle de Tena, esta actividad se ceñiría esencialmente al de Canfranc. Ya hemos revisado cómo discurrieron las temporadas inaugurales de 1930 y 1931. Si os apetece un escape a la nieve, retomaremos aquí el hilo de esta historia poco aireada…

Como una especie de ensayo para el III Concurso Franco-Español del Pirineo, se organizaron en Montañeros diversas pruebas sociales durante los meses de febrero y marzo de 1932. Así, la carrera de fondo para neófitos en Candanchú la ganó Santiago Clavero. En cuanto al campeonato social de medio fondo, fue para un José María Serrano cuyas aptitudes le colgaron apodos tan expresivos como el Sarrio o el Sherpa. Respecto al elemento femenino, la victoria le sonreiría de nuevo a su hermana, Julia Serrano.

En adelante, estas competiciones se podrían celebrar a la vera del refugio de Santa Cristina, inaugurado el 30 de agosto de 1931. Un edificio especialmente diseñado, dentro de los limitados medios económicos del Club de Zaragoza, para fomentar la práctica del esquí. A los pocos meses de su alzamiento ya era utilizado como punto de control y, a veces, de salida de las carreras. Siempre, como base ideal de apoyo junto con la vieja caseta de camineros de El Ruso.

Pero hubo otra novedad importante en 1932: el debut de una sociedad llamada Ski Club Candanchú, compuesta por los deportistas nativos del valle de Canfranc. No tardarían en dar mucho (y bien) que hablar…

Los deportistas de Zaragoza se encontraban muy animados tras la respetable concurrencia obtenida en la edición anterior del Concurso Franco-Español. Así lo reflejaba el órgano oficial del Sindicato de Iniciativa y Propaganda de Aragón desde cierto trabajo de 1932 titulado “El III Concurso Franco-Español del Pirineo (carrera de ski)” que apareció  sin firma:

“Hace tres años que nuestros deportistas comenzaron a calzarse los esquís, y sin profesores ni conocimientos del patinaje en nieve, llevados de su entusiasmo únicamente y venciendo todos los inconvenientes de medios de comunicación y distancia enorme al Pirineo para una práctica constante, se lanzaron a la aventura del implantamiento de los deportes de invierno en Aragón. Han pasado los tres años y el éxito más franco, más rotundo ha coronado esa constancia y ese interés propio del tesón de una raza como la nuestra. El pasado concurso conquistó para los Montañeros de Aragón un éxito sin precedentes en la historia alpina. En lucha con Sociedades más veteranas frente a los grandes ases del ski, a los varias veces campeones de España”.

Y llegó al fin el día de la prueba… El número de espectadores se vería doblado, por lo que no hubo manera de hallar habitaciones libres a lo largo de toda la vega del río Aragón. Los coches (recordad: en 1932) ocupaban una fila kilométrica desde Candanchú hasta la misma frontera. Nada hay nuevo bajo el sol.

En cuanto al plano deportivo, decir que la prueba reina de fondo fue ganada, una vez más, por la estrella del Club Alpino Español: Ricardo Arche, con un tiempo de 39’. El segundo puesto sería para un compañero del Club madrileño, Muñoz. Sin embargo, los aragoneses mejoraron mucho en su clasificación respecto a la de 1931: Manuel Marraco (3º, con 44’ 25’’), Emiliano Puente (4º, con 44’ 50’’), Fernando de Yarza (5º, con 44’ 52’’), José María Serrano (8º, con 45’ 30’’), Benito Royo (13º, con 61’ 55’’), P. Bergua (15º, con 51’ 49’’)… En la carrera por equipos, la asociación deportiva zaragozana quedó en segundo puesto gracias al trío formado por Marraco, Puente y De Yarza. El éxito en la competición del esquí femenino aragonés fue rotundo: Elisa Sánchez (1ª, con 21’ 12’’), Julia Serrano (3ª, con 22’ 03’’) y Carmen Serrano (5ª, con 23’ 50’’). Pero no comparéis los tiempos, que los circuitos eran diferentes…

Sin duda alguna, nuestro deporte blanco se consolidaba en el terreno competitivo. A partir de 1932 se podría hablar de sus años dorados. Pero faltaba una especialidad en nuestra región, hasta entonces inédita: los saltos con esquís. Acaso, una de las pruebas más vistosas en otros países más al norte. Así, el 27 de marzo de 1932 se preparó un trampolín de nieve en Candanchú para que seis Montañeros se animaran a inaugurarlo, tratando de llevarse el premio en liza. No; no era un pollo (como en las gymkanas), sino un juego de tablas de la firma Armas y Deportes. Finalizaron dicha competición en este orden: Puente, De Yarza, Frantz, Gómez Laguna, Serrano y Dumas. El vencedor logró un salto de diez metros.

