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¿España, país de nieve?

Aquí concluye este repaso rápido del esquí primitivo en Candanchú. Al menos, en lo que a las competiciones pioneras de 1930 a 1936 se refiere. Unas pruebas que, como se ha visto en la entrada anterior, no eran precisamente un remanso de aguas tranquilas. Porque la cuestión de la negativa de los aragoneses a federarse iba a seguir coleando por un tiempo…

Entre los principales organizadores de las carreras de fondo del cuarto decenio del siglo pasado en el valle de Canfranc destaca Narciso Hidalgo. Un periodista deportivo que colaboraba con asiduidad con la revista Campeón. El 29 de diciembre de 1935 explicó ciertos problemas administrativos en el artículo sobre “El Cisma del esquí. Los que viven al margen de la Federación”. Veamos el análisis de la crisis que realizara este pionero de Montañeros de Aragón:

“Solo un núcleo importante de esquiadores, los aragoneses, que integran la sociedad Montañeros de Aragón, desoyendo sugerencias e imitaciones, quedaron voluntariamente al margen de la Federación [de Esquí], menudeando al principio los incidentes literarios entre ambos puntos de vista y zanjando el pleito con una cordial entente deportiva. Ahora, al comienzo de la temporada 1935-1936, nos encontramos con que Montañeros de Aragón, cada vez más entusiasta por el esquí, cada vez con más adeptos –cerca del millar–, contando con una importante organización de refugios pirenaicos [Santa Cristina, El Ruso y El Formigal], se mantiene firme en sus posiciones, diciendo que la Federación de Esquíes, en el aspecto del esquí-competición, no le interesa. Fuera de este aspecto, se halla unida y compenetrada con todas las Sociedades camaradas suyas en el deporte alpino. Como entidad, no precisa éxitos en competiciones para llevar a cabo una labor cada vez más intensa en el aspecto de la práctica del deporte […].

”Si algún día pudieran destacar los Montañeros de Aragón en competiciones nacionales lo sería en la especialidad de gran fondo, en las largas travesías, que son precisamente las que acaparan la afición de los socios en sus desplazamientos por la alta montaña aragonesa […].

”Quizá haya sido un mal para el acercamiento el que Montañeros de Aragón se viera solo y pujante desde el principio en su marco regional. ¿Qué iba a resolverles a ellos la FEDE?

”Se habla ahora de que la comisión deportiva de Montañeros de Aragón tomará el acuerdo de no celebrar este año su clásica prueba internacional: el Concurso Franco-Español del Pirineo Aragonés, que desde el año de su fundación –hace seis años– viene celebrando con creciente éxito, evitando así los inevitables roces federativos, que dieron origen a polémicas y tiranteces la pasada temporada. El gesto tiene nobleza de intención y caballerosa deportividad, aunque sea doloroso el truncamiento de tan clásica prueba, que hace unos años reunía en el Pirineo a los mejores esquiadores españoles”.

Algún tipo de acuerdo tácito se debió de adoptar para que estos problemas se arrinconasen de forma provisional. Otro comentarista deportivo, Xiqué, así lo confirmaba en un artículo del 22 de marzo de 1936… Justo a cuatro meses de una Guerra Civil de tres años y de una posguerra durísima de al menos una decena más. Su trabajo “Ante los Campeonatos de España de Esquí. Pronósticos e historial de las pruebas” confirmaba el arreglo con los díscolos:

“[…] Por primera vez también acuden a estos campeonatos esquiadores que representan a las cinco zonas que integran la FEDE. El reciente y plausible acuerdo tomado por Montañeros de Aragón de incorporarse a la zona Vasconavarra-Aragonesa, acaba con las disidencias y rencillas que separaban, en pequeña parte, a los esquiadores españoles que, en lo sucesivo, formarán la gran familia de los deportistas de la nieve amateur, por la que con verdadero tesón es preciso luchar”.

El repaso de la prensa deportiva madrileña depara otras sorpresas. Porque en ese mismo número de marzo de 1936 de la revista Campeón se hablaba del problema de la escasez de nieve. Una carencia generalizada en toda Europa que a punto había estado de aguar la fiesta a las Olimpiadas de Garmisch-Partenkirchen, y que provocó anulaciones de pruebas en Suiza y Austria poco después. El artículo “En plena temporada. Crisis de nieve” de Narciso Hidalgo lo explicaba de este modo:

“Mala temporada la actual para los esquiadores. Crisis de nieve, como hace muchos años no se conocía, y que, sin embargo, puede tener una rápida solución cuando menos lo esperamos y cuando ya se crea en lo irremediable del fenómeno.