A comienzos de la primavera de 1933, las pruebas de Montañeros de Aragón en Candanchú parecían más que lanzadas. Sus organizadores, Narciso Hidalgo y compañeros, pensaban en que sirviera para catapultar a las dos tablas aragonesas. Tal es así que, para la cuarta edición del Concurso Franco-Español del Pirineo se deseaba que la dicha competición sirviese como entrenamiento para otras más exigentes del calendario nacional. Los maños confiaban en hacer tiempos que permitiesen su participación en ese Campeonato de España de Esquí que se celebraría en la sierra del Guadarrama. El Club de Zaragoza soñaba incluso con enviar una representación lo más bregada posible, según se proclamara en el artículo sobre “La temporada del ski y los concursos en el Pirineo aragonés”, publicado en la revista Aragón de marzo de 1933:

“Un equipo compuesto de sus mejores elementos, entre los que figurarían varios componentes de la sección de Montañeros de Aragón de Sallent, que por primer año concurrirían a concurso, y ofrecer la característica de ser los primeros habitantes de pueblo español montañés que, habituados con el deporte del esquí, participarían en carreras nacionales a semejanza de lo que se efectúa en Noruega y otros países donde el deporte del esquí está en su máximo desarrollo”.

Mientras tanto, el gran acontecimiento anual del deporte blanco aragonés se volvió a centrar en Candanchú el 26 de marzo de 1933. Puesto que no quedaba nieve en esa landa que ya se denominaba como la Pista Grande, el recorrido se trasladaría hasta el Puerto Viejo y la Hoya del Tobazo. Así, se adecuó una carrera de fondo de doce kilómetros del todo ásperos, animados desde sus lindes por un público que se estimó en unas dos mil personas.

La tabla de tiempos reflejaría un sorprendente empate entre Enrique Millán, del Peñalara, y Mauricio Giménez, del Club Alpino Español (ambos madrileños, con un crono de 40’ 30’’). Les seguirían José Parra, del Alpino, y Robert Villecampe, del Ski Club Nayais. Los representantes aragoneses, en argamasa de corredores de Canfranc, Sallent y Zaragoza, obtuvieron los siguientes resultados: Emiliano Puente, de Canfranc (12º, con 45’ 15’’), Manuel Marraco, de Montañeros de Aragón (15º, con 47’ 21’’), José María Bergua, de Montañeros de Aragón de Sallent (16º, con 47’ 50’’), Fernando Izuel, de Canfranc (17º, con 48’ 1’’), Fernando de Yarza, de Montañeros de Aragón y José María Serrano, de Montañeros de Aragón (18º y 19º, con 48’ 37’’), Manuel Hijós, de Canfranc (20º, con 51’ 20’’)…

Así, la entente entre sallentinos y zaragozanos logró ganar un meritorio cuarto puesto por equipos a través de su esfuerzo conjunto bajo la bandera de Montañeros de Aragón. Por su parte, el novel Canfranc Ski Club quedaba quinto. En la clasificación femenina destacaría esa cuarta posición de Elisa Sánchez, de Montañeros, a quien siguieron las representantes de Canfranc, Adela Xirau y Trini Bordonabe, en sexta y octava posición respectivamente. Lo dicho: los nativos del valle se tomaron muy en serio estas pruebas.

Quedaba la vertiente turística del asunto. Porque cada vez más gente subía para curiosear en estas pruebas de esquí. Por lógica, muchas personas se interesarían por la práctica del deporte blanco. Al ser una actividad sin tradición y con escasa bibliografía, pareció necesario que alguien orientara a los candidatos a las dos tablas. Tales fueron las intenciones del trabajo sobre los “Esquiadores”, firmado por un misterioso Ignorat. Un cronista que impartiría sus recomendaciones, un tanto utópicas, desde el número 102 de la revista Aragón, de cara ya a la campaña de 1934:

“Tal vez habrá gastado un dineral en su equipo el esquiador novato, pero su sello es ¡indespintable!: abrumado por sus tres chalecos, un abrigo o dos impermeables que no tuvieron cabida en su descomunal y repleta mochila, más parece ir al monte que a la montaña. El esquiador hecho, se ponga lo que se ponga, siempre va de esquiador; el principiante da la impresión de salir para la guerra o estar realizando una mudanza de domicilio.

”Un par de botas construidas para este exclusivo objeto, un pantalón largo de los llamados noruegos y una chaqueta incalable, unos calcetines de lana gruesos sobre unos de hilo finos, una prenda de cabeza que pueda preservar vuestras orejas de las inclemencias de una ventisca y unas gafas para nieve, constituirán un equipo que pudiéramos llamar indispensable, y tal vez adecuado para pasar desapercibido en vuestro debut en la Sierra.

”Pasó la época de iniciación en que para comprar un par de esquís había de consultar al deportista especializado; hoy sus consejos son tan valiosos como entonces, mas su adquisición puede realizarse en nuestra propia región. Una industria [¿Elvira, de Zaragoza?] y comercio regional [¿Radio Sport, de Zaragoza?] nos ofrecen esquís para llenar exigencias que antes obligaban a acudir al extranjero.

”La prensa, el cinema, la fotografía, el ambiente deportivo, han vulgarizado la idea de lo que es un par de esquís, sus ataduras y bastones: ello nos ahorrará su definición.

”Aragón cuenta con las mejores pistas y más bellas montañas de España [con el permiso, por ejemplo, de las madrileñas y catalanas]. Son muchos desgraciadamente los que en Aragón no las conocen. Por espíritu regional, por espíritu patriótico (una barrera de nieve defendida por hábiles esquiadores constituye una buena frontera), por el espíritu de salud y optimismo que un día de esquiar a pleno sol de altura proporcionan, debemos difundir la práctica de este deporte que tan bien encaja en el momento actual.

”Agilidad en las decisiones, calma ante el peligro, optimismo al salir ilesos de los accidentes que sobre la blanda nieve el esquiador tiene que arrostrar, son sus características. Hay que aprovechar la curva ascendente de la afición a la montaña para colocar a los montañeros aragoneses en el lugar que les corresponde: a la mejor montaña, los mejores esquiadores.

”Wilhem Knoll y su segundo, Arno Arnold, han estudiado la fisiología normal y la patología del esquiador: la consecuencia es que los accidentes que el esquí produce están íntimamente ligados a una falta de técnica.

”El esquí y los bastones pueden producir directamente contusiones y luxaciones que afectan principalmente al miembro superior. Las más absurdas caídas del esquiador novel que, sin conocer la técnica del frenaje, lanzóse en su imprudencia a un arriesgado descenso, son su génesis ordinariamente.

”El no saber calcular las diferencias de blandura que la nieve presenta (experiencia que requiere veteranía), son causas de lesiones que afectan a los miembros inferiores. La escuela de Arlberg, la actitud flexionada y con el cuerpo en relajación muscular, ha disminuido en un 90 por 100 los accidentes del esquí. Adelantemos que, según la estadística de Knoll, en 6.958 lecciones dadas a principiantes, solo se produjeron tres accidentes.

”Aprended la técnica del esquí: el deporte que proporcionalmente produce menos accidentes de no realizarlo con imprudencia. No olvidéis que no es un juego de fuerza sino de perfecta coordinación de movimientos. Aprended bien su técnica de frenaje desde un principio y no queráis luchar contra fuerzas físicas como la pesantez y la fuerza centrífuga.

”El esquí requiere corazón y pulmones íntegros; no subáis a la nieve de la montaña a esquiar sin previo examen médico. En el clima de altura encontraréis las ventajas de la pureza y sequedad del ambiente y los inconvenientes de la conjuntivitis y del eritema solar o quemaduras, si no sois prudentes en la exposición al sol o no preserváis vuestros ojos con gafas adecuadas. Asimismo seréis prudentes en vuestro régimen de comida y bebidas. El agua de nieve al interior puede ocasionaros trastornos en vuestro aparato digestivo.