”Los esfuerzos vaticinadores de los meteorólogos al servicio del deporte nada han podido aliviar, hasta ahora, con sus consultas, esta crisis total en el gobierno alpino.

”Repercusiones del suceso hemos tenido en España, y el esquiador, en la temporada 1935-1936 se halla perplejo y descorazonado. ¿Qué posibilidades tiene nuestro país en el régimen alpino internacional para defenderse de la actual crisis que afecta al deporte? ¿Es, o no, el nuestro, país de nieve? ¿En qué regiones tiene esta más consistencia y presenta mejores calidades?

”Temas son estos de tal interés informativo que vamos a tratar de desarrollarlos, basados en nuestras observaciones personales de hace diez años, para ofrecer una orientación a nuestros lectores.

”Observamos, en el transcurso de las temporadas, que las regiones a que más afecta la escasez de nieve y donde los aficionados tienen que estar constantemente pendientes de los partes del servicio meteorológico pueden catalogarse por el siguiente orden: primero, Madrid; segundo, País Vasco; tercero, Navarra y Rioja; cuarto, Cataluña; quinto, Andalucía; sexto, Asturias; séptimo, Aragón.

”Es decir, que la situación de las estaciones invernales del deporte en España, su altitud y su configuración, así como la calidad de sus vientos dominantes, influyen muchísimo en el grado de permanencia y calidad de nieve.

”En Madrid llevamos unos años de crisis, en los que el consabido parte de nieve en las alturas nos decepciona y entristece, y al ciclo de vacas gordas, con el puerto interceptado de diciembre a marzo, sucede el de las vacas flacas, de las manchas de nieve a repartir entre tres mil esquiadores.

”Los vascos casi puede decirse que llevan pareja esperanza en las nevadas que los castellanos, y aunque el Aralar muestra a veces mantos exuberantes, únicamente la suerte en la facilidad de los desplazamientos fuera de su región les permiten asegurar las temporadas.

”Navarros y riojanos, recientemente incorporados al régimen alpino nacional, tienen algo más de defensa en sus sierras de mayor altitud, sobre todo los últimos, que ya han establecido puntos de base para el deporte en las sierras de Santo Domingo y Cameros. Acostumbran los riojanos a desplazarse también al Pirineo aragonés.

”Cataluña, con más provisiones en su territorio, debido a la diversidad de estaciones, cuando sopla viento de mar y la nieve de La Molina toma alarmantes muestras fundentes, puede pensar en Rasos de Peguera, en el puerto de Bonaigua, y como recurso final, en Envalira, donde los andorranos tienen nieve a placer todas las temporadas.

”Andalucía, contando con la mayor altura nacional y la más alta carretera, tiene buena permanencia de nieve, aunque la calidad deje mucho que desear, permitiendo en el transcurso de temporadas la celebración de pruebas de esquí desde noviembre a mayo.

”Asturias presenta, indefectiblemente, una regularidad mayor en el stock de nieve, y en Pajares puede prescindirse de la consulta de los partes de la nieve al intentar los desplazamientos.

”Aragón, con su Pirineo central, tiene la mejor provista de nieve de la Península, que no solamente envidian nacionales, sino extranjeros. Además de una permanencia de nieve de noviembre a junio, tiene el Pirineo central la ventaja de la calidad de nieve, debida a las escasas variaciones de temperatura y al abrigo de una cordillera de tanta envergadura y de altitudes superiores a los 3.000 que circundan los diferentes valles. Cuando no hay nieve en España, es forzoso pensar en el Pirineo aragonés, y así se da el caso de que este año de crisis máxima en Europa, el Pirineo central ha presentado, desde noviembre, sus acostumbrados recorridos esquiables de 100 a 200 kilómetros en travesía.

”Este es, a nuestro juicio, y aceptando las enmiendas que nos presenten, el panorama de la crisis de nieve en nuestra Península”.

Resulta curioso constatar los viejos problemas con la innivación de las pistas pioneras de Aragón. Máxime, cuando los inviernos siguientes, los de la Guerra Civil, serían todo lo contrario: con frío y nieves siberianas.

Meses antes de que estallara el conflicto fratricida pudo celebrarse el entonces denominado VII Concurso Franco-Español del Pirineo Aragonés. Un resumen de las Actas de Montañeros de Aragón nos puede proporcionar el resumen de una competición que ya se despedía aquel 29 de marzo de 1936:

“En Junta General Ordinaria la sociedad Montañeros de Aragón ha tomado el acuerdo por unanimidad de celebrar, como en años anteriores, el Concurso Franco-español del Pirineo Aragonés.

”La prueba de este año será la VII de las celebradas durante este periodo de años sin interrupción, siguiendo este periodo de años sin interrupción, siguiendo con esto su labor desinteresada en pro del deporte. Cree Montañeros que estas pruebas fronterizas que entre España y Francia se celebran, son las que han de ir dando categoría internacional a nuestro esquí.

”En efecto, el esquí nacional debe orientarse hacia estas pruebas con nuestros convecinos, tan fáciles de llevar a la práctica, porque con ellos compartimos los mismos campos de deporte y porque en sí no suponen grandes gastos de desplazamiento.

”A estas pruebas franco-españolas han concurrido hasta ahora los mejores esquís de los Pirineos franceses, y en los seis años que se celebran hemos visto entre los nuestros valores tan destacados como los Villecampe, Davos, Arlaud, Lipsqui [Lipzky, acaso austriaco], etcétera, que unas veces han vencido a los españoles y otras se han visto sorprendidos con el progreso de los nacionales, que en la prueba de fondo les han superado en técnica y entrenamiento.

”Si los calendarios de pruebas nacionales se hiciesen a base de menudear estos encuentros franco-españoles, nos daríamos una cuenta más exacta de nuestro progreso y nuestra situación internacional para empresas de más envergadura.

”No se puede negar la importancia de estas pruebas pirenaicas en los clubs nacionales. En ellas es donde mayor número de inscripciones se logra, donde se consigue una salida superior a setenta corredores y donde el público aficionado de ambos países hace del deporte del esquí espectáculo de gran público, al estilo de lo que ocurre en Centroeuropa. Los naturales de la comarca calzan ya esquís en la invernada, y se van perfilando un plantel de prometedores valores que han de dar días de gloria a nuestro esquí, ya que viviendo en la nieve cuentan con la base principal para un entrenamiento, dando un mentís a los deportistas de la ciudad que todavía lo consideran como un deporte exótico en España.

”El concurso que nos ocupa tiene un historial brillante que resumimos en la adjunta estadística relativa a los que ocuparon los tres primeros puestos durante los años de 1930 a 1935.

”El magnífico escenario del Pirineo aragonés ha de verse el día 29 muy concurrido. Después de los campeonatos de España será esta prueba clásica la que atraerá la atención de los aficionados españoles”.

En efecto: en el concurso internacional de 1936 ganó Bernardo Sánchez, del Ski Club Tolosano, seguido de Manuel Hijós y de Emiliano Puente, ambos naturales de Canfranc. El deporte blanco guipuzcoano logró la mejor clasificación por clubs igualmente. Y en la categoría femenina, la más destacada sería Mireille Venables, del Canfranc Ski Club.

Las competiciones de alto nivel en Candanchú tendrían una segunda gran cita… Así, en ese III Tobazo Standard disputado un 15 de marzo de 1936 volvió a imponerse el austriaco Lipzky entre los setenta y ocho inscritos. Eso, a pesar de la mala calidad de la nieve y de un trazado que se amplió hasta los dos mil metros de longitud. En esta ocasión el campeón haría un crono de 2’ 37’’ tras la prolongación del recorrido. Le seguirían el galo Clavery y los nativos de Canfranc enrolados en el S. C. Tolosano, Puente e Hijós. Sin duda alguna, dicha prueba se asentaba como la más importante en descenso de velocidad de España. La carrera no se celebraría más hasta la posguerra: el IV Tobazo Standard, el 13 de abril de 1941. De su crónica se puede extraer esta descripción de uno de sus antiguos participantes, Gómez Laguna:

“El entusiasta Beristain, organizador, animador y corredor de la prueba, marcó un descenso por la máxima pendiente en el que los únicos virajes servían más de orientación que de limitación de velocidad. Por este recorrido y con absoluto desprecio hacia la fatídica fecha en que se corría, se lanzaron los corredores a una velocidad de vértigo, logrando los cuatro primeros batir el record del francés Lipski establecido el año 1936 y considerado como imbatible”.

Nada como cerrar este viaje a la Nieve de Candanchú en los años treinta del siglo pasado con un artículo dedicado a las esquiadoras. Redactado por el esposo de una de ellas, el periodista Narciso Hidalgo. Así, el 4 de febrero de 1934 nuestro cronista publicaba en Campeón su texto sobre “Ellas, campeonas. Madrileñas, catalanas, vascas y aragonesas en las carreras de esquís”. Era su perspectiva sobre la mujer y el esquí primitivo, muy especialmente en las pistas iniciales de Aragón:

“Otro año más de nieve para la mujer española. ¿Sus progresos? Han sido el esquí y la natación, hasta ahora, los deportes preferidos por sus aficiones. Agua y nieve. Es decir, agua sola en sus distintos estados…

”Vamos a asistir a los concursos esencialmente femeninos de las sierras españolas. ¿Surgirán nuevos valores? ¿Batirán al fin a Margot Moles? [la gran campeona de Tarrasa, socia del Peñalara]

”La mujer en el esquí avanza en España muy lentamente. La dureza del deporte, el corto tiempo desde su iniciación, la escasez de jornadas durante la temporada, acaso la promiscuidad del flirt…; es cierto que entre ellas no se ha formado todavía el competido cuadro de campeonas.