”No llevéis el ejercicio al agotamiento: no entrenados puede ocasionaros la fatiga aguda serios accidentes cardíacos o desagradables agujetas.

”El atleta que en posesión de las cualidades básicas necesarias y de la técnica del arte de esquiar quiera presentarse a una prueba o campeonato, sepa que para triunfar se necesita técnica del arte, metódica preparación y esfuerzo final de voluntad y de entusiasmo.

”Al comenzar la temporada hay que ser prudentes. Al buen esquiador no debe sorprenderle la invernada. Cuando termómetro, barómetro y afición señalan las primeras nieves esquiables, ya tendrá él orientado su organismo hacia las cumbres nevadas por una ligera preparación: gimnasia de cintura y abdominal, ejercicios respiratorios, que aumentando las posibilidades de capacidad vital, permitan el máximo de eficiencia en la escalada, saltos de altura y triple salto, vallas y alguna carrera de medio fondo (300, 600 metros), todo ello sin esforzarse. Terminar el diario entrenamiento con una sesión de comba, seguida de ducha o baño.

”La plena forma, el supremo punto, plétora de vigor físico y moral se consigue en un solo corto espacio de días. Su punto máximo y óptimo debe coincidir con la celebración de la prueba. El sobre entrenamiento, el alcohol, unas noches grises, han hecho perder más de un campeonato.

”La alimentación de un esquiador que se prepara para una prueba debe ser sana y sin excesos: que proporcione reservas glucogénicas a los músculos e hígado, huyendo del otro tipo de reservas de tipo adiposo.

”No olviden los futuros campeones la importancia del estudio previo del croquis de una carrera. Una carrera se gana tanto con la cabeza como con los esquís.

”En cuanto a la técnica de descenso, la de marcha en subida y llano son difíciles sin auxilio del cinema, la foto o el dibujo de exponer: recomendamos al lector (que las desconozca) cualquiera de los manuales sobre ello publicados.

”Nuestro amigo y compañero, el doctor José Parra, a cuya amabilidad debemos muchos de los consejos que exponemos, tan estimables por proceder del actual campeón de España, es partidario de la escuela austriaca. La técnica de Arlberg, que ofrece fundamentalmente la característica de una actitud flexionada. Haciendo descender el centro de gravedad permite al organismo del esquiador mayor flexibilidad, seguridad y facilidad de movimientos. Deporte que exige una perfecta coordinación de movimientos avanzó más en dos años de técnica Arlberg que en veinte de técnica telemark.

”El ritmo de la carrera, seguridad del descenso ante las variaciones de nieve, frenaje adecuado y oportuno empleo de ceras son sinónimos de veteranía en los que emplean el esquí como instrumento de desplazamiento en los países de nieves frecuentes o como modalidad deportiva que ofrece las más bellas emociones”.

A falta de nada mejor, seguiremos subiendo al Candanchú de los heroicos años treinta del siglo pasado…

  1. En aquellos años y con aquellos equipos, algunos de los objetivos alcanzados rondan la proeza.

    • Y tanto… En una ocasión pude hacer alguna bajada tonta con fijaciones de los años cincuenta (cincuenta digo, que no treinta)… Y casi me fabrico un careto nuevo… En un lugar sencillito que no veas… ¡Como para haberme hecho un Tobazo! Ya lo creo, tenían mérito aquellos esquiadores, chicos y chicas, heroicos…

    • A ti, por entrar para entretenerte un pelín en estas páginas nostálgicas del pasado. Lo mismo te deseo: lo mejor, Luis. ¡A cuidarse toca!

  2. Ya veo. En cuatro entradas. Y supongo que la siguiente cae 1933 y algo más. Estupendo por la evasion.

    • En efecto, Makako: es una serie de cuatro textos con unas competiciones sobre las que empecé a recopilar datos en textos de Montañeros, del SIPA y de Tuduri, allá por 2004… Y servidos de dos en dos añadas, como veías venir. Vamos, que por mi parte, abril va a ser un «mes blanco». De cara a los años treinta del siglo pasado, desde luego…

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