”Madrileñas, catalanas, aragonesas, vascas, andaluzas, en pleno furor de nieve, en decidido alarde malabaresco del stembogen, quieren cobrar posiciones, lanzarse decididas por las huellas de los circuitos abanderados, dorsal en pecho y espalda, para batir la marca contra reloj.

”Saldrán, al fin, un día, después de campeonatos regionales, las inquietadoras de la consecuente campeona española, y entonces podremos decir que el esquí femenino ha llegado a la mayoría de edad. Porque el superar a la Moles será conseguir ventajoso parangón entre los ases del esquí. ¿Cuántos no hemos temblado y palidecido de coraje ante la audacia de Margot, compañera de excursiones? ¿Y cuántos arrumbados allá en la lejana cuneta no han llorado su inferioridad masculina?

”Ya suenan los anuncios de las pruebas sociales femeninas, los concursos regionales interclubs y los campeonatos regionales. Poco después, el campeonato de España, este año en Madrid y bajo los auspicios peñalaros. Guadarrama, La Molina, Candanchú, Sierra Nevada…, agruparán en vistosas formaciones las concursantes de las pruebas femeninas que, nerviosas, aguardan en fila cronométrica las espaciadas voces de salida del starter.

”Volverán a sonar los nombres y los elogios, y posiblemente la buena nueva de esta superioridad de nivel deportivo que todos deseamos. Una esquiadora, una campeona, es algo tan deliciosamente atrayente que si se dijo que con el deporte perdían ellas su cacareada feminidad, vale la pena cien veces de que haya sucedido así.

”Ellas nos han quitado muchos siglos de ñoñez, han aventado viejos prejuicios y se han fortalecido con las inclemencias de las ventiscas, para cobrar una prestancia y vigor que las hace sencillamente adorables.

”Vedlas deslizarse hacia los abismos, centelleando en la vertiginosidad de sus esquís y con un corazón así de grande y bondadoso.

”Elena, Margot, Julia, Montserrat, Maripí: vosotras habéis hecho del alpinismo maravillosa atracción y, dando un mentís rotundo al hombre de ciudad y al viejo tópico de la mujer de su casa, habéis demostrado cómo modernamente se conquista la fama, el mundo y los corazones masculinos, mientras camináis hacia un futuro regenerador de la raza y, fuertes, a los percances y contratiempos de la vida”.

Todos estos eventos en el Candanchú de los años treinta quedarían interrumpidos de un modo abrupto. Tras la Guerra Civil, ya nada iba a ser igual para el deporte aragonés.

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Comentario

tres + once =

  1. Me ha resultado muy curioso el comentario sobre la escasez de nieve en el 36 y su distribución territorial. Y no dejo de añorar mis primeros encuentros con la montaña nevada, precisamente en Candanchú en los años 60. Por aquel entonces, se podía esquiar en junio y si no se hacía era por considerar que «la nieve estaba peligrosa» (con razón).

    • Sí, yo también recuerdo algún Aneto con esquís, sin acarrearlos a la espalda, a 10 de junio, allá por los ochenta… Madrugando mucho, claro… Como tú, mis recuerdos esquiadores de mis inicios son con montonadas de nieve… Parecía que no se acabaría nunca…

      • Ay, Luis, nos metemos en un terreno delicado, pues unos hablan de ciclos cortos, y otros de regresión constatable… Posiblemente sea una mezcla… ¡Y eso que, en teoría, vamos hacia la Quinta Glaciación…!

    • Vaya sorpresa Alberto. Resulta que el ciclo de la nieve ya iba a la baja en 1936. Ahora ya pueden sacar al santo de procesiones para que nieve en diciembre. Es curioso viajar como tu dices por la Historia.

      • De cualquier forma, como saben bien muchos que los vivieron, los inviernos de la Guerra Civil fueron tremendos… No era esta la única vez que se constataban recesiones nivales en la zona que nos ocupa… Por ejemplo, en las Navidades de 1906, cuando pasaron las primeras tablas desde Francia al valle de Tena, tampoco había casi nieve en el Portalet…